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jueves, 22 de febrero de 2018

EL NOMBRE DEL ENEMIGO


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¡Hemos olvidado ya el nombre del enemigo!

Quizá sea que nos hemos contagiado ya bastante, consciente o inconscientemente, de ese error que combatieron nuestros mayores hace un par de siglos. Pero lo cierto es que el católico de hoy ha olvidado el verdadero nombre del enemigo: LIBERALISMO.

Durante el siglo XVIII, mal llamado 'el siglo de las luces" (tal vez nunca un nombre ha sido tan mal otorgado), hizo su aparición triunfal en la escena política el liberalismo. Lo habían precedido el protestantismo de Lutero y el racionalismo de Descartes con su nueva filosofía inmanentista. Sin mencionar la aparición de sociedades secretas que deseaban llevar todo ello a la esfera política y reorganizar la sociedad sobre bases diversas a las del 'antiguo régimen', con especial énfasis en la destrucción del rol social del catolicismo.

Dicho siglo y el siguiente vieron con estupor la explosión de las ideas 'liberales', que no eran otra cosa sino la aplicación del racionalismo al ordenamiento socio-político de los pueblos. Con la consiguiente descristianización de la sociedad, so pretexto de alcanzar el triunfo de la "libertad", supuestamente encadenada en los años oscuros de la teología y la inquisición. Este era más o menos el discurso de aquellos años. 

Surgieron entonces con fuerza defensores de las "libertades modernas", a saber, libertad de conciencia, de religión, de culto, de prensa, de palabra, etc., encaminadas todas a aportar su grano de arena en la tarea de arrancar de las almas todo vestigio de creencia sobrenatural. Porque lo cierto es que antes de la revolución (nombre que tomó ese proceso de descristianización en nombre de la "libertad"), todas esas 'libertades' existían, pero para lo bueno: conciencia recta, religión católica, culto tradicional, prensa edificante y pía, palabra honesta. Lo que se buscó fue usarlas como trampolín para lo malo, para justificar el exceso de individualismo y subjetivismo que ya ganaba terreno desde las revoluciones de Lutero y Descartes.

Por esta razón dichas 'libertades modernas' fueron de inmediato justamente condenadas por los papas, que las calificaron como 'libertades de perdición'. Los católicos fieles a la voz de sus pastores se lanzaron a la lucha antiliberal; comprendieron que el liberalismo era en el fondo nada más y nada menos que la expulsión de Dios de la sociedad, para instalar sobre su trono vacío al hombre, a la humanidad. Era el triunfo del gnosticismo más puro.

En esa lucha tremenda que presenciaron los siglos XVIII y XIX, no faltaron campeones del lado católico, hombres llenos de doctrina y de prudencia, que supieron exponer y defender la cosmovisión católica en plena fidelidad a la iglesia y por el bien común de la patria. De sus escritos aún hoy podemos alimentarnos con la más pura doctrina católica, expuesta con un ardor y con un apasionamiento propios del fragor de la batalla.

Pero de esto hace ya mucho tiempo. El agua ha corrido en abundancia bajo el puente y las nuevas generaciones de católicos ya ni siquiera conocen el nombre del enemigo.

No se trata aquí de entrar a analizar las causas de ese ablandamiento de los espíritus, son muchas: hedonismo desbordado, consumismo adormecedor y materialista, apostasía en el clero católico, etc. Cada una de ellas necesitaría para su plena exposición no ya una entrada de blog, sino libros enteros. Tarea que escapa a nuestras fuerzas. Quisiéramos más bien llamar la atención sobre ese fenómeno al que aludimos con el título de este escrito.

¿Cómo puede ser posible que los católicos actuales no reconozcan en el liberalismo dieciochesco un enemigo letal del catolicismo?

Se dirá que la iglesia se reconcilió con el liberalismo en la edad moderna y que no tiene ya razón de ser que el católico mantenga esa cruzada antiliberal. Sí, es cierto que el clero moderno se rindió al liberalismo y adoptó sus postulados, pero ello no altera ni un ápice la doctrina de la iglesia, la cual permanece inmutable por los siglos, por encima del capricho de los hombres y de los errores de las almas escogidas.

Volveremos aun varias veces sobre este asunto.

Leonardo Rodríguez