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jueves, 28 de junio de 2018

CONSEJOS DE MONS. LEFEBVRE A LOS FUTUROS OBISPOS ANTES DE LAS CONSAGRACIONES EPISCOPALES



Con motivo del 30 aniversario de la "Operación Supervivencia" de la Tradición mediatnte las consagraciones episcopales realizadas por Mons. Lefebvre y Mons. de Castro Mayer el 30 de junio de 1988; volvemos a publicar este extracto del artículo publicado en Le Sel de la Terre N° 28. Textos resaltados del artículo original. Esta vez hemos hecho leves correcciones a la traducción.
Dos semanas antes de las consagraciones del 30 de junio de 1988, Monseñor Lefebvre invitó a los cuatro sacerdotes que serían consagrados para los preparativos de la ceremonia. En el curso de dos o tres días que ellos pasaron en el seminario, Monseñor Lefebvre les dio dos discursos privados en la pequeña habitación del seminario junto a la suya, que es ahora el oratorio San Marcelo. A partir de las notas tomadas mientras hablaba con su habitual calma y dulzura, podemos reconstruir el texto aproximativo de lo que les dijo. Esto es de un gran interés; estas palabras revelan el estado de espíritu en el cual este gigante de la historia de la Iglesia realizó este acto que fue, para la Tradición católica, su paso decisivo y para el mismo Monseñor Lefebvre fue como la coronación de su gloriosa carrera al servicio de Nuestro Señor Jesucristo.
† Monseñor Richard Williamson.

12 de junio, Monseñor Lefebvre: Se acabó, ya no más conversaciones. Entre más reflexionamos, más nos damos cuenta que las intenciones de Roma no son buenas. La prueba: es lo que pasó con Dom Augustin y el padre de Blignieres (El monasterio benedictino de Dom Augustin se adhirió, poco a poco, a la nueva misa a finales de los años 1980; la fundación de los terciarios dominicos del padre Blignieres se pasó del sedevacantismo a la unión con Roma y a la libertad religiosa. Ndlr). Ellos quieren unir todo al concilio, dejándonos solo un poco de Tradición.
M. de Saventhem (en esa época presidente de Una Voce internacional) cree que todavía hay manera de entenderse con Roma.
Pero aquí no se trata de minucias. En Roma siguen siendo lo que son; no podemos ponernos en las manos de esa gente. No queremos dejarnos devorar. Es una ilusión de Dom Gérard (en esa época, prior del monasterio Santa Magdalena de Barroux y que eligió el ralliement con Roma) el pensar que un acuerdo nos daría un inmenso apostolado. Sí, pero en un contexto equívoco, ambiguo, que nos corromperá.
Nos dicen: "Ustedes tendrán más vocaciones si están con Roma…” Pero estas vocaciones, si dijéramos cualquier cosa contra Roma, se opondrían y corromperían nuestros seminarios. Y los obispos les dirían: "¡Vengan entonces con nosotros!" Poco a poco se producirá la mezcla.
Las hermanas de Saint-Michel-en-Brenne, las dominicas de Fanjeaux y de Brignoles; todas están contra el acuerdo: “No hay que depender de Ratzinger, dicen ellas. ¡Imagínese que él viniera a darnos conferencias!... ¡y a dividirnos!”
¿Y si algunos nos abandonan? No sería más grave que en 1977. Los Padres Blin, Gottlieb y Cie, están ahora unidos a Roma y se han dispersado. (Monseñor Lefebvre se refiere a los sacerdotes que lo dejaron en 1977. Fueron captados por las diócesis y ahora dicen la nueva misa). Se necesita una segunda decisión contra la Roma neomodernista (después de la primera, en 1976) ¿Qué quieren hacer?... ¿Es más grave esta vez? El problema de fondo sigue siendo el mismo: Roma quiere destruir la Tradición (…).
El papel de los obispos consagrados: Las ordenaciones, las confirmaciones y mantener la fe (subrayado en las notas originales). Ustedes deberán proteger al rebaño.
Roma quiere hacernos cambiar.
Después del 30 de junio, me quedaré aquí, habré terminado dándole a la Fraternidad el marco que necesita. Al papa le digo: cuando la Tradición regrese a Roma ya no habrá problema.
¿La excomunión? No valdrá nada, pues ellos no buscan el bien de la Iglesia. Pero la excomunión les vendrá de perlas. Tienen pánico. Tratan de llegar a mí por todos los medios (…) Ellos quieren impedirme actuar. Quisieran enviarme hasta la Madre Teresa de Calcuta. Pero no vale la pena recibirlos. No hay que regresar indefinidamente a lo mismo. No hay más que leer la carta del Padre C. que ha corrompido a nuestros seminaristas alejándolos de nosotros: él nos confiesa que los tratan como parias, que los obligan a dejar la sotana o que ya no los reciben. Descubrió lo que es Roma “Mater Ecclesiæ”. Esto es lo que quieren hacer de nosotros (1).  Y Ratzinger, cuando sucedió esto, se alegró de la salida de estos seminaristas.
¿Entonces por qué mantendrían su palabra con nosotros hoy? Dios nos protegió haciendo que el acuerdo fracasara.
13 de junio - Monseñor Lefebvre: Les agradecemos de parte de la Fraternidad. 
En el fondo, Roma jamás responde a la cuestión esencial. Nos piden una declaración, nos obligan a adherirnos a un mínimo de lo que piensan, pero nunca cuestionan su fondo liberal y modernista. Mientras yo constantemente saco a relucir su modernismo.
Respecto a la carta del 2 de junio (2)
Los coloquios, aunque corteses, nos han convencidos que el momento de un acuerdo aún no llega. Necesitamos una protección contra el espíritu de Asís. Nosotros jamás hemos obtenido respuesta a nuestras objeciones ¡Jamás! Todas las batallas no han servido de nada. Nosotros perseguimos fines diferentes en estos coloquios.  Nosotros esperamos que la Tradición regrese a Roma; pero ellos no cambian.
Uno de nuestros sacerdotes de la Fraternidad me propuso hacer una carta de perdón. Pero respondí que, delante de Dios, somos nosotros los que deberíamos pedirles que pronuncien el juramento antimodernista y aceptar LamentabiliQuanta Cura. Nosotros somos quienes debemos cuestionarlos sobre la fe. Pero ellos no responden, Ellos solo confirman sus errores.
El 12 de junio, el Sr. de Saventhem me dijo: "Usted será el responsable". Yo respondí: "Vea la carta del Padre C. sobre Mater Ecclesiae. El Padre escribió: "Me arrepiento de todo". También está su carta de súplica al Cardenal Ratzinger. Escribió varias cartas al cardenal: ¡no hay respuesta! Durante dos años, se burlaron de estos jóvenes que se ven obligados a alinearse". (…)
¡Saventhem dice que son pequeños detalles! Pero hay muchas consecuencias detrás: ellos quieren llevar nuestra obra al espíritu conciliar. Si hubiéramos aceptado [el acuerdo], estaríamos muertos. No hubiéramos durado un año. 
Hubiéramos tenido que vivir en contacto con los conciliares, mientras que ahora estamos unidos, pero si hubiéramos dicho que sí, hubiera sido la división en el interior de la Fraternidad, todo nos hubiera dividido.
Nuevas vocaciones vendrían porque estaríamos con Roma, nos dicen. Pero estas vocaciones no soportarían ninguna distancia con Roma, ninguna crítica: ¡Eso sería la división! Actualmente, las vocaciones llegan solas.
Miren: Monseñor Decourtray le ofrece al padre Laffargue una parroquia tradicional, a condición de dejar la Fraternidad… Ellos toman a nuestros fieles, ellos nos conducen al concilio…
Es por eso que nosotros salvamos a la Fraternidad y a la Tradición al alejarnos prudentemente.
Lo hemos intentado razonablemente, nos preguntamos si podíamos seguir intentándolo pero estando protegidos: se comprobó que es imposible. Ellos no han cambiado sino para peor…
Ellos tienen el Sida espiritual. Ellos ya no tienen la gracia, ellos ya no tienen sistema de defensa. No creo que podamos decir que Roma no ha perdido la fe.
Los testigos de la fe, los mártires, siempre han tenido que elegir entre la fe y la autoridad. Vivimos el proceso de Juana de Arco, pero en nuestro caso, no sucede de un solo golpe, sino en 20 años.
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1. Mons. Lefebvre se refiere a una iniciativa de recuperación orquestada por Roma (y el Cardenal Ratzinger) en 1986-1987: un seminario de "sensibilidad tradicional", llamado Mater Ecclesiae, se abrió en Roma para recuperar a los desertores de Ecône. El seminarista que había servido de instrumento para esta iniciativa escribió a Ecône poco antes de las consagraciones de 1988 para confesar que había sido engañado por las autoridades romanas.
2. Esta es la carta por la que Mons. Lefebvre señalaba al Papa que, en conciencia, no podía prolongar los coloquios, dada la deslealtad de Roma y porque el objetivo de la reconciliación propuesta "no es en absoluto lo mismo para la Santa Sede que para nosotros".