martes, 9 de abril de 2024

SOBRE LA DECLARACIÓN "DIGNITAS INFINITA"


Ayer, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, a cargo del abominable Víctor Manuel Fernández, ha publicado de declaración "Dignitas infinita", sobre la cual haremos un breve comentario:

Es una amalgama de ideas católicas y anticatólicas (especialmente de origen masónico), como siempre desde el concilio; un revoltijo de sofismas, ambigüedades y contradicciones, como es costumbre con estos textos liberales y modernistas que provienen del Vaticano. 

"Dignidad" es lo mismo que "excelencia" y que "grandeza". Por lo que, aunque es de Perogrullo, hay que decir que el hombre, ser finito, no puede tener infinita dignidad, excelencia o grandeza ontológica, moral, ni de otra clase. Sólo Dios tiene una dignidad infinita, por lo que yerra la declaración desde su premisa esencial y desde el título. Basada en ese error, la declaración intenta imponer una nueva y falsa concepción del pecado, pasando éste de ser «un dicho, acto o deseo contra a la ley eterna» a ser «un dicho, acto o deseo contra a la dignidad humana». La dignidad humana es la nueva base de toda la moral, y el hombre infinitamente digno es el nuevo dios. "Seréis como Dios" (Gen. 3,5). 

Además:

Se refiere varias veces y elogiosamente a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, nunca aceptada por Pío XII ni adoptada por el mismo Vaticano, fruto amargo de un largo trabajo de la Masonería e hija de la infame Declaración de los Derechos del hombre y del Ciudadano de 1789. La doctrina de los "derechos humanos" es obra de las logias y todas esas "libertades modernas" están condenadas por el Magisterio infalible, especialmente en Quanta cura y Syllabus.  

Tiene por cosa cierta la pretendida “crisis climática”. Se atreve a afirmar que "es evidente" que "la humanidad muestra un progreso en la comprensión de la dignidad y la libertad”, falsedad que queda demostrada, por ejemplo, con el moderno crimen del aborto y sus millones y millones de víctimas. Contra la verdadera doctrina católica, el texto declara (de nuevo) la ilicitud de la pena de muerte, y hace algo similar con la guerra justa. La declaración rebosa ese optimismo iluso típico de los liberales y pacifismo liberal; toma la bandera feminista al condenar -en ridícula discriminación- "la violencia contra las mujeres", apoya el migracionismo. Etc., etc., etc. 

Satanás siempre intenta burlarse de Dios. Esta declaración fue publicada en la fiesta de la Anunciación de la Sma. Virgen, que se puede decir que es la fiesta de la virtud de la humildad. Cita del Catecismo de San Pío X:  Al oír las palabras del ángel San Gabriel, la Santísima Virgen se turbó, oyéndose saludar con títulos tan nuevos y excelentes, de los cuales se juzgaba indigna. Pues, según "Dignitas infinita", se equivocó San Pío X, porque la Sma. Virgen tenía una dignidad infinita por el solo hecho de ser persona humana. En la fiesta de la Anunciación de la Santísima Virgen hemos de hacer tres cosas: ...2ª, congratularnos con la Santísima Virgen de la dignidad a que ha sido elevada de Madre de Dios. Se equivocó de nuevo San Pío X, porque el que tiene dignidad infinita no puede ser elevado a mayor dignidad. 

El demonio también quiso burlarse de Dios cuando hizo que los demoledores Bergoglio y Fernández publicaran la nefanda declaración "Fiducia Supplicans" el domingo tercero de Adviento, tiempo en el que la liturgia se centra en la figura de San Juan Bautista, degollado por hacer exactamente lo contrario a lo que dice "Fiducia Supplicans". Por cierto, según "Dignitas infinita", se equivocó San Juan Bautista -que por ser hombre tenía una dignidad infinita- cuando dijo "no soy digno de desatar la correa de su sandalia" (Evangelio de ese domingo III de Adviento). 

Nota litúrgica: los herejes anticristos que gobiernan por un tiempo la Iglesia, para ser coherentes, ahora van a tener que suprimir, en la nueva misa, estas palabras: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme". 

En pocas palabras: más de lo mismo... otro texto de la nueva religión conciliar, esa herejía humanista con que el diablo y sus instrumentos humanos pretenden suplantar la religión verdadera. Pero las puertas del infierno no prevalecerán.