PÁGINAS

miércoles, 3 de diciembre de 2014

¿QUÉ PENSAR DEL MILENARISMO? Parte I


TODA CLASE DE MILENARISMO DEBE SER RECHAZADA

Iosepho F. Sagüés S. I.

(1907-1969)

In: Tractatus de Novissimis. Sacrae Theologiae Summa,
t. IV, 4.ª ed. (Madrid: B.A.C., 1962), pp. 827-1030;
CAPUT IV. De millenarismo.
THESIS 14. Millenarismus omnis reiciendus est,
pp. 1022-1027; trad. al esp. del sitio Mercaba.org.

NOTA: el blog ha destacado en color rojo ciertas partes del texto.



Manuel Lacunza.jpg
Padre Lacunza



CAPITULO IV  DEL MILENARISMO

TESIS 14. Toda clase de milenarismo debe ser rechazada.

324. Nexo. Así pues ya que Jesucristo va a venir a la tierra y va a enviar definitivamente a los elegidos al cielo y a los malos al infierno, se puede preguntar si entre estos dos hechos, a saber, entre la venida de Jesucristo y la retribución final de los justos, El mismo va a reinar gloriosamente en la tierra entre los justos durante algún tiempo. Tratamos por tanto del milenarismo.

325. Nociones. EL MILENARISMO o quiliasmo (χιλιασμος) es la opinión, que (prescindiendo de multitud de diferencias con que la presentan sus defensores) afirma lo siguiente: después del estado actual de la Iglesia va a darse en la tierra un reino glorioso de Jesucristo, y en verdad lleno de toda clase de gozo, el cual va a durar alrededor de mil años.

Lo que se encierra en esta definición, es como el elemento esencial del milenarismo, lo cual lo admiten más o menos todos los que defienden esta opinión. En cambio son elementos secundarios, los que los quiliastas presentan de distintas formas: a) A ver si aquel reino, que debería sin duda tener súbditos en este mundo, va a suceder entre la segunda venida de Jesucristo y entre la resurrección general y el juicio final, según dicen comúnmente, y sin duda después de la resurrección de todos los justos o de la mayor parte de éstos o sin haberse dado esta resurrección, sino estando todavía viviendo en cuerpo mortal muchos justos; o por el contrario si más bien va a suceder después del juicio universal. b) Acerca de si este reino va a durar precisamente mil años, o simplemente va a durar un largo tiempo sin ninguna ulterior determinación o más bien con alguna determinación, o tal vez va a durar eternamente.

326. El milenarismo: a) Craso (esto es carnal) atribuye toda clase de deleites corporales, aparte de otros gozos, a la felicidad de este reino. b) El milenarismo mitigado (o espiritual, sutil) hace poner esta felicidad en los gozos o bien solamente espirituales o tal vez también, según el distinto modo de hablar, en gozos materiales totalmente honestos.

TODA CLASE, esto es, tanto el milenarismo craso como el mitigado.

DEBE SER RECHAZADA, no en el sentido de que todo milenarismo repugne intrínsecamente, sino porque de hecho el milenarismo es una teoría que no está de acuerdo con las fuentes.

327. Adversarios. En medio de una variedad tan grande de maneras de hablar es difícil distribuir en grupos a los defensores del milenarismo. Por tanto pueden citarse en general como adheridos al milenarismo: a) al craso, CERINTO, los Ebionitas, NEPOS. b) Al milenarismo mitigado, el cual lo enseñó en primer lugar, según parece, PAPIAS, S. IRENEO, S. JUSTINO, TERTULIANO y los Montanistas, S. METODIO, LACTANCIO (R 647); y se cita como próximos a éstos un gran número a partir del s.XIV, entre los cuales se encuentran, por citar aquí unos pocos, EYZAGUIRRE, MORRONDO, CHABAUTY, ROHLING, además de muchísimos Protestantes, como los Mormones, los Irvingianos, los Adventistas, otros como BIETENHARD, el cual espera, después de la primera resurrección de todos los que duermen y la transformación de los justos, algún reino de Jesucristo que gobierne visiblemente en Jerusalén y sobre Israel; M. DE LACUNZA, que tiene una gran preeminencia entre los milenaristas más modernos a causa del gran influjo que ejerció en autores posteriores, incluso en los Protestantes.

Del milenarismo entendido así difiere la opinión acerca de un futuro estado feliz de la Iglesia, sobre la cual opinión diremos algo después. De donde hay que preguntar si cada uno de aquellos autores que hemos citado u otros autores, los cuales también son nombrados como milenaristas, enseñan una venida de Jesucristo visible (al menos a manera de un acto, o sea no habitualmente), puesto que en otro caso juzgamos que no deben ser tenidos como milenaristas en sentido estricto.

El origen del milenarismo, que es difícil de determinar, parece que proviene del Judaísmo, en cuyos apócrifos y en otros escritos ya estaba en vigor antes de la encarnación de Jesucristo la idea de un tiempo futuro en el que los hombres gozarían de todos los bienes materiales, a los cuales sin embargo con frecuencia se decía que había que añadir también los bienes espirituales. Este tiempo, según las distintas opiniones, empezaría con el Mesías o sin el Mesías; alcanzaría solamente a los judíos o también a los no judíos que les estuvieran sometidos o también a los justos; duraría 400 ó 1000 ó 2000 años, etc. Así pues, aleccionados de este modo por el Judaísmo e interpretando mal el texto del Apocalipsis 20, parece que algunos cristianos han tomado la idea del milenarismo, la cual, según se ha dicho, Cerinto y otros la interpretaron materialmente y Papías y otros la concibieron de un modo espiritual.

328. Doctrina de la Iglesia. a) Negativamente. La Iglesia en sus documentos nunca cita el reino milenario de Jesucristo. Más bien, según está claro por los textos que hemos aducido en favor del juicio final, solamente concibe una segunda venida de Jesucristo para juzgar a todos los hombres y en verdad una vez ya resucitados, a fin de dar a éstos de forma definitiva inmediatamente después el premio o el castigo.

b) Positivamente. La Sagrada Congregación del Santo Oficio encomendó el año 1941 al Exmo. señor Arzobispo de Santiago de Chile que había hecho una pregunta acerca del milenarismo espiritual, el cual parece ser que lo defendían algunos en su diócesis, lo siguiente: «El sistema del milenarismo, incluso del milenarismo mitigado – a saber el que enseña que según la revelación católica nuestro Señor Jesucristo antes del juicio final, bien después de la resurrección de muchos justos o bien sin haber todavía sucedido esta resurrección, va a venir corporalmente a esta tierra a fin de reinar – es una teoría que no puede enseñarse con seguridad». A estas palabras se añaden las siguientes: «Vuestra Exca. cuidará de vigilar con todo empeño a fin de que la teoría citada no sea enseñada bajo ningún pretexto, ni sea propagada, ni defendida, ni recomendada, tanto de palabra como con cualquier clase de escritos».

Luego estas palabras se refieren directamente: al milenarismo aunque sea el mitigado (por consiguiente mucho más se refieren al milenarismo craso, del cual no obstante no se habla en este texto directamente); en cuanto se dice que está contenido en la revelación pública; y en cuanto que enseña que Jesucristo va a venir: corporalmente, antes del juicio final, a fin de reinar (así pues no se niega que Jesucristo tal vez en alguna ocasión se aparezca por otro motivo, corporalmente en este mundo durante un breve tiempo, v.gr. como apareció a Pablo), a esta tierra, bien después de la resurrección de muchos justos bien sin haber sucedido todavía esta resurrección; y se afirma que esta teoría del milenarismo no puede enseñarse con seguridad; igualmente se prohíbe cualquier clase de propaganda de la misma.

329. Después la misma Sagrada Congregación, el año 1944, respondió a una pregunta acerca de «qué había que pensar sobre el sistema del milenarismo mitigado, a saber el que enseña que nuestro Señor Jesucristo antes del juicio final, bien después de haber resucitado muchos justos bien sin haber todavía resucitado éstos, va a venir a esta tierra para reinar», lo siguiente: «El sistema del milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad».

Esta respuesta, según se ve claramente, repite la respuesta anterior, sin embargo omitiendo las palabras de aquella primera respuesta «según la revelación católica» y substituyendo la palabra «corporalmente» por la palabra «visiblemente».

330. Valor dogmático. El milenarismo craso es considerado por los teólogos como herético, y ciertamente con toda razón en cuanto que es opuesto a la Sagrada Escritura (Mt 22,30; 1 Cor 15,50; Rom 14,17).

El milenarismo mitigado es una opinión por lo menos temeraria.

331. Prueba de la Sagrada Escritura. La Sagrada Escritura en ninguna parte habla del reino milenario; más aún, si bien no lo rechaza expresamente, une con la segunda venida de Jesucristo la resurrección universal de los muertos y el juicio final, al cual le sigue en verdad inmediatamente la ejecución de la sentencia, de tal modo que no deja lugar alguno al reino milenario (cf. v.gr. Mt 24,3.27-31 y 25,31-46; Jn 5,27-29; Mt 16,27; 2 Tim 4,1).

Tampoco después del juicio se otorga a los justos un reino milenario, sino un reino eterno: Mt 25,34. Después de la resurrección en el último día (Jn 6,39) acontece en el último día el juicio (Jn 14,48), al cual sigue la inmediata retribución del premio o del castigo (Mt 24-25; 1 Tes 4,15s).

332. Prueba de la tradición. Los SS.PP. rechazan enérgicamente cualquier clase de milenarismo. S.JERONIMO habla «de la fábula de los mil años». S.AGUSTIN, el cual anteriormente había admitido el milenarismo, después lo rechaza.

Por lo demás en cuanto a los Padres partidarios del milenarismo (mitigado) Pesch dice lo siguiente: «Así pues, si desea ya alguien deducir por sus palabras, cuáles son los escritores antiguos insignes por su autoridad en Teología Dogmática, los cuales han enseñado el milenarismo más espiritual, pueden reducirse a dos: Justino e Ireneo, influidos por la veneración de Papías, y estos dos admiten que otros buenos cristianos piensan en sentido contrario. De donde el argumento que alguien pretendiera extraer de la tradición prácticamente no tiene valor ninguno». Más aún Rosadini añade acerca de otros las siguientes palabras: «Estos… ni presentan esta época de felicidad (ciertamente espiritual) en el mismo sentido, ni siempre lo hacen de forma aseverativa, y, lo que todavía es más de tener en cuenta, se oponen a éstos otros varones eclesiásticos de gran autoridad».

Y en cuanto a los Padres posteriores Franzelin escribe lo siguiente: «Después de Lactancio, al comienzo del siglo IV, ya ningún autor serio y católico hasta hoy ha mencionado esta teoría, sin que haya sido para al mismo tiempo desaprobarla y rechazarla». «Así pues, no puede haber ninguna duda acerca de la unanimidad universal, constante y ratificada de los Padres y de los Doctores, por lo menos a partir del siglo V hasta nuestros días, en el hecho de rechazar esta opinión milenarista».

333. Objeción. Sin embargo parecería que milita en favor del milenarismo el texto del Apoc 20: Luego vi a un ángel que bajaba del cielo… Dominó al dragón… y lo encadenó por mil años… vi también las almas de los que fueron decapitados por el testimonio de Jesús… revivieron y reinaron con Cristo mil años. Los demás muertos no revivieron sino hasta que se acabaron los mil años. Es la primera resurrección. Dichoso… el que participa en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre éstos… y reinarán con Cristo mil años. Cuando se terminen los mil años, será Satanás soltado de su prisión y saldrá a seducir a las naciones… Entregó el mar los muertos que tenía en su seno, y asimismo la muerte y el infierno entregaron los que tenían, y fue juzgado cada uno según sus obras. La muerte y el infierno fueron arrojados al estanque de fuego; esta es la segunda muerte.

Así pues según estas palabras parecería que iban a resucitar primeramente los justos, los cuales reinarían con Cristo en la tierra durante mil años, y después todos los demás para el juicio final.

Sin embargo hay que negar esto. El libro del Apocalipsis es muy oscuro. De aquí que el texto que se ha presentado como objeción, no poco difícil en sí mismo, debe ser entendido haciendo uso de aquella interpretación, que esté más de acuerdo con la analogía de los dogmas, si bien tal vez esta interpretación sea menos literal y obvia.

Por tanto en el reino de Cristo durante mil años, esto es a lo largo de un largo tiempo antes de la segunda venida de Jesucristo, muchas almas alcanzan la santidad y la salvación eterna: esta es la resurrección primera.

Los impíos, en cuanto que no resucitan de este modo espiritualmente, se dice que están muertos. Al fin del mundo se le permitirá al diablo atacar con más dureza el reino de Jesucristo, todos los muertos resucitarán corporalmente (esta es la resurrección segunda) y después del juicio final los impíos serán entregados al fuego: esta es la muerte segunda. Esta interpretación adecuada del texto, ya expuesta por S. Agustín, es la más común entre los teólogos y exegetas católicos.

Además en el texto que se ha puesto de objeción no se indica que aquel reino va a ocurrir en esta tierra, o después de la segunda venida de Jesucristo.

Wickenhauser es de la opinión, la cual no debe ser admitida por los demás, de que aquella primera resurrección es propiamente la resurrección corpórea de los mártires, por la que se indicaría simbólicamente que éstos son galardonados con algún privilegio de la gloria.

334. Escolio. Del estado feliz que va a tener la Iglesia. Según esta teoría, antes de la llegada de Jesucristo se dará un largo período en el cual la Iglesia se encontrará en un estado muy feliz. Afirman esto, además de muchos acatólicos, ciertos católicos como Bisping.

Esta opinión, según Beraza, es «falsa y está muy alejada del dogma católico»; según Lercher «debe ser desaprobada como temeraria». Sin embargo, si mantiene la doctrina de Jesucristo acerca de que se debe llevar la cruz, no parece que deba ser calificada de este modo. No obstante carece sin duda de un fundamento sólido: pues la cruz de Cristo siempre hay que llevarla (Lc 9,23; 14,25); en la Iglesia siempre habrá trigo y cizaña (Mt 13,24-30), ovejas y cabritos (Mt 25,32s); corderos y lobos (Lc 10,3), buenos y malos (Mt 13,47); en todos, incluso en los justos, siempre quedará la concupiscencia derivada del pecado original (D 792), fuente de muchos males morales, e igualmente la posibilidad de sufrir físicamente.

[Del mismo autor y obra, L. I, Cap. III, art. 1]:

314. Escolio 2. Espectación del Milenarismo o quiliasmo. Defendieron el Milenarismo más craso o Reino Milenario lleno de delicias de cosas sensibles, a partir de finales del siglo I Cerinto, y desde el último tercio del siglo II Montano y los montanistas. Fueron insignes refutadores de este Milenarismo a comienzos del siglo III el presbítero romano Cayo, y dentro del mismo siglo los alejandrinos Orígenes y Dionisio. Sin embargo influidos, sobre todo por el texto del Apocalipsis 20,1-10, muchos escritores eclesiásticos antiguos admitieron un cierto Milenarismo terrestre, entre los cuales se cuenta San Justino, el cual no obstante dijo "te he manifestado que no admiten esto muchos y precisamente de aquella clase de cristianos, que sigue la sentencia piadosa y pura". Con todo posteriormente San Jerónimo atacando las invenciones del Milenarismo, dice: "Estas invenciones aunque estamos en contra de ellas, sin embargo no podemos condenarlas, porque las han dicho muchos de entre Los varones eclesiásticos mártires".

315. Por consiguiente por estos testimonios de San Justino, hacia el año 155, y de San Jerónimo, hacia el año 420, consta que ciertamente muchos autores eclesiásticos atacaron siempre el Milenarismo, pero que no pocos también lo admitieron. Así pues sostuvieron cierto Milenarismo, a finales del siglo I, el autor de la Epístola de Bernabé; en el siglo II Papías (R 658), San Justino, San Ireneo (R 260); en el siglo III Tertuliano (R 338), San Hipólito, Nepos Obispo alejandrino, Commodiano, Victorino Petavionense; en el siglo IV San Metodio Olimpo, Lactancio (R 647), Apolinar de Laodicea, El Ambrosiaster, y ¿tal vez San Ambrosio?; por último en el siglo V Sulpicio Severo, San Agustín en su primera época (R 1521), el cual sin embargo retractó posteriormente esta opinión y propuso la explicación del texto del Apocalipsis 20,1-6, que después resultó la explicación común (R 1768 1769). Baste con esto que hemos dicho acerca del Milenarismo cristiano en la época de los Santos Padres.

316. A partir de mediados del siglo V solamente se citan unos pocos autores entre los católicos, que defendieran un cierto Milenarismo muy mitigado o que al menos miraran este Milenarismo muy mitigado con benevolencia, como por ejemplo en nuestros días M. Chasles y aquellos que este autor cita. Esta clase de Milenarismo todavía no lo ha condenado la Iglesia de forma definitiva. Sin embargo la Sagrada Congregación del Santo Oficio ya declaró el año 1941: "El Milenarismo mitigado no puede enseñarse sin peligro" (D 2296).

317. Los primeros Protestantes estuvieron ciertamente libres de este error. Sin embargo entre las sectas iluminístas de los Protestantes se citan muchas que defienden el Escatologísmo y el Milenarismo: la llamada Comunidad Neo Apostólica, los Mormones, los Adventistas, los Ruselianos o Milenaristas, los Anabaptistas y otras sectas. Los Judíos esperaban un cierto feliz Reino Mesiánico Milenario, cuyas ficciones parece que han ejercido influencia entre los Milenaristas cristianos.

318. Objeciones.

(...)

326. 9. Apocalipsis 20,1-6. Después de la economía cristiana y antes del juicio final se anuncia una intermedia economía milenaria dichosa, en la cual los justos reinarán con Jesucristo mil años; luego la Iglesia no va a perdurar hasta el juicio final.
Respuesta. La economía milenaria, que se anuncia, no es otra cosa que la Iglesia militante misma, según la explicación de San Agustín, la cual la proponen muy comúnmente los autores católicos como más verdadera, en contra de aquella hipótesis que habían seguido algunos Santos Padres e incluso San Agustín también la había seguido antes de su retractación (R 1768 1769; véase R 1521 y el Índice teológico n. 604).