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lunes, 16 de septiembre de 2019

SERMÓN DEL DOMINGO 14 DESPUÉS DE PENTECOSTÉS.- P. Trincado




“Fiel no es quien solamente cree que Dios es Todopoderoso, sino el que cree que lo puede todo con Dios” San Juan Clímaco.

El Evangelio nos habla de la confianza en Dios. La confianza profunda en Dios es una de las cosas más difíciles de encontrar en las almas, aun en las almas buenas, pero una de las más necesarias. De su falta proviene la preocupación, la angustia, la inquietud, la tristeza y la consiguiente imposibilidad de avanzar en la virtud. Se puede decir que la confianza es la clave de la santidad.

Os digo: no andéis preocupados por vuestra vida en cuanto a qué comeréis, ni por vuestro cuerpo en cuanto a con qué os vestiréis. ¿Pero es que acaso no necesitamos todo eso? Sí, y se nos manda trabajar o esforzarnos, pero evitando la preocupación, dice San Jerónimo. Debemos estar ocupados pero no preocupados, esto es, ocupados antes de tiempo con temores y angustias. Sobre el necesario equilibrio entre confianza y esfuerzo o acción, hay una máxima de San Ignacio que dice: “actúa como si todo dependiera de ti, pero sabiendo que todo depende de Dios.”

Mirad las aves del cielo que no siembran, ni siegan, ni amontonan en graneros; y vuestro padre celestial las alimenta. ¿Pues no sois vosotros más que ellas? Junto a nuestros cuidados, esfuerzos o diligencias está la divina providencia. Debemos creer eso.

¿Y por qué andáis preocupados por el vestido? Considerad los lirios del campo cómo crecen, no trabajan ni hilan: os digo, pues, que ni Salomón con toda su gloria fue cubierto como uno de éstos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? Si Dios cuida tanto de las flores, cuya vida es muy breve, ¿abandonará acaso a los hombres a los que ha creado, no para un tiempo limitado, sino para que vivan eternamente? Porque el alma es inmortal. No debemos pensar que seremos abandonados por un Dios que “nos amó hasta el extremo” y se entregó a la muerte por nosotros.

Dice "hombres de poca fe", porque es muy pequeña y limitada aquella fe que no está segura aun de las cosas mínimas, como la comida y el vestido. Y nosotros solemos caer en lo mismo…

Cristo no quiere la preocupación y anima a la confianza que proviene de creer verdaderamente que Dios es Dios: que es Bueno, Omnipotente y Providente. Somos “hombres de poca fe”, pues aunque no negamos los dogmas de la fe católica, desconfiamos de la bondad y de la omnipotencia divinas.

"No os preocupéis, pues, diciendo qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos cubriremos, porque los gentiles se afanan por estas cosas, y vuestro Padre celestial sabe que necesitáis de todas ellas”. Comenta San Juan Crisóstomo que no dijo sabe Dios”, sino sabe vuestro Padre”, para inspirarnos más confianza. Si es padre no podrá despreciar a sus hijos.

Nuestro señor nos da el remedio contra la preocupación: fundarnos en la confianza que surge de la fe, de la esperanza y de la caridad, y que aumenta en nosotros esas virtudes. Por eso dice "buscad primero el reino de Dios y su justicia". Debemos buscar primero el reino de Dios y su justicia como nuestro verdadero bien y fin; y lo demás como necesario para esta vida, vida que, a su vez, es un medio para alcanzar la otra (San Agustín). “El reino de Dios” es el premio de las buenas obras (el Cielo), y su justicia” el camino de  piedad por el que se va al reino (la vida devota, la santidad).

No debemos preocuparnos por “la añadidura” si buscamos primeramente el Reino de Dios y su justicia, porque "lo demás se nos dará por añadidura", esto es, lo recibiremos si no ponemos impedimento, dice San Agustín. ¿Y cómo ponemos impedimento? Si buscamos “la añadidura” como teniendo igual o mayor importancia que “el reino de Dios y su justicia”; o incurriendo en la preocupación. Ahora bien, como estas cosas se nos dan por complemento o añadidura, el Médico Divino -dice San Agustín- a quien todos nos hemos confiado, sabe cuándo debe concedernos la abundancia, y cuándo la escasez, según lo que nos conviene en cuanto a riqueza o pobreza, salud o enfermedad, alegría o tristeza, fervor o aridez, etc. Y si alguna vez sufrimos carencias en cuanto a las cosas necesarias para la vida, creamos que eso lo permite el Señor para nuestra prueba, para que obtengamos el reino buscado.

Santa Teresa del Niño Jesús nos enseña la confianza en Dios. Ella, que fue “la santa más grande de los tiempos modernos”, según palabras de San Pío X. Grande por haberse hecho muy pequeña en las manos de Dios, como un niño en los brazos de su madre, por medio de una confianza llena de humildad, de fe, de esperanza y de caridad. "Mi caminito es el camino de una infancia espiritual, el camino de la confianza absoluta", decía.

Frecuentemente los fieles se quejan de que les parece que les falta amor a Dios. En una carta escrita a su hermana, Santa Teresita dice: "la confianza, y nada más que la confianza, es lo que debe conducirnos al amor” (al amor perfecto, a la caridad ardiente). En esas pocas palabras resume su mensaje, nos revela la clave de su gran santidad y el motor de su existencia. Si la fe abre el alma a Dios como el arado abre la tierra, la confianza la abre enteramente y hace posible el fruto. Es por la confianza Dios queda libre para hacer su voluntad en el alma. Esa voluntad se cumple en la medida de la confianza que Dios encuentra en el alma. Antes de que Dios dé la confianza a los que se la piden, Él estará presente en el alma, aunque limitado, como encadenado y “pequeño”. Pero “pequeños” debemos ser nosotros, no Él. Si nosotros somos pequeños -por la confianza- Él será grande en nuestras almas. Es el gran mensaje de la santa más grande de nuestro tiempo.

“Fiel no es quien solamente cree que Dios es Todopoderoso, sino el que cree que lo puede todo con Dios” dijo San Juan Clímaco. La falta de confianza en Dios es una cierta infidelidad. Un ejemplo: los fieles que saben que los pecados veniales se perdonan de varios modos, además de la absolución sacramental, pero en la práctica no están dispuestos a prescindir de las “seguridades” de la confesión. No comulgan porque tienen pecados veniales, aunque aprendieron en el catecismo que la comunión sacramental se los perdona. Además de desconfianza, también puede haber algo de orgullo en eso, si en el fondo piensan que la comunión es un premio para los perfectos, cuando en realidad es un remedio para los pecadores.

Otro ejemplo de falta de confianza en Dios: “ceder a la tentación de utilizar medios impuros para lograr la victoria en una guerra justa” (P. Calmel). Eso es exactamente lo que pasó y pasa con la FSSPX. Se ha querido hacer uso de medios menos rectos o francamente retorcidos para lograr la “normalización” o “regularización” de la congregación y la conversión de Roma: violación de la decisión del capítulo del 2006, secreto indebido, expulsiones injustas, diplomacia mundana, concesiones inaceptables en algunos puntos de doctrina, uso constante de un leguaje confuso, pusilánime, doble, ambiguo; etc.

El Corazón Inmaculado de nuestra Madre está lleno de confianza. A Ella, que todo lo consigue de Dios, recurramos pidiendo la santa confianza mediante el Rosario diario

sábado, 14 de septiembre de 2019

COMENTARIO ELEISON Número DCXXXV (635) - 14 de septiembre de 2019


¿Racismo Blanco? – II
La raza blanca debe regresar a Dios, o morir.
¡Él no es anticuado ni es ficción!
A raíz de estos “Comentarios” de la semana pasada, un lector comentó que el título debería haber sido “Racismo anti-blanco”. Por supuesto que tiene razón en el sentido de que el antagonismo va hoy mucho más de los no blancos hacia los blancos que de los blancos hacia los no blancos, pero lo que nos importa a todos nosotros es aliviar el antagonismo, yendo en cualquier dirección racial, entendiendo lo que hay detrás de él. En última instancia, son los liberales que actualmente dirigen el mundo los que quieren echar a Dios Todopoderoso de Su Creación para que ellos puedan tomar Su lugar. Como buenos “liberales”, quieren sobre todo liberarse de Dios. ¿De qué sirve la libertad de algo o de alguien otro, si no están libres de Dios y de sus Diez Mandamientos?
Ahora bien, cuando Dios se encarnó, la religión que su Hijo instituyó difundió la Cristiandad por todo el mundo, donde en palabras de san Pablo, todos los bautizados en Cristo se han revestido de Cristo, de tal manera que “no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni varón ni hembra, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas III, 27–29; Colosenses III, 11). Esta doctrina significa que donde prevalece el Cristianismo, antagonismos como el “antisemitismo”, el “racismo” y el “feminismo” tienden a disolverse, porque todos son ahogados en el bautismo en Cristo. Pero, ¿y si los hombres rechazan a Cristo? ¿No resurgirán todos los antagonismos entre judíos y no judíos, entre no blancos y blancos, entre mujeres y hombres?
Lo harán, y serán peores después de la Cristiandad que como lo fueron antes, porque el Cristianismo permitió a los hombres conocer a Dios como no lo habían conocido antes, y conocer también la igualdad absoluta de todos los hombres ante Dios, una igualdad que pertenece a la eternidad, la cual empequeñece las múltiples desigualdades entre los hombres en esta corta vida en la tierra. Antes de la Cristiandad, los hombres aceptaban naturalmente estas desigualdades como parte de la vida contra la cual era una tontería protestar – las desigualdades simplemente estaban ahí. Bajo la Cristiandad la humanidad aprendió a ser consolada por las desigualdades que aún existen, por la suprema igualdad de la eternidad. Pero después de la Cristiandad, la fe cristiana, Cristo, el cielo y la eternidad se han ido, de modo que las desigualdades de esta vida, que no han desaparecido, se sienten más intensamente que nunca.
En efecto, los liberales que están haciendo todo lo posible para poner fin a la Cristiandad, han sacado, sin embargo, de ella un sentido, por ejemplo, de su suprema igualdad de todos los hombres, incluso si se han deshecho del Dios sobre el que se fundó esa igualdad. Por lo tanto, una igualdad de la eternidad debe ser ahora atascada en setenta años y diez. Como tratar de meter un cuarto de galón de líquido en un tarro de cerveza . No funcionará. Entonces lo obligarán a hacerlo. Y aquí está la razón por la que los liberales siempre están luchando contra la realidad. Son post-cristianos que intentan encajar en una vida corta ideales de Cristo que tienen dimensiones de eternidad. Echan de menos el cristianismo pero no quieren a Cristo, así que con violencia y ensañamiento se esfuerzan por recrear el cristianismo sin Cristo, que es una empresa condenada al fracaso. Pero, ¿volverán a Cristo? ¡Nunca! “¡Libertad, Igualdad, Fraternidad!”
Así, la libertad cristiana del pecado, para el Cielo, debe convertirse en libertad de cualquier opresión terrenal, real o imaginaria, libertad para la Revolución: La igualdad cristiana ante Dios, para la eternidad, debe convertirse en la nivelación de todas las superioridades reales de la tierra, que no desaparecerán, por mucho que se esfuercen los liberales; y por último, la fraternidad en Cristo, la verdadera fraternidad de todos los hombres como hijos del único y verdadero Dios, debe ser sustituida por la asociación artificial de todos los hombres en instituciones como las Naciones Unidas, que sólo pueden fracasar.
En conclusión, la raza blanca recibió de Dios dones especiales, naturales y sobrenaturales, para llevar a Cristo y a su Iglesia a toda la humanidad. Cuando lo hacían, toda la humanidad se beneficiaba y los hombres se encaminaban hacia el Cielo en todo el mundo, sin resentimientos y con mucha gratitud hacia la raza que estaba abriendo su camino hacia el Cielo. Pero cuando esta raza dejó de hacerlo, entonces el resto de la humanidad se sintió instintivamente traicionada, y el “racismo” se desató, como nunca antes. Blancos, si no les gusta el racismo anti-blanco, entonces tomen en mano el Rosario, 15 Misterios al día.
Kyrie eleison.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

EL PAPA FRANCISCO AFIRMA QUE MONS. LEFEBVRE HIZO UN CISMA



Cita de la conferencia de prensa (versión en italiano e inglés) dada en el vuelo entre Madagascar y Roma, ayer 10 de septiembre:


Pregunta - En el vuelo a Maputo reconoció que estaba siendo atacado por un sector de la Iglesia Americana, obviamente hay fuertes críticas de algunos obispos y cardenales, hay televisiones católicas y sitios web americanos muy críticos, e incluso algunos de sus aliados más cercanos han hablado de un complot contra ti. ¿Hay algo que estos críticos no entiendan de su pontificado? ¿Hay algo que haya aprendido de las críticas? ¿Tiene miedo de un cisma en la Iglesia Americana? Y si es así, ¿hay algo que pueda hacer, un diálogo, para evitarlo?

Respuesta del papa - (...) el problema del cisma: en la Iglesia ha habido muchos cismas. Después del Vaticano I, por ejemplo, la última votación, la de la infalibilidad, un grupo significativo abandonó y fundó los viejos católicos para ser realmente "honestos" con la tradición de la Iglesia. Luego encontraron un desarrollo diferente y ahora hacen las ordenaciones de mujeres. Pero en ese momento eran rígidos, se pusieron detrás de una ortodoxia y pensaron que el Concilio estaba equivocado. Otro grupo se fue en silencio, pero no quiso votar....
El Vaticano II tuvo estas cosas entre las consecuencias. Quizás la más conocida de las separaciones postconciliares es la de Lefebvre. Siempre existe la opción cismática en la Iglesia, siempre. Pero es una de las opciones que el Señor deja a la libertad humana. No le temo a los cismas, rezo para que no existan, porque está en juego la salud espiritual de mucha gente. Que haya diálogo, que haya corrección si hay algún error, pero el camino del cisma no es cristiano.
Pensemos en los comienzos de la Iglesia, como se inició con muchos cismas, uno tras otro: arrianos, gnósticos, monofisitas.... Entonces vengo a contar una anécdota: fue el pueblo de Dios el que salvó de los cismas. Los cismáticos tienen siempre una cosa en común: se separan del pueblo, de la fe del pueblo de Dios. (...)
Un cisma es siempre un desapego elitista provocado por una ideología desprendida de la doctrina. Es una ideología, quizás justa, pero que entra en la doctrina y la separa... Por eso rezo para que no haya cismas, pero no tengo miedo. Este es un resultado del Vaticano II, no de este o aquel Papa. Por ejemplo, las cosas sociales que digo son las mismas que las de Juan Pablo II, ¡las mismas! Lo copio. Pero dicen: el Papa es comunista...

Las ideologías entran en la doctrina y cuando la doctrina se desliza en las ideologías, existe la posibilidad de un cisma. Está la ideología de la primacía de la moral aséptica sobre la moral del pueblo de Dios. Los pastores deben guiar al rebaño entre la gracia y el pecado, porque la moralidad evangélica es ésta. En cambio, una moral de tal ideología pelagiana te lleva a la rigidez, y hoy tenemos muchas escuelas de rigidez dentro de la Iglesia, que no son cismas sino caminos cristianos pseudo-esquemáticos, que terminarán mal. Cuando se ven cristianos, obispos, sacerdotes rígidos, detrás de ellos hay problemas, no hay santidad del Evangelio. Por eso debemos ser mansos con las personas que son tentadas por estos ataques, están pasando por un problema, debemos acompañarlos con mansedumbre.

¿El superior general de la FSSPX se atreverá a defender varonilmente la verdad acerca de Mons. Lefebvre, contra esta mentirosa y grave imputación hecha por el Papa Francisco? Veremos.

domingo, 8 de septiembre de 2019

COMENTARIOS ELEISON Número DCXXXIV (634) - 07 de septiembre de 2019


¿Racismo Blanco? – I
Hombres Gentiles Blancos, la respuesta está en ustedes.
Por toda la humanidad, ¡Dios les dio trabajo qué cumplir!
La raza de los hombres blancos, como se les llama, dispersos por toda la faz de la tierra, pero especialmente concentrados en Europa, está sufriendo actualmente desprecio y persecución en toda la faz de la tierra. ¿Y de quién es la culpa? En primer lugar, es culpa de los mismos blancos o europeos.
El “racismo”, como se le llama, o antagonismo entre las diversas razas humanas, es ciertamente un problema humano, que despierta todo tipo de pasiones humanas, y así como todos los problemas verdaderamente humanos que no son sólo problemas materiales o mecánicos, tiene necesariamente una dimensión religiosa. Hoy la última dirección en la que los hombres se volverán para resolver un problema humano es hacia Dios, y sin embargo Dios será la verdadera solución. Pero como los hombres no se dirigen a Dios, entonces los problemas permanecen básicamente insolubles, y el mundo de hoy está en un caos cada vez mayor. Entonces, ¿cómo es que volverse hacia Dios resuelve el problema actual del “racismo”?
Es Dios y sólo Dios quien crea el alma de cada uno de los hombres que ha vivido, y Él los crea con una gran variedad, para componer lo que para Él es la sinfonía de la humanidad. Ahora, Él crea individuos con dones naturales inmensamente diferentes, como cada padre debe reconocer cuando observa cuán completamente diferentes son los dones, el temperamento y el carácter de sus propios hijos – no hay dos que sean iguales. ¿Y ellos mismos crearon esa variedad? Obviamente no. La única decisión natural que tenían los padres era tener un hijo (abortar tal o cual hijo en el vientre materno es una decisión sumamente antinatural). Dios hizo el resto. Ahora bien, la variedad que viene de Dios incluye claramente la desigualdad. Por ejemplo, los padres están obligados a reconocer la absoluta desigualdad de los dones entre sus propios hijos: algunos pueden ser mucho más dotados que otros. Puede ser que los padres no hayan querido esta desigualdad, pero ¿podrían haber hecho algo al respecto? Obviamente no. Es Dios quien decide – naturalmente – incluso el sexo de sus hijos.
Tampoco es injusta esta desigualdad de dones, porque los hijos realmente privilegiados son aquellos que llegarán al Cielo por medio de dones sobrenaturales, que requieren que el niño mismo coopere con la gracia de Dios, y esa cooperación no tiene nada que ver necesariamente con los dones naturales. El infierno, ha dicho alguien, está lleno de talentos, mientras que el cielo está lleno de virtudes. Además, los dones que Dios otorga a un niño corresponden obviamente a la parte que Dios quiere que él desempeñe en la sinfonía de la humanidad. El niño debe hacer aquello para lo que está dotado.
Ahora bien, como con los individuos, así también con las familias, los pueblos, las provincias, las naciones y las razas. Las familias son diferentes entre sí, y desiguales. Las ciudades, provincias, naciones y razas son todas diferentes y desiguales, y en cada caso con una mezcla variable de naturaleza por parte de Dios y crianza por los hombres. En la medida en que son formados por los hombres, la intención de Dios al permitir esta crianza es que, con sus diversos dones, todos ejerzan la caridad y se cuiden los unos a los otros. Por ejemplo, que esta ciudad ayude a su vecino inundado, que esta provincia provea a los artistas, que esta nación lidere el mundo, que esta raza sirva a la Iglesia. Ahora bien, ¿no está claro que por muchos siglos de historia, la raza blanca ha tenido, no en exclusiva, especiales dones naturales y sobrenaturales de Dios para servirle a Él, y para extender Su Iglesia por todo el mundo? Tampoco es injusto, porque el uso que los blancos hacen de estos dones depende de ellos mismos. Tienen libre albedrío para usar o abusar de sus dones, pero en cualquier caso tienen una misión de Dios. Si hacen el uso correcto de estos dones, beneficiarán al mundo entero. Si abusan de estos dones, Dios los castigará especialmente.
¿Y de qué le sirven hoy a los blancos los dones que Dios les ha dado? ¿No han estado alejándose de Él lenta pero constantemente durante muchos cientos de años? ¿Y no están ahora orgullosos de su ateísmo? ¿Es entonces sorprendente si Dios hace uso de todas las otras razas, naciones, etc., para castigar a los blancos siendo despreciados y perseguidos por el resto de la humanidad? En la visión de Dios, ¿no han traicionado los hombres apóstatas a las mujeres a las que deben guiar (al Cielo); no han traicionado los blancos apóstatas a todas las demás razas; no han traicionado finalmente los gentiles apóstatas a los judíos por medio del Concilio Vaticano II… ? Entonces, ¿quién se sorprende por la furia actual del “feminismo”, del “racismo” y del “antisemitismo”?
Kyrie eleison.

lunes, 2 de septiembre de 2019

NOVEDADES DEL OBISPO HUONDER


Los actos que demuestran el ralliement de la neo-FSSPX con la Roma modernista son cada vez más evidentes. Así nos enteramos de que Mons. Huonder celebró la Misa en un Priorato de la FSSPX en Suiza.
Mons. Vitus Huonder, 77 años, obispo emérito de Chur, Suiza, celebró la Misa de la Asunción el 15 de agosto en la iglesia del priorato de San Carlos Borromeo de la Fraternidad de San Pío X en Oberriet, Suiza.La Fraternidad no tiene buenas relaciones con el obispo local Markus Büchel de San Gall. La presencia de Huonder no fue anunciada en el boletín de las misas del priorato. Celebró una misa cantada, solo, sin diáconos ni subdiáconos.Durante su mandato, Huonder fue el habitual obispo "conservador" que le falló a los católicos en dificultades y protegió y promovió a los liberales. En 2013, su portavoz justificó el aborto.
La contradicción observada entre los dos comunicados de prensa del 20 de mayo de 2019 ¿corresponde a una voluntad de disimular la realidad?
El único propósito de este obrar es consagrarse a la oración y al silencio, celebrar exclusivamente la Misa tradicional, y trabajar por la Tradición, único medio para la renovación de la Iglesia”.
“De acuerdo con la mentalidad del Papa Francisco I, me esforzaré allí (en Wangs) para contribuir a la unidad de la Iglesia, no a marginar, sino más bien a discernir, acompañar e integrar a las personas”
Como señaló Mons. Williamson a finales de julio...

COMENTARIO ELEISON Número DCXXXIII (633) - 31 de agosto de 2019



“Post-Modernidad” – II

Dios nos da libertad, facultad de libre albedrío,
Pero no el derecho a elegir entre el bien y el mal.
A riesgo de cansar a los lectores con variaciones sobre el tema de la Verdad, estos “Comentarios” harán más comentarios sobre el resumen de La Cultura como religión; la interpretación posmoderna de la relación entre cultura y religión de Wojcieck Niemczewski, citada aquí la semana pasada. Porque en verdad debemos salvar nuestras almas, y un grave peligro en el camino de salvar nuestras almas es el enceguecimiento de nuestra más alta facultad, que es nuestra mente, sobre la cual sigue inmediatamente la corrupción de nuestros corazones. Y el peligro más profundo para nuestras mentes hoy en día es la suposición universal de que las ideas no importan, que la verdad no es importante. Vean cómo el Vaticano II prefirió la modernidad al catolicismo fiel, especialmente en el documento conciliar de Gaudium et Spes, y luego cómo la Fraternidad San Pío X prefirió a los romanos conciliares a su Fundador fiel, y en cada caso, cómo la gran mayoría de los sacerdotes y de los laicos siguieron la corriente.
Comencemos por poner en orden los pensamientos de Niemczewski, para ver de dónde viene y hacia dónde va: 1 No hay un Dios objetivo porque “Dios” es la fabricación subjetiva dentro de cada uno de nosotros. 2 Por lo tanto, las antiguas “verdades” de la religión y la filosofía de ayer ya no tienen fundamento. 3 Además, ya no encajan en el mundo real de hoy, que está cambiando en todos los ámbitos y más rápido que nunca. 4 Peor aún, están bloqueando el progreso moderno, o la “cultura de la elección” que nos permite adaptarnos al cambio, y que garantiza la libertad de cada uno de nosotros para armar su propio estilo de vida. 5 Para permanecer adaptable a la modernidad, el hombre posmoderno debe aceptar esta “cultura de la elección” no universal y no obligatoria que no impone al hombre ni normas ni ningún ser superior a él. 6 En conclusión, la verdad debe dar paso a la libertad, la religión a la cultura y la dirección a la deriva. 7¡Abajo con la Verdad, arriba con la “cultura de la elección”!
Desgraciadamente para el hombre posmoderno, hay una realidad fuera de su mente, tan cercana a él como sus propios brazos y piernas, y esta realidad extra-mental tiene leyes propias, de ninguna manera dependientes de su mente. Por ejemplo, si tiene dolor de muelas, tendrá que ir al dentista y no al pescadero. Y estas leyes no son sólo físicas sino también morales. Por ejemplo, si una pobre muchacha tiene un aborto, no va a poder deshacerse de sus remordimientos de conciencia, por mucho que le gustaría hacerlo. El libre albedrío de cada uno de nosotros, los seres humanos, es incuestionablemente libre – de ahí la posibilidad de la “cultura de la elección” de Niemczewski – pero esa cultura de la elección sólo puede funcionar dentro y no fuera del marco estructurado de las leyes de la realidad extra-mental, físicas y morales. Así que soy libre de elegir por mi eternidad el Cielo o el Infierno, pero no soy libre de elegir romper seriamente la ley moral y aun así ir al Cielo.
Los antiguos griegos en su apogeo precedieron a la Encarnación de Nuestro Señor por cientos de años, de modo que no tenían ningún beneficio de la gracia sobrenatural o de la iluminación. Pero naturalmente observaron – no inventaron – las graves e inevitables consecuencias de que los seres humanos se levantaran contra la estructura moral de la vida humana, y le dieron un nombre: “hubris”, hoy la llamaríamos “orgullo”. Así pues, la presentación de Niemczewski de la “cultura de la elección” comienza por negar a Dios y termina por desafiarlo, pero aunque puede inclinar las mentes de los hombres a favor de su “cultura”, es incapaz de alterar la Existencia eterna e inefable de Dios, o la necesidad eterna y absoluta de la Verdad. Por ejemplo, si no existe tal cosa como la verdad, entonces eso al menos es una verdad. Por lo tanto, al negar todo o cualquier dogma, nadie es tan dogmático como los masones, y en su socavamiento subjetivo de toda doctrina, nadie es tan doctrinal como los Modernistas y los Neo-modernistas.
En resumen, un hombre como Niemczewski se niega a reconocer que alrededor de la esfera de elección de la humanidad hay un anillo de realidad que no es de la elección del hombre. Los eclesiásticos del Vaticano II se niegan a reconocer que el Depósito de la Fe no puede modernizarse. Y los líderes de la Neo-Fraternidad San Pío X se niegan a reconocer que los conciliares romanos son mercaderes de fantasía. La “cultura de la elección” terminará por costarles caro a todos ellos. Puede costarles la eternidad si no pueden recobrar su cordura católica.
Kyrie eleison.

domingo, 1 de septiembre de 2019

SERMÓN PARA EL DOMINGO XII DESPUÉS DE PENTECOSTÉS - P. Trincado


Preguntó, entonces, el doctor de la ley ¿pero quién es mi prójimo? El doctor de la ley, en su soberbia, no creía que hubiera alguien que pudiera ser su prójimo o próximo (esto es, cercano), porque pensaba que nadie podía compararse con él en cuanto a la justicia o santidad. Demostraba, con esta pregunta, carecer de amor al prójimo; y en consecuencia, también de amor a Dios, porque el que no ama al hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve (1Jn 4, 20). En lo que sigue, Cristo le enseña a no pensar que, por ser justo, no tiene prójimos. Como si le dijera: todos los hombres te son próximos, son tus prójimos. Hazte tú, pues, próximo a ellos por la caridad: ayúdales y cuida de ellos. Y a este fin dijo la conocida parábola del samaritano.

Entonces dijo Jesús: un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó. Este hombre, según San Agustín,  representa a Adán y a todo el género humano. Jerusalén, que quiere decir “ciudad de la paz”, representa el paraíso, de cuya felicidad había Adán caído. Jericó quiere decir luna, y significa nuestra mortalidad (causada por el pecado original), porque ella, en sus fases, parece nacer, crecer, envejecer y morirJericó está en los valles, mientras Jerusalén está en las alturas. Bajaba, pues, el hombre de las alturas al valle cuando fue asaltado (San Basilio).

Y cayó en manos de unos ladrones, los cuales le despojaron, y después de haberlo herido, lo dejaron medio muerto, y se fueron. Esos ladrones son los demonios, en manos de los que no hubiera caído el hombre de no ponerse en ocasión al apartarse de los mandamientos de Dios (San Ambrosio). Despojaron al hombre de la inocencia y lo hirieron, incapacitándolo para el buen uso de su libre albedrío. Y nosotros estamos aún más heridos porque al pecado original, que hemos contraído, añadimos muchos pecados personales (San Agustín).

Y cubriéndolo de llagas (o sea, inclinándolo al pecado), lo dejaron medio muerto, y quedó tendido, porque no tenía fuerzas para levantarse por sí mismo, sino que necesitaba un médico que lo sanara, esto es, a Cristo (San Agustín).

Y sucedió que pasaba por el mismo camino un sacerdote, y, viéndole, siguió de largo. Y también un levita, llegando cerca de aquel lugar, lo vio y pasó también de largo. El sacerdote y el levita representan dos tiempos: el sacerdote es el tiempo de la ley, por la cual se instituyeron el sacerdocio judaico y los sacrificios; el levita es el tiempo de los profetas. En ninguno de los dos pudo curarse la humanidad, porque la ley daba a conocer los pecados pero no los perdonaba (San Agustín) y los profetas anunciaban al Mesías Redentor pero no lo hacían presente.

Pero un samaritano, que iba de camino, pasó cerca, y cuando le vio, tuvo compasión de élEl hombre herido era israelita; y el sacerdote y el levita que pasaron cerca de él eran sus prójimos por la raza o la sangre, pero un samaritano, enemigo despreciado y lejano por la raza, fue próximo por la misericordia. Ese samaritano que bajaba por el camino representa a Nuestro Señor Jesucristo que bajó del Cielo (Jn 3,13), porque samaritano quiere decir custodio o guardián.

Y acercándosele, le vendó las heridas, y puso en ellas aceite y vino. El vendaje de las heridas representa la represión de los pecadores. El vino es el rigor de su justicia y el óleo la suavidad de la misericordia. O según otra interpretación, para perdonar nuestros pecados, Cristo derramó sobre nuestras almas heridas el vino (la sangre de su pasión), y para santificarnos derramó el óleo de sus Sacramentos.

Y poniéndole sobre su animal, lo llevó a una posada, y lo cuidó. Cristo carga nuestros pecados y sufre por nosotros (Is 53). La Iglesia es el hospedaje o posada en el camino de la vida, que acoge a todos los que vienen a ella cansados del viaje, y donde, dejando la carga de muchos pecados por el sacramento de la Penitencia, el viajero fatigado descansa y después cobra fuerzas con el alimento de la comunión Eucarística.

Y al otro día sacó dos denarios y los dio al posadero, y le dijo: cuídamelo, y yo te devolveré lo que gastes de más cuando vuelva. Cristo Samaritano no podía permanecer mucho tiempo en la tierra, debía volver al lugar de donde había bajado. Los dos denarios son los dos preceptos de la caridad (amor a Dios y amor al prójimo) que recibieron los apóstoles (San Agustín). Bienaventurado -dice San Ambrosio- el hospedero que puede curar las heridas de otro y a quien dice Jesús: y cuanto gastes de más, te lo daré cuando vuelvaes decir, en el día del juicio final.

Una vez dicho todo esto, pregunta Nuestro Señor al doctor de la ley: ¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrones? Aquél que usó con él de misericordia, respondió el doctor. Y Jesús le dijo: Ve y haz tú lo mismo. Luego, nuestro prójimo es aquél a quien debemos prestar ayuda y misericordia, quien quiera que sea. De lo cual se sigue que aquél de quien debemos recibir ayuda y misericordia es también nuestro prójimo; pues la palabra prójimo indica una relación: ninguno es prójimo sin reciprocidad, de dos se dice que son próximos o lejanos. Y a nadie debe negarse la caridad, pues dice el Señor: haced bien a los que os aborrecen (Mt 5,44) (San Agustín). Ve y haz tú lo mismo. Si ves alguno abatido o caído, equivocado, lejos de la verdad, gran pecador, lejos de Dios -explica San Juan Crisóstomo-; no digas: "es un necio", sino que, si necesita auxilio, no dudes ni pases de largo; tiene derecho a tu ayuda, cualquiera que sea el daño que le haya sobrevenido.

Vayamos y hagamos lo mismo, estimados fieles. Actuemos como hijos de Dios y no como hijos de Caín y del diablo: cuando Dios le preguntó dónde estaba Abel, Caín respondió: no sé, ¿acaso soy yo el guardián de mi hermano? (Gen 4, 9). Cristo vino a enseñarnos que, verdaderamente, todos somos guardianes o protectores o samaritanos, unos de otros y Cristo de todos. La Iglesia es ese samaritano respecto de todos los hombres, porque todos nacemos medio muertos. Y los tradicionalistas somos ese samaritano respecto de todos nuestros hermanos engañados, robados y heridos por esos lobos con piel de oveja que son los herejes modernistas.

Permítanme aquí un paréntesis. Cuidado con el calificativo de “modernistas”. No miremos con desdén al resto de los católicos, a los que solemos llamar modernistas a secas, pues, en su inmensa mayoría, son víctimas de los salteadores que los despojan de la verdadera fe. Cuidado, porque esos, muchas veces, muchísimas, son eso: víctimas, no victimarios. No son los asaltantes de la parábola, sino el hombre asaltado. Pensemos, por ejemplo, en el inmenso bien espiritual que, en su gran simplicidad, con sus fervorosas oraciones hacen esas ancianas “modernistas”, devotas verdaderas del Rosario, infaltables en las Parroquias; pensemos en esas monjas “modernistas” de clausura que, pese a la Misa Nueva y a las malas prédicas, viven enteramente crucificadas por causa de su caridad ardentísima. Pensemos en esos Sacerdotes y laicos que se esfuerzan sinceramente por alcanzar la santidad, a pesar de tener que respirar cada día el humo liberal que ha entrado en el templo mediante la grieta excavada desde dentro por una Jerarquía de traidores. Cuidado con el desprecio del prójimo: no nos vaya a suceder que estemos haciendo a veces la oración del fariseo: te doy gracias, Señor, porque no soy como los demás hombres, ni como esos estúpidos e ignorantes modernistas de las Parroquias. Cuidado: peor que ser hereje material modernista es ser un orgulloso tradicionalista, porque Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes (1 Pe 5, 5). Cuidado con la soberbia. El orgullo farisaico es la gran tentación de los tradicionalistas. Los fariseos fueron los descendientes de los asideos, esos mártires y héroes tradicionalistas que combatieron a las órdenes de los Macabeos. Cuidado con la soberbia. A esos que parecen vivir de diatribas y discusiones, habría que preguntarles qué es más importante: si tener razón o tener caridad. Si los tradicionalistas tenemos la verdad, es por un regalo, por una gracia de Dios. Pero la luz de la fe verdadera es para iluminar a los hombres en orden a la salvación eterna, no para querer deslumbrarlos haciendo gala de conocimientos, ni para aplastarlos.

Estimados fieles: Dios nos haga caritativos y humildes. Ciertamente, los tradicionalistas debemos ser el buen samaritano especialmente para con todas las pobres ovejas asaltadas y heridas por esos ministros del diablo que les dan a beber el veneno liberal y modernista. Estos últimos se comportan como los ladrones de la parábola, aunque de modo mucho más criminal que el Sacerdote y el levita, que pecaron sólo por omisión. Estos ladrones son la Jerarquía liberal que objetivamente despoja y asesina a las almas desde esa verdadera emboscada que fue el Vaticano II. Y con estos envenenadores de las almas no cabe buscar cooperación ni concordia alguna, ni menos aceptar la posibilidad de someterse un día a su poder destructor. Si el samaritano hubiera pretendido ponerse a las órdenes de los ladrones, no habría hecho con eso un acto de caridad, sino la mayor insensatez imaginable. Y habría terminado robando o robado y medio muerto él también. La primera caridad es la verdad. En el caso de los tradicionalistas, la primera caridad está en conservar a salvo el alimento saludable de las almas, el tesoro divino de la fe católica, la Verdad, esa Verdad que un día volverá a resplandecer en la Iglesia porque las puertas del Infierno no prevalecerán (Mt 16, 18).

Que por la intercesión de la Santísima Virgen, Dios nos conceda la humilde caridad fraterna.
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Nota: las citas de los Santos Padres han sido tomadas de la Catena Aurea de Santo Tomás de Aquino.

lunes, 26 de agosto de 2019

CONFERENCIA DEL P. PAGLIARANI EN BUENOS AIRES




El Superior de la FSSPX ha dado, hace tres días, una breve conferencia o charla en el priorato de Buenos Aires. Han sido apenas 26 minutos tocando los tópicos de siempre, los lugares comunes ya agotados en relación con Roma, y omitiendo todo tema inconveniente o polémico. Responde al final un par de preguntas. Incluimos nuestros comentarios en rojo.

Empieza diciendo que sobre la situación con Roma, seguramente en el futuro pasarán cosas, pero hay que tomarlo todo “con calma”, no de manera pasional, y “tomar distancia de los medios electrónicos”. En realidad con Roma “no pasa nada”.

El superior de la FSSPX parece tomar por idiotas a los fieles de su congregación. Después de todos los hechos que en los últimos años han mostrado las acciones de Francisco tendientes a “normalizar” a la Fraternidad, más la activa participación de un obispo conciliar que ahora reside en dependencias internas de la misma Fraternidad, el P. Paglariani dice que “no pasa nada”.

“Roma sigue pidiendo aceptar todas las reformas del concilio y el posconcilio. También que aceptemos que la Nueva Misa es válida y legítima. No podemos aceptarlo. Sería una traición.”

¿Cómo dijo? La legitimidad de la nueva misa fue aceptada solemnemente por Mons. Fellay, anterior superior, en su declaración doctrinal de abril 2012 (*). En cuanto al concilio, él aceptó que “el 95% es bueno”, y que “la libertad religiosa es muy, muy limitada”. Ya han aceptado la injerencia diocesana sobre los matrimonios y en la Fraternidad avanza la recepción de los cánones del nuevo código modernista en desmedro del código de San Pío X. 
(*): 7 Nosotros declaramos reconocer la validez del sacrificio de la Misa y de los Sacramentos celebrados con la intención de hacer lo que hace la Iglesia según los ritos indicados en las ediciones típicas del Misal romano y de los Rituales de los Sacramentos legítimamente promulgados por los papas Paulo VI y Juan Pablo II.

Luego critica un rato Amoris laetitia. “La Fraternidad no puede aceptar esto”.

Habla de que a partir de 2009 comenzaron muchos rumores en Roma (Mons. Pozzo, etc.) “que iban en el sentido de que no nos exigirían aceptar el concilio”. “Expresiones que hacían creer en una solución posible en un marco pragmático, donde cuestiones doctrinarias no parecen tener importancia para los romanos”.

Es decir, que se estaba dispuesto -como se estuvo a punto de entrar en Roma en 2012- a aceptar un “marco pragmático”, cosa muy distinta a un “marco doctrinal”.

Dice que la FSSPX no corta toda relación con la jerarquía romana, que jamás lo hizo porque la considera legítima.

No tener relaciones con esas autoridades no significa que uno no las reconozca como legítimas. La justificación de P. Pagliarani es débil. ¿No dijo Mons. Lefebvre al final de su vida las siguientes palabras, ahora muy malsonantes en la FSSPX?: “para todo sacerdote que quiera permanecer católico, es un deber estricto separarse de esta iglesia conciliar mientras ella no regrese a la tradición del magisterio de la Iglesia y de la fe católica”. ("Itinerario Espiritual", 1991). Y, por cierto, eso no equivalió a proclamarse sedevacantista.

“La Fraternidad sigue promoviendo el debate doctrinal”.

Imaginemos a San Pío X promoviendo el debate con los modernistas… Él llamó a combatirlos, los llamó los peores enemigos de la Iglesia, esos que se esconden dentro de ella para hacer más daño. Por lo que veremos más abajo en las palabras del mismo P. Pagliarani, esto resulta ser simplemente o una excusa para obedecer a una estrategia romana, o una gran ingenuidad, o una pura ilusión. ¿Debatir con quien honra a Lutero introduciendo su estatua en el Vaticano?

“La finalidad de Francisco es en continuidad con lo que le precedió. Francisco puede tener una presentación original, nueva, extravagante. Pero es una continuidad…(…) Quiere imponer la democracia en la Iglesia, la sinodalidad”.

Frente al mayor destructor de la Iglesia de los tiempos modernos, ante quien no se cansa de combatir activamente todo lo que es católico, de cumplir la agenda masónica del Nuevo Orden Mundial, de promover la herejía, la blasfemia y el desmadre; el P. Pagliarani evita, como siempre en la Neo-Fraternidad, toda crítica viril y fuerte, necesaria y justa, como la que en su momento osó hacer Mons. Lefebvre con los jerarcas romanos, para poner las cosas en su lugar. Lo más fuerte que dice es que es “extravagante” (¡!), lo que en cierto sentido podría decirse de varios de sus antecesores, y aún podría ser, en momentos, un aspecto de simpatía que no desdiga de su posición doctrinal. Está claro que o hay miedo o hay una orden de “no ser duro con el papa Francisco”. ¡Pero eso no es otra cosa que falta de celo contra los que destruyen la Iglesia!

“Hay reacciones interesantes contra este pontificado y esta situación, pero no llegan a la raíz del problema. Acá está el papel de la Fraternidad: lograr explicar, mostrar, que el problema tiene su raíz en el concilio. Papa Francisco no apareció de la nada” (…) “El debate con Roma es una manera para mostrar que seguimos reconociendo la autoridad oficial” (…) Discutir sobre la libertad religiosa, el ecumenismo (…) la salvación de los judíos, que en el nuevo catecismo dice que ellos se salvan por esperar al Mesías por primera vez… (…)

“¿Roma tiene interés en la discusión doctrinal? Hasta ahora, ninguno”.

“En Roma somos muy bien recibidos. Pero quieren hablar de otra cosa. Lo que es doctrinal no parece interesar”.

“La FSSPX sigue esperando una respuesta a su proposición doctrinal. Tomará tiempo”.

Hemos destacado con negritas estas tres afirmaciones del Superior General porque echan por tierra su supuesta “estrategia” de “debatir doctrinalmente” para restaurar la Tradición en la Iglesia. Estamos totalmente metidos en el terreno del absurdo. La Fraternidad dice que quiere discutir. Ya lo hicieron. ¿Recuerda el lector que durante dos años se hicieron “conversaciones doctrinales” con Roma que no llevaron a ningún resultado… por parte de Roma? La FSSPX dice que quiere discutir acerca de la doctrina y también dice que a Roma no le interesa discutir acerca de la doctrina. ¿Entonces? ¿Para qué intentar discutir con quien no sólo dice que no le interesa la doctrina católica, sino que actúa para destruir todo lo que es católico? ¿Qué justificación hay para este absurdo? Si de manifestar un reconocimiento de la autoridad oficial se trata, hay muchos otros medios menos ridículos, menos escandalosos y menos peligrosos que buscar sentarse a discutir acerca de la Verdad con prelados liberales y modernistas que no están dispuestos a discutir acerca de la Verdad. A ninguno de los presentes en la charla se le ocurrió preguntar acerca de esto, o si se le ocurrió a alguno, no se atrevió a preguntar. Realmente es increíble que este sinsentido sea pasado por alto. A tanto parece haber llegado el adormecimiento de los fieles de la Fraternidad, que a nadie parece importarle que el enemigo modernista que ocupa Roma tenga atrapada a la Fraternidad en su astuta red de “diálogo y simpatía” y de amigables “contactos discretos pero no secretos” mientras el Superior dice que “no pasa nada”… Es el demoledor efecto “laxotanil” con que se bombardea desde hace años a los pobres fieles… Mientras Roma continúa su tarea de ablande de la resistencia fraternitaria y Francisco sigue con su aplanadora.

Se hicieron preguntas:

-“¿Habrá consagración de obispos?”

“Las condiciones de hace 30 años siguen y empeoran. Sin embargo, es un acontecimiento excepcional, justificado por una necesidad real. Mons. Lefebvre esperó lo más posible. La Fraternidad lo hará cuando no quede otra. Puede continuar con dos obispos activos. Pero la Fraternidad tratará de obtener un permiso de Roma que es lo que corresponde”.

Veremos qué nombres propondrá la FSSPX a Roma en ese momento…

-“¿Puede la Fraternidad atraer a grupos que se fueron de la Fraternidad?”

“No es posible, pero no a causa de la Fraternidad. Ellos tomaron decisiones que los traban en sus posturas. Una vez tomadas esas decisiones, hay que justificarse. Ellos tienen que buscar elementos para justificarse… “No se habla como antes… Monseñor Huonder…” Si no hay Monseñor Huonder hay otra cosa… (…) Es como cuando dos personas, perdonen la comparación, dos personas están para divorciarse. Cuando se divorcian, la perspectiva cambia, una siente la libertad, lee de vuelta todo su pasado y su presente en función de lo que le pasa ahora. Hay un rechazo de la Fraternidad que no es puramente racional, un rechazo que se hace visceral, para justificarse. Y también porque sufrieron no sé qué…se mezclan otras cosas, todos somos humanos, muchas veces son personas que pueden ser heridas, se sienten decepcionadas, hay muchos elementos. Mi respuesta es muy general. Es difícil. La puerta está abierta…”

Acá aparece toda la animosidad que cuidadosamente evitó para con los modernistas destructores de la Iglesia. Se cae en “lo pasional”, que fue lo primero que les pidió a sus escuchas que dejaran de lado. No hay problemas en la Fraternidad, se trata simplemente de imaginaciones exaltadas de personas cuyo rechazo no es del todo racional, que han sido heridas y decepcionadas… Toca al pasar -antes que se lo toque nadie- el tema de Mons. Huonder, como se tratase de algo menor, irrelevante, o normal… Antes el P. Pagliarani criticó levemente a los judíos pero no dice nada de que en el seno de la Fraternidad han introducido un obispo que es un excelente amigo de los judíos (ver este artículo) y que está allí para cumplir la misión de acercar la Fraternidad a Francisco. Como dijimos hace años en este blog, “hay, pues, un cúmulo de hechos precisos, concordantes, graves e indesmentibles que prueban hasta el hartazgo la deriva liberal, la voluntad acuerdista y la traición de la cúpula de la FSSPX”, pero ésta “nos quiere persuadir de que no hay certezas de la deriva liberal y consecuente traición de la FSSPX, sino meros juicios de intenciones, dudas, sospechas y juicios temerarios”.

“Cuando un sacerdote saborea la libertad, volver a una estructura, con un prior, con un superior, con la vida común, con algunas restricciones, no es fácil, son los hombres…”

El Superior de la Neo-Fraternidad generaliza, haciendo creer que todos los sacerdotes que están fuera y critican a la Fraternidad son “independientes”. Pero si bien hay casos así, también hay quienes están agrupados en una congregación, la SAJM (cuyos estatutos pueden consultarse en acá y la lista de sus miembros en este enlace). También se han visto obligados a romper con la Fraternidad, entre otros, los monjes benedictinos de Brasil y los Dominicos de Avrillé, que no son precisamente “independientes”… de manera tal que el P. Pagliarani deja de lado toda cuestión doctrinal para caricaturizar a los disidentes o detractores como unos desequilibrados que sólo aspiran a ser independientes.
Resumen for dummies: Ellos, la Fraternidad, son los “buenos” de la película. Francisco es el “extravagante”. Los malos somos nosotros, los que nos “divorciamos”.

sábado, 24 de agosto de 2019

COMENTARIO ELEISON Número DCXXXII (632) - 24 de agosto de 2019


¿“Post-Modernidad”? – I
Así que la verdad está anticuada, ¿de verdad? –
¡No hay mayor pérdida para el hombre que la de la verdad!
Uno se encuentra con las palabras “posmoderno”, “postmodernidad”, y uno se pregunta qué significan, o a qué se refieren. Una suposición razonable es que la “modernidad” se refiere al período de la historia del mundo que comenzó con el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, cuando la civilización tuvo que salir de las ruinas y emprender un nuevo rumbo. Pero 1945 es ahora casi las tres cuartas partes de un siglo atrás, y 74 años es demasiado tiempo para que el mundo haya estado avanzando sin evolucionar hacia algo diferente – en todo momento el mundo está girando, “Volvitur orbis”, pero nunca ha parecido que el mundo esté girando más rápido que en nuestro propio siglo XXI. Por lo tanto, sea lo que sea en lo que se ha mudado, eso es “posmoderno”.
Por supuesto, la pregunta entonces es, ¿en qué se ha mudado? Y es posible que el corazón mismo de la “posmodernidad” haya sido recogido en un libro titulado La cultura como religión; la interpretación posmoderna de la relación entre cultura y religión, de Wojcieck Niemczewski. A continuación un resumen de dos párrafos de la tesis de Niemczewski:—
Vivimos en una época de cambios de todo tipo, pero los viejos principios religiosos y filosóficos frenan el progreso y ya no encajan en la realidad que nos rodea, que está cambiando más rápido que nunca. De ahora en adelante estamos experimentando la “cultura de la elección”, que implica todos aquellos elementos culturales que nosotros podemos mezclar para componer nuestra propia visión del mundo. La posibilidad que tenemos de elegir se convierte entonces en un signo de libertad al precio del viejo elemento de la verdad, permitiéndonos permanecer adaptables a la vida moderna.
Como resultado, esta cultura posmoderna no impone ninguna norma, ninguna obligación, ninguna aplicación a la vida. Tampoco trasciende esta vida porque Dios puede existir, pero sólo dentro de nosotros mismos, sólo dentro de nosotros, de hecho ¡Él depende de nosotros! El hombre posmoderno quiere estar en sintonía con su tiempo, es decir, con el movimiento y el cambio. Pero un movimiento sin fin y un cambio ¿hacia qué? No tiene ni idea, porque se ha hecho incapaz de definir hacia dónde se dirige. Por lo tanto, incluso si los hombres se aferran a la Tradición, ésta es susceptible de ser absorbida por esta nueva cultura.
En el tiempo de Noé – ver Génesis, VI-IX, especialmente VI, 1–13 – la humanidad era tan corrupta que para salvar todavia un número significativo de almas, Dios Todopoderoso tuvo que infligir un castigo mundial que daría al menos a una minoría de ellos motivación y tiempo para hacer un buen acto de contrición. Y dado el pecado original, es lógico que sólo las intervenciones de Dios puedan frenar o revertir la inclinación de la humanidad a caer. Por supuesto, la mayor de estas intervenciones fue la Encarnación de Dios, pero “cuanto más alto están, más duro caen”, así que después de casi 2000 años era previsible que la condición de la humanidad sería peor que nunca, si Dios decidiera permitirlo. Ahora bien, claramente (Lc XVIII, 8) Él ha elegido desde la eternidad permitir la desaparición casi completa de la Iglesia de Su Hijo antes del fin del mundo. Entonces ¿Qué forma tomará esta desaparición? Lo entrevemos hoy en la descripción de Niemczewski de la “nueva cultura”.
Su descripción nos invita a distinguir entre “moderno” y “postmoderno” de la siguiente manera. “Moderno” sería la cultura global del nihilismo, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial: corazones y mentes vacías de toda convicción, creencia, esperanza o confianza, pero los corazones y las mentes aún no se han desintegrado, y todavía hay una dolorosa sensación de lo que se ha perdido. Por el contrario, “posmoderno” sería la consecuencia lógica de ese dolor, es decir, la autodestrucción de los restos del corazón y de la mente por la voluntad, para que el dolor ya no se sienta. Renuncio deliberadamente a la verdad para que mi mente flote en una tierra de hermosas mentiras de las que ya no soy consciente que son mentiras, y mi corazón va a la deriva en un país de sueños de engañosos anhelos, donde todo es suave y dulce, y siempre lo será.
Pero “Un hecho es más fuerte que el Señor Alcalde”, dice el proverbio. Es cierto que una multitud de mentes y corazones modernos se han deshecho de todos los anclajes y rechazan todo rumbo, pero el viento y la marea siguen siendo viento y marea, como por lo menos los enemigos constantes del Dios inmutable nunca olvidan. Quieren a todas las almas reales en el infierno real. ¡Si tan sólo los amigos de Dios tuvieran el mismo sentido de la realidad!
Kyrie eleison.