English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

sábado, 11 de agosto de 2018

SANTA FILOMENA, VIRGEN Y MÁRTIR DESCANONIZADA POR LOS HEREJES MODERNISTAS



Sean avergonzados los soberbios, porque injustamente obraron la iniquidad contra mí; pero yo me ejercitaré en vuestros mandamientos y en vuestras enseñanzas para no quedar confundida. (Comunión de la misa de Santa Filomena, I de las Vírgenes y Mártires)

La presente entrada consta de extractos de este artículo y de este otro artículo.  
Santa Filomena era completamente desconocida hasta el 24 de mayo de 1802 cuando, a raíz de una excavación en las catacumbas de Santa Priscila, sobre la Via Salaria Nuova de Roma, un obrero tropezó ante una lápida sepulcral.
La primera reacción hizo que se suspendieran los trabajos de excavación y se diera aviso a las autoridades locales: en este caso, por tratarse de un territorio sacro, fue el mismo Pío VII quien encomendó el reconocimiento y la apertura de la tumba, realizándose al día siguiente del hallazgo. Todo se hizo de acuerdo a los decretos de la Santa Sede establecidos por Clemente IX, más tarde confirmados por Pío IX: una comisión especial, compuesta por cardenales y prelados consultores, fue la responsable de decidir y juzgar la identidad de las reliquias. La apertura de la tumba se realizó a 50 metros bajo tierra, en presencia del obispo Giacinto Ponzetti, prelado examinador, de muchos sacerdotes y laicos.
La piedra fúnebre del Loculus consistía en tres baldosas de terracota que llevaban una inscripción en letras rojas y otros signos reveladores que llamaron la atención de los testigos. La inscripción, escalonada y extendida sobre las tres baldosas, decía: 
lumena + Pax tecum + Fi
Bastaba, para obtener su sentido, con reponer la primera tableta seguida de las otros dos, de donde se obtuvo lo siguiente: 
Pax tecum Filumena (la paz esté contigo, Filomena)
El término “Filumena” es en realidad una mala transcripción latina del nombre griego Philomena, por el cual la santa se nombrará a sí misma más tarde, en sus revelaciones privadas.
Antes de la apertura de la tumba, el prelado dio órdenes de verificar si no se hallaba allí algún frasco que contuviese restos de sangre (cosa que los primeros cristianos solían hacer al enterrar allí a los mártires, colocándolo en el exterior de la tumba e incrustándolo en el revestimiento del yeso externo). Un obrero entonces, provisto de una herramienta afilada, pinchó el yeso cobertor en una de las extremidades del lóculo y se las arregló para llegar hasta un recipiente que contenía partículas de sangre seca. Allí se dio el primer milagro testimoniado en el proceso verbal que se repetirá varias veces: las partículas de sangre coaguladas que surgían de la ruptura del frasco, al desparramarse, se convirtieron en pequeñas partículas brillantes que reproducían en su totalidad el color del arco iris.
Luego de venerar el prodigio, al abrir la tumba, se halló también allí un pequeño cráneo fracturado y algunos huesos de proporciones delicadas, lo que hacían suponer que se trataba de una niña de doce o trece años de edad.
Se estaba por tanto en presencia de una virgen-mártir (a raíz de la inscripción). La tumba se cerró, se sigiló con tres sellos y se sacó el sarcófago a la luz del día. Afuera, una multitud esperaba; ya en presencia de muchos curiosos, se reabrió la caja y recomenzó el proceso verbal redactándose el documento que fue leído en voz alta y firmado por los testigos del caso. Luego de ser sellados nuevamente por el obispo, los restos fueron depositados en un relicario y colocados en cinco envoltorios diversos: el frasco con la sangre, la cabeza de la santa y tres paquetes con fragmentos de huesos unidos con las cenizas de la carne. Esta caja fue llevada a la custodia general, esperando las órdenes del Papa.
Tres años más tarde, el cura de un pueblito de Italia, en el norte de Campania, cerca de Nola (Mugnano del Cardinale), obtuvo el permiso para que se le otorgasen las reliquias. La traslación, que se realizó en presencia de muchos testigos, tuvo lugar desde el 1º de Julio al 10 de Agosto de 1805, ocasión en la que se dieron varios milagros: una mujer sanó de una enfermedad incurable desde hacía doce años, un abogado fue curado de una ciática que padecía desde hacía seis meses y una noble dama, cuya mano estaba afectada por una gangrena, se vio liberada de la misma. Incluso hubo un prodigio celestial: aunque el cielo estaba cubierto de nubes, la luna apareció rodeada de un círculo luminoso que proyectó, en medio de la oscuridad, una luz inusual sobre el relicario y la procesión.
Al llegar finalmente a la iglesia parroquial de Mugnano, el destino final de la procesión, la santa fue recibida con gran regocijo al comprobarse un nuevo milagro: un niño de dos años a quien la viruela había cegado, recobró la vista luego de que su madre frotase los ojos con el aceite de una lámpara que velaba las santas reliquias.
El poder que se le otorgó a Santa Filomena a raíz de los milagros realizados, fue tan prodigioso que se la llamó “la taumaturga del siglo XIX”, por lo que la Iglesia se vio obligada a admitir su existencia en el cielo (cosa que no ha sucedido con otros santos que, por ejemplo, no han tenido la variedad y profusión de prodigios).
Muchos eran los sucesos extraordinarios, pero nada se conocía acerca de su vida.
¿Quién era esta santa? El sacerdote de Mugnano, Don Francesco di Lucia, exhortó a los fieles devotos de la nueva intercesora que rogasen para que ella misma aclarase cómo había sido su vida, cosa que se dignó hacer por medio de ciertas revelaciones privadas recogidas a partir del testimonio de tres personas distintas, todas ellas irreprochables y dignas de fe (ninguna se conocía entre sí). Luego de algunas apariciones se recabaron los testimonios. El libro que recibió las narraciones obtuvo el imprimatur del Santo Oficio el 21 de diciembre de 1833; entre ellas, la más importante y detallada fue la de la Madre María Luisa de Jesús, fundadora y superiora del Convento de Nuestra Señora de los Dolores, en Nápoles, cuya causa de beatificación fue abierta luego de su muerte, en 1875. Fue a esta santa mujer a quien la mártir Filomena se le apareció en 1832 para revelarle todos los detalles de su vida y su martirio, según los testimonios.
Princesa de una ciudad griega, había sido prometida por su padre al emperador Diocleciano con el fin de mantener la paz con el Imperio. Por su parte, cristiana como era Filomena, había hecho voto de virginidad a Cristo, por lo cual se vio obligada rehusar el matrimonio por encargo, cosa que enfureció al emperador enormemente. Luego de intentar persuadirla para que renegase de su Fe y de su voto, terminó por hacerla sufrir toda suerte de torturas y luego por decapitarla.
Pero faltaba ahora reconocer algún milagro de modo oficial para poder ser venerada como santa. En 1835, Pauline-Marie Jaricot era una mujer conocida por sus obras de propagación de la Fe y del Rosario viviente. Afectada desde hacía años por una enfermedad incurable, decidió en contra de todo pronóstico, viajar hasta Mugnano desde su Lyon natal, a raíz de las historias milagrosas que llegaban. Durante un alto en su viaje, en Roma, recibió la visita del papa Gregorio XVI quien la encontró consumida por la fiebre; el Santo Padre quería agradecerle el enorme apostolado mariano que esta joven francesa hacía a lo largo de Europa. Juzgándola casi en el trance de la muerte, el Papa le pidió un deseo: que rezara por él y por la Iglesia ni bien llegase al cielo.
- “Sí Santo Padre –respondió la moribunda– lo haré. Pero le pregunto: si al regreso de Mugnano yo pudiese llegar a pie hasta el Vaticano, ¿Su Santidad se dignaría autorizar el culto de Santa Filomena?”.
- “Sin duda –dijo el Papa– ya que se trataría de un milagro de primer orden”.
Pauline-Marie continuó su camino en dirección a Nápoles y llegó hasta el santuario de Mugnano transportada en camilla. Al llegar donde Santa Filomena, contra toda expectativa, se levantó de su camilla y se sintió completamente curada de modo milagroso. Ante la mirada atónita de todos, quiso quedarse allí varios días en acción de gracias al emprender el regreso hacia Roma, dejó su camilla como exvoto (aún visible hoy en día). Al llegar a la ciudad eterna, fue recibida por el Papa que accedió a sus peticiones, no sin antes mandar que se vigilase durante un año el origen de la repentina curación, a fin de que el milagro pudiese corroborado.
Ya vuelta a Lyon, Pauline-Marie Jaricot hizo erigir en la colina de Fourvière, una capilla dedicada a Santa Filomena, enriquecida con una reliquia otorgada por el mismo Papa; con el tiempo, ésta se transformaría en un importante centro de peregrinación popular.
El paso del tiempo hizo que, el 7 de noviembre 1849 el beato Pío IX fuese en peregrinación a Mugnano para proclamar allí a la santa como patrona secundaria de Nápoles; dos años más tarde concedió al clero de Mugnano un oficio litúrgico propio en su honor, favor que, en 1857, fue extendido a muchos otros lugares de la cristiandad. La causa de la canonización era el martirio.
Fue gracias al santo Cura de Ars, San Juan María Vianney, que, en Francia, el culto a Santa Filomena se extendió rápidamente. El santo cura había conocido a la virgen y mártir por la misma Pauline-Marie quien, regalándole una reliquia, le había dicho:
- “Tenga mucha confianza en esta santa: de ella obtendrá todo lo que le pida”.
Eran tantos los milagros y curaciones que el Cura de Ars decía realizar por intercesión de la santa que exclamaba como en un reproche gracioso:
- “¡Ocupaos un poco menos de los cuerpos y un poco más de las almas!”, y también, “¡si tan sólo pudiera ir a hacer milagros a otros lugares!”.
¡Si hasta él mismo se vio sanado de un mal físico por su intercesión! Fueron estos prodigios los que no cesaron durante todo el siglo XX; el mismo San Pío X le ofreció un anillo de oro y otros presentes de piedras preciosas a pesar de la furia de los modernistas que se oponían a la devoción a los santos.
- “¿Cómo? ¿no veis acaso? ¡El argumento más grande a favor de la santidad de Santa Filomena es el mismo Cura de Ars”! –decía el Papa Sarto.
Todo esto sucedió hasta mediados del siglo pasado cuando, en 1961, durante la revisión del martirologio romano (libro donde se inscriben los santos y beatos), el papa Juan XXIII firmó el decreto de la Sagrada Congregación de Ritos en el que se suprimía del calendario la fiesta de Santa Filomena (y de varios santos más), previamente fijada para el 11 de agosto. Tanto el oficio propio como la Misa fueron borrados. ¿Qué había pasado? Pues simplemente se dudaba de la existencia histórica de la santa aunque, oficialmente, nunca se dio una respuesta contundente para tal acto.
En el pueblito de Ars, el santuario observó la consigna y, desde ese momento, no se organizaron más celebraciones públicas en su honor. En Lyon, la capilla construida por Pauline-Marie Jaricot que contenía sus reliquias y su imagen, fue desmantelada.

ALGUNOS DE LOS OTROS SANTOS DESCANONIZADOS POR LOS HEREJES MODERNISTAS:

San Simón de Trento — popular niño mártir asesinado ritualmente por judíos el 24 de marzo de 1475. En 1965 el arzobispo Alessandro Gotardi, de la diócesis de Trento, declaró la inocencia de los asesinos. Como resultado del decreto del arzobispo, la Congregación de Ritos del Vaticano prohibió la veneración de sus reliquias así como la celebración de Misas en nombre de Simón. Este ejemplo de descanonización de un santo preconciliar es particularmente problemática porque a nadie se le ocurre insinuar que dicho santo no haya existido ni negar los milagros que se le atribuyen —fue puramente una movida política—. Dado que es políticamente incorrecto venerar a un niño que fue asesinado ritualmente por judíos (a pesar de un juicio que se realizó 110 años después de la muerte de San Simón y que sostuvo el veredicto del primer juicio, y a pesar de que incluso algunos académicos judíos admiten que ese primer veredicto fue válido, cf. http://www.traditioninaction.org/History/A_010_BloodyPassovers.htm), tuvo que ser quitado. Sin embargo, el apacentar a los no católicos difícilmente es una razón apropiada para cuestionar la indefectibilidad de la Iglesia (ver abajo). Incidentalmente, San Simón de Trento no es un santo anterior a la creación de la Congregación para las Causas de los Santos, puesto que el mismo Papa que confirmó esta canonización fue el que instituyó dicha Congregación en 1588 (en el mismo año en que San Simón fue canonizado).

San Guillermo de Norwich— otro niño católico (éste, ingles) que fue asesinado ritualmente por judíos (†1144), cuyo culto también fue suprimido, aunque al menos en este caso (a diferencia de San Simón) no parece haber habido un cultus popular.

Santa Ursula — uno de los santos descanonizados por los heresiarcas vaticanosegundistas más famoso y milagroso. Ella fue parte de un grupo de once mil vírgenes masacradas por los hunos cerca de Colonia alrededor del año 383. A pesar del hecho de que su cultus siempre fue muy activo, incluyendo numerosas iglesias y calles que tomaron su nombre, su culto fue suprimido en 1969 (Wikipedia lo niega, pero numerosos otros sitios novordistas confirman la supresión).

Santa Catalina de Alejandría — gran mártir de la Iglesia primitiva, uno de los santos más venerados de la Edad Media, una de los Catorce Santos Auxiliadores — removida del calendario litúrgico en 1969 por haber dudas acerca de su “historicidad”. Estoy esperando la descanonización de Santa Juana de Arco, ¡siendo que La Pucelledebe haber estado alucinando cuando hablaba con Santa Catalina!

Ahora bien. Creo que esto es una muy grave materia porque los jerarcas del Vaticano II implícitamente la Iglesia preconciliar erró al mandar a la Iglesia universal la veneración de estos individuos. Como establece Santo Tomás de Aquino: “Dado que el honor que damos a los santos es de alguna medida una profesión de fe, es decir, un creer en la gloria de los santos [qua sanctórum gloriam credimus], debemos creer píamente que en esta materia el juicio de la Iglesia no está sometido a error.” Como tal, incluso las canonizaciones anteriores a la Congregación para la Causa de los Santos son parte del Magisterio ordinario infalible.

Sin embargo, los modernistas dicen que la Iglesia sí erró en este punto cuando suprimen estos cultos. Los argumentos sobre la ambigüedad histórica son realmente irrelevantes puesto que a través de la tradición y la confirmación de los milagros, santos como Úrsula y Catalina de Alejandría terminaron siendo agregados al calendario. San Simón de Trento fue agregado por decreto del Papa Sixto V, disparando la infalibilidad del Papado y del Magisterio Extraordinario de la Iglesia. Objetivamente, esto es una herejía y una de las más netas (aunque menos “celebrada”) de la Iglesia postconciliar.

Uno no puede menos que notar el significado cultural de la remoción de santos que tuvieron un papel tan significativo en la historia cultural de naciones y localidades. ¿Hacemos de Enrique V un mentiroso al suprimir el santo que invocaba? ¿Y qué pasa con la basílica de Colonia bautizada con el nombre de Santa Úrsula?

jueves, 9 de agosto de 2018

MONS. LEFEBVRE: CONFERENCIA DE 27 DE DICIEMBRE DE 1988


Conferencia pronunciada por Mons. Lefebvre el 27 de noviembre de 1988 en Sierre, Suiza, pocos meses después de las consagraciones.
Traducción realizada por Non Possumus de la transcripción de Fideliter, número especial sobre las Consagraciones Episcopales. El énfasis mediante negrita y subrayado ha sido añadido por nosotros.

Dos corrientes han estado en combate dentro de la Iglesia durante dos siglos: después de la Revolución Francesa, algunos quisieron acomodarse a los principios de la Revolución y negociar con los enemigos de la Iglesia; otros rechazaron este arreglo porque Nuestro Señor Jesucristo nos advirtió: "Quien no está conmigo está contra mí". Por lo tanto, si se está a favor del reino de Jesucristo, se está en contra de sus enemigos; no es posible de otra manera. Para hacer un pacto, los primeros afirmaban que no podíamos hablar de Nuestro Señor mientras continuábamos amándolo. Pero los papas, hasta el Concilio Vaticano II, los reprobaron.
Nuestro Señor es nuestro Rey, nuestro Dios. Por lo tanto, no sólo debe reinar en privado sobre nuestras personas, sino también sobre nuestras familias, nuestros pueblos y toda la tierra. De todas maneras, nos guste o no, un día será nuestro Juez: cuando venga en las nubes a juzgar al mundo entero, todos los hombres estarán de rodillas, budistas, musulmanes, todos. En efecto, no hay muchos dioses, sino uno solo, como cantamos en el Gloria: Tu solus sanctus, Tu solus Altissimus Jesu Christe. Él descendió del cielo para salvarnos, es Él quien reina en el cielo. Lo veremos cuando muramos.
Con la Revolución Francesa se declaró una verdadera división, que ya se había iniciado con los protestantes. Así, toda una clase de intelectuales se levantaron contra Nuestro Señor, en un verdadero complot diabólico contra su reinado del que ya no se quería escuchar hablar.
Ellos toleraban que lo honráramos en nuestras capillas y sacristías, pero, ante todo, no afuera. Ya no era necesario hablar de Nuestro Señor en los tribunales, en las escuelas o en los hospitales; en una palabra, en ninguna parte. Por ejemplo, decían: “Ustedes ofenden a los budistas con su Señor Jesucristo. Ya que ellos no creen en él, déjenlos en paz. ¿Por qué poner a Jesucristo en todas partes?” Pero Nuestro Señor tiene el derecho de reinar en todas partes, y en los países católicos él es el amo. Y debemos tratar de hacerlo reinar tanto como sea posible, para convertir a los que no lo conocen y todavía no lo aman, para que ellos también se conviertan en sus súbditos, y para que en el cielo reconozcan a su Maestro.
Los primeros, para justificar que no se hablara más de Nuestro Señor en la sociedad, se basaban en la libertad de creer o no creer en Nuestro Señor. Pero eso no es verdad, no somos libres para creer lo que queramos. Nuestro Señor lo dijo: "El que cree, se salvará; el que no cree, se condenará”. Por supuesto que podemos abusar de esta libertad si luego desobedecemos y nos alejamos de Dios. Así que moralmente no somos libres, nosotros debemos honrar a Nuestro Señor y seguir Sus enseñanzas.
Estos son los que llamamos los liberales porque están a favor de la libertad, dejando a cada uno el derecho de pensar lo que quiera según su conciencia. Pero los papas siempre han condenado este liberalismo afirmando con firmeza que uno no tiene más libertad de conciencia que la libertad de hacer el bien o el mal. Por supuesto que podemos desobedecer. Un niño puede desobedecer a sus padres, pero ¿tiene derecho? Por supuesto que no. Es lo mismo con la religión. Todos debemos obedecer a Nuestro Señor, y por lo tanto a la única religión verdadera. Ciertamente hay gente que desobedece, pero debemos tratar de convertirlos y conducirlos a obedecer a Nuestro Señor, el único Dios verdadero, que nos juzgará a todos.
Ahora bien, esta corriente liberal fue desarrollándose por católicos como Lamennais que era sacerdote, extendiéndose la división dentro de la misma Iglesia. Pero Papas como Pío IX, León XIII, San Pío X, Pío XI y Pío XII siempre condenaron a estos liberales como los peores enemigos de la Iglesia porque separan a las personas, familias y Estados de Nuestro Señor Jesucristo.
Si Nuestro Señor ya no está presente en las escuelas, en los hospitales, en la justicia o en los gobiernos, si está ausente de la atmósfera pública, entonces eso es apostasía y ateísmo. En efecto, nos habituamos a no pensar más en Nuestro Señor, porque no lo vemos en ninguna parte, y poco a poco este olvido se extiende y penetra hasta en las familias.
Por ejemplo, ¿cuáles son los restaurantes u hoteles donde se puede encontrar la Cruz de Nuestro Señor? Por mi parte viajo mucho, y sólo en Austria encontré un hermoso crucifijo en algunos restaurantes, o una hermosa imagen de la Santísima Virgen en la habitación del hotel. En otras partes se acabó, pero antes no había casa sin crucifijo. Actualmente incluso los buenos católicos tienen miedo de poner el crucifijo en casa por temor de la reacción de aquellos que no aman la religión católica. A eso llegamos cuando eliminamos poco a poco a Nuestro Señor.
San Pío X, a principios de siglo, decía que ahora los enemigos de la Iglesia no sólo están en el exterior, sino también en el interior. Con esto quiso señalar a los católicos que ya no quieren el reinado público de Nuestro Señor.
Pero eso no es todo. Como había incluso maestros modernistas en los seminarios, que querían adaptarse al mundo moderno con su rechazo a Nuestro Señor y su apostasía, San Pío X hizo que fueran retirados de los seminarios para que no influyeran en los seminaristas que, convertidos en sacerdotes, difundirían a su vez las malas doctrinas.
Y San Pío X tenía razón, porque eso fue lo que pasó. Los obispos no quisieron prestar atención y muy lentamente estas ideas modernas fueron introducidas en el interior de los seminarios, luego en el clero y finalmente en todas partes. En nombre de la libertad se dejó de hablar de Nuestro Señor, ¡y fue la apostasía!

martes, 7 de agosto de 2018

ARTÍCULO DE MEDIO "PROGRESISTA" SOBRE LA NUEVA CÚPULA DE LA FSSPX



FUENTE (hemos extractado el comentario introductorio al artículo de Golias)


La opinión de un enemigo encarnizado de la Tradición

Este artículo apareció en el sitio web de Golias. [Golias es un medio francés al servicio de la herejía modernista y del liberalismo. Hace unos años, Golias publicó un muy acertado artículo sobre el GREC. Nota de NP] Es un análisis del capítulo publicado antes de su clausura. Parece haber sido escrito antes de la reincorporación de Mons. Fellay. Para ellos, su salida no significa en absoluto el final del proceso de ralliement
“Una pequeña revolución -¡horresco referens!- [horroriza contarlo!] sería lo que vive la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), fundada por el Arzobispo Espiritano Cismático, Mons. Lefebvre, luego del Vaticano II. Dirigida después de la muerte del fundador en 1991 por Mons. Fellay -consagrado sin mandato papal- durante casi un cuarto de siglo, este último acaba de ser sacado por el Capítulo General reunido en Ecône (Valais suizo) hasta el 21 de julio. Los católicos extremistas eligieron a un sacerdote italiano, Davide Pagliarani -ordenado por el obispo Fellay en 1996- para presidir la FSSPX durante los próximos doce años.
Inicialmente muy franco-francesa, esta Fraternidad cuenta hoy en día con 637 sacerdotes en todo el mundo (hay 400.000 sacerdotes católicos), por lo que Roma está haciendo todo lo posible para devolver a esta minoría al redil de la Iglesia oficial. El ex Superior General Fellay fue uno de los que -entre los fundamentalistas- querían este acercamiento con -como broche de oro- la posibilidad de una prelatura personal (como el Opus Dei). En esta perspectiva, el "prelado personal" habría sido elegido de por vida y sólo habría obedecido al Papa. Mala suerte: los fundamentalistas estaban divididos sobre esta reconciliación. Por un lado, porque muchos de los cismáticos todavía no han digerido el Concilio, especialmente los textos sobre el ecumenismo, la libertad religiosa y la eclesiología más horizontal instituida por los Padres conciliares (¡incluido Mons. Lefebvre!); por otro lado, porque la "Roma apóstata" (según el vocabulario específico de estos extremistas) está hoy dirigida, según ellos, por un peligroso progresista que quiere relativizar la doctrina inmutable sobre el matrimonio (entre otras). Si bien Francisco reconoció la validez de los sacramentos de la Reconciliación y del Matrimonio conferidos por los sacerdotes de la FSSPX en el marco del Año Santo Extraordinario 2015-2016, esto no fue suficiente ni para Mons. Fellay, de 60 años, ahora prejubilado.
El nuevo triunvirato lefebvrista está compuesto, pues, por el Superior General Pagliarani y dos asistentes: el obispo de Galarreta -también ordenado sin mandato pontificio por Mons. Lefebvre y reacio a ceder sobre el Concilio- y  el sacerdote francés Bouchacourt, antiguo rector de Saint-Nicolas-du-Chardonnet (París), iglesia anexada y ocupada por la FSSPX desde 1977, menos cerrado que su compañero asistente. Un signo particular de este trío: los tres han ejercido sus talentos... en Argentina. ¿Y quién era entonces Cardenal Arzobispo de Buenos Aires? Mons. Bergoglio y luego Mons. Poli, una creatura bergogliana que ayudó a la FSSPX a obtener las diferentes autorizaciones oficiales para poder trabajar legalmente en territorio argentino. Así que las cosas son más complejas. Por supuesto, la reconciliación Roma-Ecône sufrió un golpe con estas elecciones. Pero la puerta no está cerrada. La FSSPX ahora se enfoca más en las relaciones interpersonales, apostando por el conocimiento mutuo de los distintos protagonistas (Francisco y la dirección fundamentalista) para hacer avanzar su expediente. La exclusión de Mons. Fellay no es un rayo en el cielo azul. Fue más bien su ambivalencia, si no su ambigüedad, lo que fue sancionado por sus camaradas. Pero no se equivoquen: el diálogo no se rompe con la elección de estos nuevos jefes. Por el contrario, la FSSPX cree que está en posición de avanzar su dossier de manera más efectiva con personas que han conocido al Obispo de Roma en otro tiempo. Es verdad que con el poder romano, uno debe esperar todo."

lunes, 6 de agosto de 2018

R. DE MATTEI SOBRE EL CAMBIO MAGISTERIAL ACERCA DE LA PENA DE MUERTE



La licitud de la pena de muerte es una verdad de fe católica

Fuente

La licitud de la pena de muerte es una verdad de fide tenenda, definida por el Magisterio ordinario y universal de la Iglesia, de manera constante e inequívoca. Quien afirme que la pena capital es en sí un mal incurre en herejía.

La doctrina de la Iglesia quedó claramente formulada en la carta del 18 de diciembre de 1208 en que Inocencio III condenó la postura valdense, con estas palabras que tomamos del Denzinger: «De potestate saeculari asserimus, quod sine peccato mortali potest iudicium sanguinis exercere, dummodo ad inferendum vindictan non odio, sed iudicio, non incaute, sed consulte prodedat» «De la potestad secular afirmamos que sin pecado mortal puede ejercer juicio de sangre, con tal que para inferir la vindicta no proceda con odio, sino por juicio, no incautamente, sino con consejo» (E. Denzinger, El Magisterio de la Iglesia. Manual de los símbolos. Definiciones y declaraciones de la Iglesia en materia de fe y costumbres, nº 425, Editorial Herder, Barcelona 1963).

Esta misma postura fue reiterada por el Catecismo del Concilio de Trento (Tercera parte, nº333) y el Catecismo de San Pío X (Tercera parte, nº 415). Ahora el papa Francisco ha firmado un rescriptum que modifica el Catecismo con esta nueva formulación: «La Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona, y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo».

Según el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Luis Ladaria, el nuevo texto sigue las huellas de Juan Pablo II en la encíclica Evangelium vitae, pero la diferencia es como de la noche al día. Juan Pablo II considera en dicha encíclica que en las actuales circunstancias históricas la Iglesia debe ser partidaria de la abolición de la pena capital, pero afirma que la pena de muerte no es en sí injusta y que el mandamiento no matarás sólo tiene valor absoluto cuando se refiere «a la persona inocente» (nº 56-57). El papa Francisco, por el contrario, considera que la pena capital es de por sí inadmisible, con lo que niega abiertamente una verdad definida de modo infalible por el Magisterio ordinario de la Iglesia.

Para justificar está alteración invoca a la evolución de las circunstancias sociólogicas: «Durante mucho tiempo el recurso a la pena de muerte por parte de la autoridad legítima, después de un debido proceso, fue considerado una respuesta apropiada a la gravedad de algunos delitos y un medio admisible, aunque extremo, para la tutela del bien común. Hoy está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves. Además, se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado. En fin, se han implementado sistemas de detención más eficaces, que garantizan la necesaria defensa de los ciudadanos, pero que, al mismo tiempo, no le quitan al reo la posibilidad de redimirse definitivamente.»

Ahora bien, el concepto de dignidad de la persona no se altera en razón de los tiempos y las circunstancias históricas, del mismo modo que no se altera el significado moral de la justicia y de la pena. Pío XII explica que cuando el Estado recurre a la pena de muerte no pretende erigirse en dueño y señor de la vida humana, sino que simplemente reconoce que el propio criminal, por una especie de suicidio moral, se ha privado a sí mismo del derecho a vivir. Según el Santo Padre, « Aun en el caso de que se trate de la ejecución de un condenado a muerte, el Estado no dispone del derecho del individuo a la vida. Entonces está reservado al poder público privar al condenado del «bien» de la vida, en expiación de su falta, después de que, por su crimen, él se ha desposeído de su «derecho» a la vida» (Discurso del 14 de septiembre de 1952).

Por su parte, los teólogos y moralistas han explicado a lo largo de los siglos, desde Santo Tomás de Aquino hasta San Alfonso María de Ligorio, que la pena de muerte no se justifica por la mera necesidad de proteger a la sociedad, sino que posee además un carácter retributivo al restablecer un orden moral vulnerado, teniendo además un valor expiatorio, como en el caso del Buen Ladrón, que lo unió al supremo sacrificio de Nuestro Señor.
El nuevo rescriptum del Papa Francisco expresa el evolucionismo teológico condenado por San Pío X en la encíclica Pascendi y por Pío XII en la Humani generis, que no tiene nada que ver con el desarrollo homogéneo del dogma del que habló el cardenal John Henry Newman. La condición indispensable para el desarrollo del dogma es que las nuevas afirmaciones teológicas no contradigan la enseñanza anterior de la Iglesia, sino que se limiten a explicarla más y profundizar en ella.

En conclusión, que como en el caso de la condena del control de natalidad, no se trata de una opinión teológica que sea lícito debatir, sino de verdades morales que pertenecen al Depósito de la Fe y que por tanto es obligatorio aceptar para no dejar de ser católicos. Esperamos que los teólogos y Pastores de la Iglesia intervengan lo antes posible para corregir públicamente este último y grave error del papa Francisco.

DEMOLICIÓN IMPARABLE POR PARTE DE LA NEO-IGLESIA LIBERAL, MODERNISTA Y SODOMITA



EN LA CATEDRAL DE BUENOS AIRES BAUTIZAN A "HIJO" (OBTENIDO MEDIANTE VIENTRE DE ALQUILER) DE PAREJA DE SODOMITAS (UNO CÉLEBRE EN LA FARÁNDULA)

domingo, 5 de agosto de 2018

PAPA FRANCISCO: DEMOLIENDO LA MORAL VERDADERA



FRANCISCO: “LA PENA DE MUERTE ES CONTRARIA AL EVANGELIO”


Fuente: SÍ SÍ NO NO vía Adelante la Fe

Avvenire, 11 de octubre de 2017: El papa Francisco en el encuentro promovido por el Consejo para la Nueva Evangelización“La pena de muerte es contraria al Evangelio”. 

El discurso de Francisco

Interviniendo en el Aula nueva del Sínodo, en el Vaticano, en el encuentro promovido por el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización con ocasión del 25º aniversario de la firma de la constitución apostólica Fidei Depositumpor parte de Juan Pablo II, texto que acompañaba a la aparición del Catecismo de la Iglesia Católica [CIC], el papa Bergoglio hizo referencia en su discurso “a un tema que debería encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica [CIC] un espacio más adecuado y coherente. Pienso, en efecto, en la pena de muerte”, dijo, una problemática que “no puede ser reducida a un mero recuerdo de enseñanza histórico sin hacer emerger no sólo el progreso en la doctrina actuado por los últimos Pontífices, sino también a la cambiada conciencia del pueblo cristiano, que rechaza una actitud consentida respecto a una pena que lesiona gravemente la dignidad humana. Se debe afirmar con fuerza que la condena a la pena de muerte es una medida inhumana que humilla, sea cual sea la manera en que sea aplicada, la dignidad personal – continuó –. Es en sí misma contraria al Evangelio porque se decide voluntariamente eliminar una vida humana, que es siempre sagrada a los ojos del Creador y de la cual Dios solo, en última instancia, es verdadero juez y garante”.

Según Francisco, “ningún hombre, ni siquiera el homicida, pierde jamás su dignidad personal” (Carta al Presidente de la Comisión Internacional contra la pena de muerte, 20 de marzo de 2015) […]. A nadie, por tanto, puede privárseleno sólo de la vida, sino de la misma posibilidad de un rescate moral y existencial que redunde de nuevo en favor de la comunidad”. […]. Para el Papa, “no nos hallamos en presencia de ninguna contradicción con la enseñanza del pasado, porque la defensa de la dignidad de la vida humana desde el primer momento de la concepción hasta la muerte natural encontró siempre en la enseñanza de la Iglesia su voz coherente y autorizada”.

El desarrollo armónico de la doctrina, sin embargo, “exige abandonar tomas de postura en defensa de argumentos que aparecen ya decididamente contrarios a la nueva comprensión de la verdad cristiana. Es necesario reafirmar, por tanto, que, por muy grave que pueda ser el delito cometido, la pena de muerte es inadmisible porque atenta contra la inviolabilidad y dignidad de la persona […]”. Después, ha añadido para dejar la idea más clara que “la Tradición es una realidad viva” y que “sólo una visión parcial del depósito de la fe” la puede considerar como “algo estático”“¡La Palabra de Dios no puede conservarse en naftalina como si se tratase de una vieja manta que debe protegerse contra los parásitos!” [este último pasaje no ha sido ofrecido por Avvenire, sino sólo por Famiglia Cristiana, el 10 de octubre de 2017]. A la exclamación, el Papa ha hecho seguir un sonoro “¡No!”. En efecto, la “Palabra de Dios es una realidad dinámica, siempre viva, que progresa y crece porque tiende a un cumplimiento que los hombres no pueden detener”, concluyó.

Comentario

La nueva enseñanza de Francisco sobre la pena de muerte contiene, pues, sustancialmente, 4 elementos que analizar:
Progreso en la doctrina por parte de los últimos Papas

1º) Según el papa Bergoglio ha habido un progreso en la doctrina: “pena de muerte lícita” (CIC, 1992) – “pena de muerte ilícita” (Francisco, 2015-2017) por parte de los últimos Pontífices, pero esto es evidentemente falso porque Juan Pablo II enseñó en el Catecismo Oficial de la Iglesia Católica (CIC) de 1992 que la pena de muerte no es siempre necesaria, pero es lícita y aplicable; así también lo enseñó Benedicto XVI en la promulgación del Compendio del CICen 2005. Además “desde los orígenes de la humanidad, la pena de muerte ha estado siempre en vigor y nadie ha pensado jamás considerarla injusta […] sólo en el periodo iluminista se comenzó a dudar acerca de la licitud de la pena de muerte.

La reacción, cada vez más viva, fue favorecida por la mentalidad liberal que preparó la Revolución Francesa e indudablemente fue provocada por la facilidad extrema con la que se solía infligir esa pena […]. De hecho, los legisladores demostraron que la pena de muerte no puede ser ni admitida ni excluida de manera absoluta: las dos tesis pecan – respectivamente – de excesivo pesimismo y optimismo hacia la naturaleza humana; o sea, no puede suponerse que el ciudadano es en todas partes y siempre un criminal en potencia ni que en todas partes y siempre es un santo en acto […]. Sujeto a infinitas influencias, abusando del albedrío, se puede abandonar a los excesos más incontrolados del egoísmo y, por tanto, resultar peligroso para la sociedad; e, iluminado por las experiencias más variadas, puede no sólo recapacitar, sino madurar hasta ser sensible a las exigencias de la vida social y respetar sus leyes [por el derecho natural]. Si la sociedad es una persona jurídica perfecta y autónoma, como tiene el derecho a vivir, prosperar y conservarse, del mismo modo tiene el de defenderse contra quien intente subvertir su orden amenazando el bien común.

Por tanto, si puede defenderse solamente eliminando a su propio enemigo, el Estado puede rechazar su agresión infligiéndole la pena de muerte. O bien, si la defensa contra el injusto agresor es considerada en todas partes y siempre legítima para el individuo, incluso hasta el caso de la violencia eliminación del adversario, con más razón es legítima para una entera Nación, la cual personifica a todos los ciudadanos y esta comprometida en tutelar sus derechos. Ahora bien, la auto-defensa del individuo responde a una ley no escrita sino natural, que no debemos ni a la enseñanza ni a la Tradición ni a la cultura, sino exclusivamente a la naturaleza por instinto; es ella, por tanto, la que, en el caso de que nuestra vida se encuentre expuesta a cualquier ataque o a la violencia y a las heridas de los bandidos o de los enemigos, hace considerar lícito todo medio para asegurar nuestra incolumidad […]. Por ello, si la Nación, para defenderse, no pudiera castigar con la muerte al ciudadano que amenaza con herirla subvirtiendo el orden público:

1º) por no hacer violencia a los violentos, sería violenta contra los inocentes;
2º) haría más insolentes e incorregibles a los criminales, animados a hacer el mal por la debilidad del Estado;
3º) declararía su propio fracaso…”[1].

La dignidad de la persona humana

2º) Según Francisco, la pena de muerte lesiona la dignidad de la persona humana, pero eso es también falso porque Santo Tomás de Aquino (el Doctor Oficial de la Iglesia) enseña que el hombre, al pecar, decae de la dignidad próxima de persona, aun quedándole la dignidad remota y radical de naturaleza humana, y se abaja al nivel del bruto, destinado a servir al hombre como medio útil. Por tanto, el delincuente incorregible merece ser tratado como un animal peligroso, por lo que se puede matar lícitamente y sin pecado por el bien común[2].

También Santo Tomás explica que “El bien común es superior al bien particular. Por tanto, es justo eliminar el bien particular para conservar el bien común. Pero la vida de algunos hombres pestíferos impide el bien común que es la concordia de la sociedad humana. Por tanto, es justo que estos hombres sean eliminados con la muerte por la sociedad humana. […]. El médico hace algo bueno y útil cuando amputa un órgano putrefacto que amenaza con infectar todo el cuerpo. Por tanto, también el Jefe de Estado da muerte justamente y sin cometer pecado, a los hombres malvados, para que no sea turbada la paz del Estado…”[3]. Para Santo Tomás[4] la persona es un “individuo de naturaleza racional” o “subsistente en una naturaleza racional”.

Por tanto, la persona es un sujeto de naturaleza racional, o sea, dotado de intelecto y voluntad; existe y actúa independientemente de otra, es autónoma en el ser (ya que, en cuanto sustancia, no necesita de otra realidad en la que apoyarse) y en el actuar (ya que, gracias a su naturaleza racional, se dirige a sí misma en la acción, en cuanto que es dueña de sus actos). El único del que depende es Dios, su creador y conservador en el ser. Santo Tomás explica que las creaturas intelectuales son gobernadas por Dios, en cuanto queridas por sí mismas, mientras que las creaturas no racionales están ordenadas a las creaturas racionales. Naturalmente, esto no significa que el hombre no esté ordenado a Dios, su Fin último, sino sólo que, entre las creaturas, la persona humana es el fin de los entes irracionales, de los cuales debe servirse para llegar a Dios. Corresponden a la persona derechos y deberes, o sea, el derecho de hacer lo que es necesario para conseguir su propio Fin natural y sobrenatural y el deber de hacerlo. La persona, en virtud de su naturaleza racional, es capaz de mérito y de demérito y, cuando actúa, está obligada a elegir el bien y a evitar el mal, o sea, a ordenar su acción a Dios y a alejarla de lo que la priva de Dios.
En cuanto a la “dignidad de la persona humana”, es necesario distinguir, ya que la dignidad es una cualidad o “valor” que confiere una cierta superioridad (que no todos tienen) a alguno y lo distingue de los demás. El hombre tiene dignidad sólo relativamente a las creaturas no racionales (minerales, vegetales y animales), pero no tiene una dignidad absoluta o por sí mismo, como afirma el personalismo. La persona tiene dignidad sólo en virtud de la naturaleza humana, en la que subsiste, o sea, la dignidad humana se debe a la naturaleza humana y no pertenece al sujeto en sí mismo; la dignidad pertenece directamente y en primer lugar a la naturaleza y secundariamente a la persona o sujeto que subsiste en dicha naturaleza racional. Hablar de “dignidad de la persona humana” no es exacto, sería apropiado decir “dignidad de la naturaleza humana” en la que subsiste el sujeto o la persona[5].
La dignidad se divide en
a) radical-ontológica: es de la persona que está radicada en una naturaleza humana racional. Por tanto, radicalmente todas las personas son iguales, en cuanto que están todas ellas radicadas en una naturaleza humana y racional, y sólo esta dignidad no puede perderse;
b) total-moral o práctica: Es de la persona tomada totalmente, en su ser y actuar. La dignidad total de la persona viene dada por su actuar, por sus buenas obras, mientras que las malas la privan de dignidad humana total. No todos los hombres son iguales, hay quien hace el bien y es bueno y quien hace el mal y es malo. En efecto, la obra propia del hombre es conocer la verdad (intelecto) y amar o querer el bien (voluntad). Existirá dignidad total-moral sólo si la persona conoce la verdad y ama el bien; mientras que, si se adhiere al error y ama el mal, pierde la dignidad total-moral, aunque radicalmente conserva la naturaleza humana y racional.

El papa León XIII enseña: “El intelecto y la voluntad que se adhieren al error y al mal decaen de su dignidad nativa y se corrompen” (Encíclica Immortale Dei, 1 de noviembre de 1885). Santo Tomás de Aquino escribe: “Con el pecado, el hombre abandona el orden de la razón: por ello decae de la dignidad humana, que consiste en ser por sí mismos y en el obrar por el bien; degenerando así, de algún modo, en la servidumbre propia de las bestias, que implica la subordinación en beneficio de otro (caballo al caballero, pecador a Satanás) […] un hombre malo es peor que una bestia”[6]. Este principio justifica la pena de muerte infligida por la Autoridad a quien ha perdido la dignidad humana total cometiendo gravemente el mal.

Otra consecuencia práctica es que el derecho de obrar está fundado sólo en la dignidad total (la persona en su obrar) y no en la dignidad radical (la persona subsistente en una naturaleza racional). Obrar mal, adhiriéndose al error, significa perder la dignidad total (que consiste en obrar bien), aun conservando la radical (la naturaleza humana). No existe por eso para la persona humana derecho a profesar el error y a hacer el mal, fundado en la dignidad de la persona, la cual, obrando mal, pierde la dignidad total, que funda ella sola el derecho a obrar, aunque mantiene la dignidad radical, que se refiere al individuo y no a sus obras.

Erróneamente, el personalismo (Mounier, Maritain y ahora Bergoglio) afirma que la persona humana tiene una dignidad absoluta, no relativa a la naturaleza en la que subsiste. Así, se ha impuesto en muchos la idea aberrante de que la dignidad radical de la persona funda el derecho a obrar, el derecho a la libertad de expresar públicamente cualquier pensamiento (cfr. Concilio Vaticano II, Decreto sobre la “Libertad religiosa”, Dignitatis humanae personae, 7 de diciembre de 1965); mientras que la sana filosofía enseña que, cuando la persona actúa mal (intelectual o moralmente), pierde su dignidad total (que se refiere al obrar), aun manteniendo la radical (que se refiere al ser). El error no tiene derechos. No existe ningún derecho – que sea tal en cuanto que fundado en la dignidad de la naturaleza humana – a manifestar públicamente el error y a hacer el mal (Pío XII, Discurso a los Juristas católicos italianos, 6 de diciembre de 1953).

sábado, 4 de agosto de 2018

COMENTARIO ELEISON Número DLXXVII (577) - 04 de agosto de 2018


Capítulo General – II
Dios mío, yo no puedo. Yo debo.
Tú puedes. Te lo ruego. ¡Yo confío!
Al menos por el momento uno puede razonablemente juzgar que el Capítulo General de la Fraternidad San Pío X concluyó con otra derrota disfrazada para la Fe Católica. Es una pena que los 40 principales sacerdotes de lo que una vez fue la Fraternidad de Monseñor Lefebvre no comprendan la dimensión plena de la crisis eclesial y mundial en la que todos nos encontramos hoy, pero esa es la realidad. En cierto modo no se les puede culpar, porque no son ni más ni menos que hijos de su época. Dado que vivimos en tiempos pre-apocalípticos, ¿por qué los sacerdotes de la Fraternidad deberían haberse librado de las tentaciones y cegueras que, desde el Vaticano II, han reducido la masa de obispos y sacerdotes de la Iglesia? La Iglesia tiene la promesa de Nuestro Señor de que nunca caerá (Mt. XXVIII, 20), pero la Fraternidad nunca tuvo tal promesa.
Por lo tanto, que los católicos que desean salvar sus almas sean realistas, o ajusten sus mentes a la realidad de nuestra situación. Por ejemplo, una madre angustiada de los Estados Unidos acaba de escribirme acerca de su preocupación por sus hijos:-
Quiero que mis hijos tengan otros niños que amen la fe. Y quiero que tengan otras oportunidades para que conozcan a católicos fieles y quizás casarse un díaTengo un hijo que sólo tiene 12 años y quiere ser sacerdote. ¿Cuál es el futuro para ellos? ¿Habrá siempre en nuestro entorno cercano un sacerdote de la “Resistencia”? ¿Y qué tal una escuela? ¿Y estará mi hijo a salvo entrando en un seminario?” Debe haber hoy muchas madres católicas con la misma ansiedad. Respondí con la inmensa necesidad que tienen hoy todos los católicos de asimilar la realidad y de adaptarse a ella:-
Querida Mamá,
ACOSTÚMBRESE A LA IDEA DE QUE EN UNA HAMBRUNA UNA MIGA DE PAN ES UN LUJOLa Iglesia está en estado de hambruna. Por lo tanto.-
1 Cada día tiene su propio afán, dice Nuestro Señor (Sermón de la Montaña). Puede haber o no un seminario correcto para cuando su hijo de 12 años crezca. Si no lo hay, eso significará que Nuestro Señor no quiso que él fuera sacerdote. Pero mucha agua pasará sobre la presa de aquí a entonces.
2 ¿Un sacerdote de la “Resistencia” en su entorno cercano? Sólo el tiempo lo dirá. Mientras tanto no están obligados a asistir a Misas que disminuyen su fe, de hecho pueden estar obligados a no asistir a ellas. Que usted y su marido juzguen. Pero si no asisten a la Misa pública, deben adorar a Dios en casa de manera regular el domingo. Este es el Tercer Mandamiento. Su ejemplo les enseñará a sus hijos.
3 Una escuela de la” Resistencia” sería un súper-lujo. Mientras tanto los niños REALMENTE escuchan a sus padres biológicos, esto está profundamente en su naturaleza. Puede aún enviarlos a escuelas que no sean tan buenas, siempre y cuando tenga el Rosario en casa, y vigile cuidadosamente todas las influencias que puedan llegar a influir en ellos, especialmente su música…. No los deje solos en sus habitaciones con ningún aparato electrónico. Mantenga estos aparatos malvados fuera de la casa, lo más lejos posible.
4 Suficiente para el día es su maldad. Recuerde lo que dijo san Ambrosio a santa Mónica: “El hijo de tantas lágrimas (el futuro san Agustín) no se puede perder”. Llore lágrimas de sangre si es necesario para la salvación de cada uno de sus hijos – ¿qué más importa? – pero al mismo tiempo tenga una confianza ilimitada en el Sagrado Corazón de Jesús y en el deseo y poder de su Madre para obtener su salvación.
Por eso, queridos lectores, el Arzobispo y su Fraternidad fueron un súper-lujo. Es demasiado normal que hoy la perdamos. Debemos ceñir nuestros lomos, es decir, apretarnos el cinturón, y contar con salvar nuestras almas sin ella. La gracia de Dios está siempre presente. “La ayuda de Dios está más cerca que la puerta” – proverbio irlandés.
Kyrie eleison.

viernes, 3 de agosto de 2018

VOZ DE FÁTIMA, VOZ DE DIOS N° 65


VOZ DE FÁTIMA, VOZ DE DIOS N° 65


21 de julio de 2018
Vox túrturis audita est in terra nostra
(Cant. II, 12)



Para leer y releer I


Queremos recopilar, poco a poco, las palabras de Mons. Lefebvre en fechas posteriores a su firma del Protocolo de Acuerdo, 1988. Son muy claras y nos orientan para saber cómo proceder.

"No debemos hacernos ilusiones. Los principios que dirigen ahora la Iglesia Conciliar son cada vez más abiertamente contrarios a la doctrina católica. Todas las ideas falsas del Concilio continúan desarrollándose, son reafirmadas cada vez con más claridad. Son cada vez menos ocultas. Es, pues, absolutamente inconcebible que se pueda colaborar con semejante jerarquía”. (Fideliter, enero de 1991).

"Es un deber estricto para todo sacerdote que quiera permanecer católico, el de separarse de esta Iglesia Conciliar, mientras ella no regrese a la Tradición del Magisterio de la Iglesia y de la fe católica”. (Itinerário Espiritual)

“Sobre todo, si hubiera un arreglo con Roma, seríamos invadidos por una gran cantidad de personas… (si) tienen la Tradición y están reconocidos por Roma, (muchos) van a venir con nosotros. Hay mucha gente que seguirá con su espíritu moderno y liberal, pero que vendrán con nosotros porque les va a gustar asistir de vez en cuando a una ceremonia tradicional y tener contacto con los tradicionalistas. Y esto será muy peligroso para nuestro medio tradicional. Si somos invadidos por toda esta gente ¿qué va a pasar con la Tradición? Poco a poco va a haber una especie de ósmosis que se producirá, una especie de consenso… Muy despacio, muy despacio, vamos a terminar por no ver la distinción entre el liberalismo y la Tradición. Es muy peligroso.” (conferencia en Flavigny, 11 de junio de 1988. Fideliter n°68, 1989).

“Por eso, no debemos sorprendernos de que no lleguemos a entendernos con Roma. Esto no será posible mientras Roma no regrese a la fe en el Reinado de Nuestro Señor Jesucristo, mientras ella continúe dando la impresión de que todas las religiones son buenas. (conferencia en Sierre, Suiza, 27-11-88. Fideliter n° 89, 1992).

"Debemos estar exentos de todo compromiso, tanto respecto a los sedevacantistas como a aquellos que quieren absolutamente estar sometidos a la autoridad eclesiástica [actual, liberal y modernista].
                                                                                            Arsenius

jueves, 2 de agosto de 2018

FOTOS DE LA CELEBRACIÓN DE LOS 30 AÑOS DE LA CONSAGRACIÓN EPISCOPAL DE MONS. WILLIAMSON

Escribe Monseñor Zendejas:
La Divina Providencia nos ha permitido celebrar, el domingo 8 de julio, el trigésimo aniversario de la consagración episcopal de Su Excelencia, Monseñor Richard Williamson. Más de doscientas personas provenientes de 17 localidades (Estados) de los EE UU estuvieron presentes para dar homenaje a la integridad que S.E. ha demostrado al preservar el combate por la Fe Católica de acuerdo al espíritu y fortaleza del mismo Monseñor Lefebvre. No menor ha sido la generosa presencia de parte del clero proveniente de cinco continentes de alrededor del mundo, a fin de no sólo de dar ánimo al Prelado celebrante sino también de hacer una acción de gracias por los sacrificios y ultrajes afrontados con ecuánime valor durante los treinta años de episcopado, haciendo parte de un testimonio viviente de fidelidad del cual somos herederos. 
La Misa Pontifical fue preparada en el poblado de Brewster, Estado de Nueva York, al norte de la ciudad principal. La liturgia que conlleva ésta ceremonia condujo el tema central de la celebración episcopal: la preservación del auténtico Sacerdocio Católico instituido por Nuestro Señor Jesucristo, expresado por el Rito Latino, proclamado por la Tradición Católica, y transmitido heroicamente por las consagraciones episcopales del 30 de junio de 1988 por el Prelado por antonomasia, de feliz memoria, Monseñor Marcel Lefebvre. Las palabras de Monseñor Williamson, pronunciadas durante el sermón, son dignas de recordar en éste momento para mantenerse fiel a través de la crisis actual de la Iglesia y del mundo.  
Después de la ceremonia se presentó la biografía de Monseñor Richard Williamson, La Voz de Trompeta - una sinfonía inconclusa, con una previa intervención escrita por el Doctor David Allen White, autor de 360 páginas. Desafortunadamente, el Dr. White no pudo estar presente debido a que, cinco días antes del evento, tuvo una intervención de cirugía que no podía ser pospuesta. A Dios gracias, la salud del Dr. White se mejora paulatinamente día tras día. 
Finalmente, la recepción del banquete giró en torno a una variación musical - sin faltar los típicos estruendos de los Mariachis al sazón mexicano -  que comenzó con la melodía singularmente bella del violín, terminando con la magnífica ejecución de música clásica de altura por un inolvidable y magistral concierto de piano.  
Que éste sincero homenaje sea para Su Excelencia un aliciente para continuar fiel al pie del cañón en el combate por la defensa del Depósito de la Fe por la sagrada Tradición de la Iglesia Católica. Así como se lee en su blasón episcopal "Ut Fidelis Inveniatur" (Para ser encontrado Fiel)
 Ad Multos Annos!!! 
 Viva Cristo Rey!