Este blog está dedicado a María Corredentora y Mediadora de todas las Gracias

martes, 10 de enero de 2017

P. CALDERÓN - LA AUTORIDAD DOCTRINAL DEL CONCILIO VATICANO II

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Dado que la cita del R.P. Álvaro Calderón puesta por Non Possumus en esta entrada, ha concitado un merecido interés, ahora publicamos el texto íntegro de la excelente ponencia expuesta por el P. Calderón en el simposio tradicionalista llevado a cabo en Francia con ocasión de los 40 años del inicio del Concilio Vaticano II.


La autoridad doctrinal del Concilio Vaticano II

Padre Alvaro Calderón
Introducción

Estos años de Simposio han puesto de manifiesto que las dificultades suscitadas por el Concilio Vaticano II son graves y muchas; pero en su multiplicidad podemos señalar tres rasgos comunes : la confusión, la proscripción y la conexión. Los problemas planteados por el Vaticano II son confusos por dos motivos; primero, porque el grupo innovador que dominó el Concilio tuvo la prudencia de no ser explícito para evitar la confrontación abierta con la mens tradicional de la mayoría; segundo, porque el pensamiento moderno que lo anima es necesaria y deliberadamente ambiguo, pues no cultiva los instrumentos que dan rigor al pensamiento con la intención de permanecer en el pacífico ámbito del pluralismo doctrinal. Son también errores proscriptos, pues cuando con heroico esfuerzo se logra precisar el pensamiento conciliar tras la bruma de sus textos, se halla que en la mayoría de los casos son errores ya condenados explícitamente por el magisterio antimoderno de los cien años anteriores. Y son planteos, por último, conectados; porque, a pesar de la confusión en que se envuelven, hemos podido comprobar que las novedades prohijadas en los diversos documentos conciliares están ligadas en estrecha trabazón.

Hasta ahora hemos ido destruyendo los diversos errores conciliares por medio de su explicitación, pues una vez quitado el velo de confusión que los protege, aparece su carácter de proscriptos. Pero como están conectados en única construcción, hay una segunda manera de destruir el edificio; la primera es con largo trabajo, demoliendo parte por parte desde el techo hasta los cimientos; la segunda es con un único esfuerzo, golpeando en el punto crucial donde concurren las fuerzas de todos los extremos. Llegados al término de nuestro Simposio, convenía atacar entonces la piedra angular que traba toda la construcción conciliar, impidiendo que el peso de las condenas anteriores la derrumbe. Y esta pieza clave no es otra que la autoridad del Concilio. El constante recurso a la autoridad del Concilio es lo que otorgó a los Papas posteriores la enorme energía necesaria para frenar el impulso antiliberal que traía la Iglesia y lanzarla con fuerza en sentido contrario; y es también lo que anula nuestra resistencia. Pero podemos precisar más, porque la autoridad se divide en doctrinal y disciplinar, y ésta está subordinada a aquélla; por lo tanto, el problema fundamental que debemos resolver es el que plantea la autoridad doctrinal del Concilio Vaticano II, es decir, el valor de su magisterio.

Este problema se resuelve a la luz de dos premisas, cada una de las cuales presenta su dificultad. Como premisa mayor necesitamos decir cuáles son los criterios verdaderos que permiten juzgar el valor del magisterio de un concilio ecuménico, doctrina que tiene todavía muchas zonas de sombra entre los teólogos. Y como premisa menor hay que explicar cómo se ejerció efectivamente el magisterio conciliar, asunto hiperconfuso entre los confusos problemas del Vaticano II. De la diversa posición que se toma en una y otra premisa resulta la diversidad de soluciones que ha recibido esta cuestión.

lunes, 9 de enero de 2017

CATOLICISMO LIBERAL

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EL R.P. DON FÉLIX SARDÁ Y SALVANY

FUENTE (extracto)

Cuando se lee la obra titánica del P. Felix Sarda y Salvany El Liberalismo es Pecado, de 1886, la conclusión sólo puede ser que la FSSPX ha abrazado segura y lentamente la mentalidad liberal católica. 

En el Capítulo 31 [37 en la versión en español], “Una Ilusión de los católicos liberales”, el P. Salvany advierte de las muchas tentaciones que el liberalismo presenta a los no liberales, siendo una de las más seductoras, la idea de que la victoria depende del número de personas que tenga uno a su lado. 

Las palabras del P. Salvany (transcritas abajo en su totalidad) son directamente aplicables a la situación en que la FSSPX se encuentra en la actualidad. 

Actualmente, obispos como Atanasius Schneider creen que una vez que la Fraternidad sea “regularizada”, se podrá “unir fuerzas” con otros “dentro” de la Iglesia, y de este modo permitir que comience finalmente el duro trabajo de reconstruir la Iglesia de Cristo. 

Como un virus, este argumento se ha alojado en las mentes de muchos fieles y sacerdotes de la Fraternidad. Frecuentemente se manifiesta de la siguiente manera: “La Fraternidad tiene aliados en la Iglesia. Ellos nos dicen que necesitan ayuda. ¿Cómo podemos sentarnos sin hacer mientras hay almas en necesidad? ¡Debemos unirnos con ellos! 

Discutiremos más acerca de los efectos psicológicos de la “regularización” que puede tener la Fraternidad en una entrada futura. Por ahora, presentamos la sabiduría del P. Salvany:

Es este, como hemos dicho antes, el sueño dorado, la eterna ilusión de muchos de nuestros hermanos. Creen éstos que lo que le importa principalmente a la verdad es sean muchos sus defensores y amigos. Número paréceles sinónimo de fuerza: para ellos sumar, aunque sean cantidades heterogéneas, es siempre multiplicar la acción, así como restar es siempre disminuirla. Vamos a esclarecer un poco más este punto, y a emitir algunas últimas observaciones sobre esta ya agotada materia.

La verdadera fuerza y poder de todas las cosas, así en lo físico como en lo moral, está más en la intensidad de ellas que en su extensión. Mayor volumen de igual intensa materia es claro que da mayor fuerza; más no por el aumento de volumen, sino por el aumento o suma mayor de intensidades. Es regla, pues, de buena mecánica procurar aumento en la extensión y número de las fuerzas, más a condición de que con esto resulten verdaderamente aumentadas las intensidades. Contentarse con el aumento, sin detenerse a examinar el valor de lo aumentado, es no solamente acumular fuerzas ficticias, sí que exponerse, como hemos indicado, a que con ellas salgan paralizadas en su acción hasta las verdaderas, si algunas hubiere.

Es lo que pasa en nuestro caso, y que nos costará poquísimo demostrar. La verdad tiene una fuerza propia que comunica a sus amigos y defensores. No son éstos los que se la dan a ella; es ella quien a ellos se la presta. Mas a condición de que sea ella realmente la defendida. Donde el defensor, so capa de defender mejor la verdad, empieza por mutilarla y encogerla o atenuarla a su antojo, no es ya tal verdad lo que defiende, sino una invención suya, criatura humana de más o menos buen parecer, pero que nada tiene que ver con aquella otra hija del cielo.

Esto sucede hoy día a muchos hermanos nuestros, víctimas (algunos inconscientes) del maldito resabio liberal. Creen con cierta buena fe defender y propagar el Catolicismo; pero a fuerza de acomodarlo a su estrechez de miras y a su poquedad de ánimo, para hacerlo (dicen) más aceptable al enemigo a quien desean convencer, no reparan que no defienden ya el Catolicismo, sino una cierta cosa particular suya, que ellos llaman buenamente así, como pudieran llamarla con otro nombre. Pobres ilusos que, al empezar el combate, y para mejor ganarse al enemigo, han empezado por mojar la pólvora y por quitarle el filo y la punta a la espada, sin advertir que espada sin punta y sin filo no es espada, sino hierro viejo, y que la pólvora con agua no lanzará el proyectil. Sus periódicos, libros y discursos, barnizados de   catolicismo, pero sin el espíritu y vida de él, son en el combate de la propaganda lo que la espada de Bernardo y la carabina de Ambrosio, que tan famosas ha hecho por ahí el modismo popular para representar toda clase de armas que no pinchan ni cortan.

¡Ah! no, no, amigos míos; preferible es a un ejército de esos una sola compañía, un solo pelotón de bien armados soldados que sepan bien lo que defienden y contra quién lo defienden y con qué verdaderas armas lo deben defender.
Denos Dios de esos, que son los que han hecho siempre y han de hacer en adelante algo por la gloria de su Nombre, y quédese el diablo con los otros, que como verdadero desecho se los regalamos.

Lo cual sube de punto si se considera que no sólo es inútil para el buen combate cristiano tal haz de falsos auxiliares, sino que es embarazosa y casi siempre favorable al enemigo. Asociación católica que debe andar con esos lastres, lleva en si lo suficiente para que no pueda hacer con libertad movimiento alguno. Ellos matarán a la postre con su inercia toda viril energía; ellos apocarán a los más magnánimos y reblandecerán a los más vigorosos; ellos tendrán en zozobra al corazón fiel, temeroso siempre, y con razón, de tales huéspedes, que son bajo cierto punto de vista amigos de sus enemigos. Y, ¿no será triste que, en vez de tener tal asociación un solo enemigo franco y bien definido a quien combatir, haya de gastar parte de su propio caudal de fuerzas en combatir, o por lo menos en tener a raya, a enemigos intestinos que destrozan o perturban por lo menos su propio seno? Bien lo ha dicho La Civiltá Cattolica en unos famosos artículos: "Sin esa precaución, dice, correrían peligro certísimo no solamente de convertirse tales asociaciones (las católicas) en campo de escandalosas discordias, mas también de degenerar en breve de los sanos principios, con grave ruina propia y gravísimo daño de la Religión."

Por lo cual concluiremos nosotros este capítulo trasladando aquí aquellas otras tan terminantes y decisivas palabras del mismo periódico, que para todo espíritu católico deben ser de grandísima, por no decir de inapelable autoridad. Son las siguientes: "Con sabio acuerdo las asociaciones católicas de ninguna cosa anduvieron tan solicitas como de excluir de su seno, no sólo a todo aquel que profesase abiertamente las máximas del liberalismo, si que a aquellos que, forjándose la ilusión de poder conciliar el Liberalismo con el Catolicismo, son conocidos con el nombre de católicos liberales". 

domingo, 8 de enero de 2017

EL P. SCALESE RESPONDE A NON POSSUMUS

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El P. Giovanni Scalese (*). 
En esta fotografía, como buen liberal, posa entre un crucifijo y un retrato del demoledor Papa Francisco.


"El hecho de que los lefebvrianos estén de acuerdo con los pensamientos expresados por un “liberal moderado perteneciente al clero oficial” ¿demuestra que ahora también ellos están irremediablemente perdidos? En mi opinión, simplemente demuestra que son inteligentes y sin complejos, que todavía saben pensar por sí mismos, están abiertos a la verdad dondequiera que se encuentre, y aún no se han convertido en víctimas de la ideología."


Non Possumus se refirió al P. Scalesse en una entrada del 27 de noviembre titulada “Artículo “políticamente correcto” de DICI sobre las dubia de los cuatro Cardenales”. Simplemente nos interesó saber quien era el sacerdote al que la Neo-FSSPX, en el sitio oficial de Ménzingen, cita y califica como "buen analista de la crisis presente".

El P. Scalese (de los nuevos amigos de la FSSPX) nos contesta desde su sitio web, condenando a Non Possumus y a la Resistencia, y absolviendo a Mons. Fellay, a los demás acuerdistas, y al Vaticano II. 

Leyendo su artículo, no pudimos dejar de sonreír a partir de donde niega que es liberal. Sí, estimados lectores, al mismo tiempo el P. Scalese es capaz de negar que es liberal y -por dar más ejemplos- decir esto acerca de Pablo VI:

Personalmente, creo que Pablo VI fue uno de los más grandes Papas del siglo XX. 

Tiene un gran mérito: ha podido llevar a término el Concilio (empresa ciertamente no fácil) y luego ha llevado a cabo la aplicación del Concilio (empresa aún más difícil).

Me hacen reír los tradicionalistas radicales que acusan a Pablo VI de haber destruido la Iglesia. ¿Cómo es posible que no se den cuenta de que el Papa Montini salvó a la Iglesia?

..."si el mundo conociera el corazón que él tenía, más y más lo alabaría". Algo de eso supo Mons. Lefebvre, que fue recibido y abrazado paternalmente por el Papa Montini.

Pablo VI para mí no es sólo un gran Papa; no es sólo es un santo y doctor de la Iglesia. Es un padre. 

Las citas son del artículo "Elogio de Pablo VI", por el P. Scalese.



Este blog (nacido con el título Sin Pelos en la Lengua y transformado desde el pasado mes de junio en Antiquo robore) ha tenido tres fases: la primera, la más larga y más prolífica (359 entradas), va desde su nacimiento (enero de 2009) a finales de julio de 2011; la segunda fue la más breve (se limitó a pocos meses del 2013, entre marzo y mayo, con una desalineada ocasional en el mes de octubre) es la menos fecunda (8 entradas); la tercera es la actual: iniciada hace un año (enero de 2016) ha producido hasta el momento 100 entradas (aunque más de la mitad de ellas fueron mis homilías dominicales).

Uno de los argumentos principalmente tratado en las entradas de la primera fase, pero totalmente descuidados en las fases siguientes, fue la reconciliación con la "Fraternidad sacerdotal San Pio X" (FSSPX). Más bien, diría que el blog ha nacido a consecuencia de un acontecimiento que vio implicados precisamente a los seguidores de Mons. Lefebvre: la revocación de la excomunión a los cuatro Obispos de la Hermandad y las polémicas que se derivaron de ello, en particular la declaración del episcopado alemán, que les pidió a los cuatro Obispos de manifestar "de modo inequívoco y creíble su fidelidad al Concilio Vaticano II y en particular a la declaración Nostra Aetate", (véase la primera entrada del 30 de enero 2009). Siguieron una veintena de intervenciones en que se trató de demostrar que un acuerdo con la FSSPX era mucho más simple de lo que parecía. De manera intencionalmente desenfadada, traté de exponer mi posición en la entrada del 18 de marzo 2009: prácticamente sustenté que, a mi modesto parecer, para restablecer la plena comunión de la FSSPX con la Iglesia católica bastaba con exigir la la profesión de fe (posición confirmada y precisada en las entradas del 11 de septiembre de 2010 y del 13 de septiembre 2010). Se prefirió seguir otro camino, el de los "coloquios doctrinales." Ustedes han visto cómo ha terminado.

En el ínterin ocurrió la elección de Papa Francisco, que ha reavivado las esperanzas para una solución de la fractura, las que parecían estar ya extintas. Ello por dos clases de motivos: primero, porque el actual Pontífice es, por naturaleza, dado a no dar demasiado peso a las cuestiones doctrinales; segundo, porque como Arzobispo de Buenos Aires y Primado argentino, siempre mantuvo buenas relaciones con la Fraternidad, hasta el punto de no negarle su apoyo para su reconocimiento civil. Mons. Bernard Fellay ha podido encontrarse personalmente, aunque de manera no oficial, con el papa Bergoglio. En este nuevo clima va encuadrada la actitud más conciliadora asumida por la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei" sobre cuestiones doctrinales. Particularmente significativas me parecen las diversas entrevistas de Mons. Guido Pozzo, entre las cuales destaca la realizada a Famille Chrétienne el 20 de octubre de 2014 (traducida al italiano por el sitio Una Vox), y la realizada a la agencia ZENIT el año pasado (28 de febrero de 2016 y 8 de abril de 2016). Respecto a la interpretación del concilio, en esta entrevista, el Secretario de “Ecclesia Dei” sostiene en la práctica una tesis muy similar a la que expuse en el artículo Concilio y “espíritu del concilio” y, como único punto “no negociable” en las negociaciones para llegar a un reconocimiento canónico, indica… ¡“la adhesión a la Professio fidei”! Probablemente si en lugar de introducirse en extenuantes y vanos "coloquios doctrinales" y pretender de los lefebvrianos una incondicional adhesión al Vaticano II, se hubiera adoptado ya desde el principio una posición de este género, a esta hora la FSSPX ya sería una institución (prelatura, ordinariato o lo que sea) de la Iglesia católica.

Naturalmente que no todos, tanto entre los progresistas como entre los tradicionalistas, ven con buenos ojos una eventual reconciliación. Ciertamente no se pueden ignorar los posibles riesgos de un reconocimiento canónico en el actual momento; y por otro lado no parece justo el dejar escapar una ocasión más bien única que inusual. En lo personal, por muchas razones, yo hubiera preferido que el acuerdo se alcanzara durante el pontificado de Benedicto XVI. Pero el hecho de que esto no sucediera muestra que, en general, hay que moverse más libremente y que debemos guiarnos únicamente por factores objetivos, sin ser condicionados por las reacciones que puedan causar ciertas decisiones (con lo que se termine por exigir a los lefebvrianos más de lo necesario, solo para evitar de ser acusados después de excesiva indulgencia). Muchos, en la FSSPX o salidos de ella, acusan a la Fraternidad de haber cedido y de deriva liberal. En uno de estos episodios me he encontrado involucrado personalmente. En el sitio Non possumus de la “Sociedad sacerdotal de los Apóstoles de Jesús y María”, perteneciente a la denominada “Resistencia católica” (el movimiento creado por Mons. Richard Williamson luego de su expulsión de la FSSPX), apareció recientemente una entrada respecto a un “Artículo “políticamente correcto” de DICI sobre las dubia de los cuatro Cardenales”.

En el artículo en cuestión, publicado por el sitio DICI el 24 de noviembre de 2016, el autor, P. Alain Lorans, en cierta parte escribió:

“En el fondo, como lo dice un buen analista de la crisis presente, se ven dos concepciones de la Iglesia enfrentadas: “Por un lado están aquellos que consideran que es un deber pastoral de la Iglesia el enseñar la doctrina revelada, tal cual es; por el otro, aquellos que preconizan como única actitud pastoral aceptable el acompañamiento, el discernimiento y la integración”.

Pues bien, los de Non possumus se sintieron con el deber de desenmascarar al anónimo “analista” citado por el Padre:

¿Quién es este “buen analista de la crisis presente”?: Se trata del P. Giovanni Scalese, un liberal moderado perteneciente al clero oficial.

A tal revelación han hecho seguir un florilegio de mis “buenos análisis”, para demostrar precisamente la deriva liberal de la FSSPX.

Bueno, parece que aquí nos encontramos frente a un claro ejemplo de dos diversas maneras de ser tradicionalista: una manera inteligente y una manera marcada de estrechez mental.  Si bien yo no soy un lefebvriano (pero tampoco un “liberal” aunque “moderado), yo siempre he profesado respeto y estima por Monseñor Lefebvre y la Fraternidad fundada por él, porque creo que ha desempeñado -y sigue desempeñando- un papel importante en la iglesia: el de recordar a todos la tradición, descuidada en estos últimos años; y por eso yo siempre he esperado una reconciliación. Tengo que decir que mi respeto y mi estima han sido correspondidas ampliamente.

Cuando publiqué el artículo Concilio y “espíritu del concilio”, fue retomado por La Porte Latine. En el mensaje que enviaron para informarme la publicación la definieron como “muy interesante”. Cuando, el año pasado salió la exhortación apostólica Amoris laetitia, la FSSPX difundió un declaración en la que se retomaron, con comillas, muchos pasajes de mi entrada del 14 de abril de 2016. Ahora, el sitio web oficial de la Fraternidad, hizo referencia al "análisis" sobre la crisis en la Iglesia (por cierto, la frase citada en el artículo del P. Lorrans se tomó de la entrada del 16 de noviembre, 2016). El hecho de que los lefebvrianos estén de acuerdo con los pensamientos expresados por un “liberal moderado perteneciente al clero oficial” ¿demuestra que ahora también ellos están irremediablemente perdidos? En mi opinión, simplemente demuestra que son inteligentes y sin complejos, que todavía saben pensar por sí mismos, están abiertos a la verdad dondequiera que se encuentre, y aún no se han convertido en víctimas de la ideología. Ésto también demuestra que, si de parte de la Iglesia católica no se hubieran asumido actitudes, incluso digamos, "ideológicas", no sólo a esta hora el "cisma" ya se habría sanado, sino probablemente no habría ocurrido nunca. Cuando hay claridad y rigor sobre los principios y disponibilidad sobre las cuestiones prácticas; cuando hay apertura mental y buena voluntad; cuando hay plena conciencia de la propia identidad y tolerancia hacia las legítimas diversidades, tarde o temprano se encuentra un acuerdo, incluso conservando cada uno la propia especificidad (que en este punto ya no es un motivo de conflicto sino una riqueza para todos).

Desafortunadamente, no se encuentra siempre tal apertura a la verdad («Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est»), sino que frecuentemente nos encontramos con mentes estrechas y oscurecidas por la ideología (¡también la tradición, mal entendida, se puede convertir en la ideología!). Y es así que no interesa si una afirmación sea justa o equivocada en sí, sino que importa más quién la ha pronunciado (contradiciendo así la sabia admonición de la Imitación de Cristo: «Non quæras quis hoc dixerit, sed quid dicatur attende»). ¿Qué puede venir de bueno de un “liberal moderado perteneciente al clero oficial”? Parece escuchar a Natanael: “¿de Nazaret puede venir algo bueno?” [P. Scalese: no exagere ni enrede las cosas a su favor. Hemos dicho que usted es un "liberal moderado", no hemos dicho que usted sea un perfecto inútil ni que sea un malvado] Lo bonito es que ciertas actitudes de cerrazón no sólo se encuentran entre los que están, de hecho, fuera de la Iglesia, sino también entre algunos tradicionalistas de nuestra casa. Cuando precisamente publiqué mis diez puntos sobre Amoris laetitia ("Saludable autocrítica") mientras los lefebvrianos encontraron algunos puntos dignos de ser retomados en su declaración oficial, algunos catolicotes de entre nosotros, ¡se quejaron sobre el hecho que en aquellas entradas, para criticar la exhortación apostólica, se recurrió al concilio!

No son pocos los católicos tradicionalistas que, ante la crisis sin precedentes que enfrenta la Iglesia, en lugar de indignarse, prefieren remarcar, tomamdo distancia y con aires de cierta superioridad: “¿por qué maravillarse? Lo que está ocurriendo no es más que la consecuencia natural del Vaticano II. El mal no es lo que está sucediendo hoy en día, sino el concilio que ha sentado las bases para que esto suceda". Olvidando que entre el Concilio y nosotros hay cincuenta años, durante los cuales los Papas que se han sucedido en la cátedra de Pedro han demostrado que no es verdad que del Concilio tenga que derivarse necesariamente la subversión de la Iglesia y su doctrina. Limitándonos al ámbito moral, ¿quién ha escritoHumanae vitae o Familiaris consortio, a las cuales hoy se apela para refutar Amoris laetitia? ¿Quizás Pío XII? ¿O dos Papas "conciliares", que evidentemente no encontraron en el Vaticano II motivos que los llevaran a las conclusiones de Amoris laetitia?

Quien asume con respecto al Concilio una actitud de rechazo total, no es tan diferente de los que lo consideran un "súper-dogma", al que no es lícito cuestionar siquiera un ápice. Al igual que en todas las cosas, hay un término medio -en el que, al parecer, también están de acuerdo los lefebvrianos- en el cual el Vaticano II debe tomarse como lo que es: un concilio (por lo tanto una expresión solemne del magisterio eclesiástico, al cual se le debe la máxima atención) “pastoral” (y por lo tanto con todos los límites que esto comporta). El Vaticano II no debe ser rechazado en bloque ni absolutizado 
[¿Seguro, P. Scalese? Lea la cita de un excelente teólogo tradicionalista que ponemos abajo]. El confrontar el concilio debe realizado con una actitud respetuosamente crítica que, junto a una general aceptación, no excluye la posibilidad de discutir sobre algunos cuestiones que no pueden ser consideradas definitivamente cerradas. Si S.E. Mons. Lefebvre firmó todos los documentos conciliares significa que no halló ninguna herejía; indudablemente se dio cuenta de la ambigüedad de ciertas expresiones, pero evidentemente estuvo convencido que de aquellos textos se pudiera dar una interpretación ortodoxa [En el Concilio un Obispo podía firmar las actas para hacer constar su participación en las discusiones -como de hecho sucedió en el caso de Mons. Lefebvre-, y no necesariamente como señal de conformidad con lo expresado en los textos definitivamente aprobados]. Si en algún momento cambió de actitud, se puede pensar que lo hizo porque tenía la impresión -ciertamente no infundada- de que la Iglesia estaba teniendo predominantemente una interpretación errada del concilio. Pero si la Iglesia declara con autoridad cuál es la interpretación correcta (y Benedicto XVI, irresponsablemente renunciado, lo hizo en el discurso del 22 de diciembre de 2005, y ahora Mons. Pozo completa la perspectiva con algunas precisiones importantes) ¿por qué continuar descargando sobre el concilio culpas que no tiene?

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Cita del R.P. Álvaro Calderón (“La Autoridad Doctrinal del Concilio Vaticano II”, ponencia expuesta en el Simposio por los 40 años del inicio del Concilio Vaticano II): Las declaraciones conciliares no pueden contribuir en nada al modo ordinario del magisterio, pues el vicio que las afecta impide vincularlas a las declaraciones del magisterio auténtico anterior. Si hay una página, por dar un ejemplo, que parece reafirmar y hacer progresar la enseñanza tradicional es, justamente, la que trata de la autoridad del magisterio jerárquico, en el n.25 de Lumen Gentium. ¿podemos al menos rescatar este texto? No, por cierto, porque en el capítulo anterior este mismo documento ha subordinado el oficio jerárquico al sensus fidei, lo que obliga a entender la doctrina del n. 25 de manera muy distinta a lo enseñado por el Vaticano I. Además, la misma noción de infalibilidad se desdibuja al sostener que las fórmulas dogmáticas son siempre inadecuadas para expresar el misterio revelado, permitiendo siempre un cierto pluralismo. (…) El magisterio conciliar no sólo carece de autoridad, sino que es reprobable... Es claro que la doctrina que anima los documentos conciliares responde a la de la nueva teología, condenada repetidas veces por los papas anteriores de manera general por su intrínseco relativismo. Por lo tanto, la doctrina conciliar no sólo carece de valor como magisterio simplemente auténtico, no solamente está exenta de autoridad simplemente teológica, sino que es en su conjunto reprobable, al menos por estar impregnada del relativismo del pensamiento moderno, puesto de manifiesto en la deliberada ambigüedad de su lenguaje… terminamos nuestra exposición expresando el vehemente deseo que este simposio por los cuarenta años del concilio vaticano II declare solemnemente la nulidad del magisterio conciliar. Porque la ingente multitud de nuestros trabajos ha probado que su doctrina está pervertida por el ángulo que se la mire (…)”.


(*) EL P. SCALESE SEGÚN EL P. SCALESE:

El padre Giovanni Scalese (Roma, 1955) pertenece a la Orden de los Clérigos Regulares de San Pablo (Barnabitas). Es sacerdote desde 1981. Recibió su bachillerato en filosofía y teología en la Universidad Pontificia de Santo Tomás (Angelicum) y una licenciatura en teología (especialización en Teología Bíblica) en la Universidad Pontificia Gregoriana. Se graduó en filosofía en la Universidad de Bolonia con una tesis sobre "La Orden de los Barnabitas" Rosmini ( "Estudios Barnabiti" 7 / 1990-9 / 1992). Imparte clases de religión, historia y filosofía en el Colegio Querce de Florencia, en el Colegio de San Luis de Bolonia y el Instituto Biachi de Nápoles. De 1994 a 1999 fue rector del colegio Querce; del 2000 al 2006, Asistente General de la Orden. De 2003 a 2009 fue misionero en Asia (Filipinas y la India); 2011-2014 rector del Bianchi. Junto con el Padre Antonio Gentili publicó el "Prontuario del espíritu. Enseñanzas ascéticas y místicas de San Antonio María Zaccaría" (Milán, 1994). Publicó la primera edición italiana de las Constituciones de los Clérigos Regulares de San Pablo de 1579 ( "Estudios" Barnabitas 31/2014). 
(Del perfil de blogger publicado por el P. Scalese).

sábado, 7 de enero de 2017

COMENTARIO ELEISON Número CDXCV (495) - 7 de enero de 2017

Eleison Comments by His Excellency Bishop Richard Williamson

“Guerra” Vaticana

Al Vaticano Dos ¿los católicos alguna vez despertarán?
Están unos despertando ¡ciertamente mejor tarde que jamás!
En la crisis de hoy de la Iglesia, de una gravedad sin precedente en toda la historia de la Iglesia, es de la mayor importancia que los Católicos den la debida importancia tanto al movimiento Tradicional como a la Iglesia Católica fuera del movimiento Tradicional. La Tradición en su sentido más amplio, significando todo lo que Nuestro Señor confió a Su Iglesia para ser transmitido (tradendum en Latín) hasta el fin del mundo, es indispensable a la Iglesia, y el movimiento Tradicional ha jugado una parte indispensable en preservar la doctrina Tradicional y los sacramentos de su destrucción por parte de la Revolución Conciliar durante el último medio siglo. Pero para sobrevivir, el movimiento Tradicional debió colocarse a sí mismo al lado de la estructura jerárquica normal de la Iglesia, y esa estructura es parte de la Tradición: “Pedro, apacienta mis ovejas” (Juan XXI,17). Por consiguiente, por muy profunda que sea la corrupción Conciliar en Roma, los Católicos todavía tienen que estar mirando a Roma.
De allí el interés del siguiente informe que viene desde Roma por el Fundador y Director de una publicación estadounidense Novus Ordo, LifeSiteNews. Steve Jalsevac normalmente visita Roma dos veces al año con colegas para hablar con todo tipo de contactos en Roma y así poder apreciar mejor cómo la situación en la Iglesia se está desarrollando. De su visita a fines de Noviembre, él publicó el 16 de Diciembre un reporte “profundamente preocupante” de sus impresiones sobre la situación en Roma hoy. Siguen extractos:
“Nuestra visita del 16 al 23 de Noviembre a Roma fue la más dramática de muchos viajes de trabajo que hemos realizado dos veces al año durante los últimos 10 años. Luego de reunirnos con cardenales, obispos y otras agencias Vaticanas y personal del dicasterio, nuestro nuevo reportero de Roma John-Henry Westen, Jan Bentz y yo vimos un patrón consistente de ansiedad generalizada y un temor muy real entre los fieles servidores de la Iglesia. Nunca nos habíamos topado con esto antes. Muchos tenían miedo de ser removidos de sus cargos, echados de sus puestos en agencias Vaticanas, o de enfrentarse a severas reprimendas públicas o privadas y con acusaciones personales provenientes de aquellos alrededor del Papa o aún del mismo Francisco. Ellos también están temerosos y nerviosos por el gran daño que se está haciendo a la Iglesia siendo incapaces de detenerlo.
“... las universidades Católicas en Roma son vigiladas y las clases de los profesores evaluadas para asegurar que se alineen con una interpretación liberal de Amoris Laetitia. Los clérigos son reportados a los Superiores si se escucha que ellos expresan preocupación acerca del Papa Francisco. Muchos tienen miedo de hablar abiertamente, aunque en el pasado siempre estaban muy gustosos de hacerlo. Los reporteros d el Vaticano nos dijeron que numerosas veces se les advirtió no reportar sobre las dubia (preguntas planteadas por el Cardenal Burke y otros tres Cardenales en cuanto a la doctrina contenida en Amoris Laetitia). He escuchado reportes que el Vaticano es como un Estado ocupado. Ciertas fuentes con las que he hablado tienen temor de que las comunicaciones con oficiales del Vaticano estén siendo monitoreadas; algunos incluso han reportado anomalías sospechosas en sus conversaciones telefónicas en las cuales, luego de cortar la llamada, el audio de los últimos momentos de su conversación se repetía una y otra vez de vuelta como si estuvieran escuchando una grabación. Algunos individuos que trabajan dentro del Vaticano están aconsejando a sus contactos de fuera no compartir información delicada vía correo electrónico o por sus teléfonos celulares expedidos por el Vaticano.
“Tenemos que preguntarnos adónde va todo esto. Es profundamente, profundamente preocupante. La frase común que escuchamos continuamente esa semana en Roma es que hay una “guerra” en la Iglesia, una guerra de los progresistas del “Espíritu del Vaticano II” contra los Católicos ortodoxos. Asombrosamente, una persona tras otra usaron la palabra “guerra”. Nunca experimenté nada como esto en mi vida y estoy seguro de que la mayoría, si no todos, los lectores regulares de LifeSite pueden decir la misma cosa”.
Los Tradicionalistas pueden decir que los cuatro Cardenales y el Sr. Jalsevac son víctimas del Vaticano II despertándose un poco tarde, pero que nadie diga que ellos no quieren o intentan ser Católicos. La Iglesia solamente sanará cuando la verdadera Doctrina y la verdadera Jerarquía se vuelvan a unir nuevamente, entonces que los Tradicionalistas recen urgentemente por estas almas que están despertando a la guerra Conciliar. Que Dios les de luz y fortaleza.
Kyrie eleison.

viernes, 6 de enero de 2017

SI NO HAY JUSTICIA NO HAY PAZ

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Mons. Fellay en uno de sus habituales "gestos simpáticos" (foto tomada durante una visita reciente del Obispo a Palayamkottai, India)


FUENTE

La FSSPX está convencida que se le debe, por justicia, la “regularización canónica” por la Roma modernista. Se alega que esto rectificaría la “supresión injusta” de la Fraternidad en los años 70.
Este argumento es relativamente nuevo. En el pasado, Mons. Lefebvre y el resto de los superiores de la FSSPX consideraban como una distinción de honor ser “excomulgados” de la iglesia conciliar. También dijo que a menos de que los romanos aceptaran Quanta Cura, Quas Primas, y toda la Tradición, es inútil dialogar. Justicia, creía el Arzobispo, sería cuando Roma se vuelva de su camino herético y abrace la fe de todos los tiempos.
La Antigua Fraternidad tomó sus indicaciones de estos principios. En los años 90 y 2000, mientras que otros tradicionalistas caían en las manos de los romanos, la FSSPX se mantuvo firme y caracterizó esencialmente a estos grupos como traidores. La Fraternidad también ponía comillas a la palabra “regularización” cuando surgía el tema (esto ya no lo hacen en la actualidad). Cuando Campos cayó en 2002, Mons. Fellay advirtió que ellos habían sido puestos en un “zoológico ecuménico”. “La irregularidad está no en la FSSPX sino en la iglesia conciliar”, era otra afirmación que se escuchaba comúnmente.
En los últimos cinco años, el argumento sobre la “justicia” ha tomado una posición central y ha barrido a todos los demás. Es regurgitado en todas las cámaras de eco tradicionales ad nauseam. Los blogueros de toda índole -muchos que no asisten a las capillas de la Fraternidad- se unen al coro. La víctima más reciente es Mons. Athanasius Schneider de Kazajstán.
En una reciente entrevista a un diario católico francés, Schneider afirma audazmente que si el Arzobispo viviera hoy, aceptaría la prelatura personal. Pues una prelatura sería parte del proceso de "integración canónica" que "restauraría la justicia, muy tardíamente" a la Fraternidad.
Schneider también sugiere que el Papa Francisco fue “misericordioso” al “extender” las facultades de los sacerdotes de la Fraternidad para escuchar confesiones.
Haciendo el papel de pragmatista (todos los liberales lo hacen), afirma más adelante que la Fraternidad “no debe exigir garantías de 100%”. Estas exigencias “son irreales” y “delataría una cierta falta de confianza en la Providencia”.
Schneider y la Fraternidad (quien orgullosamente reprodujo la entrevista en su sitio web bajo el título “Restaurando la Justicia a la FSSPX) están siguiendo las huellas de otros liberales antes que ellos. En lugar de recordar a Roma que los católicos de todo el mundo tienen el derecho en justicia de una Iglesia libre de modernismo, y que el Vicario de Cristo tiene el deber ante Dios (si quiere salvar su alma) de mantener la Tradición, ellos solamente se enfocan en los “derechos” de la Tradición, invirtiendo así el punto de énfasis completamente. De nuevo, Monseñor Lefebvre se enfocó en primer lugar en hacer que Roma viera sus errores doctrinales y que no estaba viviendo su fe católica. Esta no es la finalidad principal de la FSSPX hoy en día.
Cuando Cristo habló a los fariseos, los reprendió: “¡Sepulcros blanqueados! ¡raza de víboras!”. Juan el Bautista, advirtiendo a Herodes de su mal camino, gritó ¡Arrepentíos! ¿Por qué este no es el lenguaje de la Fraternidad en nuestro tiempo? Lo fue por muchos años. Incluso Mons. Fellay, por ejemplo, se refirió públicamente a Francisco como un “modernista genuino” apenas en 2013. Pero cuando se le preguntó respecto a este comentario por Tim Sebastian en 2016 (cuando las conversaciones con el Vaticano entraban al vivo), se retractó. Además cuando uno visita los sitios web de la Fraternidad en la actualidad, no nos encontramos ensayos que enciendan la luz de la verdad, sino muchas veces con noticias irrelevantes de temas no tradicionales.
En lugar de actuar como si estuvieran en posesión de una gran perla, la Fraternidad parece avergonzada con el hecho de que el Espíritu Santo les dio ojos para ver la crisis en la Iglesia. Dicho de otra forma, en lugar de predicar la verdad y confiar en Dios para que incremente el número de su rebaño, decidieron involucrarse en el Tradi-ecumenismo y buscar la aprobación de los obispos “integrados canónicamente” como Mons. Athanasius Schneider, de manera que puedan resultar aceptables y respetables a las masas.
En oposición a lo que dijo su Fundador, y en oposición a lo que sus líderes solían decir, la neo-FSSPX cree que es mejor estar “en el interior” y tener una “conexión” con Roma. Piensan que uniéndose con “todos los Tradicionalistas de buena voluntad” serán capaces de detener el incremento del progresismo en la Iglesia. Esta es la razón de abrazar el argumento de la “justicia”. Pero el problema con esta lógica es que es la sabiduría del hombre (que siempre piensa en la cantidad) en lugar de la sabiduría de Dios (que siempre piensa en la cualidad). Esto es la quintaesencia del catolicismo liberal.
La realidad es que la Fraternidad es un grupo de unos 600 sacerdotes en una Iglesia que tiene 414,000 sacerdotes. Es un bote salvavidas, no un remolcador. Es una ilusión, como dijo una vez Monseñor Lefebvre, pensar que ellos pueden “re-entrar en esta iglesia Conciliar para, supuestamente, volverla católica”. “No son los inferiores quienes hacen a los superiores, sino los superiores quienes hacen a los inferiores”.
Terminemos con una analogía. Suponga que un grupo de terroristas ha entrado en un palacio. Supongamos que encerraron al Rey en la mazmorra mientras saqueaban su residencia. Un acto de justicia no sería necesariamente abrir la puerta de la mazmorra. Más bien habría justicia cuando el orden fuera restaurado en el palacio y los terroristas se retracten de su obra. Oremos fervientemente por el día en que los modernistas que han asaltado la Iglesia, regresen a la verdad y entronicen la Tradición en su justo lugar en Roma. Sólo entonces habrá verdadera justicia en la Iglesia.

miércoles, 4 de enero de 2017

MONS. LEFEBVRE RESPONDE A MONS. SCHNEIDER

schnider
Mons. Schneider (a la derecha), ecumenista y amigo de la Neo-FSSPX

FUENTE (extracto)
En una reciente entrevista al sitio español Adelante la Fe, Mons. Athanasius Schneider de Kasajstán (probablemente instruido por miembros liberales de la FSSPX) dijo: “tengo un gran deseo de que la FSSPX sea reconocida y establecida cuanto antes en la estructura normal de la Iglesia”.
Quisiera enfocarme en algunos de los comentarios del obispo.
Primero:
“Estoy convencido que en las circunstancias actuales Mons. Lefebvre aceptaría sin dudarlo la propuesta canónica de una prelatura personal”.
“Las ordenaciones episcopales de 1988 las hizo porque en conciencia pensaba debía hacerlo, como un acto extremo, que él sufría, y por eso él dijo que esta situación no debería demorar mucho tiempo”.
Estas declaraciones son un insulto para el Arzobispo. Mons. Schneider simplemente no conoce al hombre en nombre del cual afirma hablar. 
¡Disparates! El Arzobispo no hizo nada “extremo” al consagrar cuatro obispos. 
Parece necesario recordar a nuestros lectores que cuando se le preguntó si tenía algunas “dudas” o “remordimientos” sobre lo que hizo, Mons. Lefebvre respondió diciendo: “No, en lo absoluto. Creo que todo lo que sucedió fue suscitado de manera verdaderamente providencial y casi milagrosa”. “Pienso, pues, que no hay que tener ninguna vacilación ni ningún escrúpulo respecto de las consagraciones episcopales”.
El comentario de Mons. Schneider acerca de que Mons. Lefebvre “dijo que esta situación no duraría mucho tiempo”, también merece escrutinio. Y su afirmación de que “Si se permanece mucho tiempo de canónicamente autónomo, se entra en riesgo de perder una característica típicamente católica, que es estar sujeto al papa”.
El Arzobispo no creía ninguna de estas cosas. De hecho, dijo lo opuesto en 1990:
No debemos hacernos ilusiones. Estamos luchando una batalla avalada por toda una línea de papas. Por lo tanto, no debemos dudar o temer, dudas como: “¿Por qué debemos seguir por nuestra cuenta? Después de todo, ¿por qué no unirnos a Roma, por qué no unirnos al papa?” Sí, si Roma y el Papa estuvieran alineados en la Tradición, si estuvieran llevando a cabo la obra de todos los Papas del siglo 19 y primera mitad del siglo 20, por supuesto. Entonces no debemos preocuparnos. Debemos ante todo confiar en la gracia de Dios.
¿Qué va a pasar? ¿Cuándo terminará todo esto? Ese es un secreto de Dios. Un misterio, pero debemos luchar en contra de las ideas actualmente de moda en Roma, las cuales vienen de la misma boca del papa, de la boca del cardenal Ratzinger, del cardenal Casaroli, del cardenal Willebrands y los que son como ellos. Está claro, porque todo lo que hacen es repetir lo opuesto de lo que los papas han dicho y establecido solemnemente por los últimos 150 años. Está claro, por lo tanto no debemos dudar ni por un momento.
Mons. Lefebvre creía que “no debemos preocuparnos” por no estar con aquellos que traicionan la Tradición. Debemos “confiar en la gracia de Dios” y “luchar contra las ideas actualmente de moda en Roma” por todo el tiempo que persistan. No debemos “dudar ni por un momento” porque es un “secreto de Dios” cómo todo terminará.
Mons. Lefebvre tampoco estaría de acuerdo con la creencia de que ser “autónomos por mucho tiempo” lleva “el riesgo de perder una característica de la Iglesia Católica”.
Hay que saber que en 2003, el P. Jean Violette, entonces Superior de Distrito de Canadá, condenó al P. Aulagnier -sacerdote de la Fraternidad en ese tiempo- porque creía que había “peligro” en no estar “regularizados canónicamente” por Roma. Lea la carta del P. Violette aquí.
Dos citas más de Mons. Schneider merecen atención:
“tengo un gran deseo de que la FSSPX sea reconocida y establecida cuanto antes en la estructura normal de la Iglesia, y eso sería para beneficio de todos, para ellos y nosotros. Realmente sería una nueva fuerza en esta gran batalla por la pureza de la Fe”
“Le he dicho a Mons. Fellay: Monseñor, precisamos vuestra presencia para ir juntos con todas las buenas fuerzas de la Iglesia, tener esa unión”
Si bien es alentador que Mons. Schneider hable frecuentemente acerca de la Masonería, del modernismo y muchos otros males que afectan la Iglesia en la actualidad, él es quien necesita volver a la plena comunión con la Tradición y todos los Papas del pasado. Es más, su “gran deseo” no debería ser que Roma regularice a la Fraternidad. Debería ser que la Roma modernista se arrepienta de sus blasfemos caminos y se reestablezca dentro de la estructura regular de Roma Eterna.
Las observaciones del Obispo acerca de “unir fuerzas” demuestra una especie de pensamiento naturalista que minimiza la batalla sobrenatural. De hecho, si, como Mons. Schneider afirma, los tradicionalistas serán más capaces de lograr un cambio una vez que la FSSPX sea "regularizada", entonces los modernistas son más tontos de lo que parecen. Honestamente, ¿el Papa Francisco realmente tomaría medidas que permitirían a sus enemigos teológicos coordinarse de tal manera que en última instancia conduciría a la desaparición no sólo del catolicismo progresista sino posiblemente del Vaticano II? Él y sus aliados liberales no son tan ingenuos. 
Monseñor Lefebvre dijo que hay “ciertos fieles, que son muy buenas gentes, que aceptaron las consagraciones, pero que tienen un arrepentimiento en lo profundo: ya no están con la gente que solían estar, gente que no aceptó las consagraciones, que ahora están en nuestra contra” De estas personas, el Arzobispo dijo: “¿Van a unirse a nosotros y trabajarán con nosotros”? ¿o van a “tomar un camino diferente para mantener la compañía de los liberales que nos dejaron?” Mons. Schneider, como los líderes de la FSSPX, necesitan decidirse. ¿Van a unirse al Arzobispo o van en otro camino? Yo sé con quién estoy. ¿Y usted?

OBISPO LIBERAL SCHNEIDER NUEVAMENTE ANIMA A LA FSSPX A ACEPTAR EL ACUERDO CON ROMA

Mons. Schneider concelebrando la misa nueva


Entrevista exclusiva de "Adelante la Fe" al Obispo Schneider: Mons. Lefebvre aceptaría sin dudarlo la propuesta canónica de Roma


Fuente (los siguientes extractos son de "Adelante la Fe". En ciertas partes, la redacción fue corregida o complementada por NP)

FSSPX – MONS. LEFEBVRE

“estoy convencido que en las circunstancias actuales Mons. Lefebvre aceptaría sin dudarlo la propuesta canónica de una prelatura personal”

“Mons. Lefebvre era un hombre con un profundo sensus eclessiae”

“las ordenaciones episcopales de 1988 las hizo porque en conciencia pensaba debía hacerlo, como un acto extremo, que él sufría, y por eso él dijo que esta situación no debería demorar mucho tiempo”

“Si se permanece mucho tiempo de forma autónoma canónicamente, se entra en riesgo de perder una característica típicamente católica, que es estar sujeto al papa”

“No podemos hacer depender nuestra sujeción al Vicario de Cristo de la persona del papa, esto no sería fe, eso sería escuela de partido. Pero la Cátedra de Pedro siempre es la misma, los papas se obedecen. No se puede decir no confío en este papa, no me someto, voy a esperar hasta que venga otro papa. Esto no es católico, no es sobrenatural, es demasiado humano. Falta sobrenaturalidad y confianza en la Providencia Divina de que Dios es quien guía la Iglesia. Esto es un peligro para la FSSPX, cuanto más tiempo ellos están autosuficientes y ya tienen algunas señales dentro de estos fenómenos negativos de autosuficiencia”

“le he pedido a Mons. Fellay que no demore más la aceptación y tenga confianza en la Providencia, no es viable esperar a tener certezas 100%”

“tengo un gran deseo de que la FSSPX sea reconocida y establecida cuanto antes en la estructura normal de la Iglesia, y eso sería para beneficio de todos, para ellos y nosotros. Realmente sería una nueva fuerza en esta gran batalla por la pureza de la Fe”

“Le he dicho a Mons. Fellay: Monseñor, precisamos vuestra presencia para ir juntos con todas las buenas fuerzas de la Iglesia, tener esa unión”

MISA TRADICIONAL

“Yo pienso que la liturgia tradicional es la liturgia del Vaticano II, en cierto sentido, tal vez con pequeñas modificaciones”

LEER ARTÍCULO DE "ADELANTE LA FE" Y VER VIDEO ACÁ

martes, 3 de enero de 2017

CONFERENCIA DE MONS. FELLAY EN LIMA, PERÚ, 26-DIC-16

Cita del siempre ambiguo Mons. Fellay: "en este momento más y más confusión se establece en la Iglesia, y por empezar con el Soberano Pontífice, que él realmente -no sé por qué, pero... qué ideas tiene- es él que realmente establece este caos" (min. 0,40 - 1,12)

¿Así que Monseñor Fellay todavía no entiende que un Papa modernista y liberal no puede sino "establecer la confusión y el caos en la Iglesia"?

¿Cuándo lo va a entender? ¿Después de ser "regularizada" la FSSPX por el mismo que "establece la confusión y el caos en la Iglesia"?

¿O será que al Papa Francisco no se le puede calificar de liberal y modernista?

"Más que nunca, en nuestros días la fuerza de los malos está en la cobardía y debilidad de los buenos, y todo el nervio del reino de Satán reside en la blandura de los cristianos". San Pío X.


domingo, 1 de enero de 2017

R.P. TRINCADO - SERMÓN DE LA OCTAVA DE NAVIDAD

Adoración del becerro de oro. 1700-1702. Molinari


Jesús significa "Dios salva" o "Dios es Salvador", y en la Biblia encontramos sólo a otro personaje relevante que lleva ese nombre: Jesús Ben Sirá, autor del Eclesiástico. El nombre Josué, por su parte, tiene el mismo origen y significado que el nombre Jesús. 

Josué es el nombre del sucesor de Moisés como guía del pueblo hebreo en la travesía del desierto. Como fue Josué quien finalmente hizo entrar a los israelitas a la Tierra Prometida, se le llama libertador de Israel, y en cuanto tal, es figura de N. Señor Jesucristo, que es nuestro Salvador y Libertador. Se dice de este caudillo en Eclesiástico 46, 1: Esforzado en la guerra fue Josué, hijo de Nun, sucesor de Moisés como profeta. De acuerdo con su nombre, fue gran salvador de los elegidos del Señor, para tomar venganza de los enemigos que surgían, e introducir a Israel en su heredad.

Como recordarán, en el desierto faltó la fe al pueblo hebreo, que tendía a murmurar de Dios, a dudar y a mirar atrás, hacia las comodidades y seguridades de Egipto, figura del mundo enemigo de Dios, en el cual éramos esclavos del demonio hasta que fuimos liberados por Cristo. Añoramos -decían los hebreos- el pescado que comíamos gratis en Egipto, y los pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos. En cambio ahora tenemos el alma en aridez y nada ven nuestros ojos sino el maná (Num 11, 5).

Hay en la historia de la Fraternidad cierto paralelismo con aquélla de la travesía de los hebreos por el desierto: 40 años caminaron los hebreos y unos 40 años tenía de existencia la FSSPX cuando comenzó el hundimiento. Moisés sacó a Israel de la esclavitud de Egipto, como Monseñor Lefebvre nos sacó de las garras de iglesia conciliar. Y en similar tentación a la de los israelitas de entonces ha caído la Fraternidad, que ahora añora volver a la cautividad de Egipto, es decir, a la iglesia oficial, dominada sin contrapesos por los liberales y modernistas, ministros del diablo. Es así como se han levantado algunas voces en la FSSPX, expresando el deseo de que se “normalice” la supuesta situación irregular de la congregación. ¿Pero de qué anormalidad hablan estos murmuradores y traidores? ¿Puede ser tachado de anormal lo que se ajusta a la norma suprema de todo, que es Dios? ¿Es relevante tener apariencias de anormalidad o de normalidad jurídica a los ojos de los herejes destructores de la Iglesia? ¿Desde cuándo hay que obedecer a los hombres antes que a Dios? ¡Eso es murmurar de Dios, eso es asquearse del mamá de la Verdad y querer cambiarlo por los ajos y las cebollas de Egipto! 

COMENTARIO ELEISON Número CDXCIV (494) - 31 de diciembre de 2016

Quince Países

¿La “Resistencia”? Sólo semillas dispersas,
Pero así comenzaron las hazañas más excelsas.
El último día del año puede ser un buen tiempo para realizar una valoración acerca de la batalla por la Fe Católica en 15 países diferentes visitados en el curso del año calendario 2016 por el autor de estos “Comentarios”. Es una batalla que está siendo librada en condiciones muy difíciles porque la Iglesia Católica depende, como en cualquier organización, de su cabeza, y el Papa Francisco ha estado dando a lo largo de todo el año la impresión de querer destruir a la Iglesia como Ella ha sido por 2,000 años, y reemplazarla con cualquier cosa que agradará a las multitudes modernas, lo cual significa los medios de comunicación, lo que significa los enemigos de Dios. Verdaderamente “El Pastor está herido y las ovejas están dispersas”, lo cual incluye a la Fraternidad San Pío X, pero mejor digamos cómo en todo el mundo Dios está levantando hijos de Abraham a partir de piedras (Mt. III,9), y si estos callaran, las mismas piedras se pondrían a gritar (Luc. XIX,40).
En India, un sacerdote y un seminarista que pertenecían anteriormente a la Fraternidad, están manteniendo el único priorato y parroquia de la Resistencia como tal en todo el sub-continente. Que Dios esté con ellos. En Brasil parece que la consagración episcopal de Monseñor Tomas de Aquino ha fortalecido la defensa de la Fe alrededor de su Monasterio. Gracias a Dios. Méjico ha sido siempre fuerte en la Fe y es ahora la base de un excelente sitio web en Español, Non Possumus. En Suiza un pequeño grupo de laicos está feliz, a la sombra de Écône, de aprender algunas de las cosas que ya no son tan firmemente enseñadas en el mismo Seminario, como cuando Monseñor Lefebvre dió tanto a tantos de nosotros. En Estados Unidos donde la Fraternidad había sido exitosa en replantar la doctrina anti-liberal de la Iglesia en todo el continente, el liberalismo está recuperando te rreno perdido gracias al desastroso cambio de dirección de la Fraternidad desde que Monseñor falleció. Sin embargo, los sacerdotes de Estados Unidos no han dado todavía su última palabra y el Padre Zendejas, quien era uno de ellos, está valientemente reconstruyendo entre ellos.
Dos más que fueron sacerdotes de la Fraternidad, el Padre Chazal y el Padre Picot, recorren todo el Lejano Oriente y bajan hasta Australia y Nueva Zelanda. En Corea una capilla de la Resistencia es mantenida en la capital, Seúl, por una valiente doctora médica. En Japón, los Católicos han sido diezmados por la Segunda Guerra Mundial, el Vaticano II y ahora el deslizamiento de la Fraternidad, pero permanecen unos pocos contactos de la Resistencia incluyendo a un sacerdote Japonés veterano. Por otro lado, en el país más Católico de Asia, las Filipinas, el Padre Chazal tiene docenas de centros de Misa y un seminario, que será más fácil de servir con la reciente orden ación sacerdotal del Padre Juan, un Filipino nativo.
De vuelta en Europa, Irlanda tiene un nuevo priorato Resistente cerca de Cork en el Sur, y Polonia tiene un grupo de Católicos despertándose al peligroso deslizamiento de la Fraternidad hacia Roma, pero por el momento ellos solamente tienen un anciano sacerdote Polaco. Paciencia. En la República Checa hay un grupo paralelo de ardientes Católicos que buscan la conversión de sacerdotes de la Iglesia oficial a la Tradición. La fe de ellos es fuerte. En Bélgica hay también un grupo fuerte en una ciudad provincial remontándose a un buen sacerdote que desde muchos años atrás dejó detrás de él un legado de convicción y piedad Católicas. En Alemania la Resistencia está probando ser lenta para tomar forma debido a la instintiva obediencia de los Alemanes a la autoridad, pero hay agitación. En Italia la Resistencia también se retrasa para arrancar porque el conservadurismo de los Católicos hizo que la Revolución Conciliar fuera sosegada comparada con cómo arrasó en algunos países, pero ¡el Papa Francisco puede cambiar todo eso!
Por último pero no menos importante está Francia, la cual es siempre un líder en la Iglesia, para bien o para mal (por ejemplo Monseñor Lefebvre o Teilhard de Chardin). Los sacerdotes Franceses siempre han predominado dentro de la Fraternidad y ahora ellos están predominando en la Resistencia, y cientos de laicos Franceses vienen a conferencias regulares sobre las Encíclicas clásicas anti-liberales de los Papas pre-Conciliares. Pero Francia como país se está desintegrando por el momento porque los Católicos no tienen un verdadero Papa para unirlos y los ciudadanos no desean que un Rey Católico los movilice hacia la causa de Dios. Sin embargo, tengamos paciencia porque Dios elevará a Francia nuevamente y Él nos elevará a todos nosotros con ella.
Kyrie eleison.