PÁGINAS

viernes, 8 de febrero de 2019

SUPRESIÓN DE "ECCLESIA DEI": ENTREVISTA AL P. BARTHE


El Padre Claude Barthe (*) es capellán de la peregrinación internacional Summorum Pontificum y acaba de lanzar una hoja de reflexión sobre cuestiones de actualidad religiosa, Res Novae (resnovaeroma@free.fr). Especialista en liturgia tradicional romana y reconocido analista de la crisis actual de la Iglesia, su último libro, publicado en diciembre de 2018, se centra en La misa del Vaticano II. Ficha histórica publicada por la Editorial Via Romana. Tuvo la amabilidad de responder a las preguntas de Rouge & le Noir sobre la reciente abolición de la Comisión Ecclesia Dei.
R&N: ¿Puede recordarnos la finalidad de la Comisión Ecclesia Dei y la forma en que fue organizada?
P. BARTHE: La finalidad principal de la Comisión Ecclesia Dei permite comprender lo que está sucediendo hoy. Fue fundada en 1988 por el motu proprio de Juan Pablo II, Ecclesia Dei adflicta, tras la consagración de cuatro obispos por Mons. Lefebvre, sin mandato del Papa. Su objetivo era "facilitar la plena comunión eclesial de sacerdotes, seminaristas, comunidades religiosas o religiosos individuales que hasta el momento han tenido vínculos con la Fraternidad San Pío X (FSSPX) fundada por Mons. Lefebvre". Concretamente, esta consistá en organizar un mundo tradicional "oficial":
- con la erección y la supervisión de comunidades que, al menos inicialmente, incluían sacerdotes que habían pertenecido a la FSSPX y a las comunidades amigas (Fraternidad San Pedro, priorato y luego abadía de Le Barroux, especialmente) y que no querían "seguir" las consagraciones de Ecône;
- con el estímulo a los obispos diocesanos para que permitieran "generosamente" la celebración de la Misa tradicional en su diócesis, a petición de los fieles.
Si bien la Fraternidad de San Pío X no era la única preocupación de la Comisión, ella era, como un telón de fondo, la más importante. Esto se hizo aún más cierto cuando, a partir del año 2000, con ocasión de una peregrinación de esta Fraternidad a Roma, el Cardenal Castrillón, Prefecto de la Congregación para el Clero, que se había convertido en Presidente de la Comisión, se puso en contacto con ella con vistas a una reintegración canónica. Esto condujo, como una etapa, al levantamiento de las excomuniones de los cuatro obispos de la FSSPX en 2009 por Benedicto XVI.
En cambio, el motu proprio Summorum Pontificum, de 2007, que daba teóricamente a la liturgia tradicional el derecho de ciudadanía, seguido del "decreto de aplicación", la Instrucción Universæ Ecclesiæ del 30 de abril de 2011, reforzaba el papel de la Comisión en la gestión de la liturgia tradicional, calificada de “forma extraordinaria". Cabe señalar de paso que la Comisión Ecclesia Dei, en tiempos del Cardenal Castrillón, se había hecho cargo de la capacidad de erigir comunidades cuyos miembros no provenían de la FSSPX, como el Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote.
R&N: ¿Cuál es el contexto de su supresión?
P. BARTHE: El contexto es obviamente el del pontificado Bergogliano, muy distinto del pontificado Ratzingueriano: el Papa Francisco no tiene el mismo interés que Benedicto XVI en la liturgia tradicional, por decir lo menos; él mismo ha dicho en dos o tres ocasiones que las personas que estaban apegadas a la Misa tradicional le parecían gente nostálgica, que seguían una "moda". Sin embargo, no tiene intención de retroceder en las disposiciones de Summorum Pontificum. No diría lo mismo de las personas de su entorno que se interesan por el problema y para quienes la situación creada por Summorum Pontificum es intolerable.
Por otra parte, el Papa, una personalidad compleja, tiene, o al menos manifiesta, una especie de afecto por la FSSPX, de la que conocía a algunos de sus líderes en Buenos Aires, y a la que se preocupó de ayudar. No se habría enfadado por tener éxito donde su predecesor había fracasado al "reintegrar" la FSSPX. Esto le llevó a dar a los sacerdotes de la Fraternidad (y a las comunidades amigas) el poder de escuchar confesiones y recibir el poder de celebrar matrimonios.
R&N: El Santo Padre aduce razones doctrinales para la desaparición de la Comisión Ecclesia Dei: su finalidad era dialogar con la FSSPX, por lo que, según el Papa Francisco, ya no tendría ninguna razón de ser. ¿Qué piensa de eso?
P. BARTHE: El caso es complejo. Intentaré darle claramente mi opinión. Después del caso Williamson, por el motu proprio Ecclesiae Unitatem del 2 de julio de 2009, la Comisión Ecclesia Dei fue adscrita por Benedicto XVI a la Congregación para la Doctrina de la Fe, con el Prefecto de la Congregación como Presidente de la Comisión, para dejar claro que el acercamiento a la FSSPX dependía de aclaraciones sobre cuestiones doctrinales.
Casi se puede decir que fueron las últimas elecciones de la FSSPX en Ecône el pasado mes de julio las que llevaron a la desaparición de la Comisión: Mons. Fellay y sus colaboradores fueron sustituidos por don Davide Pagliarani rodeado de otros dos asistentes, sobre todo de Mons. de Galarreta, notoriamente hostiles a una reintegración apresurada. Al nuevo equipo le gustaría mantener nuevas discusiones doctrinales con la Congregación y no con la Comisión, que la FSSPX siempre ha considerado como una máquina de "ralliement".
Se podría decir que el Papa Francisco les tomó la palabra. Salvo que concede muy poca importancia a los debates doctrinales: que la FSSPX y otros no reconozcan la autoridad del magisterio del Concilio, al menos como magisterio "auténtico", le deja indiferente. En cambio, el motivo político, a saber, que la Comisión de Pozzo haya sido incapaz de llevar a cabo su integración, fue decisivo. Al mismo tiempo, la razón doctrinal dada permite hacerle un bien a la FSSPX. Y Mons. Pozzo se encontró asignado al cobro de las cuentas del Coro de la Sixtina...
R&N: Algunos comentaristas aducen razones administrativas y financieras para la supresión de la comisión, mientras que otros alegan intenciones más ocultas. Se trataría de debilitar la Tradición en la Iglesia para limitarla a la FSSPX. ¿Qué visión le parece más plausible?
P. BARTHE: Las razones administrativas -no financieras- son las siguientes: la reforma de la Curia, de la que tanto se habla, es en realidad una simplificación del organigrama: varios Consejos se agrupan en dicasterios más importantes. La absorción de la Comisión Ecclesia Dei por su Congregación madre está en consonancia con esto.
En cuanto al debilitamiento de la liturgia tradicional (circunscrita, además, si fuera posible, a la FSSPX), es en efecto el proyecto, no del Papa, sino de muchos bergoglianos. Así, Andrea Grillo, profesor de la Universidad de San Anselmo, la Universidad Litúrgica de Roma, en un artículo del 21 de enero de 2019 en el blog Come se non, afirma:
"El pecado de Ecclesia Dei se llama Summorum Pontificum, explica que Roma, a través de Summorum Pontificum, ha puesto indebidamente en pie de igualdad la liturgia tradicional y la nueva liturgia, mientras que la liturgia tradicional es la traducción en la lex orandi de la doctrina anterior al Concilio”.                                                                                              
La Comisión Ecclesia Dei, protectora de la antigua liturgia, consagró esta situación, según él, absurda. Su desaparición pone el uso de la liturgia tridentina en su verdadero lugar, el de una misericordia que cada obispo puede o no puede ejercer. Así lo entiende Mons. Fernández, gran amigo del Papa, recientemente nombrado obispo de La Plata, Argentina, que el pasado 24 de diciembre emitió un decreto (cuando el texto sobre la desaparición de la Ecclesia Dei estaba listo) que anula concretamente las disposiciones del Summorum Pontificum: todas las misas en su diócesis deben celebrarse según el Novus Ordo, en lengua vernácula y de frente al pueblo. A partir de ahora, incluso para celebrar la Misa tradicional de manera privada, será necesario pedirle permiso al Obispo. Decreto claramente contra legem, pero del que nadie se atreverá a pedir a la Santa Sede su anulación: la sentencia se conoce de antemano.
R&N: ¿Cuáles cree que serán las consecuencias prácticas de esta supresión para las comunidades tradicionales "Ecclesia Dei" y para el diálogo con la FSSPX?
P. BARTHE: La supresión es, en cierto modo, un favor a la FSSPX. Pero, de hecho, es neutral en cuanto al progreso del diálogo con ella: las discusiones doctrinales ya han tenido lugar y sabemos perfectamente, por ambas partes, cuáles son las divergencias doctrinales.
En cambio, la desaparición de Ecclesia Dei representa para el resto del mundo tradicional, las celebraciones parroquiales y las comunidades "Ecclesia Dei", un acto simbólico muy negativo. Es también la desaparición de una protección, no siempre muy eficaz, pero que era mejor que la falta de protección en absoluto.
Ciertamente, algunas personas prefieren reconfortar señalando:
- que el motu proprio señala como un hecho que "los institutos y las comunidades religiosas que celebran habitualmente en la forma litúrgica extraordinaria han encontrado hoy su propia estabilidad en el número y en la vitalidad";
- que el personal de la oficina de la Congregación sea el mismo (excepto Mons. Pozzo) que el de la Comisión;
- y finalmente que todos los poderes de la Comisión sean transferidos a una oficina especial de la Congregación. Así, los institutos "Ecclesia Dei" no dependerán de la Congregación de Religiosos, lo que habría sido un desastre para ellos.
Concluyen que nada cambiará realmente: habrá que verlo. En primer lugar, en el momento en que respondo a sus preguntas, todavía no sabemos quién será designado como capo ufficio, jefe de esta sección, de cuyo espíritu dependerá la línea de la oficina.
En segundo lugar, nada dice que la Congregación para la Doctrina de la Fe -y  en particular su secretario, Mons. Morandi, a través del cual se tomarán todas las decisiones- tendrá las mismas buenas disposiciones que Mons. Pozzo hacia el mundo tradicional. Pues será la Congregación la que designará a los visitadores canónicos, y no la Comisión, que los elegía entre los prelados del espíritu tradicional. Es la Congregación, y no ya la Comisión, la que confirmará las elecciones de los superiores, la que intervendrá para resolver los problemas internos, la que recibirá las quejas contra tal o cual instituto (estos "recursos a Roma" que son generalmente el principal medio por el que se torpedea a una comunidad). Esperemos y veamos. Pero se puede decir, como mínimo, que la nueva situación es mucho menos favorable que la anterior.
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(*) El P. Barthe, quien fuera ordenado en la FSSPX, es "el hombre clave [en el GREC] (...). Nacido en 1947, sacerdote de la diócesis de Auch (...) es un teólogo brillante que escribe en la revista “Catholica”, dirigida por un laico cercano de la derecha más dura (...) Especialista en la cuestión litúrgica, critica vivamente la reforma litúrgica de Paulo VI y desea promover una restauración litúrgica que retoma ciertas consideraciones formuladas por... Joseph Ratzinger. El P. Barthe tiene sus entradas en Roma, incluso con el cardenal francés Paul Poupard. Está igualmente muy ligado a los padres Paul Aulagnier y Philippe Laguérie, del Instituto Buen Pastor. Barthe está a la cabeza de una red oculta de influencia que incluye a Gregory Solari, director de las ediciones “ad solem”, Daniel Hamiche, cronista de Radio Courtoisie, Denis Sureau, director del “Homme Nouveau” (al cual el Vaticano acaba de confiarle la edición y difusión de la edición francesa semanal del… Osservatore Romano, ¡nada menos!)." (Fuente de esta cita).