Este blog está dedicado a María Corredentora y Mediadora de todas las Gracias

martes, 4 de abril de 2017

CON ELOGIOS AL DEMOLEDOR FRANCISCO, LA NEO-FSSPX AGRADECE A ROMA LA AUTORIZACIÓN DE LA CELEBRACIÓN DE LOS MATRIMONIOS


EL DEMOLEDOR DE LA IGLESIA Y EL DEMOLEDOR DE LA FSSPX

"La Fraternidad San Pío X agradece profundamente al Santo Padre por su solicitud pastoral, tal como se expresa por medio de la carta de la Comisión Ecclesia Dei con el fin de disipar “la falta de certeza sobre la validez del sacramento de matrimonio”. El Papa Francisco quiere evidentemente que, como en el caso de las confesiones, todos los fieles que deseen contraer matrimonio en presencia de un sacerdote de la Fraternidad San Pío X, puedan hacerlo sin inquietud sobre la validez del sacramento. Es de desear que todos los obispos compartan la misma solicitud pastoral."

¿Ahora la FSSPX viene a reconocer no hay certeza respecto de la validez de los matrimonios celebrados ante sus sacerdotes? ¿Dónde queda todo lo que se enseño antes? 

¿"Solicitud pastoral" o "astucia lupina"? ¿No es este el mismo "solícito Pastor" que está destruyendo las bases doctrinales del matrimonio católico al permitir la comunión sacramental a los concubinos y adultéros? 

“Cosas veredes, Sancho, que non crederes”.

Verdaderamente increíble...

Comunicado de la Casa General sobre la carta de la Comisión Ecclesia Dei a propósito de los matrimonios de los fieles de la Fraternidad San Pío X (4 de abril de 2017)

4-04-2017  

Como en el caso de las disposiciones tomadas por el Papa Francisco, acordando la facultad de confesar a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X para el Año Santo (1° de septiembre de 2015), y extendiendo dicha facultad más allá del mismo (20 de noviembre de 2015), la Casa General se entera de que el Santo Padre ha decidido “autorizar a los Reverendísimos Ordinarios a que concedan las licencias para asistir a los matrimonios de fieles que siguen la actividad pastoral de la Fraternidad” (Congregación para la Doctrina de la Fe del 27 de marzo de 2017, publicada este 4 de abril).

Esta decisión del Sumo Pontífice prevé que: “Siempre que sea posible, el Obispo delegará a un sacerdote de la Diócesis para asistir a los matrimonios (o bien, a un sacerdote de otra circunscripción eclesiástica con las debidas licencias) recibiendo el consentimiento de los cónyuges durante la celebración del matrimonio que en la liturgia del Vetus Ordo se realiza al inicio de la Santa Misa. Ésta la celebra, después, un sacerdote de la Fraternidad”.
Sin embargo, dispone asimismo que: “Allí donde ello no sea posible o no haya sacerdotes de la Diócesis que puedan recibir el consentimiento de las partes, el Ordinario puede conceder directamente las facultades necesarias a un sacerdote de la Fraternidad que celebrará también la Santa Misa, advirtiéndole de la obligación de hacer llegar cuanto antes a la Curia diocesana la documentación del matrimonio celebrado.”
La Fraternidad San Pío X agradece profundamente al Santo Padre por su solicitud pastoral, tal como se expresa por medio de la carta de la Comisión Ecclesia Dei con el fin de disipar “la falta de certeza sobre la validez del sacramento de matrimonio”. El Papa Francisco quiere evidentemente que, como en el caso de las confesiones, todos los fieles que deseen contraer matrimonio en presencia de un sacerdote de la Fraternidad San Pío X, puedan hacerlo sin inquietud sobre la validez del sacramento. Es de desear que todos los obispos compartan la misma solicitud pastoral.
Los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X se abocarán fielmente, como lo hacen desde su ordenación, a preparar al matrimonio a los futuros esposos, según la doctrina inmutable de Cristo sobre la unidad y la indisolubilidad de esta unión (cfr. Mt 19, 6), antes de recibir el consentimiento en el rito tradicional de la Santa Madre Iglesia.
Menzingen, 4 de abril de 2017
Fuente: DICI

LA NEO-FSSPX PONE LOS MATRIMONIOS EN LAS GARRAS DE LOS MODERNISTAS


LA NEO-FSSPX PONE LOS MATRIMONIOS EN LAS GARRAS DE LOS MODERNISTAS


Dice la carta por la que Roma autoriza los matrimonios de la FSSPX:


"Siempre que sea posible, el Obispo delegará a un sacerdote de la Diócesis para asistir a los matrimonios (o bien, a un sacerdote de otra circunscripción eclesiástica con las debidas licencias) recibiendo el consentimiento de los cónyuges durante la celebración del matrimonio que en la liturgia del Vetus Ordo se realiza al inicio de la Santa Misa. Ésta la celebra, después, un sacerdote de la Fraternidad.

Allí donde ello no sea posible o no haya sacerdotes de la Diócesis que puedan recibir el consentimiento de las partes, el Ordinario puede conceder directamente las facultades necesarias a un sacerdote de la Fraternidad que celebrará también la Santa Misa, advirtiéndole de la obligación de hacer llegar cuanto antes a la Curia diocesana la documentación del matrimonio celebrado."


Entonces, en adelante, en la celebración de matrimonios de fieles de la FSSPX, los contrayentes darán el consentimiento matrimonial ante un Sacerdote modernista o, excepcionalmente, "allí donde ello no sea posible o no haya sacerdotes de la Diócesis que puedan recibir el consentimiento de las partes", ante el Sacerdote de la Fraternidad que haya recibido una carta de delegación por parte de las autoridades novus ordo.


Pues bien, esto constituye una gravísima intromisión de la Jerarquía modernista en un aspecto tan trascendental como delicado de la vida de los fieles de la FSSPX. Es obvio que, con este cambio, desaparecen ciertas necesarias medidas de protección del matrimonio que, en la gravísima crisis actual, la Fraternidad había dispuesto con tanta sabiduría como verdadero celo por las almas. Tal era el caso del compromiso que se exigía a los fieles en cuanto a someter un eventual conflicto de nulidad a los tribunales de la Fraternidad y no a los tribunales oficiales. Esta medida encuentra su justificación en la imperiosa necesidad de proteger el sagrado vínculo matrimonial de las graves amenazas provenientes de un nuevo Derecho Canónico que está imbuido de los falsos principios modernistas y de unos jueces oficiales que, con ese mismo espíritu herético, suelen declarar nulo lo que es válido ante Dios. Los tribunales de la Fraternidad, a partir de hoy, ya no tienen razón de ser, pues, de ahora en adelante, los juicios de nulidad matrimonial de los fieles de la FSSPX quedarán en las manos de la Jerarquía oficial, con todos los tremendos peligros que eso conlleva.


Vemos con estupor como la Neo-FSSX, en su afán por lograr ser integrada a la estructura conciliar, está dispuesta a poner en riesgo de condenación eterna a las almas que Dios le entregó. Los malos Pastores, con tal de lograr una paz y una unidad abominables a los ojos de Dios, entregan las ovejas a los lobos modernistas.


UNAS CITAS ESCLARECEDORAS ACERCA DE LA ANTIGUA POSTURA (ABANDONADA) DE LA FSSPX EN CUANTO AL MATRIMONIO:


“Mientras las autoridades romanas actuales estén imbuidas del ecumenismo y del modernismo y que el conjunto de sus precisiones y el nuevo derecho canónico estén influenciados por estos falsos principios, será preciso instituir autoridades de suplencia, guardando fielmente los principios católicos de la Tradición católica y del Derecho canónico. Es el único medio de permanecer fieles a Nuestro Señor Jesucristo, a los Apóstoles y al depósito de la fe transmitida a sus sucesores que permanecieron fieles hasta el Vaticano II.” (Mons. Lefevre, carta al P. Schmidberger de 15/01/91)
“El 80% de las nulidades declaradas por los tribunales novus ordo ¡descansan en el nuevo canon 1095! (…) son juicios nulos. (…) Es tan fácil obtener tales juicios, que hay comentadores que hablan de “divorcio católico”. [Los fieles] no tienen derecho a ir a los tribunales novus ordo, ya que es correr un gran riesgo de recibir una declaración de nulidad nula y de volver a casarse fácilmente y de vivir así en pecado, ¡en concubinato canónico! Los sacerdotes y los obispos fieles tienen el deber de defender y proteger el lazo matrimonial puesto en peligro por la nueva legislación. El sacerdote no aconseja nunca a nadie ir a un tribunal novus ordo, por temor a que la sentencia sea nula, por estar fundada in jure sobre criterios erróneos o dudosos del nuevo código.” (Mons. Tissier de Mallerais, Presidente de la Comisión canónica de la FSSPX, 24/08/98).

“Esos cánones [del nuevo código de derecho canónico] abren las puertas a muchas anulaciones inválidas o dudosas. Los jueces modernistas y liberales se encargarán del resto. La enorme cantidad de declaraciones de nulidad de matrimonio, en países como Estados Unidos de Norteamérica tiene como causa principal el propio nuevo código. No son mero abuso de los jueces. La legislación matrimonial del nuevo Código tiene cánones incompatibles con la doctrina tradicional, sobretodo, porque lesiona los derechos divino y natural de la indisolubilidad del matrimonio. Ninguna autoridad tiene el derecho a utilizar el derecho eclesiástico contra el derecho divino. Ninguno, ni el Papa, ni las Congregaciones Romanas, ni los Tribunales eclesiásticos, tienen derecho de usar de su autoridad, su jurisdicción para perjudicar a las almas con los desvíos doctrinales contenidos en el nuevo Código. Ahora bien, los Tribunales eclesiásticos aplican de manera exclusiva esos cánones incompatibles con la doctrina católica, con el agravante de las interpretaciones amplias de los jueces liberales de hoy. Esos cánones fueron redactados a propósito de manera genérica, afirma el Papa, para dejar un margen a los jueces; quienes no pierden la ocasión de dictar sentencias de nulidad de casamientos válidos. Además de ello, hay un peligro para la fe de los católicos en esos largos procesos de los tribunales eclesiásticos, por el contacto directo con obispos y padres progresistas, que no dejarán de exigir la incorporación de estos católicos a sus filas. Existe la grave obligación de los padres y obispos tradicionalistas de substraer a los fieles de la aplicación de las leyes nulas y nocivas, y de las sentencias de los jueces que hacen aún más nocivas esas leyes; substraer a los fieles de un nocivo contacto con los progresistas en estos procesos; y, al mismo tiempo, tienen la obligación de solucionar los diversos casos de conciencia provocados por las causa matrimoniales, defender el vínculo matrimonial, puesto en peligro por la nueva legislación. Frente a este estado de necesidad, sin tener a quien recurrir, nuestros obispos y comisiones canónicas, fundamentados en los principios generales que rigen toda la vida de la Iglesia, tienen poderes de la propia Iglesia para juzgar las causas matrimoniales, defender el vínculo matrimonial, defender el derecho divino contra el derecho eclesiástico sacrílegamente manipulado por las autoridades. De un lado tenemos a la Sacra Rota Romana, los tribunales eclesiásticos oficiales, el propio Papa y las demás autoridades eclesiásticas, como también el Derecho nuevo, violando el vínculo matrimonial, atentando contra el derecho divino; del otro lado nuestros obispos tradicionalistas con sus comisiones, extra-oficiales y provisorias, defendiendo el vínculo matrimonial, el derecho divino, la salvación de las almas.” (citas del curso de Derecho Canónico dictado en el seminario de Buenos Aires de la FSSPX. Años 2007-2009).

Para una más profunda comprensión de la gravedad de lo que ha sucedido hoy, publicamos, a continuación, tres documentos que expresan posición de la antigua FSSPX acerca de la cuestión matrimonial:

I. CARTA DE S.E.R. MONS. LEFEBVRE SOBRE LA CONSTITUCIÓN DE COMISIONES CANÓNICAS PARA RESOLVER CAUSAS MATRIMONIALES Y OTROS ASUNTOS JURÍDICOS.


          He aquí un extracto de una de las últimas cartas de S.E.R. Mons. Lefebvre al entonces Superior General, Padre Franz Schmidberger, en la que nuestro venerado Fundador concibe claramente la institución y el funcionamiento de nuestra actual “Comisión Canónica San Carlos Borromeo”.

“Ecóne, 15 de enero de 1991
Estimado Padre Schmidberger:
Muchas gracias por sus votos y sus oraciones con ocasión de la fiesta de San Marcelo (...)
En cuanto al problema de las Comisiones, supliendo en cierto modo a la defección de las Congregaciones romanas, dirigidas por prelados imbuidos de los principios revolucionarios del Concilio, me parece que sería necesario comenzar, en forma muy modesta, según las necesidades que se presenten, y ofrecer esta institución como un servicio para ayudar a los sacerdotes en su ministerio y a las religiosas, para los casos difíciles de resolver o para autorizaciones que reclaman un poder episcopal de suplencia.
Roma no sólo tiene imperfecciones, sino que juzga según principios falsos, ¡como en los casos de los matrimonios mixtos, nulidades de matrimonio!...
Yo aconsejaría, por el momento, una primera Comisión especialmente canónica formada por un presidente, de ser posible Obispo, por dos consejeros y un secretario, a la que podría darse el nombre de un santo canonista: Comisión San Pío V, o san Belarmino, o San Carlos Borromeo, y a la cual serían enviadas las consultas, los pedidos.
El secretario recibe, expone los casos y somete a juicio o al menos al estudio de tres jueces, que se reúnen cada 3 meses o más, según el pedido del presidente, y estudian y responden los casos.
Esta Comisión será nombrada por el Consejo General, aunque puede convocar a un dominico o a un experto conocido, sea de manera permanente como consejero, sea de forma ocasional.
Este sería un primer paso y la experiencia mostrará lo que sea oportuno hacer en el futuro.
La comisión rendirá cuenta de sus trabajos al consejo General, una o dos veces por año.
Esta Comisión debería anunciarse por medio de una carta comunicada a todos los sacerdotes de la Tradición que permanecieron católicos, y a todas las sociedades de la Tradición, hombres y mujeres.
No hay inconveniente en que los fieles conozcan la existencia de esta Comisión.
Mientras las autoridades romanas actuales estén imbuidas del ecumenismo y del modernismo y que el conjunto de sus precisiones y el nuevo derecho canónico estén influenciados por estos falsos principios, será preciso instituir autoridades de suplencia, guardando fielmente los principios católicos de la Tradición católica y del Derecho canónico. Es el único medio de permanecer fieles a Nuestro Señor Jesucristo, a los Apóstoles y al depósito de la fe transmitida a sus sucesores que permanecieron fieles hasta el Vaticano II.
Algunos ejemplos de los casos que hay que someter:
-        Matrimonios mixtos: dispensas,
-        nulidades de matrimonio,
-        levantamiento de excomuniones en el foro externo para todos los que participan en el aborto, sea físicamente, sea legalmente; por otros motivos.
-        dispensa de los votos de religión,
-        autorizaciones para exorcismos,
-        consultas.
Es importante la elección del secretario permanente, residente en la Casa Generalicia, aunque no tenga poder de decisión.
Esperando haberle sido útil con estas respuestas, quedo a su disposición.
En Jesús y María
+ Marcel Lefebvre”.
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EL PAPA CONCEDE A LA FSSPX FACULTADES PARA CELEBRAR MATRIMONIOS

lunes, 3 de abril de 2017

MONS. LEFEBVRE Y EL UNA CUM



FUENTE: Le Sel de la terre N° 90, otoño 2014, págs. 190-192

MONSEÑOR LEFEBVRE Y EL UNA CUM

En el canon de la misa, el sacerdote comienza orando por la Iglesia:

“In primis quæ tibi offerimus pro Ecclesia tua sancta catholica: quam pacificare, custodire, adunare, et regere digneris toto orbe terrarum: una cum famulo tuo Papa nostro N. [los cuales te ofrecemos, primero, por tu Santa Iglesia católica, para que te dignes pacificarla, protegerla, mantenerla unida y gobernarla por toda la redondez de la tierra, juntamente con tu siervo, nuestro Papa N.)”.

En Le Sel de la terre 37 (pág. 240), Dominicus publicó una “Disputatio respecto al “una cum” para explicar y defender el verdadero sentido de esta oración. Les ofrecemos aquí las explicaciones de Mons. Lefebvre, sacadas de una de sus conferencias en el retiro predicado a las religiosas de Saint-Michel-en-Brenne, el 1 de abril de 1989.

A estas afirmaciones de Mons. Lefebvre podemos añadir el parecer de Santo Tomás de Aquino. En su comentario a las oraciones de la misa (III, q. 83, a. 4), escribe:

“Deinde sacerdos secreto commemorat, primo quidem, illos pro quibus hoc sacrificium offertur, scilicet pro universali Ecclesia, ET PRO his qui “in sublimitate sunt constituti” (I Tim. 2, 2) ; et specialiter quosdam qui offerunt vel pro quibus offertur” [el sacerdote, en voz baja, conmemora aquellos por quienes este sacrificio es ofrecido, es decir por la Iglesia universal, Y POR aquellos que, según san Pablo “son establecidos en dignidad”, y especialmente aquellos que ofrecen o por quienes se ofrece.]

Así, para Santo Tomás de Aquino, “una cum”, en esta oración, es equivalente a “et pro (y por)”.

Le Sel de la Terre

***

Dom Guillou repasa todas las oraciones del Canon romano. Las repasa unas después de otras y muestra la diferencia. Él da traducciones, muy buenas traducciones. […] Por ejemplo, para […] este famoso UNA CUM de los sedevacantistas.

“-Dice usted una cum? ¡Dice una cum en el canon de la misa! Entonces no podemos rezar junto a ustedes, ustedes no nos católicos, ustedes no son esto, ustedes no son lo otro…”

¡Ridículo!, ¡ridículo!... porque ellos [los sedevacantistas] pretenden que cuando se dice una cum Summo Pontifice, con el papa; entonces usted se adhiere a todo lo que el papa dice. Es ridículo. Este no es en absoluto el sentido de la oración.

Te igitur clementissime Pater, es entonces la primera oración del Canon. He aquí como la traduce Dom Guillou, una traducción muy exacta […]: A Ti, ¡Padre clementísimo!, por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, humildemente rogamos y pedimos que aceptes y bendigas estos dones, estas ofrendas, estos santos y puros sacrificios; los cuales te ofrecemos primeramente por tu Santa Iglesia católica, para que te dignes pacificarla, protegerla, mantenerla unida y gobernarla por toda la redondez de la tierra, y con ella, tu siervo nuestro Santo Padre el Papa N…

No se dice en esta oración que nosotros nos adherimos a todas las ideas que el Papa puede tener o todas las cosas que puede hacer. ¡Con ella, tu siervo nuestro Santo Padre el Papa, nuestro Obispo y todos aquellos que tienen el culto de la fe ortodoxa católica y apostólica!

Entonces, justamente en la medida en la que, eventualmente, desgraciadamente, los papas […] serían deficientes en la fe ortodoxa, católica y apostólica; pues buen, nosotros no estamos en unión con ellos, nosotros no estamos con ellos por supuesto. ¡Nosotros rezamos por el Papa y todos aquellos que tienen el culto de la fe ortodoxa católica y apostólica!

Entonces él tenía (Dom Guillou) una pequeña nota a este respecto, para aclarar un poquito, justamente:

“En la traducción oficial, basada en un estudio crítico de Don Batte, el UNA CUM o “en unión con” de los sedevacantistas de todos los matices no equivale más que a la conjunción “y” reforzada, sea por la necesidad de retomar la frase, sea para corresponder al estilo solemne del canon romano. De todas maneras, todo católico permanece siempre en unión con el Papa en la esfera precisa donde se ejerce la asistencia divina, infalibilidad confirmada por el hecho de que tan pronto como hay una diferencia de la tradición dogmática, el discurso papal se enreda en contradicciones.

Recojamos el buen grano, sabiendo que por el resto es más necesario que nunca pedir a Dios, con las muy antiguas Letanías Mayores, que sean “conservados en la santa religión” las “ordenes eclesiásticas” y el mismo “Señor Apostólico” (es decir el papa): Ut dominum apostolicum et omnes ecclesiasticos ordines in sancta religione conservare digneris, te rogamus, audi nos”.

Esta es una de las peticiones de las letanías de los Santos. Pedimos conservar el papa en la verdadera religión. Nosotros pedimos eso en las letanías de los Santos. Lo que prueba que algunas veces puede suceder, que desgraciadamente tal vez sucede qué hay vacilaciones, pasos en falso, hay errores que son posibles.

Hemos creído demasiado fácilmente desde el Concilio Vaticano Primero, que toda palabra que sale de la boca del Papa es infalible. ¡Nunca se dijo tal cosa en el Vaticano I! Jamás el Concilio dijo una cosa semejante. Son necesarias condiciones muy precisas por la infalibilidad; condiciones muy, muy precisas. La mejor prueba es que durante el concilio, el mismo Papa Paulo VI dijo “No hay nada en este concilio que esté bajo el signo de la infalibilidad”. Entonces está claro, ¡El mismo lo dijo! Lo dijo explícitamente.

Entonces no hay que permanecer con esta idea que es FALSA, que un cierto número de católicos mal instruidos, mal enseñados, creen. Entonces, evidentemente, no comprenden, están completamente desesperados, no saben a qué atenerse.

Hay que conservar la fe católica tal y como la Iglesia la enseña…

domingo, 2 de abril de 2017

MONS. LEFEBVRE RESPONDE





MONS. LEFEBVRE RESPONDE A MONS. FELLAY, MONS. TISSIER, MONS. DE GALARRETA Y TODOS A LOS ACUERDISTAS EXPLÍCITOS O IMPLÍCITOS QUE ESTÁN LLEVANDO A CABO LA “OPERACIÓN SUICIDIO” O AUTODEMOLICIÓN DE LA FSSPX:


“Muchos de los que nos han abandonado para unirse a Roma (conciliar) no comprendieron justamente lo que es el liberalismo y cómo las autoridades romanas, desde el concilio Vaticano II, están infestadas de estos errores. Si lo hubieran comprendido, hubieran huido, la hubieran evitado, se hubieran quedado con nosotros. Pero ellos no quieren creer en estos errores ¡Es grave! Porque al acercarse a estas autoridades, uno se contamina forzosamente.
Estas autoridades están imbuidas (…) de los principios del liberalismo: necesariamente, ellas actúan de conformidad con su manera de pensar. Por consiguiente, cuando ellas comienzan a tener relaciones con nosotros, ellas imponen estas ideas, puesto que son las autoridades. Son las autoridades, nosotros somos los inferiores, entonces ellas nos impondrán sus ideas. Mientras ellas no se deshagan de estos errores, del liberalismo y del modernismo, no habrá medio de entenderse con ellas.”
(En una conferencia a sus seminaristas en septiembre de 1988)



“Sobre todo, si hubiera un arreglo con Roma, estaríamos invadidos por cantidades de gente: Ahora que tienen la Tradición y están reconocidos por Roma, van a venir con nosotros. Hay mucha gente que seguirá con su espíritu moderno y liberal, pero que vendrán con nosotros porque les va a gustar asistir de vez en cuando a una ceremonia tradicional y tener contacto con los tradicionalistas. Y esto será muy peligroso para nuestro medio tradicional. Si somos invadidos por toda esta gente ¿qué va a pasar con la Tradición? Poco a poco va a haber una especie de ósmosis que se producirá, una especie de consenso… Muy despacio, muy despacio, vamos a terminar por no ver la distinción entre el liberalismo y la Tradición. Es muy peligroso”. 
(Conferencia en Flavigny el 11 de junio de 1988, Fideliter n°68)


“No puedo hablar mucho del futuro, ya que el mío está detrás de mí. Pero si vivo un poco aún y suponiendo que de aquí a un determinado tiempo Roma haga un llamado, que quiera volver a vernos, reanudar el diálogo, en ese momento sería yo quien impondría las condiciones. No aceptaré más estar en la situación en la que nos encontramos durante los coloquios. Esto se terminó. Plantearía la cuestión a nivel doctrinal: “¿Están de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los papas que los precedieron? ¿Están de acuerdo con Quanta Cura de Pío IX, Immortale Dei, Libertas de León XIII, Pascendi de Pío X, Quas Primas de Pío XI, Humani Generis de Pío XII? ¿Están en plena comunión con estos papas y con sus afirmaciones? ¿Aceptan aún el juramento antimodernista? ¿Están a favor del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo?”. Si no aceptan la doctrina de sus antecesores, es inútil hablar. Mientras no hayan aceptado reformar el Concilio considerando la doctrina de estos papas que los precedieron, no hay diálogo posible. Es inútil.”
(Entrevista concedida a la revista Fideliter Nº 66, 1988)


“No hay que sorprenderse si no llegamos a entendernos con Roma. Esto no será posible mientras que Roma no regrese a la fe en el reinado de Nuestro Señor Jesucristo… Nosotros chocamos en un punto de la fe católica”
(Conferencia en Sierre el 27 de noviembre de 1988; Fideliter n°89)


“Cuando nos hacemos la pregunta de saber cuándo habrá un acuerdo con Roma, mi respuesta es simple: cuando Roma re-corone a Nuestro Señor. El día en que ellos reconozcan de nuevo a Nuestro Señor como Rey de los pueblos y de las naciones, no es a nosotros a quienes ellos se unirán, sino a la Iglesia Católica en la cual permanecemos”.
(Conferencia en Flavigny, 1° de diciembre de 1988; Fideliter n°68)


“Es preciso convencer a los fieles que se trata de una ma­niobra, que es un peligro el poner­se en las manos de los obispos conciliares y de la Roma moder­nista. Es el mayor peligro que los amenaza. Si hemos luchado du­rante veinte años para evitar los errores conciliares, no es para po­nernos ahora en las manos de quienes los profesan”.
(Reportaje publicado en la revista Fideliter N° 70, Julio 1989)


“Pero ellos nos traicionan. Dan la mano a los que demuelen la Iglesia, a los que tienen ideas modernistas y liberales y por lo tanto condenadas por la Iglesia. Por lo tanto ahora, ellos hacen el trabajo del diablo, ellos que trabajan con nosotros por el reino de Nuestro Señor y por la salvación de las almas.
“Oh, siempre que se nos acuerde la buena misa, podemos dar la mano a Roma, no hay problema” ¡Mira cómo funciona! Ellos están en un callejón sin salida porque no se puede a la vez dar la mano a los modernistas y querer conservar la Tradición. Cómo quieren que se les tenga confianza a personas como éstas, que justifican la negación de Quanta Cura, de Pascendi, de las decisiones de la Comisión Bíblica, etc…”
(Conferencia al final del retiro sacerdotal del mes de septiembre de 1990 en Ecône)


“O bien nosotros somos los herederos de la Iglesia Católica, es decir, de Quanta Cura, de Pascendi, con todos los papas hasta antes del concilio, y la gran mayoría de los obispos de entonces, por el reino de Nuestro Señor Jesucristo y la salud de las almas, o bien somos herederos de aquellos que se esfuerzan, incluso al precio de una ruptura con la Iglesia y su doctrina, de admitir los principios de los derechos del hombre, basados en una verdadera apostasía, con vista a obtener una presencia de servidores en el gobierno mundial revolucionario. Porque eso es el fondo: a fuerza de estar en pro de los derechos del hombre, de la libertad religiosa, la democracia y la igualdad de los hombres, tendrán un sitio en el gobierno mundial, pero será un sitio de servidores. (…) Nosotros estamos inmersos en esta corriente, en esta continuidad, agradezcamos al Buen Dios. Somos perseguidos, es evidente, nosotros somos los únicos excomulgados, los únicos perseguidos, pero no podemos no serlo”.  
(Conferencia al final del retiro sacerdotal del mes de septiembre de 1990, Ecône)


“El problema sigue siendo muy grave y… no hay que minimizarlo. Es lo que debemos contestar a [los que] preguntan si la crisis está por terminar, si no existiría la posibilidad de tener una autorización para nuestra liturgia, para nuestros sacramentos. Ciertamente la cuestión de la liturgia y de los sacramentos es muy importante, pero más importante todavía es la de la Fe. Para nosotros esta cuestión está resuelta, pues tenemos la Fe de siempre, la del Concilio de Trento, del Catecismo de San Pío X, de todos los concilios y de todos los Papas anteriores al Concilio Vaticano II; en una palabra, la Fe de la Iglesia.
Pero ¿y en Roma? La perseverancia y la obcecación en las ideas falsas y en los graves errores del Vaticano II siguen en pie. Está claro. No debemos hacernos ninguna ilusión. Estamos llevando a cabo un combate fortísimo. No hemos de dudar ni tener miedo.

Algunos quisieran volver a unirse a pesar de todo con Roma, con el Papa. Lo haríamos… si ellos se encontraran en la Tradición y continuaran la tarea de todos los Papas del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX. Pero ellos mismos (los Papas actuales) reconocen que han tomado un camino nuevo, que el Concilio Vaticano II ha abierto una nueva era. Es el combate de Satanás contra la Ciudad de Dios.  ¿Cómo se resolverá esto? Es el secreto de Dios, un misterio. Pero no debemos preocuparnos, debemos tener confianza en la gracia del Buen Dios.
Que nosotros tengamos que combatir contra las ideas actualmente en boga en Roma, las que el Papa expresa, es claro. Combatimos [contra ellos] porque no hacen más que repetir lo contrario de lo que los Papas han dicho y afirmado solemnemente durante un siglo y medio. Debemos elegir. Es lo que yo le decía al Papa Pablo VI. Estamos forzados a elegir entre usted y el Concilio por una parte, y sus predecesores por otra parte. ¿A quién debemos seguir? ¿A los predecesores que han afirmado la doctrina de la Iglesia o bien seguir las novedades del Concilio Vaticano II afirmadas por usted?
No debemos dudar ni un minuto. Los que nos están traicionando… dicen que hay que ser caritativos, tener buenos sentimientos, que hay que evitar las divisiones. Dan la mano a los que destruyen la Iglesia, a los que tienen ideas modernistas y liberales, aunque están condenadas por la Iglesia. Hacen el trabajo del diablo. Se encuentran en una vía sin salida porque no se puede dar la mano a los modernistas y al mismo tiempo guardar la Tradición. Fue eso lo que mató a la Cristiandad de Europa. Son los liberales los que han permitido que se instale la Revolución, precisamente porque ellos han tendido la mano a los que no tenían sus principios.
Hay que elegir. Nosotros hemos elegido ser contra-revolucionarios, [estar] en contra de los errores modernos, estar en la Verdad Católica y defenderla. Este combate entre la Iglesia y los liberales modernistas es el combate en el cual nos encontramos a raíz del Concilio Vaticano II. Cuanto más se analizan los documentos del Vaticano II y la interpretación que le dieron las autoridades de la Iglesia, más uno se da cuenta que no se trata sólo de algunos errores… sino, en realidad, de una perversión del espíritu. Es una concepción totalmente diferente de la Revelación, de la Fe y de la Filosofía, es una perversión total.
No tenemos nada que hacer con estas gentes, pues no tenemos nada en común con ellos. El combate que libramos es el de Nuestro Señor, continuado por la Iglesia. No lo podemos dudar: o estamos con la Iglesia o estamos contra Ella; no estamos con esta Iglesia conciliar que cada vez tiene menos en común con la Iglesia Católica”.
(Conferencia dada por Mons. Lefebvre en 1990, cit. acá)



“El Papa es más ecumenista que nunca. Todas las ideas falsas del Con­cilio se siguen desarrollando y reafir­mando cada vez con mayor claridad. Se ocultan cada vez menos. Es inconcebible en todo punto que podamos aceptar co­laborar con semejante jerarquía.
Los problemas con Roma no son en absoluto de nuestro agrado. El tener que discutir no ha sido por gusto. Lo hemos hecho por razón de principio, para guardar la fe católica. [Algunos] esta­ban de acuerdo con nosotros y colaboraban. Mas de pronto han abandonado el verdadero combate para aliarse con los que están destruyendo la Iglesia, so pretexto que se les concedían privilegios
Es inadmisible. De facto han abandonado el combate de la fe, y ya no pueden enfrentarse a Roma”.
(Fideliter nº 79, enero 1991)


P: Pero hay Tradicionalistas que han hecho un acuerdo con Roma sin conceder nada.
R: Eso es falso. Ellos han renunciado a su posibilidad de oponerse a Roma. Ellos deben permanecer silenciosos debido a los favores que se les han otorgado. Entonces, ellos comienzan a deslizarse siempre tan lentamente hasta que terminan admitiendo los errores del Vaticano II. Es una situación muy peligrosa. Tales concesiones de Roma tienen como único objetivo conseguir que los Tradicionalistas rompan con la FSPX y se sometan a Roma.
(Fideliter N°79, enero 1991, poco antes de su muerte en marzo de 1991)


"Todo sacerdote que quiere permanecer católico tiene el estricto deber de separarse de esta iglesia conciliar."
(De su libro "Itinerario Espiritual")