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sábado, 12 de mayo de 2018

COMENTARIO ELEISON Número DLXV (565) - 12 de mayo de 2018


Sueños “Píos” – I
Pobre Menzingen, perdida en sus “píos” sueños.
La gentileza neo-modernista no es lo que parece.
En junio del año pasado, un cofrade de Francia escribió un buen artículo sobre si la Fraternidad San Pío X debía o no obtener de las autoridades eclesiásticas de Roma un estatus canónico que protegiera los intereses de la Fraternidad. Obviamente, el cuartel general de la Fraternidad en Menzingen, Suiza, cree en la obtención de este estatus, y si el actual Superior General es reelegido para un tercer mandato en julio, ese es el objetivo que la Fraternidad seguirá persiguiendo. Sin embargo, es bastante menos obvio que ese objetivo deba ser perseguido. Un argumento de ocho páginas completas de Ocampo # 127 de junio de 2017, se resume a continuación en una sola página.
La posición del artículo es que la Fraternidad no puede de ninguna manera ponerse bajo las poderosas autoridades eclesiásticas imbuidas de los principios de la Revolución Francesa tal como se plasmaron en el Vaticano II, porque son los Superiores los que moldean a los sujetos, y no al revés. Mons. Lefebvre fundó la Fraternidad para resistir la traición de la Fe católica por parte del Vaticano II. Sometiéndose a los Conciliaristas, la Fraternidad se uniría a los traidores a la Fe.
Las autoridades eclesiásticas son los obispos diocesanos y el Papa. En cuanto a los obispos, los francamente hostiles a la Fraternidad pueden ser menos peligrosos que los que pudieran ser amistosos pero no han entendido las exigencias absolutas de la Tradición Católicaque no son sólo las exigencias de la Fraternidad San Pío X. En cuanto al Papa, si sus palabras y hechos le muestran que está trabajando en contra de la Tradición Católica que es su deber defender, entonces los católicos tienen el derecho y el deber de protegerse a sí mismos tanto contra la manera en que está abusando de su autoridad, como contra su propia necesidad innata de seguir y obedecer a la autoridad católica. Ahora bien, en teoría, un Papa conciliar puede prometer una protección especial para la Tradición de la Fraternidad, pero en la práctica debe, por sus propias convicciones, esforzarse para que la Fraternidad reconozca el Concilio y abandone la Tradición. Dada entonces su gran autoridad como Papa para imponer su voluntad, la Fraternidad debe mantenerse fuera de su camino.
La experiencia demuestra que los Tradicionalistas que se incorporan a la Roma Conciliar pueden empezar simplemente guardando silencio sobre los errores del Concilio, pero normalmente terminan aceptando esos errores. Su acuerdo inicial de guardar silencio es al final mortal para su profesión de Fe. Y por el deslizamiento natural cuesta abajo de un compromiso a otro, pueden incluso terminar perdiendo la Fe.
Es la Fe la que hizo decir a Mons. Lefebvre que, a menos que los Conciliares romanos vuelvan a la doctrina de las grandes Encíclicas Papales anti-liberales – lo que no han hecho desde sus tiempos de él y no est án a punto de hacer ahora – un mayor diálogo entre los romanos y los Tradicionalistas es inútil, y –podría él haber añadido – positivamente peligroso para la Fe.
El artículo también enumera ocho objeciones a esta posición, dadas aquí en cursiva con la más breve de las respuestas:
1 Con la Prelatura Personal Roma ofrece a la Fraternidad una protección especial. Protección de los obispos diocesanos, quizás, pero no de la autoridad suprema del Papa en la Iglesia. 2 Las exigencias de Roma para el acuerdo han ido disminuyendo. Sólo porque las concesiones hacia la cooperación práctica son más efectivas para obtener la sumisión de los católicos, como bien saben los comunistas. 3La Fraternidad insiste en ser aceptada por Roma “tal como somos”, es decir, Tradicional. Para los romanos eso significa: “Tal como seréis, una vez que la cooperación práctica os haya hecho ver lo buenos que somos”. 4 Así la Fraternidad continuará atacando los errores del Concilio. Nada va a cambiar. Roma puede tomarse su tiempo para insistir en cambios cada vez mayores. 5 ¡Pero al Papa Francisco le agrada la Fraternidad! ¡Al Gran Lobo Malo le agradaba la Caperucita Roja! 6 La Fraternidad es demasiado virtuosa para dejarse engañar por Roma. ¡Ilusión tonta! El Arzobispo mismo fue al principio engañado por el Protocolo del 5 de mayo de 1988. 7Varias comunidades tradicionales se han incorporado a Roma sin perder la verdadera Misa. Pero varias de ellas se han puesto a defender errores importantes del Concilio. 8 El Papa Francisco como persona está en error, pero su función es sagrada. Reconocer lo sagrado de su función no puede obligarme a seguir sus errores personales, es decir, el mal uso de su función. La verdadera Fe está por encima del Papa.
Kyrie eleison.

BLASFEMIA-FASHION


"La profanación y mofa tiene su larga historia y no la han inventado estos pobres diablos. Tanto la que hacen hoy éstos blasfemos-ricachones-impenitentes bendecidos por el Vaticano, como las que exhibían algunos lustros atrás los asesinos de miles de sacerdotes en España."

Leer artículo acá

DOMINICAS DE FANJEAUX EN DECADENCIA: BUENAS RELACIONES CON LOS RALLIÉS, MALAS (NULAS) RELACIONES CON LA RESISTENCIA

Conferencia de Mons. Fellay a la Dominicas de Fanjeaux (2015). 

Fuente (exttracto)
Con ocasión de la fiesta de la escuela de Santa Catalina de Siena, de las Hermanas Dominicas de Fanjeaux, los fieles se sorprendieron al ver a un sacerdote de la Fraternidad de San Pedro asistiendo a las festividades. El asombro de estos fieles pasó al punto de estupor y cólera cuando vieron que todas las hermanas dominicas parecían alegres por hablar con él y saludarlo.
Estos fieles recordaron, en cambio, cómo un sacerdote de la Resistencia había sido retirado del coro de la capilla de San Manvieu por estas mismas hermanas con ocasión de un funeral de un fiel al que este sacerdote de la Resistencia había acompañado y asistido durante años. Después del entierro, las hermanas (al igual que el prior del lugar) huyeron de este sacerdote como la peste y no le dirigieron una sola palabra.
Esta congregación se ha inclinado hacia la mundanidad y la superficialidad desde hace algún tiempo. Huyamos de esta atmósfera malsana. 

jueves, 10 de mayo de 2018

DE NUEVO EL P. BOUCHACOURT





Fuente (Extracto del comentario a la carta. Carta íntegra. Comentarios de NP en color rojo. Cursiva y negrita añadidas por NP).

¿Hay alguna diferencia entre el sacerdocio católico y el sacerdocio modernista? Para nosotros, sí, ¡pero parece que no para el P. Bouchacourt!

Lea esta breve carta del Superior de Distrito de Francia que invita a los fieles a responder a la invitación del Papa, que convocará un sínodo sobre el tema de las vocaciones. Y esto sin ninguna restricción o distinción. ¡Como si el actual Papa tuviera la intención de formar sacerdotes francamente católicos y antimodernistas como en Avrillé!

El P. Bouchacourt lamenta que [en Francia] sólo haya 79 sacerdotes diocesanos para ser ordenados para el año 2017. Pero, ¿cuál es el valor de estos 79 sacerdotes, ninguno de los cuales habrá recibido una formación correcta? Incluso si fueran 200 o 300, el problema sería el mismo, ya que la cuestión no es numérica ¡sino de Fe! Y sabemos que todos están más o menos destruidos por la teología de Congar, Rahner, Lubac, Ratzinger, etc. Todos son casi irrecuperables.
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CARTA A NUESTROS HERMANOS SACEDOTES
 N° 77 - MARZO DE 2018

El Papa Francisco ha convocado para el mes de octubre un Sínodo sobre el tema "Los jóvenes, la fe y el discernimiento de las vocaciones". Este es un asunto efectivamente esencial por dos razones.

La primera razón es que la Iglesia no puede vivir sin [buenos] sacerdotes (ni religiosos, por cierto). Ciertamente, en algunos lugares y en ciertos períodos, vida eclesial ha podido existir sin sacerdotes: mencionemos Corea donde, a fines del siglo XVIII y a comienzos del siglo XIX, durante cincuenta años, la fe solo se difundió por los libros católicos. Sin embargo, esta situación es profundamente anormal, y además, este primer cristianismo coreano sufrió esta ausencia del sacerdocio.

La segunda razón es que la Iglesia, al menos en Occidente, está experimentando un serio "invierno de vocaciones". [¿Qué? ¿Pero no ha dicho muchas veces Mons. Fellay, que se está acabando el invierno en la Iglesia porque se ven muchos “brotes primaverales”? ¿En qué quedamos?] La Croix del 4 de julio nos reveló que 79 sacerdotes diocesanos [es decir, modernistas] debían ser ordenados el año 2017. Eso es poco, es muy poco; es claramente insuficiente para la Iglesia de Francia, incluso considerando simplemente mantener lo que existe.

Dado que toda la Iglesia se movilizará en torno a las vocaciones [de modernistas o no modernistas; no importa, la cosa es “movilizarse”. Importa la acción más que la Verdad, el movimiento más que los principios inmutables] durante este año 2018, me parece que nosotros también, en nuestro lugar, podemos responder a esta invitación del Papa. Especialmente porque "el objetivo de la Sociedad de San Pío X es el sacerdocio [¿modernista o no modernista?. Tal parece que al P. Bouchacourt le da igual] y todo lo que se relaciona con él y nada y nada más que lo que le concierne", como dicen sus estatutos. Por eso, durante este año, compartiremos algunos pensamientos y propuestas sobre las vocaciones.

Lo primero es lo más simple, ya que es lo único que Nuestro Señor nos ha enseñado explícitamente: "La cosecha es mucha pero los trabajadores son pocos. Suplicad, entonces, al Dueño de la mies para envíe obreros a su mies" (Mt 9, 37-38). [¿Aunque esos obreros sean, en realidad, lobos o mercenarios modernistas?] Por lo tanto, es a la oración por las vocaciones que Jesús nos exhorta. Y cualquier reflexión sobre el despertar de las vocaciones debe comenzar y terminar con este punto.

Entonces, debemos preguntarnos: ¿oramos lo suficiente por las vocaciones? ¿Hacen recordar este punto crucial los obispos [modernistas], una de cuyas principales responsabilidades es dar sacerdotes a la Iglesia? ¿Las parroquias son movilizadas para orar con regularidad, con constancia, con fervor por esta intención? ¿Las escuelas católicas y los movimientos juveniles son sensibilizados acerca de este punto, porque la oración de los niños es particularmente efectiva ante el corazón de Dios?

En resumen, ¿cada católico es animado a repetir esta oración clásica todos los días: "Señor, danos sacerdotes. Señor, danos santos [¡por fin una distinción necesaria!] sacerdotes. Señor, danos muchos santos sacerdotes?

Abbé Christian BOUCHACOURT, Superior del Distrito de Francia de la SSPX

Leer la carta (en francés) acá.

miércoles, 9 de mayo de 2018

LA ÚLTIMA GRAN BLASFEMIA: SODOMA Y LA IGLESIA CONCILIAR SE BURLAN DE LA IGLESIA CATÓLICA




De Wikipedia: La Gala del Met o la Costume Institute Gala es un evento benéfico [léase maléfico] que da inicio a la exposición de moda anual del Instituto del Vestido del Museo Metropolitano de Arte de la ciudad de Nueva York.
La Gala del Met es uno de los eventos sociales más importantes en la agenda de Manhattan y allí se citan celebridades, empresarios, realeza, modelos, diseñadores y socialites de todo el mundo.
La fiesta es co-dirigida por la editora de la revista Vogue, y unas personalidades honorarias que varían cada año, entre quienes se destacan Sebastián Lacouture, Kylie Jenner, Selena Gómez, Miley Cyrus, Kim Kardashian, Kendall Jenner, Beyoncé, Katy Perry, Lady Gaga, Nicole Kidman, Marc Jacobs, Kate Moss, Madonna, Cate Blanchett, George Clooney, Julia Roberts, Sarah Jessica Parker, Rihanna, Stella McCartney, Jennifer Lawrence y Blake Lively. 
Este año el evento se llamó así: Cuerpos celestiales: Moda y la imaginación católica. 

El Vaticano aportó 42 valiosas piezas de vestuario sagrado para ser exhibidas por los organizadores de esta burla infernal, paralelamente al "desfile de modas". Entre esos objetos se encuentran la tiara de Pío IX y una casulla de Pío XI.

Entre los asistentes al satánico evento, se encontraba el Card. Dolan, Arzobispo de Nueva York.

El Presidente del Instituto del Vestido del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York es el hebreo Daniel H. Weiss.

Un espectáculo blasfemo muy similar, denominado Vírgenes Fashion, tuvo lugar en Chile justo en el momento en que se produjo el terremoto del 27 de febrero de 2010, el octavo mayor de la historia del mundo. Video que registra esos instantes.

lunes, 7 de mayo de 2018

MONS. TOMÁS DE AQUINO HABLA SOBRE LA CRISIS DE LA IGLESIA Y SOBRE LA CRISIS DE LA FSSPX




Fuente

Extractos del sermón pronunciado por Mons. Tomás de Aquino OSB el 14-I-18. 

Se conservó, en la medida de lo posible, la simplicidad del estilo oral.


PAX

Un hecho ocurrido en nuestra parroquia servirá para profundizar el conocimiento en la contemplación de este misterio, si Dios nos hace esta gran gracia. Toda crisis, toda herejía, todo error es ocasión, para la Santa Iglesia, de profundizar el dogma, y ​​profundizando el dogma, profundizar el conocimiento y el amor de Dios, o sea, profundizarse en la fe y en la caridad, así como en la esperanza de los bienes que Dios nos prometió.

Pero, ¿cuál fue el hecho ocurrido en nuestra parroquia que nos lleva a hablar de la Iglesia? El hecho fueron las misas que mi sobrino, el P. Tarcisio, rezó en la capilla San Miguel [que está en los terrenos del monasterio de la Santa Cruz. N de NP]. Estas misas fueron para mí motivo de alegría y de tristeza. Alegría por ver a Tarcísio subir al altar después de una larga preparación iniciada, en parte, aquí en nuestra parroquia, aquí en nuestro monasterio. Contento por el P. Tarcisio, que mereció su ordenación por los años de estudio realizado en el seminario Nuestra Señora Corredentora, en La Reja, en Argentina, seminario de la Fraternidad San Pío X.

Y ¿cuál es la tristeza? Es la de ver a los superiores del P. Tarcisio, es decir, los superiores de la Fraternidad San Pío X, tomar una dirección diferente a la indicada por Mons. Lefebvre en el combate de la fe. Como la acusación es grave, veamos, pues, cuál fue la orientación dada por Mons. Lefebvre y luego comparemos esta orientación con lo que hace la Fraternidad, arrastrando a los nuevos sacerdotes en esta misma nueva orientación.

¿Qué dijo, e incluso escribió, monseñor Lefebvre? "Es un deber estricto para todo sacerdote que quiera permanecer católico, el separarse de esta Iglesia conciliar mientras ella no regrese a la Tradición de la Iglesia y de la fe católica". Alguien puede preguntarse: "¿Pero qué Iglesia conciliar es esa? ¡Sólo existe una Iglesia, no hay dos Iglesias!". Es ahí donde comenzamos nuestras reflexiones.  

¿Y quiénes son los maestros que seguiremos en esas reflexiones? Son Mons. Lefebvre, Mons. Antonio de Castro Mayer, el P. Calmel, Gustavo Corção y toda la Tradición de la Iglesia y su Magisterio infalible, y también, entre los vivos, a Mons. Williamson y Mons. Faure.

La crisis actual obliga a profundizar las verdades reveladas, obliga a profundizar las palabras mismas por las cuales la Santa Iglesia expresa el dogma revelado. Lo que deseamos es conocer, amar y defender esta unión entre Jesucristo y la Iglesia, para discernir dónde está nuestro deber para con Dios, para con nosotros mismos y para el prójimo. ¿Dos Iglesias? En cierto sentido, sí. Dos Iglesias, y como decía San Agustín, dos ciudades.

Dos amores constituyeron dos ciudades. El amor de Dios llevado hasta el desprecio de sí mismo constituyó la ciudad de Dios. Y el amor de sí mismo llevado hasta el desprecio de Dios constituyó la ciudad del hombre.

Que la Iglesia conciliar sea la religión del hombre llevada hasta el desprecio de Dios es evidente. Todo el mundo puede constatarlo.

Paulo VI declaró la simpatía de la Iglesia (¿qué Iglesia?) por la religión del hombre que se hace Dios. Esto está en el discurso de la clausura del Concilio Vaticano II. Todos los que deseen pueden encontrarlo sin dificultades. Este escándalo sin precedentes fue comentado por Mons. Lefebvre y todos los grandes autores de la Tradición.

Pero eso no es todo. El desprecio por Dios se manifiesta primero en la liturgia. Comunión de pie y en la mano. Supresión de innumerables genuflexiones. Desprecio por la ley de Dios y sus mandamientos. No es necesario enumerar lo que todo el mundo ya está cansado de saber. ¿Pero qué significa esto?

Esto significa que estamos ante otra Iglesia con su nueva liturgia, su nueva moral, su nuevo Derecho Canónico, su nueva espiritualidad.

¿Esta nueva Iglesia es completamente otra? En su orientación, sí. Ella es totalmente otra. Ella está al servicio de la ciudad del hombre que lleva el falso amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios.

Pero, ¿y el Papa? ¿Es Papa de qué Iglesia? Él, por extraño que sea, es el Papa de las dos Iglesias. Él es Papa de la Iglesia católica y él es el jefe de la Iglesia conciliar. Luego, ¿estas dos Iglesias están ligadas? Por el espíritu que las anima, no. Por la ocupación efectiva de los cargos que pertenecen a la Iglesia, sí. Ellas se entremezclan una en la otra.

Pero si así es, ¿por qué no asumir esa realidad y convivir con esa dificultad? Porque no conviene estar bajo la autoridad de aquellos que no profesan la integridad de la fe católica. No son los inferiores que hacen a los superiores, sino el contrario. Son los superiores los que influencian a los inferiores.

Si el Papa Francisco, si Benedicto XVI, si el Cardenal Burke, o cualquier otro miembro de la Iglesia conciliar viniera aquí para predicar, esto sería un desastre.

Incluso si los fieles ya impregnados de modernismo vinieran en multitud a nuestras misas, esto no sería bueno. Poco a poco el liberalismo de estos progresistas se comunicaría a nuestros fieles.

Pero ¿esto no es un espíritu de secta?

No, esto es espíritu de separación.

El católico es un hombre separado del mundo. Él está en el mundo, pero él no es del mundo. Ahora bien, si podemos estar con cualquiera en el autobús, en el mercado, en el dentista, no podemos estar con cualquiera a la hora de ofrecer a Dios el Santo Sacrificio de la Misa.

En la Iglesia primitiva, los catecúmenos debían salir de la iglesia antes del ofertorio, antes del canon, antes del sacrificio. Los que recibieron la orden menor de portero debían impedir la entrada de los indignos a la iglesia.

Hay, pues, un espíritu de separación respecto del mundo. El progresismo, el modernismo está abierto al mundo, al demonio ya la carne. La Tradición está cerrada al mundo, al demonio, a la carne y al modernismo. ¿Eso es espíritu de secta? No, esto es espíritu católico. Quien no entiende es tal vez por que ya comenzó a no ser católico.

"Pero rechazando estar unidos al Papa, ¿ustedes no están rechazando el canal por el que pasan todas las gracias que viene de Nuestro Señor?" El rechazar estar unidos a los papas conciliares, no estamos rechazando la unión con la jerarquía que Nuestro Señor instituyó. Sólo estamos diciendo: Anatema sea quien enseñe otro Evangelio, como nos enseñó a decir San Pablo.

"¿Pero entonces ustedes no quieren y no procuran una normalización de la situación con respecto a Roma?". Quien está en situación anormal no somos nosotros, sino la Roma modernista.

Cuando Roma vuelva a la Tradición del Magisterio de la Iglesia y de la fe católica, serán ellos quienes vendrán a nosotros y no nosotros los que iremos a ellos.

"¿Eso no es orgullo?". No, eso es la verdad.

"Pero ¿la cuestión canónica no tiene que ser resuelta?". Cuando Roma vuelva a la Tradición del Magisterio de la Iglesia y de la fe católica, no habrá cuestión canónica. Nosotros pondremos nuestro episcopado en las manos del Santo Padre, como nos enseñó monseñor Lefebvre.

"¿Pero espera de brazos cruzados el final de la crisis?". Al contrario. La Resistencia reza, estudia, predica, bautiza, confirma, confiesa, administra la Extremaunción, realiza matrimonios y ordena sacerdotes y ofrece el Santo Sacrificio del altar y da la Santa Comunión. Aquí está la Iglesia. Iglesia perseguida por los modernistas que excomulgaron a Mons. Lefebvre y canonizaron a Juan Pablo II.

"Pero la Fraternidad, en el fondo, piensa como ustedes", quizá dirán algunos. Quiera Dios que sí, pero temo que esto sea una dulce ilusión.

Todos los hechos ocurridos desde los años 90 hasta hoy indican que hay dos corrientes en la Tradición: la corriente de los que quieren una aproximación diplomática con Roma y la corriente de los que no quieren acercarse a Roma, a no ser que Roma regrese a la Tradición del Magisterio Iglesia y de la fe católica.

La corriente diplomática, que podemos llamar liberal, es una corriente que minimiza la crisis actual. Quien preguntaba a Corção si él esperaba ver el final de la crisis, él respondía: "No. No tengo más esperanza de ver la Iglesia Triunfante." [O Iglesia del Cielo. N de NP]  ¿Corção era entonces un pesimista? No. Corção era un realista. Mons. Lefebvre tampoco esperaba un cambio rápido. Él decía: 'Prepárense para un combate de larga duración'. Pero entonces, ¿esta crisis durará aún cuánto tiempo? Sólo Dios sabe cuánto durará esta crisis. No se nos ha dado saber el futuro y eso no debe preocuparnos. Nuestro deber es actuar correctamente y dejar el resto en las manos de Dios.

Creo que actuamos correctamente con el P. Tarcisio. Creo que estamos actuando correctamente exponiendo las razones de nuestras vivas aprehensiones. El resto está en las manos de Dios. Si alguien se perturba con la idea de que nosotros no somos católicos o que nuestra posición es cismática, yo le diría: donde está Nuestro Señor y Nuestra Señora ahí está la Iglesia. Donde está Pascendi y Syllabus ahí está la Iglesia. Dónde está el deseo de someterse a Roma cuando ésta regrese a la Tradición del Magisterio y a la fe católica, ahí está la Iglesia. Donde está el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, ahí está la ciudad de Dios.

A pesar de nuestra indignidad, esperamos obtener la gracia de allí vivir y allí morir. Que así sea.

                                                                                      Dom Tomás de Aquino O.S.B.

domingo, 6 de mayo de 2018

MENSAJE ACUERDISTA DEL P. BOUCHACOURT


Fuente


LA LEVADURA EN LA MASA

Por el P. Christian Bouchacourt

Con ocasión de los atentados que han sumido a nuestro país en el luto, hemos visto a los hombres permanecer fieles a su deber de Estado a riesgo de sus vidas. Pienso en particular en el coronel Beltrame.
La emoción suscitada por estos episodios de valentía nos recuerda que, para nosotros los cristianos, más allá de los héroes de la ciudad (ya admirables), nuestros verdaderos héroes deben ser los santos. Ellos también sacrificaron todo, pero por Dios.
No más que los auténticos héroes, los santos canonizados no han sido muy numerosos. Y sin embargo, cada uno en su propio género, con el poder del Espíritu Santo, han cambiado el mundo, guiando a los hombres hacia el bien a través de su acción y ejemplo, convirtiéndose en modelos e inspiradores, animando a los más débiles, suscitando imitadores.
Porque no es la cantidad lo que hace la eficacia, sino la determinación, la entrega total sostenida por la gracia. Recordemos los comienzos de la Iglesia. Eran sólo doce apóstoles, ignorantes, pobres, asustados. Pero debido a que amaban a Nuestro Señor Jesucristo más que a nada, y debido a que les había ordenado convertir al mundo, partieron confiados e intrépidos. Así se cambió la faz del mundo, estableciéndose la Iglesia Católica en toda la tierra.
Si repasamos la historia de la Iglesia, comprobaremos que así ha sido de siglo en siglo. Cuando, según la palabra de San Jerónimo, el mundo gemía al despertarse arriano, el obispo de Alejandría, casi solo en todo Oriente, defendió la divinidad de Cristo a pesar de las amenazas, las persecuciones y el exilio. Fue así como san Atanasio salvó la fe católica frente a la omnipotencia de los emperadores arrianos. Pasando por el Languedoc y viendo poblaciones infectadas por el maniqueísmo, un canónigo de Osma (España) se estremeció y se comprometió a predicar la verdadera fe tanto por su palabra como por sus virtudes. Así es como Santo Domingo comenzó la obra que llevaría a la fundación de la Orden de Frailes Predicadores, y a la desaparición de la herejía cátara que asolaba el país.
Cuando una campesina de diecisiete años compareció ante la Corte del Rey Carlos VII, reducida entonces a sus últimos extremos en su lucha contra el Rey de Inglaterra, ¿quién iba a saber que esta intervención de Santa Juana de Arco revertiría el curso de la Guerra de los Cien Años?
Podríamos continuar indefinidamente. La santidad de una persona puede transformar el mundo, traer renovaciones que nadie podría haber anticipado.
Y, muy cercano a nosotros, ¿cómo no evocar la figura de Mons. Lefebvre? Todo estaba preparado para una "revolución silenciosa", "en tiara y capa", sin que nadie dijera una palabra: ¡los conspiradores habían preparado tan bien su golpe!
Pero un hombre se puso de pie, sin dudar en proclamar que estos cambios no eran de Dios, y sobre todo sin temer la persecución para seguir haciendo verdaderos sacerdotes y salvar la Misa de siempre.
Esta conspiración, tan bien concebida, se estrelló así con una fidelidad inquebrantable, aunque, desgraciadamente, los errores del Vaticano II sigan haciendo estragos.
Esta verdad nos concierne también a nosotros. A menudo nos desanimamos porque somos poco numerosos frente a enemigos formidables. Pero repitamos que el número no lo es todo, y que la santidad de uno solo puede, con la gracia de Dios, cambiar el rumbo de las cosas. Entonces, hace falta que una élite surja de entre nosotros para actuar en el corazón de la Ciudad, en el corazón de la Iglesia, y transformar el mal en bien.
                                   P. Christian Bouchacourt, Superior del Distrito de Francia de la FSSPX

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"Hace falta que una élite surja de entre nosotros para actuar en el corazón de la Ciudad, en el corazón de la Iglesia, y transformar el mal en bien". He allí la manera -no tan sutil- que tiene el Padre Bouchacourt para decir que la élite de las águilas -según P. Simoulin- de la Fraternidad, debe entrar en Roma -el corazón de la Iglesia- para “transformar el mal en bien”.

Pequeño detalle: los santos que menciona en su artículo: Santa Juana de Arco, San Atanasio, Santo Domingo, Mons. Lefebvre; hicieron triunfar su causa -que era la causa de Dios-, pero a costa de sí mismos: Santa Juana quemada en la hoguera, San Atanasio desterrado, Mons. Lefebvre. Excomulgado (y Mons. Lefebvre triunfó estando en el corazón de la Iglesia católica al salir del corazón de la Iglesia conciliar). Es decir, apareciendo ante el mundo como “perdedores”. La diferencia es que la Fraternidad pretende ser de esos santos con el reconocimiento triunfal de Roma y recomendándose a sí misma. Es decir, no quiere pagar el precio que hay que pagar para hacer triunfar la causa de Dios, de la Verdad. El mismo Jesucristo nos lo enseñó, triunfando crucificado; muriendo en una cruz, despreciado, deshonrado, rechazado por casi todos, excomulgado. Pero la Fraternidad ha pedido que le quitaran las “excomuniones” y que cesara la persecución. La Neo-FSSPX ha rechazado la Cruz. Y ahora el P. Bouchacourt tiene el tupé de pretender que la Neo-Fraternidad está en el camino de esos grandes santos que sacrificaron sus vidas…

                                                                                                Fray Rosario

3.000.000 DE VISITAS




"Este es un sitio de la Resistencia católica antiliberal, hecho por fieles de la Sociedad Sacerdotal de los Apóstoles de Jesús y María. La SAJM continúa la obra de Mons. Lefebvre. Combatimos contra el liberalismo que infecta al mundo, a la Iglesia y a la FSSPX." 

El 14 de octubre de 2012 comenzó a existir este blog. 

En el contexto de la guerra de resistencia en contra del liberalismo imperante en la Iglesia desde el fatídico Vaticano II, su finalidad primordial es exponer la traición de las autoridades de la FSSPX, las que, desde hace algunos años (notoriamente desde el 2012), intentan poner a la obra de resistencia de Mons. Lefebvre bajo el poder de la actual Jerarquía liberal, modernista y apóstata. 

Hoy 6 de mayo de 2018, Non Possumus superó los tres millones de visitas. 

Dios bendiga a todos nuestros lectores.


¡Viva Cristo Rey!
¡Viva la Resistencia Católica!
¡Muerte al liberalismo!
¡Fuera modernistas!

DEO GRATIAS !

sábado, 5 de mayo de 2018

COMENTARIO ELEISON Número DLXIV (564) - 05 de mayo de 2018


 

Iglesia Sangrante

Mientras Cristo estaba muerto, sólo la Virgen creía.
Que por nuestra vigorosa fe, Ella sea consolada hoy en día.
Un cofrade que se resiste al cambio de la Fraternidad San Pío X de Monseñor Lefebvre a la Neofraternidad de Menzingen, así como al cambio de la Iglesia Católica de la Tradición a la Neoiglesia del Vaticano II, ha escrito algunas consideraciones interesantes, traducidas aquí abajo. Eran privadas, pero son demasiado valiosas como para no compartirlas más ampliamente. Un cofrade suyo le había escrito expresándole la esperanza para la Pascua de que “la Iglesia (y la FSSPX) pudieran resucitar pronto de entre los muertos”. Él contestó:—
Un hombre de 60 años, a quien considero sabio, me dijo el Sábado Santo: “La Iglesia debe ser crucificada como lo fue su divino Maestro el Viernes Santo... ahora estamos viviendo el Viernes Santo... El Sábado Santo aún está por llegar, y todavía tardará un tiempo”.
A lo que me gustaría añadir algunas reflexiones.
La Iglesia no está a punto de resucitar, sino que se va a desangrar hasta morir de la manera más dolorosa hasta que incluso parezca que ya no está allí. Si la FSSPX (sobre todo sus sacerdotes) será parte de esta gloriosa hemorragia hasta la muerte, sólo el Cielo lo sabe. En todo caso es la muerte por sangrado la semilla para la resurrección.
Si la FSSPX se niega a pertenecer a la Iglesia sangrante queriendo continuar abriéndose paso poco a poco en la comunidad multirreligiosa presidida por el Papa (?) Francisco – y Menzingen y el P. Schmidberger trabajan desde hace años para convertir a la Fraternidad en una semejante a la Fraternidad San Pedro – entonces la Fraternidad seguirá desangrándose hasta la muerte, porque de una manera u otra la persecución probablemente vendrá para todos, especialmente para las personas que llevan sotana. Sin embargo, en aquel caso la Fraternidad no sufrirá como los gloriosos Apóstoles del fin de los tiempos, sino más bien, desgraciadamente, como castigo por su comodidad material, tibieza e infidelidad al Arzobispo que la fundó...
(Si hay un signo de interrogación contra el “Papa Francisco”, es porque, por razones objetivas, hay al menos alguna incertidumbre, alguna duda, en cuanto a si es Papa. Es precisamente por eso que en 1988 el Cielo separó tan gentilmente a la Fraternidad de una Roma que se había vuelto un tanto cismática... En efecto, no tenemos comunión en la fe con las autoridades presentes en el Vaticano, estamos verdaderamente fuera de su comunión, o ex-comulgados – lo que es nuestra buena fortuna y nuestro honor – al igual que en la tarde del primer Viernes Santo, la Iglesia severamente reducida en número sólo se podía encontrar fuera de Jerusalén, en el Calvario...)
En verdad, nada ilumina tanto el estado actual de la Iglesia como el relato evangélico de la Pasión de Cristo, y a la inversa se puede decir que nada ilumina tanto el relato evangélico como la actual desolación de la Iglesia. Y así como los mismos Apóstoles, incluso después de haber sido advertidos repetidamente por Nuestro Señor de la proximidad de su Pasión (Mt. XVI, 21; XVII, 21; XX, 17–19) todavía no podían creer que fuera real cuando llegó a ellos, así también ahora muchos buenos católicos difícilmente pueden creer que es la Iglesia de Cristo la que tiene tales tormentosos problemas y tales Papas inadecuados.
Pero el propósito de Dios al crear el universo era compartir Su felicidad divina al poblar Su Cielo con criaturas racionales, angélicas o humanas, que libremente elegirían unirse a Él en Su Cielo. La palabra clave aquí es “libremente”. Con la facultad de la razón Dios da a todo ser humano capaz de usarla, también el libre albedrío, y desde allí Él equilibra las circunstancias de cada uno de nosotros para que la elección sea real entre el Cielo y el Infierno. Por lo tanto Él permite tanta libertad co mo sea posible para que los seres humanos maten a Su propio Hijo o derriben la Iglesia de Su Hijo, pero nunca tanta libertad como para arruinar completamente a Su Hijo o a Su Iglesia. Por lo tanto Él permite tribulaciones inimaginables para Su Iglesia tales como sólo el tiempo lo dirá completamente entre ahora y el fin del mundo, pero la sabiduría de Dios alcanza mucho más allá que nuestras pequeñas imaginaciones (Is. LV, 8,9).
Kyrie eleison.

viernes, 4 de mayo de 2018

GUSTAVO CORÇÃO: HAY UNA JERARQUÍA PARA DOS IGLESIAS



Fuente


El descubrimiento de la otra


Por Gustavo Corção – publicado en “O Globo”, 29/12/1977

Un lector que se dice asiduo, en una larga conversación telefónica, maniestó extrañeza respecto del término posconciliar. El lector entiende el término como si significara la misma Iglesia Católica, en la era posconciliar. Bien sé que en ese período conturbado sigue existiendo, en la tierra, la Iglesia Católica llamada militante. Ahora bien, mi sufrida y firme convicción, tantas veces sostenida aquí, allí y allá, es que existe, entre la Religión Católica profesada en todo el mundo católico hasta hace pocos años y la religión ostensiblemente presentada como "nueva", "progresista", "evolucionada"; una diferencia de especie o diferencia por alteridad. Son por lo tanto dos las iglesias actualmente gobernadas y servidas por la misma jerarquía: la Iglesia Católica de siempre, y la Otra. Y nota bien, lector: cuando se le da a esa otra el nombre de iglesia posconciliar, no quiero en modo alguno insinuar la infeliz idea de que, tras el Concilio, la Iglesia de Cristo se habría transformado hasta el punto de tornarse irreconocible, y los fieles de bien formada doctrina católica deben creer en esta nueva forma visible de la Iglesia por pura disciplina, aunque la mayoría de las prédicas y de las nuevas enseñanzas sean ostensiblemente diversas y a veces opuestas a la doctrina católica. ¡No! La Iglesia Católica y Apostólica sigue existiendo en la era posconciliar, sometida a duras pruebas, pero siempre permanente y fiel guardiana del depósito sagrado.

Si el lector me pregunta ahora cuáles son las diferencias esenciales que separan a las dos religiones, yo respondería: diferencia de espíritu, diferencia de doctrina, diferencia de culto y diferencia moral. ¿Cómo habré llegado a tan espeluznante convicción? Con mucho sufrimiento y mucho trabajo, son miles los católicos que llegaron a la misma convicción.

Comenzamos por confrontar los nuevos textos, las nuevas alocuciones, las nuevas publicaciones pastorales, con la doctrina enseñada hasta antes de ayer. A comenzar por los textos emanados desde los niveles más altos, citemos algunos de aquellos que más dolorosamente y más irresistiblemente nos llevaron a la conclusión de que se inspiran en otro espíritu y se asientan en otra doctrina. Entre los textos conciliares, citamos los siguientes: Constitución pastoral sobre la Iglesia y el mundo actual (Gaudium et spes); Decreto sobre el ecumenismo (Unitatis Redintegratio); Declaración sobre la Libertad Religiosa (Dignitatis Humanae); Discurso de Cierre del Concilio, 7 de diciembre de 1965; Institutio Generalis do Novus Ordo Missae: Punto 7 (en la primera redacción, de 1967, y principalmente la segunda redacción de 1970). Además de estos documentos de los más altos niveles, podríamos llenar las páginas de este periódico con obras y pronunciamientos de cardenales, arzobispos, obispos y sacerdotes que eran inexpertos, retraídos y discretos por tener la clara conciencia de sus deficiencias filosóficas y teológicas, y que de repente descubren que en la "Nueva Iglesia" pueden decir todo lo que les viene a la boca cuando hablan o a la mano cuando escriben. Lo que menos se conoce es la Teología, pero lo que más abunda en la Nueva Iglesia son los "teólogos de la liberación".

Debemos prestar especial atención a los pronunciamientos de las Conferencias Episcopales que rarísimamente dicen algo que se parezca a la Santa Religión enseñada por Jesucristo. Basta prestar atención, leer, y comparar toda la prodigiosa logorrea de los reformadores con lo que leemos de los santos doctores, de los santos Papas, y de toda la Tradición Católica. Ellos no hablan la misma lengua de nuestra Madre Iglesia, no usan el mismo léxico, no siguen el mismo espíritu. Se evidencia con brutalidad dolorosa el hecho de que la Iglesia ha sido invadida, o se ha dejado seducir por los mismos enemigos que combatía. Una de las notas más características del nuevo espíritu es la de la tolerancia erigida en máxima virtud, y el correlativo horror por cualquier especie de lucha o combate. Los nuevos levitas corrompen la juventud, destruyen las familias, pero cuando alguien alza la voz pidiendo sanción severísima para los secuestradores y para los traficantes de drogas, pronto empiezan con sus gritos: ¡Violencia, no! ¡Violencia, no!

Y aquí doy la respuesta al lector escandalizado: fue la atenta observación de esos hechos, fue la paciente lectura de himalayas de mediocridad y fue la comparación evidente entre lo que enseñan y lo que enseñaron los santos, y creo que fue principalmente la gracia de Dios, ciertamente pedida cada día, cada hora, por esa especial y gravísima intención; lo que nos llevó a estas conclusiones. Si es necesario usar el recurso de los gritos que tanto usan hoy, gritaré yo también, y no ocultaré la reacción que tuve en 1965 después de la primera lectura de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia: corrí al teléfono del amigo más cercano ya llorando, con los sollozos que me sacudían todo el cuerpo. Y grité: ¡están locos! ¡Ellos están locos! Y no digo más.

Veo enseguida en los medios católicos un diluvio de calamidades pavorosas. En las mejores familias católicas, tradicionalmente católicas, los jóvenes, pervertidos por los profesores de colegios católicos, se transforman en anormales, comunistas, criminales secuestradores, o en inutilizados toxicómanos. ¡Dios mío! ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible? El misterio de la permisión divina nos trae vértigos cuando pensamos en tantos buenos padres tan terriblemente afectados.

Pero cuando pensamos que la crisis de costumbres que disuelve todos los valores morales de una civilización es principalmente generada por la impiedad y el orgullo de los hombres, que reivindican todas las libertades y todos los derechos; y, principalmente, cuando pensamos que es precisamente en esta hora sombría que los hombres de Iglesia juzgan haber hecho un descubrimiento muy inteligente y muy oportuno -el de abrirse al mundo y hasta de buscar en él inspiraciones para el nuevo humanismo que pregonan-, con temor y terror, pensamos que la misteriosa permisión divina  ya nos ha sido proféticamente revelada en la Sagrada Escritura, y durará hasta el día en que los hombres descubran horrorizados que despreciaron a Dios, que contrariaron a Dios, que se rieron de Dios. Y en ese día de espantosa desolación descubrirán "que no son más que hombres" y que sólo Dios es el Señor.

En este punto de la entrevista, el lector me hace una pregunta muy seria y de importancia capital:

- ¿Cuál es, en su convicción, el rasgo principal, el contenido esencial de esa Otra religión que usted ve en los recintos de la Iglesia Católica?

- Una vez más insisto en este punto: el desorden que se observa en los medios eclesiásticos y que produce tales maleficios, no puede ser sólo un puro desorden. La desfiguración de la Iglesia del Verbo Encarnado, es decir, de la religión del Dios que se hizo hombre, tiene una figura: la de la religión del hombre que se hace Dios. Esta es la figura de la desfiguración.

- ¿No fue el mismo Papa Pablo VI quien dijo en el discurso de clausura del Concilio que "la Iglesia de Dios que se hace hombre se encontró, en el Concilio, con la religión del hombre que se hace Dios"?

- Exactamente. Y si el amigo continúa la atenta lectura de ese documento, se convencerá de que no exagero ni me pierdo en fantasías si le digo que la figura esencial de la Otra es la de un humanismo que se convierte en una nueva religión que difiere del cristianismo por su desolado naturalismo, es decir, por la ausencia de la más bella de todas las obras de Dios: el orden de la gracia y de la salvación.

Ellos intentan disfrazar el fastidio y la tristeza siniestra y fea, con retazos de cristianismo sin vida, pero la anemia profunda del cuerpo sin sangre está en la visibilidad de la Otra que sólo sirve para eclipsar la Santa Visibilidad de la Iglesia de Cristo.

- ¿Y cómo podrá la Iglesia Católica desembarazarse de estos equívocos y volver a ser visible, dorada, un poco más hoy, un poco menos mañana, pero siempre anunciando a los hombres, encarcelados en lo efímero, un Reino que no es de este mundo?

- ¿Usted todavía espera ver en este mundo la Iglesia Militante en todo su esplendor?

- No. El desorden es demasiado profundo y llegó a los vasos capilares de los miembros de la Iglesia. Si ella no fuera obra sobrenatural de Dios, yo diría, en términos usados por los físicos, que el desorden es siempre prodigiosamente irreversible.

Y, en el caso, la improbabilidad de tal recuperación sería expresada por números espantosos como diez elevado a menos mil (10-1000) que, en realidad, no expresan nada. No son números concretos ni entes de razón; cuando mucho diríamos que sólo son entes de tiza en la pizarra. Emile Borel decía francamente que, ante estas improbabilidades, es mejor decir simplemente que son imposibles. Pero aquí estamos hablando de la más maravillosa de las obras de Dios:

Deus qui humanae substantiae dignitatem mirabiliter condidisti, et mirabilius reformasti

Y lo que a nosotros parece imposible, es posible para Dios. Pero nuestra esperanza teologal no nos obliga a esperar acontecimientos en este mundo. En el punto de la vida en que me encuentro, sólo puedo esperar, por la misericordia de Dios y por la Sangre de Cristo, la felicidad de ver prontamente a la Iglesia del Cielo en toda su belleza eterna y fuera del alcance de los flagelos humanos.

Y es la alegría de esa esperanza teologal la que, en estos días de transición, deseo a mis lectores y compañeros de trabajo.

miércoles, 2 de mayo de 2018

DEMONIO Y MASONERÍA




Los gnósticos antiguos habían identificado a Satanás con la serpiente del paraíso terrenal (Ireneo, Adv. haer., I, 24; Tertuliano, Praescr., 47), que es exaltado por haber reivindicado los “derechos del hombre”, revelando a Adán el conocimiento o gnosis del bien y del mal, enseñándole la rebelión a los mandamientos de Dios.

Para los gnósticos Cainitas (cfr. Ireneo, ibíd, I, 31), los verdaderos liberadores son los grandes rebeldes que se erigieron contra Dios: Caín, Esaú, los habitantes de Sodoma y sobre todo Judas, que habría liberado a la humanidad de Jesús.

Por tanto, no nos debemos maravillar por la rehabilitación reciente de la figura del Iscariote hecha por el cine e incluso por algunos “neo-exegetas”Monseñor Antonino Romeo nos explica cómo “el culto de Satanás se concentra en las misas negras (...), que recuerdan fórmulas y ritos masónicos. (...) Escondite secreto de satanismo es ciertamente la masonería, que hereda fe y costumbres del gnosticismo cainita" [*].

La masonería, inspirada por el judaísmo talmúdico, es la contra-iglesia universal que, desde más de doscientos años, planifica los acontecimientos políticos, económicos y militares, de los cuales depende la suerte de los pueblos.
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[*]:Voz “Satanismo”, en Enciclopedia Cattolica, Città del Vaticano, vol. X, 1953, col. 1958.


La presente entrada es una cita de este artículo de Sí Sí No No.