PÁGINAS

martes, 17 de junio de 2014

CONFERENCIA DE MONSEÑOR FELLAY EL 27 DE FEBRERO DE 2014 A LOS PRIORES DEL DISTRITO DE FRANCIA EN FLAVIGNY.- PARTE 1

Es por petición del Padre de Cacqueray que estoy entre ustedes en esta sesión y aprovecho para abordar una cuestión que nos concierne a todos y que, creo, nos ha hecho sufrir un poco a todos. Una situación que no puede perdurar y de la cual hay que hacer todo para salir. Pues es una situación que no es buena, simplemente. Una situación donde vemos la sospecha, donde se han formado campos también, acusaciones caricaturescas y mutuas. Es una constante. Yo no voy a tratar de acusar aquí uno u otro. Yo así veo la situación. Y me parece que para salir de ella, no es suficiente decir: “tal está equivocado, tal tiene razón”. Creo que verdaderamente debemos tratar de salir de otra manera.
Por una parte, viendo de donde viene el problema, después, viendo lo que sucede, cuáles son las consecuencias de esta situación.
Creo que hay varios elementos que han contribuido a este estado de cosas. Una vez más, hay que salir de ella. Es mi gran preocupación desde hace un buen tiempo, incluso si, desgraciadamente, hubo desatinos y las cosas has estado un poco exacerbadas estos últimos meses.
Yo creo que, en el fondo, hay una cuestión, una cuestión difícil, porque es difícil de resolver: es la percepción que tenemos de lo que yo llamo la Iglesia actual, es decir, de lo que tenemos ante nosotros, lo que llamamos Roma, lo que llamamos la Iglesia oficial, Roma, la jerarquía.
Iglesia católica e iglesia conciliar
Hasta aquí, siguiendo a Monseñor Lefebvre, la posición de la Fraternidad ha sido el de describir un doble elemento. Frente a esta Roma que tenemos delante de nosotros, que llamamos Iglesia católica para simplificar, Monseñor Lefebvre, en su famosa Declaración de 1974 habla de la Roma Eterna y de una Roma modernista.
Enseguida aparecieron otras expresiones, pero al final se distingue siempre la misma cosa. Por un lado hablamos de Iglesia católica, la verdadera, la Iglesia católica romana, la del Credo. Por otro, la iglesia conciliar. Por una parte, la Iglesia católica de la cual formamos parte y a la cual queremos pertenecer a cualquier precio. Y por otro, la Roma modernista de la cual nos apartamos con horror: nosotros no tenemos nada que ver con ella y no queremos tener nada que ver con ella.
Y sin embargo Moseñor Fellay intentó someter la Fraternidad a Roma mediante la declaración que redactó y entregó al Vaticano en octubre de 2012… Y sin embargo se sigue reuniendo secretamente en el Vaticano con los que dirigen la comisión Ecclesia Dei…
El problema viene de hacer el discernimiento entre las dos, en lo concreto. ¿Por qué? Porque, en lo concreto, es como si estas dos tuvieran el mismo objeto. Como si hubiera la verdadera Iglesia y una substitución de iglesia. Y es esta substitución de Iglesia que aparece más fuertemente, al punto que tenemos un problema para discernir dónde está la verdadera. ¿Dónde está la verdadera Iglesia? ¿Dónde está la Iglesia? Una cuestión que uno se plantea, con razón, cuando vemos lo que pasa.
Hay expresiones de Monseñor Lefebvre acerca de la Iglesia, llamémosla conciliar, muy fuertes y que no datan de los años posteriores a las Consagraciones, en 1989 o después.
En Yo acuso al Concilio (pág. 9): “Se han tomado por la Iglesia viva y maestra de la verdad, con libertad de imponer dogmas nuevos a clero y fieles: el progreso, la evolución, la mutación unidos a una obediencia ciega e incondicional. Han dado la espalda a la verdadera Iglesia de siempre, dándole nuevas instituciones, nuevo sacerdocio, nuevo culto, nueva enseñanza en permanente búsqueda, y eso siempre en nombre del Concilio”.
 En un texto de 1976 : « La Iglesia que afirma tales errores es al mismo tiempo cismática y herética. Esta iglesia conciliar no es, por tanto, católica. En la medida en que el papa, los obispos, los sacerdotes o los fieles se adhieran a esta nueva iglesia, así se separan de la Iglesia católica. La Iglesia actual no es solamente en eso la verdadera Iglesia que continúa la Iglesia de ayer, la Iglesia de todos los tiempos…” 
Esta cita es inexacta. El texto es: “La Iglesia actual no es la verdadera Iglesia más que en la medida que continúa y se une con la Iglesia de ayer y de siempre”. Este texto está en línea en La Porte Latine. Data del 29 de julio de 1976. Si tomamos la cita exacta, vemos que la conclusión (« Por lo tanto, es la misma realidad, tomada sea bajo el aspecto de que ya no sea la Iglesia, sea bajo el aspecto de ser la Iglesia que continúa”) es ilegítima. Observación hecha por los Dominicos de Avrillé aquí.
Por lo tanto ustedes tienen la misma realidad que es calificada por Monseñor Lefebvre de iglesia conciliar, diciendo que los que pertenecen a ella no pertenecen a la Iglesia Católica y luego continúa con la siguiente frase: “La Iglesia actual no es solamente en eso la verdadera Iglesia que continúa la Iglesia de ayer”. Por lo tanto, es la misma realidad, tomada sea bajo el aspecto de que ya no sea la Iglesia, sea bajo el aspecto de ser la Iglesia que continúa. 
Les doy estos textos para mostrarles la dificultad en la cual nos encontramos para discernir esta doble realidad. Creo que todo el mundo está de acuerdo entre nosotros para aceptar que cuando se dice “iglesia conciliar” no hablamos solamente de una idea sino de una realidad. El problema se sitúa al momento de que se trata de calificar la naturaleza de esta realidad. Por lo tanto, respecto a la existencia de esta realidad, está bien. Pero en cuanto a la naturaleza de esta realidad, es más complicado.
 Hemos aventurado ciertas imágenes. Les confieso que aquella que me gusta más, es la imagen del cáncer o del virus. La ventaja de la imagen del virus es que tenemos un elemento exterior que entra en el cuerpo, que utiliza las funciones del organismo para producir otra cosa que lo que se debería encontrar en el cuerpo. Esto es lo que sucedió. Llamémosles enemigos incluso si ellos estaban dentro de la Iglesia, digamos asimismo que ciertos infiltrados, venidos del exterior, lograron apoderarse de un cierto número de organismos de la Iglesia para hacerlos producir, a través de lo que debería ser la vida normal de la Iglesia, elementos que no pertenecen a la Iglesia. Un poco como un tumor o esos virus que producen células que no son del cuerpo sino que son de fuera.
Cuando se tiene un tumor canceroso y este tumor está suficientemente aislado, se toma el bisturí, se saca y queda arreglado. Cuando el cáncer está generalizado, los médicos bajan los brazos, ellos ya no saben qué hacer. Podríamos calificar la situación actual de cáncer generalizado. Una vez más, son imágenes para tratar de aproximar una realidad. ¿Cómo describir esta realidad? Sería como una especie de secuestro de la Iglesia, como una sustitución.
¿Y el papa? Se habla de un papa y de dos iglesias, Sí, porque en ciertos comportamientos, la fe nos dice que él es la cabeza de lo que, de manera general, reconocemos como la Iglesia católica. Por lo tanto lo tomamos verdaderamente por el papa. Pero después, él dice cosas que no pertenecen a la Iglesia católica sino precisamente a lo que se ella misma ha nombrado iglesia conciliar. Una realidad peligrosa parece ir ganando. Sin embargo, también constatamos, vemos que esta realidad de la Iglesia continúa, pero en un modo disminuido, a producir frutos (si podemos decirlo así), es decir, a salvar las almas. Es innegable que en la Iglesia hay almas que se salvan por los medios normales de la Iglesia que no han sido suprimidos totalmente pero que son, en parte, o incluso en gran parte, paralizados.
El apostolado, los sacerdotes ya no hacen gran cosa; las confesiones ya no hay muchas, pero vemos, sin embargo, que todavía encontramos católicos. Vemos que la Iglesia no ha desaparecido totalmente. La substitución por lo tanto no es total. Yo pienso que de hecho hay que tomar la palabra Iglesia por lo que es, es decir, una analogía. Cuando decimos iglesia conciliar, no utilizamos la palabra Iglesia en exacta y estrictamente el mismo sentido que cuando decimos Iglesia católica. Yo pienso que una parte de la explicación está allí. La analogía, es secundum quid idem, in se diversa.
Evidentemente, una trata de sustituir a la otra, de hacerse pasar por la otra. Esta cuestión no es fácil. Yo no quiero extenderme más sobre esta cuestión sino detenerme más en la consecuencia. ¿Por qué? Porque creo que es allí que se funda un poco el estado actual de esta incomodidad que sentimos entre nosotros. La consecuencia es: ¿Cuál va a ser nuestra relación con esta realidad que tenemos ante nosotros, con la Iglesia?
La Fraternidad frente a la Iglesia conciliar.
Es evidente que si vemos ante nosotros a la iglesia moderna, conciliar, ¿qué relación quieren tener? Monseñor, en uno de sus textos dijo: nullam partem. ¿Qué quieren tener como relación con aquellos que son verdaderamente modernistas? Las únicas relaciones que se pueden tener eventualmente, es la de tratar de convertirlos, incluso si sabemos que ellos no son los más fáciles de convertir. Es muy simple: Si el cura del pueblo los invita a concelebrar, ¿qué relación se puede tener con él? Ustedes pueden tener una relación de ir a tomar un té con él eventualmente, pero no de participar en su ceremonia.
Por lo tanto, frente a la iglesia conciliar, las relaciones están reducidas casi a nada, solo a la condenación. Pero a eso no lo podemos llamar relación. La condenamos como peligrosa, cismática, herética. Si, por el contrario, sostenemos que todavía está la verdadera Iglesia en alguna parte, evidentemente allí hay una relación. El problema es: ¿Cuál es el terminus ad quem de nuestra relación? ¿Es una o la otra? ¡Eso cambia todo! Y yo creo que ese es el fondo del problema: Con la iglesia modernista no tenemos nada que ver, mientras que con la Iglesia católica es normal mantener una relación.
Por medio de este confuso discurso Monseñor va estructurando un sofisma: con la iglesia conciliar no se debe tener relaciones pero sí con la Iglesia Católica (premisa ciertamente verdadera). Ahora bien, la Iglesia Católica y la iglesia conciliar tienen una misma cabeza: el Papa (premisa probablemente verdadera). Luego, se puede hacer un acuerdo práctico con el Papa (conclusión falsa).

Continúa.