Este blog está dedicado a María Corredentora y Mediadora de todas las Gracias

domingo, 11 de julio de 2021

MONS. VIGANÒ Y LOS SODOMITAS

"la indecente y escandalosa aprobación bergogliana de las aberrantes provocaciones de James Martin no es sino un paso más por un camino que emprendió con su famoso ¿Quién soy yo para juzgar?, en plena coherencia con la línea rupturista de su pontificado. Se trata de un gesto suicida por el que los dirigentes de la Iglesia se rinden incondicionalmente a la anticristiana ideología del mundialismo y entregan todo el rebaño de Cristo como rehén al Enemigo, abdicando de sus funciones pastorales y revelando lo que realmente son: mercenarios y traidores." 

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SERMÓN PARA EL 7° DOMINGO DE PENTECOSTÉS - P. Trincado


Los falsos profetas, lobos con piel de oveja, sobre los que nos advierte Nuestro Señor en el Evangelio de hoy, son, ante todo, los enemigos de la fe que hay en la Jerarquía de la Iglesia. 

Pese a haber estado advertidos por las palabras de este pasaje evangélico durante casi veinte siglos, los católicos cayeron en masa en el mayor engaño que han obrado, en toda la historia, los lobos con piel de oveja: el concilio Vaticano II, obra satánica plena de frutos envenenados hasta hoy. 

domingo, 4 de julio de 2021

SERMÓN PARA EL DOMINGO 6º DE PENTECOSTÉS - P. Trincado

 


Vamos a tratar de explicar algunas de las palabras de San Pablo en la epístola de hoy, que resultan difíciles de comprender por su gran profundidad.

¿No sabéis, hermanos -dice el Apóstol- que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? En el bautismo se simboliza la muerte de Cristo a la vida mortal, vida que en nosotros nunca está exenta de pecado. Por eso los que hemos sido bautizados hemos muerto al pecado, si queremos. Si estamos muertos al pecado, no debemos vivir en él, sino que debemos conservar nuestras almas en gracia de Dios. Entonces: San Pablo no exagera; es muy importante tener claro que por la gracia de Cristo tenemos el poder para evitar siempre todo pecado mortal. No existe nadie que no pueda evitar el pecado grave. Todo el que comete pecado grave lo comete porque quiere. Todo el que se condena, se condena porque quiere. Porque quiso amar algo más que a Dios.

domingo, 27 de junio de 2021

P. PAGLIARANI: "NO ESTOY SEGURO DE QUE NOS ENTENDERÍAMOS DE INMEDIATO" CON FRANCISCO



"¿Y si el Papa Francisco le concediera estos cinco minutos?

Hablaría con el Papa Francisco sobre el mismo tema. Sobre esta preocupación relacionada con la formación, la santificación y la perseverancia de los sacerdotes. Pero no estoy seguro de que nos entenderíamos de inmediato."

Sin otro comentario que éste: "nada ha cambiado en la FSSPX".

SERMÓN EN EL 5º DOMINGO DE PENTECOSTÉS - P. Trincado

San Juan Bautista niño por Murillo


Queridos fieles, dado que el jueves hemos celebrado la fiesta de la Natividad de San Juan Bautista, permítanme referirme, en esta oportunidad, a ese gran santo.  

domingo, 20 de junio de 2021

SERMÓN PARA EL DOMINGO CUARTO DE PENTECOSTÉS - P. Trincado

 

Nesterenko, la Pesca Milagrosa

Enseña San Agustín (+430) que las naves del Evangelio de hoy representan la Iglesia, que se llenará de peces buenos y malos hasta el fin del mundo. Las redes se rompen por causa de una gran multitud de hombres carnales que desgarrarán a la Iglesia con herejías y cismas.

jueves, 17 de junio de 2021

MONS. VIGANÒ HABLA DE LA FFSPX


"En cuanto a la FSSPX, asistimos a una operación más sutil: Bergoglio mantiene con ella relaciones de buena vecindad otorgando por un lado a sus superiores prerrogativas que hacen ver que los considera miembros vivos de la Iglesia, mientras que por otro lado sería posible que quisiera otorgarles una regularización canónica total a cambio de que acepten el magisterio conciliar. Es evidente que se trata de una trampa astuta"


Adelante la Fe

P. Claude Barthe: Vuestra Excelencia ha llegado al extremo de hablar de «actos  revolucionarios» a propósito de la nueva liturgia introducida con posterioridad al Concilio. ¿Nos podría precisar más su opinión?

Monseñor Carlo Maria Viganò: Para empezar, hay que decir claro que el Concilio Vaticano II fue concebido como un acto revolucionario. Entiéndase, no me refiero a las buenas intenciones de quienes colaboraron en la redacción de los esquemas preparatorios, sino a los novadores que rechazaron tanto dichos esquemas como la condenación del comunismo que habría debido  formular  el Concilio, y que deseaba la mayor parte del episcopado mundial. Ahora bien, si el Concilio fue un acto revolucionario, ya sea por la manera en que se desarrolló o por los documentos que promulgó, es lógico y lícito pensar que su liturgia está afectada por ese sesgo ideológico, sobre todo si tenemos en cuenta que es el principal medio de catequesis para los fieles y el clero. No es casual que Lutero y otros herejes protestantes y anglicanos metieran mano en la liturgia por ser la mejor manera de difundir sus errores entre los fieles.

domingo, 13 de junio de 2021

SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN

 

SERMÓN

Con el ardiente deseo de poner una firme muralla contra las impías maquinaciones de los enemigos de Dios y de la Iglesia, -dice Pío XII en la encíc. Haurietis aquas- y también de hacer que las familias y las naciones vuelvan a caminar por la senda del amor a Dios y al prójimo, no dudamos en proponer la devoción al Sagrado Corazón de Jesús como escuela eficacísima de caridad divina; caridad divina en la que se ha de basar, como en el más sólido fundamento, aquel Reino de Dios que urge establecer en las almas de los individuos, en la sociedad familiar y en las naciones. Si el Papa Pío XII, con la firme muralla de la devoción al S. Corazón, quería reavivar el amor verdadero en las almas amenazadas por graves peligros en 1956, qué esfuerzos no haría ahora, en estos tiempos espantosos en los que finalmente se cumple esta profecía de Cristo: por la abundancia de los vicios, se enfriará la caridad de muchos (Mt 24, 12).

sábado, 12 de junio de 2021

MONS. VIGANÒ: CONSIDERACIONES SOBRE LA TEMIDA MODIFICACIÓN DEL MOTU PROPRIO SUMMORUM PONTÍFICUM

"quien no viene de Dios no puede soportar nada que le recuerde remotamente una época en que la Iglesia estaba gobernada por pastores católicos, no por pastores infieles que abusan de su autoridad; una época en que la Fe se predicaba íntegramente al pueblo sin adulterarla para complacer al mundo; una época en que quien tenía hambre y sed de verdad las saciaba con una liturgia terrena en la forma y divina en la sustancia. Y si cuanto hasta ayer era santo y bueno hoy es objeto de condena y desprecio, consentir que queden rastros de ello es inadmisible y constituye una afrenta intolerable. Porque la Misa Tridentina toca  fibras  del alma a las que no puede ni acercarse el rito montiniano."

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domingo, 6 de junio de 2021

SERMÓN EN LA FIESTA DE CORPUS CHRISTI - P. Trincado

 

Arcadio Mas, La Procesión de Corpus, 1887

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SERMÓN PARA EL II DOMINGO DE PENTECOSTÉS - P. Trincado

 

“No os  extrañéis si  el mundo os  aborrece”. Con estas palabras comienza la epístola de hoy (1 Juan 3, 13)

Y dice N. Señor en el Evangelio de San Juan: Si el mundo os aborrece, sabed que me aborreció a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo que suyo: mas porque no sois del mundo, antes yo os escogí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de mi palabra, que yo os lo he dicho: El siervo no es mayor que su Señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros (Jn 15, 18 - 20).

San Juan Crisóstomo comenta este pasaje evangélico diciendo que ser aborrecido del mundo es una prueba de santidad; y que es de lamentar ser amado por el mundo, porque eso prueba nuestra perversidad. Y San Gregorio dice que la censura de los malos es la aprobación de nuestra vida.

Dice también N. Señor: Os odiarán todos los hombres a causa de mi nombre, mas el que persevere y esté firme hasta el fin, ése será salvo. (Mt 10, 22; Mc 13,13)

Y agrega: Bienaventurados seréis cuando os maldigan y os persigan y digan todo mal contra vosotros, mintiendo, por mi causa. Gozaos y alegraos, porque vuestro premio muy grande es en los cielos, pues así también persiguieron a los profetas que hubo antes que vosotros. (Mt 5, 11-12)

Y en el Evangelio de San Lucas: Bienaventurados seréis cuando os aborrezcan los hombres, y os expulsen, y os ultrajen, y proscriban vuestro nombre como malo por el Hijo del hombre. Gozaos en aquel día, y regocijaos; porque vuestro premio será grande en el cielo. (Lc 6, 22-23)

En 1988, Mons. Lefebvre, a fin de mantener vivo el combate por la fe, la guerra contra el modernismo imperante hasta hoy; se vio en la obligación de consagrar cuatro Obispos. Los modernistas de Roma lo excomulgaron, junto a Mons. de Castro Mayer y a los cuatro Obispos consagrados. Se trató -por cierto- de una sanción nula en razón de su total injusticia. Pero a los ojos del mundo quedaron excomulgados.

Se cumplían brillantemente las palabras de Cristo en estos hombres: junto con el decreto de excomunión fulminado por los herejes modernistas, se hacían acreedores del odio de todos los enemigos de Dios. Esa era una prueba palpable, la certificación de una predilección de Dios, como también de un correlativo odio particular del demonio. Esa excomunión era, por tanto, un inmenso honor y un título de singular gloria a los ojos de Dios.

Murieron Mons. Lefebvre y Mons. de Castro Mayer, pasaron los años, y, como sabemos, las ideas al respecto fueron cambiando. Ya no se miró esa excomunión de manera sobrenatural, como algo honroso en extremo, sino que se la empezó a considerar de modo puramente humano: la excomunión era un estigma, una ignominia, un impedimento para que las almas se acercaran a la Tradición, un obstáculo para las tratativas con Roma, una lepra afrentosa y espantosa que nos condenaba a vivir excluidos y confinados.

Fue así como, en el año 2009, a petición de la Fraternidad, Roma liberal dispuso el “levantamiento” de dicha sanción. Los modernistas tuvieron la intención, con ello, de realizar un acto de “perdón a los culpables”, una “remisión misericordiosa”.

Se cantó el Te Deum y muchos en la Fraternidad celebraron jubilosos este acontecimiento. Era la hora del crepúsculo. La congregación exploraba caminos nuevos. Se comenzaba a diluir la antigua santa intransigencia de Mons. Lefebvre, al tiempo que se consolidaba un modo nuevo de relacionarse con los modernistas destructores de la Iglesia, un proceder extraño cuyas notas distintivas son la ambigüedad en las palabras, la astucia diplomática, el cálculo político, el secretismo y la pusilanimidad. Caminaba y sigue caminando la congregación al precipicio, conducida por los que buscan alianzas adúlteras y acuerdos traidores. Mas ésta es vuestra hora, y el poder de las tinieblas (Lc 22, 53).

Estimados fieles: el que persevere y esté firme hasta el fin, ése será salvo. Estemos firmes. Que nada ni nadie nos haga abandonar los principios de Mons. Lefebvre. Que nada ni nadie nos separe de la Verdad. Que Dios nos haga siempre fieles a ella. Que nos conceda seguir el ejemplo de los mártires que dieron la vida por negarse a ofrendar un solo grano de incienso a los ídolos.

¡Ánimo, estimados fieles, ánimo! ¡Ánimo en la batalla! Hay que conservar el puesto de combate hasta el final en la lucha contra todas las obras del demonio, en particular, contra el fatídico Vaticano II, la mayor calamidad de toda la historia de la Iglesia, del que no quedará ni una sola coma cuando Dios obre la purificación y restauración de su Iglesia. ¡Ánimo porque es inevitable nuestra victoria, la victoria de Cristo!

sábado, 29 de mayo de 2021

"LA GUERRA DE DIOS" - SERMÓN EN LA FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD - P. Trincado

 



LA GUERRA NO ES VUESTRA SINO DE DIOS

Hubo un rey de Judá, llamado Josafat, que gobernó con temor de Dios. Se le elogia por muchas obras santas, como, por ejemplo, cuando se dice en la Escritura que “barrió de la tierra el resto de los afeminados que habían quedado en el tiempo de su padre Asá” (3 Rey. 22 47).

En cierta ocasión el Reino de Judá se vio gravemente amenazado por una alianza poderosa de las naciones vecinas, humanamente imposible de vencer. El Rey Josafat, muy angustiado, suplicó el auxilio divino delante de todo el pueblo. Al finalizar su oración, un profeta llamado Jahaziel se levantó y dijo: “Oíd, Judá toda, y vosotros moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. El Señor os dice: no temáis ni os amedrentéis delante de esta tan gran multitud; porque la guerra no es vuestra sino de Dios. No temáis ni desmayéis; marchad contra ellos porque el Señor está con vosotros” (2 Cron. 20 15, 17). Lleno de valor, de confianza en Dios, y despreciando los medios puramente humanos, marchó el rey a la cabeza de su pequeño ejército en contra de los poderosos enemigos, y éstos fueron aplastados por obra de Dios. No era suya la guerra sino de Dios.

LA ORDEN DE BATALLA DE CRISTO

En el Evangelio de hoy, fiesta de la Santísima Trinidad, nos dice Nuestro Señor: "Id y enseñad a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todas las cosas que os he mandado. Y mirad que estoy con vosotros todos los días hasta el fin de los tiempos".

Dado que el diablo se opone siempre a la extensión del Reino de Dios, con esas palabras Cristo nos ha dado una verdadera orden de batalla, pues ir a conquistar para Él a todas las gentes, implica marchar contra todos los demonios y sus ejércitos humanos. Por eso la Iglesia de los vivos se llama “militante”, es decir, combatiente, y San Eusebio, comentando este Evangelio, dice que N. Señor, haciéndonos ejército del Reino de los Cielos, nos dispuso para la pelea contra los enemigos.

San Juan Crisóstomo señala que Cristo vino a dar inicio a la guerra católica y que por eso manifestó desde un comienzo la clase de combate que habíamos de sostener, más terrible que toda guerra civil. Y, por su parte, San Jerónimo dice sobre este Evangelio, que Nuestro Señor, al prometer estar con nosotros, sus discípulos, hasta el fin de los tiempos, indica que venceremos siempre.

Si la guerra es de Dios y no es nuestra, no debemos buscar, al librarla, socorros humanos, sino que debemos adherirnos por entero a la fe. Cuanto menos busquemos los apoyos terrenos -dice San Ambrosio- más encontraremos los auxilios divinos.

VATICANO II: LA PAZ DE DIABLO

Pues bien, luego de casi veinte siglos de guerra, de resistencia de la Iglesia entre duros combates, finalmente vino el demonio con su obra maestra, el Concilio Vaticano II, a convertir en letra muerta la orden de batalla de Cristo: el liberalismo, bautizado en el concilio, acabó con la guerra: se firmó por fin la paz con el demonio, el mundo y la carne.

Si hay derecho a no ser católicos, a la libertad religiosa y de conciencia, como enseñan los masones y los documentos conciliares; si fuera de la Iglesia hay salvación, si no hay infierno o está vacío, como pretenden los modernistas; ¿para qué ir a bautizar y a evangelizar? ¿Para qué ir a combatir? Mejor ir a dialogar para subsanar los meros malentendidos que impiden el logro de la paz mundial, de esa unidad de los hombres no fundada en Cristo, que es el nuevo fin de la Iglesia según los liberales y los herejes modernistas. El santo espíritu misionero ha sido destruido por el concilio, y su lugar ha sido usurpado por el diálogo ecuménico que no es otra cosa que la continuación de aquel diálogo catastrófico entre Eva y la serpiente.

SE DERRUMBA DESDE DENTRO EL ÚLTIMO BASTIÓN

Contra este engaño diabólico se levantó nuestro fundador, Mons. Lefebvre, pero 40 años después vemos que la congregación que luchaba gloriosamente contra el liberalismo, está abandonando gradualmente la trinchera, está dejando paulatinamente de combatir y está mendigando migajas a la secta conciliar. Perdida la esperanza en la conversión de Roma por el poder divino -cosa que parece imposible a los que han dejado de confiar enteramente en Dios- y olvidando que esta guerra no es de los hombres sino de Dios, se busca un auxilio humano, una alianza adúltera con los liberales moderados, la ayuda de unos supuestos “nuevos amigos en Roma” (Cor Unum 101), se pretende un acuerdo de paz con el enemigo (estuvo a punto de firmarse el año 2012), se piensa que estando en la estructura oficial, los tradicionalistas convertiremos a los modernistas y restauraremos la Iglesia. Pero todo esto no es más que una horrorosa ilusión, y esta ilusión está haciendo bajar los brazos a los que combatían valerosamente por Cristo: “¿No se ven ya en la Fraternidad los síntomas de esa disminución en la confesión de la Fe?”, decían los tres Obispos al Consejo General en su carta de 7 de abril del 2012. El combate disminuye, el dialogo aumenta. Pero el conciliador termina “conciliar”.

NO HE VENIDO A TRAER PAZ SINO ESPADA

Contra esos sueños pacifistas tan característicos de los liberales, están las palabras eternas de Cristo: “No he venido a traer paz sino espada [o división]” (Mt. 10, 34; Lc. 12, 51). Una es la paz del mundo; otra es la paz de Cristo. "La paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da, Yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo" (Jn. 14, 27).

Hay una paz buena y hay una paz mala. Y hay una división buena y una división mala. La paz según el mundo es la unión de los hombres para bien o para mal, "la paz de Cristo es la unión que Él establece entre el cielo y la tierra por su Cruz", dice San Cirilo citando a San Pablo, y agrega que es mala la paz cuando separa del amor divino. Y San Juan Crisóstomo, hablando de la buena espada o división, dice que el médico, a fin de conservar el resto del cuerpo, corta lo que tiene por incurable. Y agrega que una división buena terminó con la mala paz que había en la torre de Babel y que San Pablo, a su vez, dividió a todos los que se habían unido contra él (Hch. 23), porque no siempre la concordia es buena y los ladrones también se unen [para delinquir].

Estimados fieles: el humo de Satanás, el liberalismo, ha entrado a la Tradición por una grieta abierta desde dentro. Por eso ahora se busca una paz que no es de Cristo. En lo que a nosotros respecta, sepamos vivir y morir en la trinchera, porque no es nuestra esta guerra sino de Dios.

DIOS HA DECLARADO LA GUERRA

De Dios, y tanto así que es la única guerra declarada por Dios. En efecto, enseña san Luis María Grignion de Montfort en su “Tratado de la Verdadera Devoción”, que “Dios no ha hecho ni formado nunca más que una sola enemistad -y enemistad irreconciliable-, que durará y aumentará hasta el fin; y es entre María y el diablo; entre los hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y secuaces de Lucifer”. Y dijo Dios: «Yo pondré enemistades entre ti y la mujer y entre tu descendencia y la suya» (Gen. 3, 15)”. Ahí está la declaración de guerra. Es Dios el que ha declarado la guerra. Es su guerra, no es nuestra. Nuestro deber es combatir sin pretender poner fin a esa guerra. No tenemos derecho a pactar la paz. No, no tenemos derecho a rendirnos. Tenemos el deber de pelear. “A los soldados toca combatir y a Dios dar la victoria”, decía Santa Juana de Arco.

Siendo así, ningún hombre debe pretender hacer una tregua con los liberales enemigos de Cristo, ni negociar un acuerdo de paz con los destructores de la Iglesia, ni aceptar una paz decretada por los que -en cuanto herejes modernistas- son soldados del diablo. Eso tiene un nombre: traición. Y el que busque o esté dispuesto a aceptar esa paz tiene también un nombre: traidor.

Que por la intercesión de nuestra Madre, la Santísima Virgen María, Dios nos conceda seguir las huellas de todos los mártires y de todos los santos, y recibir del Cielo la férrea resolución de combatir hasta el final y la gracia de morir antes que traicionar.

“Os dice el Señor: no temáis ni os amedrentéis delante de esta tan gran multitud; porque la guerra no es vuestra sino de Dios”

martes, 25 de mayo de 2021

EL OBISPO HUONDER EN EL SEMINARIO DE ALEMANIA DE LA FSSPX

 

Imagen de la Misa celebrada por el obispo Huonder en Zaitzkofen.

La FSSPX ha publicado un video sobre la celebración de la Misa Pontifical en el seminario de Zaitzkofen este domingo. Este obispo liberal, autor del "Dies Iudaicus" (Día del Judaísmo) y amigo declarado del demoledor Francisco, vive desde el año 2019 en una casa de la FSSPX en Suiza. ¿Se imaginan cuál sería la respuesta si alguien como el valeroso Arzobispo Viganò pidiera residir en una de las casas de la Fraternidad? 

"Nada ha cambiado en la FSSPX"

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domingo, 23 de mayo de 2021

SERMÓN PARA EL DOMINGO DE PENTECOSTÉS - P. Trincado


El Catecismo de San Pío X nos enseña que existe el Espíritu Santo, tercera Persona de la Santísima Trinidad, Dios eterno, infinito, omnipotente, Creador y Señor de todas las cosas, como el Padre y el Hijo. Dice también que la obra que se atribuye especialmente al espíritu Santo es la santificación de las almas.

El día de Pentecostés, cincuenta días después de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y diez después de su Ascensión, el E.S. bajó de los cielos, de manera visible, en forma de llamas o lenguas de fuego. 

Los efectos que produjo el Espíritu Santo en los Apóstoles fueron estos: los confirmó en la fe, los llenó de luz, de fortaleza, de caridad y de la abundancia de sus Siete Dones.

El Espíritu Santo no fue enviado sólo a los Apóstoles sino a toda la Iglesia y a todas las almas fieles de todos los lugares y tiempos.

El Espíritu Santo transformó a los Apóstoles de hombres terrenales en hombres divinos y santos: los que hasta ese día eran débiles y pecadores, desde ese momento serían grandes santos. De ignorantes en sabios. De cobardes y apocados en valerosos y mártires.

Y el Espíritu Santo quiere hacer lo mismo en nuestras almas: quiere santificarnos, iluminarnos y hacernos fervorosos.

1.- Santificarnos: desde el Bautismo el Espíritu Santo nos hizo hijos de Dios y templos suyos. Por la Confirmación,  el Espíritu Santo se nos dio más intensamente.

2.- Iluminarnos: el Espíritu Santo abre la mente al horizonte infinito de  las realidades sobrenaturales, y esto por simples e ignorantes que seamos. El Espíritu Santo os enseñará todas las cosas (Evangelio de la fiesta de hoy) El hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le parecen una locura: y no las puede entender, porque deben ser juzgadas espiritualmente (Epístola de hoy).

3.- Hacernos fervorosos o encendernos en el amor de Cristo. Quiere incendiarnos. Nuestro Dios es un fuego devorador, dice la Escritura.
Lo que como hombres débiles nos es imposible, será posible por la divina omnipotencia, que dará una fortaleza sobrenatural al alma, la que se hará capaz de todo por medio de su gracia. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde, nos dice N. Señor. Al contacto con el E.S., el hombre débil se vuelve fuerte y capaz de ejecutar obras sublimes. Todo lo puedo en Aquél que me hace fuerte (Fil 4 13). ¡Todo! ¡Todo!

Hoy como ayer, el E.S. sigue actuando, pero en la medida de que se lo permitamos. Si el pecado mortal lo expulsa del alma, la tibieza -que consiste en hacer un traidor acuerdo de paz con el pecado venial- encadena al Espíritu Santo en nuestras almas. El Espíritu Santo no está en el alma del que se encuentra en pecado mortal. Sí está en el alma del tibio, pero aprisionado, coartado, impedido, limitado y debilitado por las voluntarias infidelidades.

Pero hoy la necesidad de la acción del Espíritu Santo en el mundo, en la Iglesia y en la Tradición, es más grave y urgente que nunca: hay que defender a Cristo, la Verdad, no sólo contra malos, sino también contra muchos buenos engañados por el Vaticano II (obra maestra de Satanás) y el falso magisterio posterior, y también, -últimamente- hay que combatir por Cristo contra los que son víctimas de una peligrosísima ilusión que hace mirar con buenos ojos la posibilidad de lograr una paz -necesariamente falsa, injusta, traidora y cobarde- con los modernistas destructores de la Iglesia.

Estimados fieles: en lo que a nosotros respecta, mantengámonos inconmovibles en el camino que nos señaló Monseñor Lefebvre. No pidamos libertad, como los liberales. No pidamos un rincón en la estructura oficial de la Iglesia: sigamos exigiendo el restablecimiento del Reinado de Cristo en todo y en todos.

Nuestro deber sagrado es combatir por Cristo, no es mendigar migajas al enemigo liberal, asesino de las almas, a los herejes modernistas que son como un tumor maligno en el cuerpo de la Iglesia. No se hacen acuerdos con esos tumores, se los extirpa. No cerramos filas en la Iglesia Militante para mendigar ante el enemigo, sino para combatirlo sin tregua, sin descanso, sin diplomacias mundanas, sin retrocesos ni ablandamientos, sin ambigüedades y sin acuerdos traidores. 

Nuestra vocación es combatir hasta el fin, hasta la muerte de cada uno de nosotros; por el honor de Dios, por los derechos sagrados de la Verdad, por la reconquista de la Iglesia y del mundo para Cristo, Nuestro Señor. Esa batalla es un deber de todos y cada uno de los católicos, no sólo de los consagrados, y se libra por medio de la oración asidua y de la acción resuelta, sin esa hipocresía farisaica que hay en ser muy duros con los prójimos y muy indulgentes con nosotros mismos, sino con el constante ejemplo de una conducta santa, esto es, humilde, mansa, llena de esperanza sobrenatural y de toda caridad, y -a la vez- firme e intransigente en la fe.

Dice el papa León XIII que “ceder o callar cuando de todos lados se levanta tal clamor contra la verdad, es, o bien desinterés, o bien dudar de la fe; en los dos casos es un deshonor y hacer injuria a Dios; es comprometer la propia salvación y la de los otros, es trabajar a favor de los enemigos de la fe, pues nada aumenta tanto la audacia de los malos, como la debilidad de los buenos... los cristianos han nacido para la lucha...”

Estimados fieles: no nos hagamos ilusiones. El que ama a Cristo, la Verdad, detesta las ilusiones. Sin Mí nada podéis (Jn 5 15). Es imposible vencernos a nosotros mismos en nuestras cobardías e inconstancias, sin la ayuda del Espíritu Santo. Para ser realmente fieles a Cristo es necesario ser revestidos del poder de lo alto (Lc 24 49), y para eso hay que abrir el alma a la acción del Espíritu Santo como la tierra se deja abrir para recibir la semilla y dar fruto.

Pidamos, mediante el rezo asiduo del santo, divino, milagroso y todopoderoso Rosario, a la Santísima Virgen María, Esposa de Dios Espíritu Santo, que la restauración de la Iglesia y del mundo comience por nuestras almas: que el E.S. destruya al hombre viejo en el campo de batalla de nuestras almas y victorioso tome posesión total y definitiva de ellas.

¡Ave María Purísima!
¡Sin pecado concebida!

domingo, 16 de mayo de 2021

SERMÓN PARA EL DOMINGO POSTERIOR A LA ASCENSIÓN - P. Trincado

 


Os he dicho estas cosas para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas, y viene la hora en que cualquiera que os mate pensará que sirve a Dios. Y os harán esto porque no conocieron al Padre ni a Mí. San Juan Crisóstomo comenta que Nuestro Señor intenta consolar a los Apóstoles con estas palabras, como si dijera: basta para vuestro consuelo el saber que padecéis esto por Mí y por mi Padre. Nos dice Cristo: Me persiguieron a Mí y os perseguirán también a vosotros. La persecución es para nosotros católicos el pan nuestro de cada día; esta es la señal de que somos discípulos verdaderos de Jesucristo (P. B. Martín Sánchez en “El Reino de los Cielos Padece Violencia"). Así que la verdadera señal o marca de los auténticos discípulos de Cristo es sufrir persecuciones. 

Os he dicho estas cosas para que no os escandalicéis, es decir, no tropecéis y seáis vencidos al ver que la persecución viene a veces de donde menos podía esperarse: de los buenos, de los más cercanos, de los amigos, de los superiores, de los compañeros de combate. Jesús nos previene para que no incurramos en el escándalo de que habla Mt 13, 21 (Mons. Straubinger): lo sembrado en pedregales es el que oye la palabra y la recibe con gozo, pero no tiene raíz en sí mismo sino por un tiempo, y cuando viene la tribulación o la persecución por la palabra, pronto se escandaliza. 

Os expulsarán de las sinagogas -o de la Iglesia mediante excomuniones, como en 1988; o de una determinada congregación- y viene la hora en que cualquiera que os mate pensará que sirve a Dios. Y os harán esto porque no conocieron al Padre ni a Mí. Dice Mons. Straubinger: Rara vez habrá quien haga el mal por el mal mismo, y de ahí que la especialidad de Satanás, habilísimo engañador, sea llevarnos al mal con apariencia de bien. Así Caifás condenó a Jesús, diciendo piadosamente que estaba escandalizado de oírlo blasfemar, y todos estuvieron de acuerdo con Caifás. 

“Todos los que aspiran a vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirán persecución”, dice San Pablo (2 Tim 3. 12). No hay duda de que todos los que quieren vivir conforme a la doctrina de Cristo serán perseguidos por envidia y malicia. Serán perseguidos por los demonios... por el mundo corrompido... Se les llenará de injurias, de burlas, de afrentas, de desprecio, siempre por envidia, ceguedad, injusticia y crueldad. Serán perseguidos en odio a la verdad, de los buenos ejemplos, del Evangelio, de la religión, del orden, de la sana doctrina, de la moral (…)... Serán perseguidos por sí mismos, por la concupiscencia, por el hombre viejo, que afrentan, que encadenan a pesar suyo, y que someten al espíritu. 

No es cosa nueva que las almas piadosas sean perseguidas; esto se verifica desde el principio del mundo. Así Caín persiguió al piadoso Abel, su hermano, y le mató. (…) Abraham fue perseguido por los cananeos. Lot por los sodomitas. Isaac por Ismael. Jacob por Esaú, José por sus hermanos, Moisés por el faraón. Los hebreos primero por los egipcios y más tarde por los filisteos y otras naciones. Saúl persiguió a David; Absalón persiguió a su padre David; Manasés persiguió a Isaías; los judíos persiguieron a Jeremías, a Amós, a Ezequiel y a los demás profetas. Nabucodonosor persigue a Daniel (...) Herodes (el Grande) persigue a los santos Inocentes y (Herodes Antipas) hace decapitar a San Juan Bautista; Jesucristo es perseguido hasta su muerte... Los apóstoles  son perseguidos de mil maneras, y se les sentencia muerte por ser discípulos de Jesucristo... ¡Cuántos millares de mártires!... Todos los santos han sido más o menos perseguidos... (P. B. Martín S., ibíd.). Pensemos en los Cristeros perseguidos por los masones, en México, en el siglo pasado. En los católicos perseguidos por los comunistas en España, por la misma época, y en el resto del mundo durante la mayor parte del siglo XX. Pensemos en los millones y millones de niños asesinados en el vientre de sus madres, perseguidos por éstas y por médicos criminales… 

Estimados hermanos: somos perseguidos porque queremos mantenernos enteramente católicos. Tengamos, entonces, siempre presentes las palabras eternas de Cristo: Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos... por mi causa seréis conducidos ante los gobernadores y los reyes para dar testimonio de mí ante ellos y ante las naciones (Mt 10 16-18). En el mundo tendréis grandes tribulaciones, pero tened confianza: yo he vencido al mundo (Jn 16 33). Sabed que yo estaré siempre con vosotros, hasta el fin del mundo (Mt 28, 20). Felices los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5, 10). Felices seréis cuando os insulten y os persigan, y con mentira digan contra vosotros todo género de mal por mí. Alegraos y regocijaos, porque grande será en los cielos vuestra recompensa (Mt 10 11). El que pierda su vida por mi amor, la salvará (Lc 9, 24).

domingo, 9 de mayo de 2021

SERMÓN DEL DOMINGO V DE PASCUA - P. Trincado

 


“Dijo Jesús a sus discípulos: en verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al padre en mi Nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi Nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea pleno.”  

Hay, entonces, ciertos defectos de la oración que hacen que no sea hecha en el Nombre de Cristo. Dice el Apóstol Santiago: “pedís y no recibís porque pedís mal” 

1)    Orar en PECADO MORTAL. Dios no oye al que vive como enemigo suyo y como amigo del diablo. 

2)    Pedir lo que Dios sabe que NO CONVIENE A NUESTRA ALMA. El “Padre Nuestro”, compuesto por Cristo, es un modelo perfecto de oración. La petición de lo que no sabemos si conviene a nuestra salvación debe ser condicionada: "si es tu voluntad", te pido tal cosa. 

3)    Pedir PRIMERO LO MATERIAL y después lo espiritual. Pero dijo Cristo:“Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás os será dado por añadidura”… “No sabéis lo que pedís”, responde Nuestro Señor a una petición de algunos Apóstoles. Igualmente nosotros solemos pedir salud física, títulos profesionales, buenos negocios, prosperidad en esta vida, “éxito”...  “Una sola cosa es necesaria”, le dice Cristo a santa Marta. Ninguna de estas cosas es eso único necesario. ¿Cuál es esa única cosa necesaria? Querer que la voluntad de Dios se cumpla en nosotros. Si queremos eso llegaremos a Cielo. Dice León XIII, en su Encíclica "Octobri Mense", sobre el Rosario, de 1891: Ante todo “pedir la salvación eterna de todos y pedir por la Iglesia. Pueden, después, pedir a Dios los demás bienes necesarios o útiles para la vida, con tal que se sometan de antemano a la voluntad de Dios, siempre justa, y le den asimismo gracias, ya conceda o ya niegue lo que le pidan”. 

4)    Con falta de HUMILDAD (o de respeto), de CONFIANZA (o de fe), de PERSEVERANCIA (o firmeza de ánimo). Sobre la falta de confianza: dice el Papa que “es cosa indigna e ilícita fijar tiempo y modo en que ha de ayudarnos Dios, que nada absolutamente nos debe; y que cuando no nos escucha, obra como buen padre con sus hijos, compadeciéndose de nuestra ignorancia y mirando por nuestro bien. Sobre la falta de perseverancia, dice León XIII:“conjuramos, pues, solícitamente a los cristianos a que no se dejen sorprender por las astucias del antiguo enemigo y a que no desistan por ningún motivo del celo de la oración; antes bien que perseveren y persistan sin intermisión” 

Además, el Papa dice que a la oración se debe sumar la penitencia: “exhortamos igualmente a todos y cada uno para que practiquen ambas virtudes, estrechamente unidas entre sí. La oración tiene por efecto sostener el alma, darle valor, elevarla hacia las cosas divinas; la penitencia tiene por resultado darnos el dominio sobre nosotros mismos, especialmente sobre nuestro cuerpo, mal inclinado por el pecado original y enemigo de la razón y de la ley evangélica. Esas virtudes, como es fácil ver, se sostienen mutuamente la una a la otra, y concurren igualmente a sustraer y arrancar de las cosas que perecen al hombre nacido para el cielo, y a elevarlo al trato con Dios. Sucede, por el contrario, aquel que (por falta de penitencia) tiene el alma debilitada por el engaño de los deseos desordenados, halla fastidio en las dulzuras de las cosas celestiales, y su oración consiste en palabras frías y lánguidas, indignas de ser escuchada por Dios.” Cristo vino a sufrir para salvarnos, por eso el cristiano no debe darse gustos a cada momento, como suele suceder en estos tiempos -por ejemplo- respecto de la comida. Las almas tibias ven estas cosas como algo totalmente irrelevante: “yo no mato, no robo… y esos gustos que me doy no me convierten en malo”. Pero impiden que usted sea tan bueno como Dios quiere que lo sea. Y la falta de espíritu de cristiana penitencia lo pueden llevar a ser malo. 

Mayo es el mes de Fátima, aparición en la que la Santísima Virgen insistió mucho acerca del rezo del santo Rosario. León XIII nos exhorta al rezo diario del Rosario, diciendo en la misma encíclica: “absolutamente nada se nos concede según la voluntad de Dios, sino por María.

LEER ENCÍCLICA "OCTOBRI MENSE"

INFORMACIÓN SOBRE VACUNAS COVID Y SU RELACIÓN CON EL ABORTO

 

"A menudo se puede escuchar la expresión «la vacuna», tan repetida por los medios de comunicación, como por los científicos o médicos. Sin embargo, no es correcto, puesto que no hay sólo una en ensayos o pruebas, sino que hay hasta 320 en investigación en la actualidad". (Cita de acá). 


VER CARTA DEL INSTITUTO CHARLOTTE LOZIER

https://lozierinstitute.org/


VER CARTA  DE "CHILDREN OF GOD FOR LIFE"

https://cogforlife.org/