Este blog está dedicado a María Corredentora y Mediadora de todas las Gracias

miércoles, 10 de junio de 2015

BELARMINO Y SUÁREZ SOBRE LA CUESTIÓN DEL PAPA HERÉTICO

Belarmino y Suárez sobre la cuestión del papa herético



Por Robert J. Siscoe

San Roberto Belarmino

En la edición del Catholic Family News, correspondiente al mes de febrero del 2014, John Salza publicó un oportuno y revelador trabajo sobre la posición que sostuviera el arzobispo Lefebvre respecto de la cuestión del sedevacantismo (un tema en la mente de muchos hoy en día, a consecuencia de la elección de Bergoglio, y el incremento del caos moral y doctrinal que ello ha producido). En dicho artículo, Salza menciona dos opiniones relativas al Papa herético, la de San Roberto Belarmino, que señala que un Papa manifiestamente hereje pierde su oficio sin una sentencia de la Iglesia, y la de Suárez, quien postula que el Papa hereje pierde su oficio en virtud de una declaración hecha por la Iglesia. En la nota al pie número 14, Salza apunta un interesante dato sobre esta aparente contradicción: “Es interesante notar que Belarmino y Suárez vivieron en la misma época y sin embargo ambos sostuvieron que sus opiniones, aparentemente sin conexión, fueron enseñadas (ambas) por los padres y doctores de la Iglesia”. Hay un punto importante que es necesario aclarar respecto a las opiniones de Belarmino y Suárez. Si bien es indudable que existe una diferencia en el nivel especulativo, cuando se desciende al aspecto práctico de la cuestión, ambas opiniones están de acuerdo. La diferencia radica en cuándo y cómo un papa hereje pierde su oficio, pero las dos posturas están de acuerdo en que o son las autoridades pertinentes quienes deben dictar una sentencia de culpabilidad, o bien es la misma parte culpable quien debe hacerlo, para que de esta manera conste que el papa no deba ser más considerado como tal. Y esta sentencia y la consiguiente determinación no se encuentran en la esfera de la opinión privada. La opinión de Belarmino (que sostiene que el papa herético pierde automáticamente su oficio) no excluye una sentencia de culpabilidad por parte de la Iglesia. Sólo postula que la sentencia no causa la pérdida del oficio del papa hereje, sino más bien confirma que es culpable de herejía y que por ello ha perdido su oficio. Esto se opone a la opinión de Suárez y de otros, quienes sostienen que es la sentencia de culpabilidad y la declaración de la Iglesia la que causa la pérdida del oficio. Una opinión indica que la Iglesia juzga la culpabilidad del papa y luego declara que él ya ha perdido su oficio como resultado de la herejía; y la otra opinión señala que la Iglesia juzga la culpabilidad y luego dicta una declaración que causa la pérdida del oficio. 

La diferencia entre los dos sería más técnica que práctica. Estas son las dos principales posturas de los teólogos respecto a la cuestión del papa hereje y la Iglesia nunca ha emitido un juicio definitivo sobre cuál de las dos es la correcta. Pero lo que es importante advertir, es que ambas opiniones concuerdan en que para que un papa en ejercicio pueda ser removido de su oficio, en primer lugar debe ser declarado culpable de herejía por la Iglesia - por un concilio ecuménico o por el colegio de cardenales -. La cita que sigue a continuación, está tomada del libro Elements of Ecclesiastic Law del profesor de Derecho canónico, Sebastian B. Smith, D.D. “Pregunta: El papa que incurre en herejía ¿es destituido ipso jure? “Respuesta: Hay dos opiniones: una sostiene que es destituido ipso facto del pontificado por el propio Dios; la otra, que sólo se lo puede destituir jure divino. Ambas concuerdan en que como mínimo la Iglesia – es decir, un concilio ecuménico o el colegio cardenalicio– debe declararlo culpable de herejía. La cuestión es más hipotética que practica”(1). Como podemos, ver la diferencia entre las dos opiniones se refiere solamente al aspecto hipotético (un asunto de orden especulativo) sobre todo al cuándo y cómo un papa herético pierde su oficio. En el nivel práctico ambas opiniones concuerdan en que es necesaria una sentencia de culpabilidad y en que debe dictarse una declaración. 

Francisco Suárez

Este juicio le compete a la Iglesia y no a los fieles en particular. Este es el punto que cada sedevacantista con quien he hablado o me he contactado no ha advertido. Debería hacerse notar que el libro del canonista Smith fue enviado a Roma para ser revisado. El prefacio de la tercera edición explica que el cardenal Simeoni prefecto de Propaganda Fidei, nombró a dos doctores expertos en derecho canónico para examinar el libro e informarle. Los dos expertos, luego de examinar el texto por varios meses, hicieron cada uno un largo reporte al cardenal. Sus minuciosos informes arrojaron cinco errores o descuidos, todos los cuales fueron corregidos en la tercera edición. La cita incluida respecto al papa hereje no se encontraba entre ellos. Esto demuestra que Roma no encontró error o descuido en la afirmación de que el Papa hereje “debe al menos ser declarado hereje por la Iglesia, por ejemplo, por un concilio ecuménico o el colegio cardenalicio”, para considerar que perdió el oficio. De ahí que, con la aprobación de Roma, esta enseñanza se mantuvo en la tercera edición corregida, que es la edición citada en este artículo. 

También es importante mencionar que personalmente he tratado de dar a conocer la enseñanza del canonista Smith a un buen número de conocidos apologistas del sedevacantismo, sacerdotes y laicos, y siempre, sin excepción, estuvieron en desacuerdo con la idea… ¿pero cómo podría ser de otro modo? Sus conclusiones (que los papas post-conciliares no son verdaderos papas) los obligan a rechazarla, pues, de aceptarla, ello implicaría una entera revisión de su postura. Pero como es frecuente en estos casos, cuando alguien adhiere a un error (en este caso, a una falsa premisa) y luego saca conclusiones basadas en este error, le resulta muy difícil retractarse de ello después, especialmente cuando se llevan años y años defendiendo esta conclusión en particular. Si los sedevacantistas aceptan la enseñanza del canonista citado (el cual está implícitamente aprobado por Roma) deberían ser capaces de entender que es un futuro papa o concilio quien podría determinar si los papas post-conciliares no fueron verdaderos papas, la cual fue justamente la opinión que sostuvo el arzobispo Marcel Lefebvre. Refiriéndose a Paulo VI y Juan Pablo II, el arzobispo dijo: “algún día la Iglesia tendrá que examinar su situación”, y al fin “podría tener que emitir la conclusión de que estos hombres no han sido papas (…) no es imposible que esta hipótesis algún día sea confirmada por la Iglesia”. Estoy seguro de que si viviera incluiría a Benedicto XVI y a Francisco en su declaración. 

Monseñor Marcel Lefebvre

A diferencia de los sedevacantistas, la posición de Lefebvre no es sino una variante de lo que enseñó el canonista Smith. Por otro lado, la postura de San Francisco de Sales respecto al papa hereje también es consistente con la del canonista Smith; en la cita que sigue a continuación, san Francisco, quien vivió en la misma época que Belarmino y Suárez, se refiere a las dos opiniones ya mencionadas más arriba, como también a la necesidad de que la Iglesia tome parte en el asunto: “En la Antigua Ley el Sumo Sacerdote no usaba el pectoral salvo cuando vestía la toga pontifical y entraba a la presencia del Señor. Del mismo modo, no decimos que el Papa no pueda errar en sus opiniones privadas, como lo hizo Juan XXII, o ser incluso hereje, como quizás lo fue Honorio. Ahora bien, cuando él es manifiestamente hereje, pierde ipso facto su dignidad y se encuentra fuera de la Iglesia; y la Iglesia debe deponerlo o - como dicen otros - declararlo depuesto de su oficio, diciendo como hizo San Pedro: “Que otro tome su obispado” (2) Hay que advertir que él dice que la Iglesia debe o deponerlo (Suárez), o bien declararlo depuesto (Belarmino). Sin importar cuál de las dos hipotéticas opiniones se tenga, no corresponde a los fieles, en forma individual, juzgarlo, sino que es “la Iglesia” quien “debe decir como san Pedro”. Una sentencia de culpabilidad debe dictarse para considerar que el Papa perdió el oficio. Este juicio lo puede hacer, como hemos indicado, la Iglesia o también el mismo Papa, al confesar su culpabilidad. Sólo una persona que admite la comisión de un delito no necesita de un jurado para ser encontrado culpable, así como tampoco un Papa que abiertamente deja la Iglesia o admite que ha negado un dogma definido, requiere una sentencia de culpabilidad. Pero ninguno de los Papas post-conciliares ha abandonado la Iglesia o ha admitido públicamente que ha negado un dogma definido por la Iglesia. De ahí que, una declaración de culpabilidad por parte de las autoridades pertinentes sería necesaria para considerar que ha perdido el oficio. 

El juicio privado de los fieles, quienes personalmente consideran al papa como hereje manifiesto, no es suficiente. Esto lo confirma Juan de Santo Tomás, quien vivió en la misma época que Suárez y Belarmino. Aquí reproducimos lo que dijo sobre un papa que es juzgado como hereje manifiesto por los fieles: “San Jerónimo, al decir que un hereje se separa por sí mismo del cuerpo de Cristo, no está excluyendo el juicio de la Iglesia, especialmente en una materia tan grave como es la deposición del papa. Él, en cambio, se refiere a la naturaleza del crimen, el cual es de tal magnitud que separa por sí solo de la Iglesia, sin necesidad de otra censura, pero sólo en la medida en que ha sido declarado por la Iglesia. En tanto que no se nos haya declarado jurídicamente que es infiel o hereje, por muy patente que sea su herejía según el juicio privado, por lo que a nosotros se refiere, sigue perteneciendo a la Iglesia y es por tanto su cabeza visible. Es imprescindible el juicio de la Iglesia. Hasta entonces, sigue siendo el pontífice para nosotros” (4). Por otro lado, una cosa es que los fieles que han pasado por la pesadilla post-conciliar, piensen que un futuro papa o concilio puede condenar como herejes a los pontífices post-conciliares, así como lo hizo el concilio de Constantinopla con Honorio I, o tal vez declare que perdieron su oficio mientras aun vivían justamente a causa de su herejía, y dictamine que los actos de su pontificados fueron nulos; pero otra cosa es pensar que son los fieles quienes declaren que no fueron papas, simplemente porque consideran que son herejes manifiestos. 

Los últimos Papas

Otro problema que se presenta es saber si el papa hereje retiene o no su autoridad en tanto no ha sido públicamente declarado culpable de herejía por las autoridades -apropiadas y pertinentes- y depuesto de su oficio. Fr. Paul Laymann, s.j, quien vivió en la misma época que Suárez y Belarmino, aborda este punto. Laymann fue considerado uno de los más grandes moralistas y canonistas de su tiempo. Fue profesor de filosofía en la universidad de Ingolstadt entre los años 1603 y 1609, profesor de teología moral en la residencia de los jesuitas de Munich de 1625 a 1632; en la siguiente cita, que fue escrita tan solo 70 años después de que el papa Paulo IV promulgara la bula Cum ex Apostolatus Officio, el distinguido profesor escribió lo que sigue, sobre el papa hereje: “Es más probable que el Sumo Pontífice, a título personal, caiga en herejía, e incluso herejía manifiesta, por cuya razón merecería ser depuesto por la Iglesia (opinión de Suárez), o bien que declare que se ha separado de ella (opinión de Belarmino). Obsérvese, no obstante, que aunque afirmamos que a título personal el Sumo Pontífice puede incurrir en herejía y dejar por tanto de pertenecer verdaderamente a la Iglesia (…) en tanto que ésta lo tolere y reconozca públicamente como pastor universal, seguiría ejerciendo la autoridad pontificia, de modo que todos sus decretos tendrían tanta autoridad como si fuera realmente fiel” (5).

HEREJÍA MANIFIESTA 

Otro importante punto que es preciso clarificar, consiste en determinar que es en definitiva, lo que san Roberto Belarmino entiende por el término hereje manifiesto. Cuando dice que “un papa manifiestamente hereje, automáticamente deja de ser papa”, él no se refiere solamente al hecho de un papa que hace afirmaciones materialmente heréticas; ni tampoco a un papa que ha dado razones para creer que ha perdido la fe. No, la herejía manifiesta requiere algo más: desde que la herejía propiamente dicha requiere una voluntad pertinaz (no sólo un error en el intelecto), para que una persona que ha realizado declaraciones materialmente heréticas sea considerada hereje formal, en el fuero externo, la voluntad pertinaz también debe ser manifiesta. Ahora bien, si el papa públicamente defecciona de la fe, abandona la Iglesia o admite que rechaza un dogma definido, obviamente bastarían tales hechos para demostrar la pertinacia en el fuero externo. Pero sin esta pública confesión de culpabilidad, habría que buscar otra forma a fin de probar que fue manifiestamente pertinaz en su posición. La otra forma, según san Belarmino, es que el papa se mantenga obstinado luego de dos advertencias o admoniciones. Sólo luego de ello, la pertinacia estaría suficientemente probada y podría ser considerado un hereje manifiesto. San Roberto Belarmino se basa, en la autoridad de San Pablo. “En primer lugar” escribió Belarmino, “se demuestra con argumentos de autoridad y de razón de que el hereje manifiesto es depuesto ipso facto. El argumento de autoridad se basa en San Pablo (Tito 3, 10), que ordena que evitemos al hereje después de dos advertencias, es decir, después de haber mostrado ser manifiestamente obstinado –lo que significa que antes de cualquier excomunión o sentencia judicial. Por tanto… el Papa que es hereje manifiesto, por este mismo hecho deja de ser Papa y cabeza, así como por lo mismo un cristiano deja de ser miembro de la Iglesia. Por tanto, él puede ser juzgado y castigado por la Iglesia” (6) Como podemos ver, según Belarmino, un hereje manifiesto es quien permanece obstinado luego de dos admoniciones; esta obstinación demuestra la pertinacia en la voluntad, lo que es necesario para que una declaración materialmente herética, sea calificada como herejía formal en el fuero externo. Permaneciendo obstinado, luego de una advertencia pública y solemne, el papa estaría, en cierto sentido, dictando sentencia sobre sí mismo, exponiéndose, de ese modo, como un hereje en sentido propio o estricto. Es por esta razón, de acuerdo a san Roberto, que el Papa, quien juzga pero no es juzgado por nadie, puede ser castigado y juzgado por la Iglesia. Ahora bien, la pregunta que surge, es la siguiente: ¿quién tiene la autoridad para emitir una admonición o advertencia pública y solemne al Papa? 

El eminente teólogo italiano del siglo XVIII, Padre Pietro Ballerini, discurre sobre este mismo punto, diciendo que “los cardenales, que son los consejeros, pueden hacerlo, también el clero romano, o bien el sínodo romano reunido si lo juzga oportuno”, a continuación, después de citar la carta de San Pablo a Tito, (la misma parte que san Roberto cita como argumento de autoridad) Ballerini agrega: “Aquel que tras ser amonestado una o dos veces no se arrepiente, sino que se obstina en una opinión contraria a un dogma manifiesto o definido –no pudiendo por tanto ser exculpado en modo alguno a causa de su pública obstinación en una herejía debidamente calificada como tal, que supone pertinacia– se declara a sí mismo abiertamente herético. Demuestra que se ha apartado voluntariamente de la Fe y de la Iglesia católica de tal manera que ya no es necesaria declaración ni sentencia para separarlo del cuerpo de los creyentes. Por consiguiente, el pontífice que tras una amonestación pública y solemne por parte del colegio cardenalicio, del clero romano o incluso del sínodo, se obstina en la herejía y se aparta de la Iglesia, debe ser evitado conforme al precepto paulino. A fin de impedir que cause daño a los demás, es preciso hacer una declaración pública de su herejía y contumacia para que todos estén igualmente en guardia respecto a él. De ese modo, la sentencia que pronunció contra sí mismo se daría a conocer a toda la Iglesia dejando claro que por su propia voluntad se apartó del cuerpo de Cristo, abdicando en cierta forma del pontificado, de manera que nadie pueda dudar si pertenece o no a la Iglesia” (7) Permaneciendo obstinado después de dos admoniciones públicas, emitidas por las autoridades pertinentes, el Papa, según Balleririni, se sentenciaría a si mismo, dejando en claro que por su propia voluntad se ha apartado y separado él mismo de la Iglesia y en cierto sentido, ha abdicado del pontificado. 

San Pedro

Conclusión: 

Aquellos que adhieren al sedevacantismo, basados en la opinión de los santos y doctores de la Iglesia que creen que el hereje manifiesto pierde automáticamente su oficio, han concluido erradamente que su propio juicio privado sobre la materia es suficiente, en lugar de una sentencia formal dictada por la Iglesia; y esto, basándose en dicho criterio personal, les ha permitido sostener públicamente que un hombre elegido por el colegio de cardenales como papa no es en realidad verdadero papa (8). Y no sólo eso, sino que además intentan persuadir a otros de que su propio juicio privado es un hecho público (9). Sobre esta falsa premisa los apologistas del sedevacantismo, han derramado mucha tinta a lo largo de los años, tratando de explicar a los fieles como pueden detectar herejías en el pontífice, para que así ellos también, puedan concluir que el Papa es en hereje manifiesto, y públicamente adopten la posición sedevacantista. Este juicio no corresponde a los fieles en forma individual, sino a la Iglesia, lo que explica porque Juan de Santo Tomás dijo lo siguiente: “por muy patente que sea su herejía según el juicio privado, por lo que a nosotros se refiere, sigue perteneciendo a la Iglesia y es por tanto su cabeza visible. Es imprescindible el juicio de la Iglesia. Hasta entonces, sigue siendo el pontífice para nosotros.” 

Esto prueba la sabiduría y prudencia de monseñor Marcel Lefevbre quien, si bien no desecha la posibilidad que un futuro papa o concilio determine que los ocupantes post-conciliares del trono de san pedro no fueron papas, deja el juicio definitivo a la Iglesia, en lugar de dictar una sentencia pública que carecería de legitimidad, sobre todo, porque la Iglesia nunca ha declarado que un papa que cayó en herejía perdió ipso facto su oficio, sino en virtud de un juicio y declaración por la Iglesia.
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Notas:
  1. Smith, Sebastian B. Elements of Ecclesiastical Law (revised third edition), New York: Benzinger Brothers, 1881. Within that quote from Canonist Smith he provides two footnotes. Footnotes #70 references Craiss., n. 6S2. Footnote number 71 references Phillips, Kirchenr., vol. i., pp. 277, 274. If anyone has either of these books, please contact me by e-mail at RSiscoeTX@aol.com.
  2. St. Francis de Sales, Doctor of the Church, [Tan Books] pg 305-306.
  3. De Fide, disp. X, sect. VI, nn. 3-10, pg. 316-317
  4. John of St. Thomas, Disp. II, art III 26
  5. Laymann, Theol. Mor., Lib II, tract . I, cap, VII, pp. 145-146, 1625. Citado en el libro Can Popes Go Bad, de Da Silveira, pg. 87
  6. De Romano Pontifice, lib. II, cap. 30
  7. De Potestate Ecclesiastica, pgs.104-105
  8. Santo Tomás explica que se necesita que el juicio sea lícito: “El juicio es lícito en tanto en cuanto es acto de justicia; mas, como se deduce de lo dicho (a.1 ad 1.3), para que el juicio sea acto de justicia se requieren tres condiciones: primera, que proceda de una inclinación de justicia; segunda, que emane de la autoridad del que preside; y tercera, que sea pronunciado según la recta razón de la prudencia.” (S. Th. II-II, q60, a2, c.)
  9. Santo Tomás dijo: “a que se debe juzgar según las leyes escritas, conforme a lo expuesto (a.5), el que emite el juicio interpreta de algún modo el texto de la ley, aplicándolo a un asunto particular. Ahora bien: puesto que es propio de una misma autoridad interpretar y hacer la ley, del mismo modo que no puede establecerse la ley sino por la autoridad pública, así tampoco puede emitirse el juicio a no ser por la autoridad pública, la cual extiende su acción a todos los que están sometidos a la comunidad. Por tanto, lo mismo que sería injusto que alguien obligase a otro a observar una ley que no hubiera sido sancionada por la autoridad pública, también es injusto que alguien obligue a otro a sufrir un juicio que no haya sido pronunciado por la autoridad pública” (S. Th. II-II, q60, a6, c.)   

martes, 9 de junio de 2015

PRIMICIA ACERCA DE LOS PODERES ROMANOS DE MONS. FELLAY: DE NON POSSUMUS A LOS PRINCIPALES MEDIOS INFORMATIVOS CATÓLICOS DEL MUNDO

El 31 de mayo, Non Possumus publica la información acerca de los poderes que la Congregación para la Doctrina de la Fe confirió a Mon. Fellay como juez de primera instancia. En la traducción al español de la parte correspondiente del sermón del Superior General, se contó con la valiosa ayuda del administrador del blog Nossa Senhora de Aparecida.

El 3 de junio la información es recogida en Vatican Insider, sitio del conocido vaticanista Andrea Tornielli. Desde ese momento, los medios católicos más importantes del mundo comienzan a difundirla también, pero, en actitud poco honesta, ni Vatican Insider ni ninguno de esos medios cita a Non Possumus como fuente de esa información. Abajo ponemos unos prints de algunos de esos sitios informando acerca de este asunto.

En relación con los poderes que Roma ha conferido a Mons. Fellay como juez de primera instancia, hacemos tres observaciones:

1° En el caso de delitos muy graves, como el de pedofilia, el Superior General no necesita de ninguna autorización para decretar determinadas penas, como, por ejemplo, la expulsión de la congregación. Para ciertas sanciones más graves, como la reducción al estado laical, el procedimiento normal consiste en poner todos los antecedentes en manos de las autoridades romanas para que ellas procedan a imponer esas penas, sea convalidando el juicio hecho en la FSSPX, sea llevando a cabo su propio proceso. Si el prelado romano competente se niega a actuar en contra de esos criminales, incumple deberes graves, cometiendo un pecado mortal. Por grave que sea el caso, ninguna necesidad hay, entonces, de conferir poderes judiciales al Superior General. Éste, además, no los debe aceptar si le son ofrecidos, pues de lo contrario queda comprometido con las autoridades modernistas destructoras de la Iglesia. Los jueces deben cuidarse de aceptar regalos. Acá el regalo que nunca debió ser aceptado fue la misma designación como juez romano de primera instancia. ¿Con qué libertad de espíritu Mons. Fellay puede criticar ahora a los modernistas que le hacen esos honores y le dan esas pruebas de confianza? ¿Con qué libertad puede criticar a sus superiores en lo judicial? Todos los sitios liberales han celebrado este dadivoso gesto del Vaticano para con Mons. Fellay, considerándolo, acertadamente, como un paso más hacia el acuerdo. 

2° Una vez que trascendió lo publicado por Non Possumus, los defensores del Superior General han respondido que esos poderes judiciales han sido dados a éste sólo para juzgar a un Sacerdote. No obstante, tal cosa no es clara en las palabras del mismo Mons. Fellay, que primero habla en singular y luego en plural: "they did appoint me as the judge for this case.  So I was appointed by Rome, by the Congregation of the Faith, to make judgements, canonical Church judgements on some of our priests" (ellos me nombraron como juez para este caso. Entonces, yo fui nombrado por Roma, por la Congregación de la Fe, para hacer juicios, juicios canónicos de la Iglesia a algunos de nuestros sacerdotes). En cuanto a los juicios en contra de los Sacerdotes opuestos al acuerdo con Roma, se puede suponer razonablemente que Mons. Fellay actuó, también en estos casos, en su calidad de juez romano de primera instancia. Como él no está obligado a expresar eso en los juicios, queda la duda.

3° Y surge otra duda sumamente importante a raíz de lo dicho por Mons. Fellay en el sermón de Arcadia, en la que nadie hasta ahora ha reparado: ¿Mons. Fellay ha mandado hacer las correspondientes denuncias ante los tribunales de los Estados en los que se han cometido los crímenes graves a los que se refiere, o ha omitido eso, según la costumbre de la Jerarquía liberal encubridora de clérigos degenerados? Nadie vaya a pensar que en la historia de la FSSPX se ha dado un solo caso de pedofilia clerical. Nos consta que en América hispana, en los últimos años hubo por lo menos dos casos. ¿Cuántos más en Europa, USA, Asia, África? No sabemos. Y sólo hablamos de pedofilia. Por otro lado, la teología moral enseña que las leyes justas de los Estados obligan en conciencia (Suma Teológica, I-II, q. 96, a.4), y en la mayor parte de los países existe la obligación de denunciar esa clase de crímenes ante las autoridades civiles. Por su parte, la "Guía para comprender los procedimientos fundamentales de la Congregación para la Doctrina de la Fe cuando se trata de las acusaciones de abusos sexuales" (2003), expresa lo siguiente: "Se debe seguir siempre el derecho civil en materia de información de los delitos a las autoridades competentes" (*). ¿Acaso los tradicionalistas van a ser más blandos que los liberales en el trato dado a los criminales? Es evidente que la expulsión de la congregación o la reducción al estado laical no son castigos proporcionados para Sacerdotes abusadores de niños; menos, el ser recluidos por un par de años en algún monasterio. Los Sacerdotes degenerados son llamados "hijos del diablo" en la Biblia, y con sus escándalos han causado el alejamiento de la Iglesia de miles y miles de almas. Estos criminales ciertamente merecen no sólo penas canónicas, sino también las penas que únicamente los Estados pueden imponer. ¿Piensa así Mons. Fellay? ¿Ha hecho lo que debía para que los Sacerdotes pedófilos u otros degenerados que él ha expulsado de la Fraternidad, fueran juzgados además por los tribunales estatales? No lo sabemos, pero tampoco tenemos conocimiento de que algún Sacerdote de la FSSPX haya pisado jamás en una cárcel por este tipo de delitos. 
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(*): También se debe tener en cuenta lo que señala este documento de la Congregación Para la Doctrina de la Fe: "Carta Circular. Subsidio para las Conferencias Episcopales en la preparación de Líneas Guía para tratar los casos de abuso sexual de menores por parte del clero", 3-5-2011: "La cooperación con la autoridad civil.- El abuso sexual de menores no es sólo un delito canónico, sino también un crimen perseguido por la autoridad civil. Si bien las relaciones con la autoridad civil difieran en los diversos países, es importante cooperar en el ámbito de las respectivas competencias. En particular, sin prejuicio del foro interno o sacramental, siempre se siguen las prescripciones de las leyes civiles en lo referente a remitir los delitos a las legítimas autoridades. Naturalmente, esta colaboración no se refiere sólo a los casos de abuso sexual cometido por clérigos, sino también a aquellos casos de abuso en los que estuviera implicado el personal religioso o laico que coopera en las estructuras eclesiásticas." ¿Cuál es la postura oficial de la FSSPX en cuanto a la cooperación con las autoridades civiles en estos casos? ¿Qué normas ha dado Ménzingen al respecto? Misterio...
























lunes, 8 de junio de 2015

SACERDOTE RECIÉN LLEGADO DEL NOVUS ORDO Y BIRRITUALISTA HASTA HACE POCOS MESES, ES NOMBRADO DIRECTOR DE ESCUELA DE LA NEO-FSSPX



El P. Byrnes, sacerdote Novus Ordo que se ha unido a la FSSPX, ha sido designado director de la Academia Santo Padre Pío en Ridgefield. Él mismo declaró en octubre de 2014, en una entrevista con motivo de las conferencias de Angelus Press, que celebraba también la misa nueva. En un artículo del Padre en el periódico The Remnant, comparó la misa nueva y la misa tradicional con la Coca Cola nueva y la clásica (ver acá).
Nos informan en Cathinfo:
El P. Byrnes fue ordenado el 15 de noviembre de 1986 por el Cardenal O’Connor en la Catedral de San Patricio en Nueva York, y ha estado en el priorato de Ridgefield CT desde hace aproximadamente dos años. El P. Byrnes no fue re-ordenado condicionalmente, la FSSPX declara que su ordenación fue válida. Me dijeron dos sacerdotes de Ridgefield que no hay nada que cuestionar pues la investigación realizada por la FSSPX confirmó que la materia, forma e intención fueron válidas y que yo no debía cuestionarlas.
¿Por qué la FSSPX permite que un sacerdote que fue educado y ordenado en el Novus Ordo sea director de una escuela?
Circular enviada a los padres de familia por el P. Byrnes:
Estimados Padres de familia,El pasado jueves recibí una llamada del Superior de Distrito, el P. Wegner, informándome que yo seré el director de la Academia Santo Padre Pío en el nuevo año escolar.
El P. Sulzen me puso al tanto sobre el deseo de todos ustedes de tener una junta con el director respecto a algunas preocupaciones que tienen ustedes sobre el programa de secundaria para el próximo año, y sé que ha habido dificultades respecto a la fecha de la junta debido a los horarios de vacaciones y que la fecha actual de la junta es en julio, fecha posterior a la que la mayoría de ustedes prefieren.
Debido al deseo de reunirse lo más pronto posible, les propongo tener nuestra junta este jueves 9 de junio a las 7:30 en Jogues Hall. Por favor, informarme si esta fecha es adecuada para ustedes. Si la mayoría no puede asistir este día, seguiremos con la fecha de julio. Sé que estoy avisando con poco tiempo, pero espero que esta fecha funcione para todos o al menos para la mayoría. Espero trabajar con todos ustedes durante el próximo año escolar.
Dios los bendiga,
Msgr. Byrnes.
Como hemos dicho en otras ocasiones, la Neo-FSSPX es cada vez más parecida a las comunidades Ecclesia Dei. Va abandonando gradualmente la lucha por la doctrina para agradar a los enemigos de la Roma modernista. Ya no se realizan las re-ordenaciones sacerdotales bajo condición. ¿Por qué? ¿Para no ofender a las autoridades conciliares? Los miembros de estas comunidades ED no hacen más que alabar a la Neo-FSSPX y a Mons. Fellay. 

En la fotos siguientes, vemos: 

1. Al Presidente internacional de Una Voce, Jamie Bogle junto a Mons. Fellay, en la casa generalicia de Ménzingen. 
2. Al mismo Bogle con el Card. Castrillón. 
3. Print del sitio de la esposa de Bogle, con foto de Francisco y con un artículo que defiende el mito del "holocausto" y condena a Mons. Williamson. 

Al parecer, todas las diferencias doctrinales entre la FSSPX y Ecclesia Dei desaparecieron…





sábado, 6 de junio de 2015

COMENTARIO ELEISON Número CDXII (412).- 06 de junio de 2015




 Papas Conciliares – II


Papas Conciliares ¿tenían buena intención al tiempo que causaban daño?
Dios es su juez. Esperamos sobre el brazo fuerte de Dios.

Estos “Comentarios” siempre retornan al problema del subjetivismo porque mantienen que la Iglesia y el mundo de hoy no pueden ser correctamente entendidos sin él. Subjetivismo significa esa pudrición de la mente por la cual la persona, o sujeto, ha permitido que su mente sea desconectada de la realidad, o del objeto, dejando a la persona en libertad para rehacer la realidad de acuerdo a su propia fantasía. De allí el mundo de fantasía y toda su locura rodeándonos hoy en día, y la fantasía de la neo-Iglesia (Iglesia y mundo son reconciliables) y la misma fantasía de la neo-Fraternidad (Tradición y neo-Iglesia son reconciliables).

Para uno mantener su agarre mental en la realidad y su equilibrio en la Fe, es esencial no dejar de distinguir lo subjetivo de lo objetivo. Por ejemplo, los Papas Conciliares están gravemente equivocados en la Fe, objetivamente hablando, pero subjetivamente hablando han sido convencidos de que estaban en lo correcto, y han bien podido estar al menos parcialmente (Dios lo sabe) bien intencionados. Pero si no logro distinguir lo objetivo de lo subjetivo entonces puedo fácilmente caer en uno de dos errores familiares. O bien sé que ellos están objetivamente equivocados así que deben estar subjetivamente equivocados, por consiguiente no pudieron estar bien intencionados y debieron saber lo que estaban haciendo, así que no pudieron haber sido Papas, y así yo caigo en el sedevacantismo dogmático. O bien observo que están convencidos y son convincentes, así que están subjetivamente en lo correcto y por consiguiente deben estarlo objetivamente, así que debo seguirlos, y caigo en el liberalismo (aquí está como Benedicto XVI y Mons. Fellay, por ejemplo, han – objetivamente – engañado a muchos buenos Católicos, sean lo que fueren sus intenciones de ellos).

Por el contrario, si tengo una fe clara y sé distinguir entre realidad objetiva y fantasía universal de hoy, entonces, midiendo al fin Roma por la Fe y no la Fe por Roma, puedo ver que los Papas Conciliares han podido estar convencidos y tener al menos en parte – Dios lo sabe – buenas intenciones, pero nunca los seguiré cuando sea me alejan de la verdadera Fe y de la verdadera Iglesia. Por otro lado, yo no excluiré la posibilidad de una medida de buenas intenciones por parte de ellos, ni tampoco yo tomaré como propio el juzgar esa medida, sino que yo esperaré a que la Iglesia juzgue, luego de una audiencia, sobre su pertinacia y herejía.

Pero los hombres de Iglesia de hoy están tan universalmente infectados con la fantasía de la libertad, igualdad y los derechos del hombre en oposición al deber, la jerarquía y los derechos de Dios, que las probabilidades que tal audiencia tenga lugar en cualquier tiempo cercano son ciertamente tenues. Por consiguiente en mi propia mente yo tengo talvez que dejar en suspenso la cuestión de estos Papas. Tal suspenso no es confortable, pero sé que Dios en su propio buen tiempo vendrá al rescate de Su Papado.

Mientras tanto la estructura de Su Iglesia por medio de la cual toda autoridad deriva del Papa para abajo, no ha cambiado. Por consiguiente, dado que el Papa Francisco está condenando a la Tradición en cuanta oportunidad se le presenta, la Tradición no puede hacer otra cosa que luchar para sobrevivir. En cuanto a la fundación y subsecuente liderazgo de la Fraternidad San Pío X por Monseñor Lefebvre, la aprobación oficial de los Estatutos de ella por el obispo diocesano local fue de inmensa importancia. Eso hizo de la FSPX la luz de emergencia con referencia a la Iglesia oficial, y el movimiento de la “Resistencia”, tratando de reparar esa luz de emergencia, se refiere tambien a la Iglesia oficial. Este intento, ¿está obstaculizado por ambos electricistas, los de la corriente oficial como los de la emergencia? Pues, que así sea. Pero hay que mantener al menos unas pocas luces prendidas en la Iglesia. Sin embargo, contra tal obstaculización por parte de los compañeros electricistas, que nadie espere de la “Resistencia” prodigios o maravillas. Paciencia. Dios tiene todo bajo control.

Kyrie eleison.

N.B. Si Dios quiere, Confirmaré yo este verano: (en Francia) cerca de Pau el 7 de Junio, cerca de Vichy el 14 de Junio; (en Canadá) Calgary el 29 de Junio; y (en los Estados Unidos) Denver el 1º de Julio, Nashville el 2 de Julio, Jacksonville el 5 de Julio.



HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES



"La primera que los sacerdotes y laicos pueden hacer es rezar especialmente la oración que Nuestra Señora ha estado pidiendo casi en todas las ocasiones donde Ella ha intervenido, y esta es el Santo Rosario. Quince Misterios diarios son para muchos adultos algo mucho más fácil de lo que piensan, y son tres veces más efectivos que cinco Misterios diarios.
La segunda cosa que los sacerdotes y laicos pueden hacer es cumplir los pedidos de Nuestra Señora: confesarse, comulgar, rezar un Rosario de cinco Misterios y hacer quince minutos de meditación cada primer sábado del mes. Si tan solo suficientes católicos hicieran lo que Nuestra Señora pidió, Ella podría obtener de su Hijo la gracia necesaria para que el Papa y los Obispos realicen la Consagración de Rusia" (Mons. Williamson)

viernes, 5 de junio de 2015

P. CÉLIER - MONS. FELLAY: ACUERDISTAS ACTIVOS EN EL AÑO 2008

P. Célier


A los que ingenuamente imaginan que el acercamiento de la FSSPX a la Roma modernista no obedece a un plan preconcebido, les recomendamos leer un escrito del P. Grégoire Célier de 2008, en donde se encuentran todos los argumentos que ahora sostienen Monseñor Fellay y sus cómplices.
Max Barret dijo en mayo de 2008:
Tengo entre las manos (sin revelar mis fuentes) un texto de 43 páginas. Tiene como título: “Por fidelidad a Mons. Lefebvre, la Fraternidad Sacerdotal San Pio X ¿debe firmar inmediatamente un acuerdo con Roma?”. No está firmado, ni fechado ni paginado, pero fue enviado, a título confidencial y por órdenes de Mons. Fellay  -“al nivel del Distrito de Francia”- por el P. Grégoire Célier.
La carta que acompañaba este escrito dice así:
“A petición de Mons. Fellay, me permito hacerles llegar el documento adjunto que ha sido elaborado a nivel del Distrito de Francia.
Este texto se les comunica a título confidencial en la medida que una eventual publicación y/o reajuste y/o utilización por partes no han sido decididas aún.
Deseándoles una buena lectura, le suplico acepte,  P. … la expresión de mi dedicación religiosa” Grégoire Célier.
Hábilmente, el texto se presenta como una refutación a objeciones hipotéticas provenientes principalmente del ala liberal, la que interroga impacientemente: ¿para cuándo estos acuerdos? Con astucia serpentina, el documento rodea hábilmente la cuestión esencial -si es lícito hacer un acuerdo con Roma y en qué términos- para centrarse en la oportunidad de dicho acuerdo. Y, como era de esperarse, responde mañosamente a la referida pregunta diciendo que nada obliga a Mons. Fellay a firmar inmediatamente un acuerdo. Y en esa respuesta vemos otra astuta triquiñuela del documento: aparecer defendiendo al Superior General supuestamente presionado por el ala (más) liberal de la Fraternidad. Esta fórmula se repite como un leitmotiv en todo el escrito: ¡Monseñor usted entonces es libre, no se sienta presionado por estos liberales, firme el acuerdo cuando a usted le parezca! 
El escrito comienza mostrando a los sacerdotes cómo es que se debe interpretar a Mons. Lefebvre. Para ello afirma que éste era intelectualmente muy bien dotado y preparado, pero también era un hombre de acción, impresionable y apasionado, que solía exagerar.:
Monseñor Lefebvre fue un hombre muy cultivado (titulado de doctorado en filosofía y teología) y profundamente inteligente. Pero por principio era un hombre de acción, más que un hombre de gabinete, que un “intelectual”. (…) Monseñor Lefebvre estaba profundamente inquieto de la situación de la Iglesia, (y esta inquietud) es la clave para la explicación fundamental de su comportamiento.(…)  Monseñor Lefebvre fue marcado e impresionado por los acontecimientos inmediatos, y esto naturalmente teñía sus juicios del momento. (…) Acontecimiento como Asís en 1986, lo hicieron proferir palabras más duras que lo ordinario…
Algunas otras citas notables:
"Si para la FSSPX existe un peligro de convertirse en una «pequeña iglesia», este peligro es lento, progresivo" (contra los supuestos impacientes del ala liberal). Venenosamente da por cierto ese peligro.
"Si la FSSPX hubiera firmado los acuerdos en el pasado, hubiera obtenido considerablemente menos de lo que puede esperar razonablemente hoy (…) Sin las conversaciones entre Roma y la FSSPX en 2000-2001, la Administración Apostólica de Campos estaría todavía en el limbo. Sin los recientes contactos de la FSSPX con Benedicto XVI, el Cardenal Castrillón Hoyos no hubiera acordado lo que concedió al Instituto del Buen Pastor.” (contra los mismos).
“En una carta enviada al cardenal Castrillón Hoyos, el 22 de enero de 2003 (Cor Unum 74, febrero de 2003, p. 4), Mons. Fellay escribió: “El Superior general de la Fraternidad propone entonces, con toda la consideración debida, que las dos condiciones previas (…) sean acordadas y que la Santa Sede observe durante un tiempo más o menos largo los frutos que resultarían de esto. Las discusiones teológicas propuestas por el Cardenal Ratzinger encontrarían útilmente su lugar durante este período. Mons. Fellay sugiere entonces una especie de declaración unilateral de la Santa Sede. La Fraternidad se comprometería en este caso, a intensificar sus entrevistas con la jerarquía para encontrar ulteriormente una solución canónica adecuada para la Fraternidad y las obras ligadas a ella”.”
“La Curia romana está determinada a acordar a la FSSPX un estatus canónico estable, eficaz y protector donde ella podrá desarrollarse sin temor según su propio carisma. Los canonistas romanos poseen ciertamente los recursos intelectuales para adaptar un instrumento jurídico existente, para crear un estatuto específico a la FSSPX”.
“Es verdad que si la FSSPX reencuentra finalmente su completa legalidad canónica, un cierto número de puertas (y de corazones) se abrirían. La FSSPX atendería más fieles y más fácilmente, las vocaciones que actualmente se alejan de ella entrarían a sus seminarios, etc. Esto sería bueno, muy bueno”.
“Si, frente al reino de Dios y la salvación de las almas, no hubiera entre la FSSPX y la legalidad canónica (con sus innegables ventajas) más que el obstáculo de una simple firma, sería criminal e irresponsable para Mons. Fellay no firmar puntualmente el documento”.
“Es evidente, y lo ha dicho Mons. Fellay públicamente, que la estructura canónica que Roma tiene pensada para la FSSPX es favorable, al menos para el período de transición. Por ejemplo, la idea de una Administración apostólica mundial para la Tradición, que agruparía a la FSSPX y a aquellos que, apegados a la misa tradicional, quisieran formar parte, constituiría un ambiente jurídico bastante protector”.
“Sin embargo, este cambio de dirección (de Roma) no consiste en pedir que el concilio Vaticano II sea pura y simplemente anulado. No consiste en exigir de Roma un documento solemne de arrepentimiento sobre el medio siglo pasado. No consiste en regresar materialmente a 1958, al estado de la Iglesia a la muerte de Pio XII”.
Y concluye: 
Simple miembro de la FSSPX, no tenemos ninguna competencia para determinar si la FSSPX debe o no firmar un acuerdo con la Roma actual, no tenemos ninguna autoridad para decidir en uno u otro sentido. La decisión de firmar eventualmente un acuerdo con Roma, o de no firmarlo, es exclusivamente del Superior general (…) 

MUY PRONTO: UN SEMINARIO PARA LA UNIÓN SACERDOTAL MARCEL LEFEBVRE

FRANCE FIDÈLE

La Unión Sacerdotal Marcel Lefebvre desea responder al estado de necesidad en el que se encuentran muchas almas, formando sacerdotes en el espíritu de Mons. Lefebvre.
Esperamos abrir este seminario, para el comienzo del siguiente período lectivo, en la región de Angers. Estará bajo el patrocinio de San Luis María Grignion de Montfort, gran apóstol mariano y misionero.
Pronto publicaremos más precisiones respecto a este seminario.
Todo joven que se plantee la cuestión de la vocación sacerdotal (o religiosa) puede dirigirse a Mons. Faure (que está residiendo en Avrillé, tel. 02 41 69 20 06) o al P. Bruno (06 20 43 44 32).
Confiamos este importante proyecto para el futuro de la Tradición Católica a sus generosas oraciones.

MONS. FELLAY “MISERICORDEA” CON FRANCISCO

Syllabus


Los afanes acuerdistas del Superior General de la FSSPX no podían dejar de mostrarse en su nueva “Carta a los amigos y bienhechores”, llevándonos a pensar incluso que entre esos “amigos y bienhechores” Mons. Fellay podría estar incluyendo sin dudas a Francisco. Los párrafos destacados por Non Possumus de un reciente sermón suyo en California bastante claro lo dejan. Pero ahora, tomando una conferencia del Cardenal Oscar Maradiaga en, curiosamente, el mismo sitio, California, Mons. Fellay serpentea con su reconocido estilo para evitar criticar o corregir a Francisco, tomándoselas con el mediático cardenal hondureño. Desde luego que con esto no evita, sino antes bien pone mejor de relieve su liberalismo, siempre ambivalente y contradictorio.

Así Mons. Fellay empieza resumiendo su carta de la siguiente manera:

“En una conferencia del 20 de enero de 2015 el Cardenal Maradiaga considera que la misericordia debe insuflar un nuevo espíritu a las reformas introducidas por el Concilio Vaticano II, para abrir la Iglesia al mundo de hoy. Así instrumentalizada, la misericordia es amputada del arrepentimiento de las faltas; y ya no parece sino una mirada complaciente sobre el pecador y su pecado”.

Bien, la misericordia pregonada por el Cardenal Maradiaga, “coordinador del grupo de cardenales a los que el Papa Francisco ha confiado la reflexión sobre la reforma de la Curia Romana”, como se encarga de informar Mons. Fellay, es, al decir de este mismo, “Una nueva misericordia al rescate de las reformas conciliares”. Bien visto. No es por lo tanto la misericordia rectamente entendida y enseñada por la Iglesia Católica.

Pero veamos la voltereta que da luego Mons. Fellay para no involucrar a Francisco en esta falsificación de la misericordia cuyo único fin es llevar las reformas del concilio hasta sus últimas catastróficas consecuencias (el resaltado es nuestro):

“¿Se puede mutilar la misericordia, separarla de una necesaria penitencia, como lo hace el Cardenal Maradiaga, con el fin confeso de devolver un nuevo espíritu a las reformas conciliares que están en ruptura con el espíritu tradicional? ¡Decididamente no! En esta conferencia que pronunció tres meses antes de la bula de convocatoria del Año Santo, ¿es el intérprete de las ideas del Papa Francisco? Es muy difícil saberlo siendo tan contradictorios los mensajes que llegan de Roma desde hace dos años, como reconocen ciertos cardenales en privado y muchos vaticanistas abiertamente.

Así que luego de más de dos años de pontificado de Francisco, Mons. Fellay todavía no sabe qué pensar acerca de éste. ¡Qué difícil saberlo! Pero sin ánimo de extendernos demasiado con los dichos o hechos infinitos con que Francisco ha dejado en claro su modernismo superlativo absoluto, su non plus ultra en la “escala Richter” de los jerarcas destructores de la Iglesia, sus prácticas absolutamente revolucionarias y escandalosas, nos limitaremos a poner en evidencia simplemente que para Mons. Fellay no sería difícil saber si el Card. Maradiaga es o no un fiel exponente del pensamiento de Francisco, si hubiese  leído la bula Misericordiae Vultus de Francisco convocando al “Jubileo Extraordinario de la Misericordia”, al que Mons. Fellay llama a adherir, eso sí, con “discernimiento previo”.  Un discernimiento previo que sin embargo hace que Mons. Fellay todavía no sepa qué pensar de Francisco.

Pero antes de citar el “misericordioso” documento de Francisco, conviene entender que si Mons. Fellay llama a acogerse al “Año Santo de la Misericordia” dispuesto por aquél, es porque debe conocer los términos en que el mismo se convoca y el espíritu que lo anima. De lo contrario Mons. Fellay se estaría mostrando como un irresponsable. Ahora bien, en caso de conocer la referida bula, no podría haber hecho la pregunta con que parece excluir a Francisco de lo que acusa a Maradiaga, por no saber si coincide o no con este cardenal. Por lo tanto, o Mons. Fellay sabe bien lo que piensa Francisco pero prefiere simular que no lo sabe, para no ser rechazado por éste, o no lo sabe porque no lee sus documentos ni escucha sus declaraciones ni sigue sus actos. Por lo que no cabe sino afirmar una de dos cosas: o Mons. Fellay es un mentiroso y cobarde que sacrifica la verdad en busca de un acuerdo con Roma, o es un ignorante que se deja guiar por sus “buenas intenciones”. Cualquiera sea su falta, el capitán del barco llamado “FSSPX” habrá de hundirlo, en nombre de la “misericordia”, y con la complicidad de una tripulación de cobardes que, siguiendo su propio ejemplo, no se animan a decir la verdad a sus superiores, pero también con la cooperación de la infaltable tropa (o troupe) de zoquetes que habiendo abdicado de todo sentido intelectivo, encuentran que este es un“escrito intachable” o son “sabias palabras” las del Superior general. Pero no hay que preocuparse por la verdad, porque ésta siempre encuentra lugar en los botes. Lo que hunde el barco es la mentira, la cobardía, la estupidez, la falsedad, la falta de celo por la verdad, el liberalismo, la traición.

Justificándose en estas palabras de Mons. Lefebvre: “En la práctica, nuestra actitud debe fundarse en un discernimiento previo, necesario para la circunstancia extraordinaria que significa un papa ganado por el liberalismo. He aquí ese discernimiento: cuando el papa dice algo que es conforme a la tradición, le seguimos; cuando dice algo contrario a nuestra fe, o cuando alienta, o deja hacer algo que daña nuestra fe, ¡entonces no podemos seguirle! Y esto por la razón fundamental de que la Iglesia, el papa, la jerarquía están al servicio de la fe. No son ellos quienes hacen la fe; deben servirla. La fe no se hace, es inmutable, se transmite” (Le destronaron, Voz en el Desierto, México, 2002, pág. 263), dice Mons. Fellay, en adhesión al “Año santo de la Misericordia” convocado por Francisco:


“¿Habrá que privarse por ello de las gracias de un Año Santo? Todo lo contrario. ¡Cuando las compuertas de la gracia se abren, hay que recibirla en abundancia! Un año Santo es una gran gracia para todos los miembros de la Iglesia. Vivamos, pues, de la verdadera misericordia, como nos lo enseñan todas las páginas del Evangelio y de la liturgia tradicional. En conformidad con el “discernimiento previo” sobre el cual Mons. Lefebvre fundó el proceder de la Fraternidad San Pío X, en estos tiempos de confusión, rechacemos una misericordia truncada y vivamos plenamente de la misericordia cabal.

En lo que a nosotros se refiere, queridos fieles, debemos aprovechar este Año Santo para pedir al Dios de la misericordia una conversión a la santidad cada vez más profunda, e implorar las gracias y los perdones de su misericordia infinita. Vamos a preparar el centenario de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima practicando y propagando con todas nuestras fuerzas la devoción a su Corazón doloroso e inmaculado, como Ella nos pidió. Seguiremos suplicando ahora y siempre que sus pedidos, en particular la consagración de Rusia, sean por fin escuchados como se debe. No hay ninguna oposición entre estos pensamientos dirigidos a María y el Año de la Misericordia, ¡todo lo contrario! No separemos a quienes Dios quiere ver unidos: los dos Corazones de Jesús y de María, como lo ha explicado Nuestro Señor a Sor Lucía de Fátima. Cada distrito de la Fraternidad os comunicará las obras particulares a practicar para beneficiarse con todas las gracias que la Misericordia divina nos concederá durante este Año Santo.”

Ahora veamos algunas de las cosas que dice Francisco en su convocatoria  al “Año Santo de la Misericordia” al que “con discernimiento” llama Mons. Fellay a participar y seguir, diciendo además que en este “Año de la Misericordia” convocado por Francisco ¡no hay ninguna oposición con los pensamientos dirigidos a María en la devoción a su Inmaculado Corazón! (los resaltados son nuestros):

“He escogido la fecha del 8 de diciembre por su gran significado en la historia reciente de la Iglesia. En efecto, abriré la Puerta Santa en el quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II. La Iglesia siente la necesidad de mantener vivo este evento. Para ella iniciaba un nuevo periodo de su historia.

“Vuelven a la mente las palabras cargadas de significado que san Juan XXIII pronunció en la apertura del Concilio para indicar el camino a seguir: “En nuestro tiempo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia y no empuñar las armas de la severidad … La Iglesia Católica, al elevar por medio de este Concilio Ecuménico la antorcha de la verdad católica, quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella”. En el mismo horizonte se colocaba también el beato Pablo VI quien, en la Conclusión del Concilio, se expresaba de esta manera: “Queremos más bien notar cómo la religión de nuestro Concilio ha sido principalmente la caridad… La antigua historia del samaritano ha sido la pauta de la espiritualidad del Concilio… Una corriente de afecto y admiración se ha volcado del Concilio hacia el mundo moderno. Ha reprobado los errores, sí, porque lo exige, no menos la caridad que la verdad, pero, para las personas, sólo invitación, respeto y amor. El Concilio ha enviado al mundo contemporáneo en lugar de deprimentes diagnósticos, remedios alentadores, en vez de funestos presagios, mensajes de esperanza: sus valores no sólo han sido respetados sino honrados, sostenidos sus incesantes esfuerzos, sus aspiraciones, purificadas y bendecidas… Otra cosa debemos destacar aún: toda esta riqueza doctrinal se vuelca en una única dirección: servir al hombre. Al hombre en todas sus condiciones, en todas sus debilidades, en todas sus necesidades”.

Bien, ¿es difícil saber si el cardenal Maradiaga era el “fiel intérprete de Francisco” al querer rescatar las reformas conciliares con una “nueva misericordia” reñida con la verdad evangélica? ¿Es difícil, Monseñor Fellay?

Sigue Francisco:

“De otra parábola, además, podemos extraer una enseñanza para nuestro estilo de vida cristiano. Provocado por la pregunta de Pedro acerca de cuántas veces fuese necesario perdonar, Jesús responde: “No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18,22) y pronunció la parábola del ‘siervo despiadado’. Este, llamado por el patrón a restituir una grande suma, lo suplica de rodillas y el patrón le condona la deuda. Pero inmediatamente encuentra otro siervo como él que le debía unos pocos centésimos, el cual le suplica de rodillas que tenga piedad, pero él se niega y lo hace encarcelar.
 Entonces el patrón, advertido del hecho, se irrita mucho y volviendo a llamar aquel siervo le dice: “¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?” (Mt 18,33). Y Jesús concluye: “Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos” (Mt 18,35).
La parábola ofrece una profunda enseñanza a cada uno de nosotros. Jesús afirma que la misericordia no es solo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus hijos”.

Puede advertirse que Francisco se salta groseramente un versículo del Evangelio según San Mateo, el 18,34, que dice así: “E irritado el señor, le entregó en manos de los verdugos, hasta tanto que pagara la deuda toda por entero”. Y allí viene sí lo que concluye Nuestro Señor, que de otra forma no se entiende la enseñanza. Pero, claro, la nueva religión del Vaticano II no puede hablar de castigos de Dios, entonces prefiere mutilar su palabra con sonrisa “misericordeadora”. ¡Escandalosa manipulación de la Palabra de Dios!

Pero además, y luego de citar a “san Juan Pablo II”, Francisco compromete su “Año de Misericordia” con su plan ecumenista tributario del Nuevo Orden Mundial:

“La misericordia posee un valor que sobrepasa los confines de la Iglesia. Ella nos relaciona con el judaísmo y el Islam, que la consideran uno de los atributos más calificativos de Dios. Israel primero que todo recibió esta revelación, que permanece en la historia como el comienzo de una riqueza inconmensurable de ofrecer a la entera humanidad. Como hemos visto, las páginas del Antiguo Testamento están entretejidas de misericordia porque narran las obras que el Señor ha realizado en favor de su pueblo en los momentos más difíciles de su historia. El Islam, por su parte, entre los nombres que le atribuye al Creador está el de Misericordioso y Clemente. Esta invocación aparece con frecuencia en los labios de los fieles musulmanes, que se sienten acompañados y sostenidos por la misericordia en su cotidiana debilidad. También ellos creen que nadie puede limitar la misericordia divina porque sus puertas están siempre abiertas.
Este Año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con estas religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas; nos haga más abiertos al diálogo para conocerlas y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación”.

¿Estará incluyendo Francisco en esas “otras nobles tradiciones religiosas” a los tradicionalistas de la Neo-FSSPX? En todo caso, el lenguaje de uno y otro lado encuentra cada vez más coincidencias, y los silencios y complicidades, con actos inclusive favorables por parte de Roma hacia los “tradiliberales”, son una muestra más de la conformación, a través de esta falsa misericordia, de una maldita falsificación de la Iglesia católica, erigida sobre la sempiterna Víctima, Jesucristo de nuevo crucificado por los precursores del Anticristo. ¡Sacerdotes y fieles de la Fraternidad San Pío X, aléjense de esos sepulcros blanqueados! No podemos esperar la Misericordia de Dios si voluntariamente lo ofendemos abrazando el error, si no buscamos el camino recto y estrecho de la verdad, único que nos permite vivir en la auténtica caridad y no una deformación de ésta que en realidad esconde el amor propio y el desprecio de Dios. Creamos en la Misericordia de Dios, según el Evangelio.