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domingo, 9 de mayo de 2021

SERMÓN DEL DOMINGO V DE PASCUA - P. Trincado

 


Dijo Jesús a sus discípulos: en verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al padre en mi Nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi Nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea pleno.”  

Hay, entonces, ciertos defectos de la oración que hacen que no sea hecha en el Nombre de Cristo. Dice el Apóstol Santiago: “pedís y no recibís porque pedís mal” 

1)    Orar en PECADO MORTAL. Dios no oye al que vive como enemigo suyo y como amigo del diablo. 

2)    Pedir lo que Dios sabe que NO CONVIENE A NUESTRA ALMA. El “Padre Nuestro”, compuesto por Cristo, es un modelo perfecto de oración. La petición de lo que no sabemos si conviene a nuestra salvación debe ser condicionada: "si es tu voluntad", te pido tal cosa. 

3)    Pedir PRIMERO LO MATERIAL y después lo espiritual. Pero dijo Cristo:“Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás os será dado por añadidura”… “No sabéis lo que pedís”, responde Nuestro Señor a una petición de algunos Apóstoles. Igualmente nosotros solemos pedir salud física, títulos profesionales, buenos negocios, prosperidad en esta vida, “éxito”...  Una sola cosa es necesaria”, le dice Cristo a santa Marta. Ninguna de estas cosas es eso único necesario. ¿Cuál es esa única cosa necesaria? Querer que la voluntad de Dios se cumpla en nosotros. Si queremos eso llegaremos a Cielo. Dice León XIII, en su Encíclica "Octobri Mense", sobre el Rosario, de 1891: Ante todo “pedir la salvación eterna de todos y pedir por la Iglesia. Pueden, después, pedir a Dios los demás bienes necesarios o útiles para la vida, con tal que se sometan de antemano a la voluntad de Dios, siempre justa, y le den asimismo gracias, ya conceda o ya niegue lo que le pidan”. 

4)    Con falta de HUMILDAD (o de respeto), de CONFIANZA (o de fe), de PERSEVERANCIA (o firmeza de ánimo). Sobre la falta de confianza: dice el Papa que “es cosa indigna e ilícita fijar tiempo y modo en que ha de ayudarnos Dios, que nada absolutamente nos debe; y que cuando no nos escucha, obra como buen padre con sus hijos, compadeciéndose de nuestra ignorancia y mirando por nuestro bien. Sobre la falta de perseverancia, dice León XIII:“conjuramos, pues, solícitamente a los cristianos a que no se dejen sorprender por las astucias del antiguo enemigo y a que no desistan por ningún motivo del celo de la oración; antes bien que perseveren y persistan sin intermisión” 

Además, el Papa dice que a la oración se debe sumar la penitencia: “exhortamos igualmente a todos y cada uno para que practiquen ambas virtudes, estrechamente unidas entre sí. La oración tiene por efecto sostener el alma, darle valor, elevarla hacia las cosas divinas; la penitencia tiene por resultado darnos el dominio sobre nosotros mismos, especialmente sobre nuestro cuerpo, mal inclinado por el pecado original y enemigo de la razón y de la ley evangélica. Esas virtudes, como es fácil ver, se sostienen mutuamente la una a la otra, y concurren igualmente a sustraer y arrancar de las cosas que perecen al hombre nacido para el cielo, y a elevarlo al trato con Dios. Sucede, por el contrario, aquel que (por falta de penitencia) tiene el alma debilitada por el engaño de los deseos desordenados, halla fastidio en las dulzuras de las cosas celestiales, y su oración consiste en palabras frías y lánguidas, indignas de ser escuchada por Dios.” Cristo vino a sufrir para salvarnos, por eso el cristiano no debe darse gustos a cada momento, como suele suceder en estos tiempos -por ejemplo- respecto de la comida. Las almas tibias ven estas cosas como algo totalmente irrelevante: “yo no mato, no robo… y esos gustos que me doy no me convierten en malo”. Pero impiden que usted sea tan bueno como Dios quiere que lo sea. Y la falta de espíritu de cristiana penitencia lo pueden llevar a ser malo. 

Mayo es el mes de Fátima, aparición en la que la Santísima Virgen insistió mucho acerca del rezo del santo Rosario. León XIII nos exhorta al rezo diario del Rosario, diciendo en la misma encíclica: “absolutamente nada se nos concede según la voluntad de Dios, sino por María.

LEER ENCÍCLICA "OCTOBRI MENSE"