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domingo, 17 de julio de 2016

MADAME ROSSINIERE, MONSEÑOR FELLAY, Y LA DECLARACIÓN DEL 28 DE JUNIO


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El comunicado de mons. Fellay del 28 de junio parece tener algo (o mucho) de... mesiánico. 

Da la impresión de que el Superior General creyera que el Cielo ha destinado a la Fraternidad para una misión totalmente singular y extraordinaria en la historia de la Iglesia: la FSSPX sería nada menos que el instrumento elegido por Dios para restaurar la Iglesia. 

Aunque parezca increíble que la cabeza de la FSSPX pudiera caer en tamaña ilusión y adherir a una idea así de grotescamente pretenciosa, hay motivos fundados para pensar que lamentablemente eso lo que sucede.

Veamos:

Dice Monseñor en el comunicado interno del 28 de junio: 

"Para remediar este desorden universal, Dios suscitó a un hombre, un cristiano, un sacerdote, un obispo. ¿Qué hizo? Fundó una Sociedad –sociedad jerárquica– cuyo principio y fin son precisamente el antídoto al desorden universal: el sacramento del Orden. El fin de la Fraternidad San Pío X sigue siendo no sólo el remedio actual a la crisis, sino también, y por la misma razón, la salvación de todos los que cooperan para este mismo fin. (...) ¿Ha llegado realmente el momento de la restauración general de la Iglesia? (...)  un signo incontestable de esta restauración será la voluntad manifestada por el Sumo Pontífice de proporcionar los medios para restablecer el orden del sacerdocio, de la fe y de la Tradición" (...). 

Y ese "signo incontestable", según Monseñor, sería, evidentemente, la regularización de la FSSPX. 

Pero cabe preguntarse: ¿de dónde le viene a Mons. Fellay esa absoluta certeza? ¿No huele esto de los "signos incontestables" a supuestos carismas sobrenaturales y a pretendidas revelaciones?

Recordemos que, a fines de los 90, Mons. Fellay se dejó envolver por una falsa vidente suiza conocida como "Madame Rossiniere" (señora Cornaz), y hasta tal grado estaba convencido el Obispo de la veracidad de esos "mensajes del cielo", ¡que los mandó publicar en el "Cor Unum"! (boletín interno oficial de la FSSPX).

¿Y qué decía Madame Rossiniere? Pues entre otras cosas, lo siguiente (¡atento, lector!):

“La Fraternidad ha sido designada para ser el instrumento de la restauración de la Tradición” (Mensaje del 1° de mayo de 1998, Cor Unum 60, supl. pág. 55). El Cielo habría dicho a la vidente que al interior de la Fraternidad debía haber una asociación denominada “Sacerdotes-Amigos”. Este grupo haría que la FSSPX fuera “el instrumento que va a salvar la Iglesia de aquellos que la combaten actualmente”. En síntesis: la FSSPX sería “el instrumento querido por el Salvador para regenerar la vida de la Iglesia” (ibid., págs. 52-53). La sola existencia de esos "Sacerdotes-Amigos" haría que los Sacerdotes de fuera de la Fraternidad se adhieran a la Tradición: “Los sacerdotes vendrán de fuera de la Fraternidad… sacerdotes incapaces de decidirse  a cambiar sin esta gracia escondida en el corazón de los “Amigos”. “Como en un campo de trigo en primavera, la Iglesia verá germinar una nueva VIDA en el mundo… el momento está cercano cuando todo comenzará a fructificar” (Mensaje del 16 de abril de 1998, ibid., pág. 54) ¿No les recuerda esto último a los recurrentes "brotes primaverales" de Mons. Fellay?

Ahora vean cómo en ese mismo Cor Unum 60 de 1998, Mons. Fellay presentó los "mensajes divinos" de Madame Rossiniere con estos términos llenos de convencimiento y entusiasmo:

“La obra que se presenta aquí, aunque está dentro del rango de la revelación privada, encaja a la perfección con nuestros estatutos, así como con  la lucha actual. Ella se presenta como un hueso. Hay algo poco atractivo en la superficie, pero por poco tiempo que nos demos en raspar un poco, brota un tesoro de gracia, nosotros somos testigos. Revestida en varias de sus partes con el sello de la Iglesia, esta obra nos parece investida de suficiente autenticidad para que nosotros no dudemos, en cuanto Superior General, en aceptar con gratitud el regalo que se nos ofrece y a entregarles aquí una degustación de este tesoro”.

Así que todo indica que Mons. Fellay seguiría estando persuadido, durante todos estos años, de la autenticidad de las visiones de Madame Rossiniere, y que -peor todavía- guiaría su actuar por esos “mensajes”. 

Eso explicaría muchas cosas... o, mejor dicho, todas en esta crisis de la FSSPX: si hay que descartar una mala intención, ¿a qué se debe que Monseñor Fellay, teniendo a la vista los desastrosos precedentes de Le Barroux, San Pedro, Campos, etc.; esté dispuesto a dejar "normalizar" la FSSPX por la secta conciliar, sometiendo la Fraternidad al poder de una Jerarquía de anticristos (Mons. Lefebvre dixit) encabezada por un gran apóstata y hereje como Francisco; sino a que está totalmente convencido de que Dios quiere esa regularización y de que en ese proceso la FSSPX gozará de una inexpugnable protección divina? ¿Pero cómo puede él estar absolutamente seguro de eso? ¿Acaso porque le fue revelado por medio de Madame Rossiniere?

Otro dato que reafirma esta posibilidad: hace pocos días, el P. Couture (actual Superior del Distrito de Canadá, a quien se señala como posible sucesor del Mons. Fellay) ha escrito una carta en la que parece dar a entender que la FSSPX se identifica con esa profetizada congregación de santos que la final de los tiempos restaurará la iglesia: 

"Permítanme ser un poco más extenso este mes, con el fin de presentar algunos de los anuncios proféticos de la Virgen sobre la crisis del sacerdocio y sobre la sociedad sacerdotal que vendrá al rescate de la Iglesia en sus horas más oscuras." ("Allow me to be a little longer this month in order to present some of Our Lady’s prophetic announcements about the crisis of the priesthood and the priestly society that will come to the rescue of the Church in its darkest hours". Ver acá).

¿Mons. Fellay, el P. Couture y los demás acuerdistas connotados de la FSSPX son o fueron parte de la asociación de “Sacerdotes-Amigos”? ¿Mons Fellay sigue creyendo a Madame Rossiniere? ¿La FSSPX camina hacia el suicidio por causa de una ilusión diabólica? 
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Entradas relacionadas:



lunes, 1 de agosto de 2016

SUPUESTAS REVELACIONES PUBLICADAS POR MONS. FELLAY EN EL COR UNUM 60 DE 1998 - Parte 7 (final)




En esta última entrada con extractos de las "revelaciones" que Mons. Fellay mandó publicar en el Cor Unum 60 de 1998, ustedes leerán lo que se podría llamar, con bastante benevolencia, "la extraña teología de la separación trinitaria de Mme. Rossiniere", así como el texto íntegro de la insólita "conclusión" redactada por el Superior General de la FSSPX.



DEL AMOR "HECHO SUFRIMIENTO"

« (…) “¿Por qué me has abandonado?”

(…) Jesús va a morir. El último acto de la Redención se llevará a cabo, este acto inaudito que hará el “consumatum est”. De común acuerdo, el Padre y el Hijo aceptarán ser “separados” en el Amor que les une, separados por el pecado de los hombres que entra en ese momento en el corazón de su amor, plenamente redentor en la Humanidad de Cristo. El intercambio del don entregado y del don recibido se borra en la conciencia del Redentor, la Presencia del Espíritu Santo parece desaparecer, roto en su centro por nuestro rechazo: SEPARACIÓN divina que penetra el Corazón de Cristo, del Verbum spirans amorem, introduciéndose en su Humanidad pasible por esta dimensión personal redentora, al mismo tiempo que se deja invadir totalmente, en su conciencia humana, por la noche de nuestro rechazo de amar.

En el Corazón del Redentor, el Espíritu Santo se hizo sufrimiento, porque Cristo Sacerdote se hizo pecado por nosotros y esto en toda su conciencia humana, en este instante supremo donde grita el abandono por el Padre. ¿Quién puede comprender lo que significa para Jesús esta aceptación de padecer su separación de amor de con el Padre, con Quien no es más que UNO? Él se sabe Hijo, y esta realidad filial es precisamente el soporte de este Sacrificio de amor. La rasgadura que entra en la conciencia de la UNIDAD del Padre y del Hijo, la “separación” que nuestro pecado introduce en el amor interior a esta unidad, manifiesta lo que significa en realidad nuestro pecado frente al Amor que Dios nos da… “No perdonó a su propio Hijo”. (...) 

La unidad y la separación. Es de este misterio que vino mi vocación. Y es este misterio que me transportó en los sufrimientos y las alegrías “más allá de los límites humanos”. (…) » 8 de marzo de 1997.

***


CONCLUSIÓN

"Estimado lector que has llegado hasta aquí, has ciertamente percibido a través de las líneas que acabas de leer que la obra presentada sumariamente en este pequeño trabajo es grande y grave.

Una invitación a vivir radicalmente, absolutamente nuestros estatutos en lo que tienen de exigencia, de sublimidad para llegar al objetivo: la santidad del sacerdote. Nuestra vocación y nuestro sacerdocio son sumergidos en toda la profundidad del misterio de la Redención. Es nuestro deber, un deber de estado, de tomar esto muy en serio.

Junto al aspecto vertiginoso, infinito, de la exigencia sacerdotal: participar, como causa instrumental del Soberano Sacerdote Nuestro Señor Jesucristo en la salvación de las Almas, en su rescate, en su santificación, principalmente en el acto del sacrificio de la Cruz, se añade otro abismo: la crisis de la Iglesia, esta pérdida, también vertiginosa, de la percepción de su carácter esencialmente sobrenatural, crisis que toca al sacerdocio con toda su fuerza.

Mons. Lefebvre nos indicó, en nuestros estatutos, en sus comentarios, en su vida, que la FSSPX se debe integrar en esta doble perspectiva de santidad y de combate contra quien se opone a la santidad del sacerdocio de la Iglesia. Se trata de la verdadera renovación de la Iglesia, según los libres designios de Dios Todopoderoso. ¡Qué responsabilidad para nosotros, miembros de esta Fraternidad!

La obra que se presenta aquí, relevante en el orden de la revelación privada, cuadra perfectamente con nuestros estatutos, nuestra finalidad, y también en el combate actual. Ella se presenta como un hueso [los hispanos no podemos menos que responder: "a otro perro con ese hueso, Monseñor"]. Hay algo poco atractivo en la superficie, pero si nos damos un poco de molestia en raspar un poco… brota un tesoro de gracia, nosotros somos testigos de ello. 

Revestida en varias de sus partes del sello de la Iglesia, ella nos parece revestida de suficiente autenticidad para que nosotros no dudemos, en cuanto Superior general, a aceptar con gratitud el don que nos es ofrecido y a entregarles aquí un anticipo de este tesoro. Cada quien es libre de extraer de él lo que quiera, lo que pueda. A quienes muestren interés, les comunicaremos más detalles sobre las diferentes facetas de la obra, tal y como son descritas aquí.

Ardemos del deseo de ver a todos los miembros de nuestra querida Fraternidad tomar más profundamente y dejarse inflamar por su vocación sacerdotal. Pueda este nuevo don del Cielo fortalecerse y consolidar el lazo de la caridad en nuestra Fraternidad para que ella cumpla más eficazmente el fin por la cual fue fundada.

En la fiesta de la Santísima Trinidad
+ Bernard Fellay"

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Leer el Suplemento del Cor Unum 60 de 1998 (en francés)

ENTRADAS RELACIONADAS:


SUPUESTAS REVELACIONES PUBLICADAS POR MONS. FELLAY EN EL COR UNUM 60 DE 1998    Parte 1  -  
Parte 2  -  Parte 3  -  Parte 4  -  Parte 5 - Parte 6

miércoles, 20 de julio de 2016

SUPUESTAS REVELACIONES PUBLICADAS POR MONS. FELLAY EN EL COR UNUM 60 DE 1998 - Parte 2


Nota: hemos destacado (con negrita y/o subrayado) ciertas palabras de la "vidente" en relación con la supuesta misión providencial de la FSSPX, así como otras mediante las que ella dice bien de sí misma.

A. EL SITIO DE CRISTO

« Jesús me hizo el regalo de esta Palabra pronunciada en la Cruz: ¡Sitio! ["tengo sed". Nota de NP] Ha hecho de ella el centro ardiente de nuestra vocación. Esta flama, como la del santuario, manifiesta la Presencia de la Hostia, del Sacerdote, del Sacerdocio, corazón vivo de la Iglesia. Es esta Sed, este Fuego lo que contiene la Promesa que se prolongará en la obras. Es la Sed de Cristo Sacerdote que Él me ha confiado con el fin de que la transmita a la Fraternidad, instrumento providencial del renacimiento de la Tradición en la Iglesia. Esta sed de Cristo Sacerdote, es la Promesa de la santidad sacerdotal para aquellos que la aceptan a través de la vocación, a través de las obras. Esta sed, es el deseo del Sacerdote Único de continuar inmoládose por la Redención del mundo, a través del ministerio de los sacerdotes santos, por la Misa fiel a su origen. Las desviaciones actuales esterilizan la Fuente de la gracia: la Misa. Esto es lo que extiende el reinado de Satanás sobre la tierra.

¡Sitio! ¡De sacerdotes santos, de misas fecundas, misas católicas! La sed de Cristo Sacerdote ES la vocación recibida. Es el don que me ha sido hecho para TRANSMITIRLO.

Es el Amor hecho sufrimiento, el “Espíritu Santo hecho sufrimiento” en el Corazón de Jesús.  El Espíritu Santo hecho sufrimiento, es la Redención, es el calvario, es la MISA. La Misa es el Amor convertido en sacrificio, y Fecundidad por la Hostia. Yo me siento “vivir y morir” de estas verdades que ya no son palabras, sino la Vida de Cristo Sacerdote en mi vida y recíprocamente, mi vida en la Suya. No para mí, sino para la Iglesia, en nombre de la Iglesia. Y yo no soy nada. Sin cesar, yo caigo, me derrumbo bajo este peso, en este fuego. Desde hace 70 años y tal vez aún más… ¡Oh Señor, cómo eres fiel y misericordioso!

Yo tengo sed.

La ascesis dominante de mi vida, consiste en la disponibilidad: imposible de rechazar, incluso si esto parece imposible de soportar. Pero la SED es la del Verbo encarnado,  es una SED vivida por el corazón humano de una Persona divina y a causa de esto, una parte de los límites humanos da lugar a lo infinito divino. Es la SED de Cristo y no la de una persona humana. Yo la conozco bien, ella es OTRA; ella no tiene comparación aquí abajo. Ella incluye toda la Redención, como una partícula de Hostia nos da todo el Cristo. Es un misterio. Es el Amor hecho sufrimiento » 24 de junio de 1997

(Sigue en la Parte 3)

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Leer el Suplemento del Cor Unum 60 de 1998 (en francés)

ENTRADAS RELACIONADAS:


SUPUESTAS REVELACIONES PUBLICADAS POR MONS. FELLAY EN EL COR UNUM 60 DE 1998  
Parte 1  -  Parte 2  -  Parte 3  -  Parte 4  -  Parte 5 - Parte 6 - Parte 7

MADAME ROSSINIERE, MONSEÑOR FELLAY, Y LA DECLARACIÓN DEL 28 DE JUNIO

MONSEÑOR FELLAY Y MADAME ROSSINIERE: UN INTENTO DE ACUERDO ENTRE LA FSSPX Y EL PSEUDO MISTICISMO

LA FSSPX Y MADAME ROSSINIERE: EL TESTIMONIO DEL P. GROSSIN

lunes, 25 de julio de 2016

SUPUESTAS REVELACIONES PUBLICADAS POR MONS. FELLAY EN EL COR UNUM 60 DE 1998 - Parte 6


INTERVENCIÓN DE CRISTO SACERDOTE

Lo que no debe dejar de tocarnos en la lectura de estos pasajes, es la constancia del llamado [de Dios a la vidente]. Éste atraviesa, sin ninguna alteración, pero con una vivacidad siempre creciente, más de 50 años. Primero, un simple llamado a una santificación cotidiana que reclama un guía, se convierte rápidamente en un llamado a “hacer algo” para que los sacerdotes sean santos, para la Iglesia. Una certeza nace rápidamente, la de una preparación necesaria para esta Obra: la purificación de la voluntad, la constante pureza de intención para no querer más que lo que Dios quiere. Lo que es igualmente impresionante, es la certeza sin sombra de que lo que ha visto [la vidente] se realizará. Es de notar que, desde 1969, fecha de la muerte de su director espiritual, el P. Scmukli, hasta 1995, todo lleva a creer que lo que comprendió del llamado de Cristo Sacerdote no se realizará. Y sin embargo, después de 26 años de silencio, después de 50 años de espera y de fidelidad a este llamado, he aquí que interviene el encuentro con la FSSPX cuyos Estatutos no apuntan más que a una cosa: la santidad del sacerdote y la proyección de la Misa. Sorprendente convergencia de dos Obras que no hacen más que una en su finalidad ¡y que se realiza en un momento de la historia de la Iglesia que reclama más que nunca sacerdotes santos por la gloria de Dios y la salvación de las almas!


17 de febrero de 1953. « (…) En este destello luminoso, vi que ésta era una gracia extraordinaria, destinada a la Iglesia universal, una gracia de un inmenso alcance. Nuestra vocación nos ubicaba en el centro de una vasta red reuniendo una multitud de almas de sacerdotes, escalonados en el paso de los tiempos y recibiendo de nuestra unidad (más precisamente del “trabajo” que le es confiado), un atractivo poderoso a la santidad. Todas estas almas estaban elevadas hacia Dios a través de este trabajo.

(…) Una corriente de amor viene de Dios, se extiende a través de nosotros sobre los sacerdotes, que nos lo devuelven para que juntos, nosotros retornemos a Él.

Yo estoy en mi lugar: nula, incapaz, pero llevada por la gracia debida a los méritos de los otros. Verdad apacible y dulce, recibida en un destello de luz ».


11 de diciembre de 1996. « Ahora que estoy al final de mi vida, yo la veo toda entera y comprendo que debo dar testimonio de lo que he vivido. Y lo que he vivido, es la intervención -una intervención- de Cristo Sacerdote para curar a la Iglesia de sus males.

Esta intervención me ha investido y me ha hecho llamar un sacerdote en una unidad sobrenatural de una perfecta transparencia, que ha recibido la promesa aportada por la intervención de Cristo: “La gloria de la Santísima Trinidad en las almas sacerdotales y la santidad de los sacerdotes en la Iglesia” (y esto, primero en el seno de la Fraternidad, como lo comprendí más tarde). Esta unidad ha sido la cuna de las obras realizadas y el instrumento de nuestra santificación.

Un abismo de 26 años fue abierto después (1969 a 1995). Luego, la intervención de Cristo se actualizó de nuevo en la prolongación de la primera y esta vez, para la transmisión a la Fraternidad. »

(sigue en la parte 7)

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Leer el Suplemento del Cor Unum 60 de 1998 (en francés)

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SUPUESTAS REVELACIONES PUBLICADAS POR MONS. FELLAY EN EL COR UNUM 60 DE 1998    
Parte 1  -  Parte 2  -  Parte 3  -  Parte 4  -  Parte 5 - Parte 6 - Parte 7

domingo, 24 de julio de 2016

SUPUESTAS REVELACIONES PUBLICADAS POR MONS. FELLAY EN EL COR UNUM 60 DE 1998 - Parte 5



NUESTRA SEÑORA

« Yo trato (penosamente) de recordar y de traducir (¡groseramente!), un poco, la gracia recibida en la simplicidad, la noche del 19 de octubre. Se trató de una mirada sobre la Fe de la Virgen María, fe simple, total, heroica, de la cual dio prueba sobre todo en la Anunciación y en el Calvario. Yo sentí en mí los sentimientos de María y yo vi cómo su Fe fue difícil. Ella dijo querer creer en la Divinidad de Jesús, mientras que Ella veía a su hijo igual a todos los niños, no dejando transparentar ninguna prueba de filiación divina. ¡Día tras día, en la fidelidad cotidiana, ella debió creer que su Hijo era Dios!

Año tras año, durante treinta años, Ella debió creer que Él era el Mesías, mientras que Él pasaba su tiempo como cualquier artesano, ocupado en las banalidades de la vida cotidiana… [alors qu'Il passait son temps comme un quelconque artisan, occupe aux banalités de la vie quotidienne...] Su Fe volvía a la Concepción virginal de la Anunciación para extraer de allí su perseverancia. Luego, Ella debió creer a través de los fracasos de la vida pública, las persecuciones de los judíos, los abandonos siempre más dolorosos; Ella debió creer mientras Él moría, crucificado, como un malhechor, ¡creer que Él era el Hijo de Dios vivo!... ¡el Salvador de Israel… el Rey de cielos y tierra! Finalmente, ella debió creer contra Ella misma: contra su humildad que, por una parte, todo volvía posible pero que, por otra parte, manifestaba la imposibilidad de este privilegio: Madre de Dios.

Me parecía compartir estas dudas de la razón humana, estas angustias del amor maternal y vivir con María la noche de su fe heroica, perfectamente fiel. Porque es en la Virgen María que la fe ha recibido su coronación suprema, es Ella que ha merecido este aspecto de nuestro amor que Jesús no pudo vivir. María ha sido la Fe y la Esperanza en el instante en que Cristo moría por su Caridad en la Cruz.

Esto significa en Ella una cualidad de sufrimiento infinito, en el abandono, la soledad de toda el alma, la crucifixión del corazón, el cansancio extremo del cuerpo agotado. ¡Oh María, te doy gracias! » 28 de octubre de 1952

(sigue en la parte 6)

***

Dice Dom Columba Marmion, en su célebre obra "Jesucristo Vida del Alma" (Fund. Gratis Date, 1993, p. 46 ):

“Todas las acciones ejecutadas por la humanidad de Jesucristo, por máximas, por ordinarias, por sencillas, por limitadas que sean en su realidad física y en su dimensión temporal se atribuyen a la persona divina con quien esa humanidad está unida; son acciones de un Dios [la Teología las llama theándricas, de dos palabras griegas que significan Dios y Hombre], y a causa de este título poseen una belleza y un brillo trascendentes; adquieren, desde el punto de vista moral, un precio inestimable, un valor infinito; una eficacia inagotable. El valor moral de las acciones humanas de Cristo se mide por la dignidad infinita de la persona divina, en quien subsiste y obra la naturaleza humana.”
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SUPUESTAS REVELACIONES PUBLICADAS POR MONS. FELLAY EN EL COR UNUM 60 DE 1998:    
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viernes, 22 de julio de 2016

SUPUESTAS REVELACIONES PUBLICADAS POR MONS. FELLAY EN EL COR UNUM 60 DE 1998 - Parte 3





B. CRISTO SACERDOTE Y LA FRATERNIDAD

21 de abril de 1997. « (...) La Fraternidad no está allí para servir de finalidad a la vocación, es la vocación que ha sido suscitada por el buen Dios para servir la finalidad de la Fraternidad: la santidad de los sacerdotes. Esta vocación ha sido suscitada por Cristo Sacerdote para integrarse finalmente en la misma gracia que ha suscitado la Fraternidad: el retorno a la Tradición de la Iglesia Católica, el retorno a la Misa, al verdadero Sacerdocio, el del Sacerdote Único. (...) »

9 de mayo de 1997. « (...) La promesa dada a nuestra vocación es esta: la santidad de las almas sacerdotales y primero, en la Fraternidad. La santidad: un amor profundo por Cristo Sacerdote, una vida suspendida en Su Presencia íntima, interior, una necesidad constante de recurrir a este Amigo todopoderoso, la exigencia de dejarlo actuar a través de sí…

La gracia es ofrecida, ésta es transmisible a través de las Obras: Los “Hogares de Cristo Sacerdote” –Presencia de Cristo Sacerdote (lectura “espiritual” de los extractos) –El “Signo de la Cruz”, “De Claridad en Claridad” (éstas últimas en preparación para su transmisión).

Es necesario difundir estas obras, creando los medios. La fecundidad les es prometida, como estaba prometido su nacimiento en la unidad creada para esto… en 1928. (...) »

21 de agosto de 1997. « Cada vez más, la vocación me parece tomar dimensiones inmensas, ella se despliega en su poder y su soberanía y se manifiesta en su origen: Cristo Sacerdote. Y, en consecuencia, yo me veo disminuir y desaparecer, como un elemento que sirvió en transmitir el depósito y vuelta inútil, una vez que este depósito se transmitió.

La grandeza apareció así a mis ojos repentinamente, la que viene de esta verdad: La vocación completa se sitúa al nivel de la unión hipostática y del carácter sacerdotal que le sigue, por el sacramento del orden. Yo fui llamada a tener en mis manos una gracia que pertenece a Cristo, Jefe de la Iglesia y a sus ministros que actúan en Persona Christi¸ una gracia sacerdotal recibida en depósito para transmitirla.

Es por eso, yo he sido dada así al Sacerdote, mi vida estándole tan estrechamente ligada que esta presencia sacerdotal la ha condicionado totalmente. Es un misterio del cual yo no puedo hablar pero que es fundamental de la vocación. La gracia de esta vocación debe hacer vivir al sacerdote las riquezas depositadas en él, por el carácter sacerdotal, y conducirlo a la santidad. Es una vocación completamente sacerdotal, que permanece al nivel de la pertenencia a Cristo Sacerdote.  No es la gracia santificante del Cuerpo Místico que es primero la causa, pues esta vocación es una intervención de la Persona de Cristo Sacerdote para la Iglesia, a través de la santidad sacerdotal de sus ministros. 

La Fundación de Mons. Lefebvre no es comparable a la orden dominica, o franciscana, etc… es una realización “de toda la Iglesia”, y la vocación que la une hoy está en su estela, con las mismas características, los mismos fundamentos. Esta es una gracia capaz de renovar la Iglesia y de purificarla de los errores de sus autoridades actuales. (...) »

18 de octubre de 1997. « ¡La experiencia de la bondad de Dios! Vivir de Dios no por un conocimiento especulativo, sino a través de una experiencia, un contacto. Es la finalidad de la vocación, una de sus finalidades, ligada a otras y querida en función de las otras. 

Haber recibido esta gracia, antes, es un don que permanece incrustado en mi alma, como un aerolito caído del cielo: no me queda más que el hueco del agujero en lo más profundo de la substancia viviente, este hueco que es la aceptación de no “poseer” esta gracia, de no saborearla… (suavis est Dominus), a fin de que los sacerdotes la reciban y queden marcados para siempre. Esto no ha venido de mi iniciativa, pero este sacrificio, es Cristo Sacerdote que me lo pide. Y si Él me ha dado esta “experiencia” es para que yo haga el sacrificio, es POR la vocación y no para mí. (...) »

19 de diciembre de 1997 : « Cada vez más se afirma, en mí, la certeza de que la Fraternidad y la vocación manan de una sola y misma gracia y que su finalidad es la misma: la curación de los males actuales de la Iglesia por el sacerdocio, por sacerdotes santos, unidos totalmente a Cristo Sacerdote.

De donde me aparece esta verdad, simple consecuencia de la afirmación precedente, que la vida de la Fraternidad depende de su obediencia a este llamado del Sacerdote único, depende del cumplimiento del por qué ha sido fundada, hace 25 años, por Mons. Lefebvre. Y solo esto la preservará de los peligros de la división y empobrecimiento que podría corroerla. Su vida es querida para este objetivo eclesial histórico, y se prolongará mucho tiempo en la Iglesia por la santidad acordada a sus sacerdotes, si ella es fiel al llamado que Cristo Sacerdote le dirige por la vocación, esta vocación que yo he recibido en depósito para transmitírsela hoy. Todo esto es de una importancia vital, a la vez para la Fraternidad y para la Iglesia universal. »

18 de enero de 1988 : « (...) Cristo ofrece en primer lugar una gracia de santidad sacerdotal a través de la vocación; gracia que hay que depositar en la Fraternidad. Gracia que debe ser como levadura para los sacerdotes que la acepten y que debe conducirles a la unión total a Cristo. Y por estos sacerdotes Cristo quiere realizar la curación de los males actuales de la Iglesia, por estos sacerdotes, por la única razón que ellos estarán vacíos de sí mismos y disponibles a Su Voluntad para santificar la Iglesia.

He aquí el sentido de la vocación: no solamente ofrecer la gracia de unión a Cristo para vivir de Su Vida aquí abajo y por la eternidad, sino ofrecer esta misma gracia para responder al llamado de Cristo Sacerdote que quiere intervenir por el bien de la Iglesia, a través de sus “amigos”, dispuestos a no vivir más que de SU voluntad.

Este objetivo es la razón de la fundación de la Fraternidad; es la razón de ser de la vocación; es la razón de su identidad interior y de su conjunción temporal, hic et nunc. » (sigue en la parte 4)
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Leer el Suplemento del Cor Unum 60 de 1998 (en francés)

ENTRADAS RELACIONADAS:


SUPUESTAS REVELACIONES PUBLICADAS POR MONS. FELLAY EN EL COR UNUM 60 DE 1998    
Parte 1  -  Parte 2  -  Parte 3  -  Parte 4  -  Parte 5 - Parte 6 - Parte 7

martes, 19 de julio de 2016

SUPUESTAS REVELACIONES PUBLICADAS POR MONS. FELLAY EN EL COR UNUM 60 DE 1998 - Parte 1




Dijimos, en la entrada inmediatamente precedente, que Mons. Fellay, a fines de la década de los 90, se dejó envolver por una falsa vidente, y que tan convencido estaba de la autenticidad de las supuestas revelaciones de la visionaria, que las mandó publicar en forma de un suplemento (¡de 56 páginas!) en el Cor Unum n° 60 del años 1998.
Pues bien, gracias a que el Padre Ortiz nos ha enviado ese material, lo podrán leer ustedes mismos. 
La traducción es nuestra.

COR UNUM
VINCULUM MEMBRORUM FRATERNITATIS
SACERDOTALIS SAN CTI PII X
PRESENCIA DE CRISTO SACERDOTE
SUPLEMENTO AL N° 60 DE JUNIO DE 1998
(...)
INTRODUCCIÓN
“Jam non dicam vos servos, sed amicos meos!”
Esta frase del Pontifical de ordenación de los sacerdotes resume admirablemente lo esencial de las páginas que siguen. El sacerdote es otro Cristo. Como Él y en Él, debe renovar en el mundo la sed de las cosas del Cielo. Pero ¿cómo podrá hacerlo si él mismo no está encendido, si no busca el contacto vivo con Nuestro Señor, Sacerdote en su sacerdote? Pues es justamente esta sed, este fuego devorador -“desiderio desideravi”- es lo que descubrimos en este folleto.
¿DE QUÉ SE TRATA DE HECHO?
No de visiones o de revelaciones extraordinarias, sino del testimonio de una vida entregada desde hace 50 años para la santidad de los sacerdotes que Dios escogió, de una vida que ha sido embargada por la sed de Cristo por la santidad de sus ministros y que no ha dejado de hacer resonar este llamado de Cristo Sacerdote a sus sacerdotes.
Desde 1928, pero sobretodo desde 1947 hasta nuestros días, y en condiciones particularmente difíciles, este llamado no ha dejado de arder en el alma de una madre de familia, la señora Germaine Rossiniêre (seudónimo bajo el cual sus obras han sido publicadas), del deseo de transmitir a los sacerdotes el gusto de Dios, el amor de Dios del cual deben estar abrazados, en lugar de dejarse perder por las miles de cosas por hacer, “la herejía de las obras” que estigmatizó el Cardenal Mermillod y contra la cual nos advertía igualmente nuestro Fundador. Un llamado en definitiva a convertirse en lo que era San Juan Bautista: “El amigo del Esposo” o mejor, en lo que se convirtió San Juan “El discípulo que Dios amaba”.
Este llamado ha sido progresivo. Requirió mucho silencio interior para ser seguido fielmente, una gran sed de Dios y una constante obediencia hacia la Iglesia por medio de sus sacerdotes. Madame Rossinière no estaba predispuesta a formular las cosas de Dios. Es el contacto vivo, a merced de una atención reactualizada sin cesar hacia la divina Presencia, lo que suscitó la escritura con el fin de someter al control del director espiritual lo que había percibido en la oración. Esta misma preocupación la condujo a leer los tratados de Santo Tomás de Aquino y de San Agustín sobre la Trinidad, a encontrar en San Juan de la Cruz y en Santa Teresa de Ávila, la expresión escrita de una realidad ya conocida por una experiencia personal, sin olvidar Santa Catalina de Génova y Santa Catalina de Siena, abrazadas del fuego del amor divino. La voluntad constante de estar en la línea de la Iglesia suscitó igualmente encuentros con el P. Garrigou-Lagrange y otros teólogos.
Así, de 1947 a 1969 (fecha de la muerte de su padre espiritual, el P. Jean Schmukli, de la diócesis de Friburgo) se realizó un trabajo considerable que condujo a la creación de un movimiento, los Hogares de Cristo Sacerdote, y la escritura de una obra, El Signo de la Cruz. Este trabajo recibió el sello de la Iglesia, pues el folleto de los “Hogares de Cristo Sacerdote” y el “Signo de la Cruz” fueron dotados de imprimátur. Los “Hogares” se convirtieron en una asociación en la diócesis de Lausana-Ginebra-Friburgo.
En el curso de este mismo período, es decir durante 22 años, Madame Rossinière escribió igualmente un gran número de “notas” para expresar las gracias recibidas y someterlas a la mirada de su confesor. Estas notas han sido recopiladas en 21 “Cuadernos”, de los cuales se extraen los pasajes del presente folleto.
Luego, de 1969 a 1995, serán 26 años de soledad. El llamado a la santidad de los sacerdotes todavía está presente. La voluntad de “transmitir” el depósito recibido todavía está muy vivo. ¿Pero a quién transmitírselo?
• LA FRATERNIDAD
La doctrina contenida en estas obras denota un respeto profundo hacia la Tradición de la Iglesia, así como el conocimiento y el amor de la misa y del sacerdocio. Ahora bien, el sacerdocio y la misa son el fin de la FSSPX. Por lo tanto no es sorprendente que estos 50 años vividos en la sed de la santidad de los sacerdotes desembocara, en 1995, en el encuentro con la Fraternidad y a la transmisión del llamado que Cristo Sacerdote le destinaba.
Desde mis primeras entrevistas con Madame Rossinière, en febrero de 1995, dos cosas me impresionaron: en primer lugar su reserva. Su primera pregunta fue, en efecto, el saber “si la Fraternidad era la Iglesia”, a lo que le respondí evidentemente que no, sino que ella era plenamente de la Iglesia. Esto para ella no fue una evidencia.
Sin embargo, si el Señor debía mostrarle por los acontecimientos que el “depósito”, es decir toda la obra de su vida, debía pasar a la Fraternidad, eso sería para ella la prueba de que la Fraternidad era de la Iglesia. La segunda cosa que me llamó la atención de inmediato fue la increíble similitud de finalidades entre la llamada de Cristo Sacerdote, contenida en esta vida y estas obras, y los Estatutos de la Fraternidad.
Mons. Fellay fue avisado desde el principio. Su acogida fue de inmediato benévola y las entrevistas que tuvo con Madame Rossinière la fortalecieron. Han transcurrido ya tres años. Éstos me permitieron un conocimiento más profundo de los textos y del conjunto de la obra. Nadie duda que allí hay un pequeño tesoro. Es por lo demás la opinión unánime de los cofrades que tuvieron contacto con estos textos. Éstos nos entusiasman a vivir más profundamente lo que la Iglesia nos ha dado por nuestro Fundador.
Así que pareció importante que estos textos no permanecieran confinados a algunos cofrades sino que encontraran una difusión más extensa en la Fraternidad, pues éstos tienen la misma espiritualidad de Iglesia que nuestros Estatutos y nos hacen llegar el mismo llamado a la santidad sacerdotal que hizo Mons. Lefebvre a lo largo de toda su vida.
La finalidad de estas páginas que siguen es simplemente dar a conocer a los cofrades este “depósito” que concierne a la santificación sacerdotal. Todo lo escrito allí tiene como objetivo el “conocimiento convertido en amor”. Nadie duda de que leídas en este espíritu, estas páginas puedan, a su manera, “resucitar la gracia” que nos ha sido dada por la imposición de las manos.
                                                                                P. Philippe Lovey

(Sigue en la Parte 2)

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Leer el Suplemento del Cor Unum 60 de 1998 (en francés)

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