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viernes, 27 de marzo de 2020

POEMA CATÓLICO SOBRE EL CORONAVIRUS



Se desató la ira de Dios y apareció y se propagó el coronavirus 

Se desató la ira de Dios y apareció y se propagó el coronavirus por todo el mundo, porque el mundo le dio la espalda al Dios bíblico y legisló contra sus leyes eternas y contra las leyes de la naturaleza cuyo Autor es Él mismo: Señor del Cielo y de la tierra. 

El mundo dijo: ¡Dios no existe, ni su Cristo, ni su única Iglesia! Y el matrimonio indisoluble es una católica entelequia, el sexo debe estar separado de la procreación y que la anticoncepción venga, el embrión antes de la decimosegunda semana es pura materia y el aborto un derecho de cualquier mujer moderna; y da lo mismo el matrimonio entre hombre y mujer que entre homosexuales bestias y que puedan éstas adoptar hijos como una normal familia bien dispuesta y que el género binario es una construcción cultural occidental y cristiana pero que en realidad lo puede autodefinir múltiple la psiquis libertina y freudiana y que el varón y la mujer son iguales en todo: aunque el mismo ADN así no lo diga (aspiración última a la igualdad que desenmascara el odio a toda superioridad). Y dice también el mundo: el suicidio es un derecho de cada individualidad y la eutanasia un derecho aunque sepamos que la vida se nos dio sin nuestra asistencia y que por lo tanto no nos pertenece para hacer lo que queramos con ella pues deviene de una idea divina del Verbo que la hace nuestra. 

El mundo dijo: ¡No creímos nunca en Dios aunque de Él tuvimos alguna audiencia y si creímos alguna vez ya nos deshicimos de esa atadura vieja y somos libres sin la Verdad porque ésta es relativa y no absoluta como pretende Cristo y la Tradición de su Católica Iglesia! ¡Hemos apostatado de la Fe íntegra y oscurantista y allá vaya con sus anatemas, la Iglesia! ¡Queremos vivir a nuestra manera modernamente pluralista! 

El mundo dijo e hizo y legisló todas estas sandeces y baratijas y la furia del Dios omnipotente y providente se desató sobre nuestras vidas y nos llamó a cuarentena aunque nosotros no queríamos la penitencia: se mutó un virus y apareció el covid-19 en la materialista y Dragón-iana China y se propagó por el mundo entero para transformarse en una pandemia que a unos enferma y a otros mata pero que a todos deja en morbosa latencia sin vida social, sin trabajo digno, sin fútbol, sin shoppings y sin fiestas para que – mal que le pese - el mundo sepa que hay un Dios pro-vidente que dirige la Historia nuestra más acá o más allá de las causas segundas que permita actuar en Ella. 

Pero no solo el mundo sino el Reino de Dios aquí en la tierra que es la Católica Iglesia, dio por tierra a su Tradición bimilenaria pues su Jerarquía cierta en el Vaticano segundo de los años sesenta, enseñó - por su naturalística cuenta - que todas las religiones sean cristianas o no lo sean y las filosofías antropocéntricas o energéticas también son vías de salvación eterna con Ella porque el hombre es inmanentemente auto-divinizador de la tierra porque tiene una “chispa” de Dios en su alma buena: 
Orígenes y Pelagio desde el siglo II y V de nuestra era volvían para enseñarle sus errores a la Iglesia Católica moderna que no hizo uso de su carisma de infalibilidad, desparramando sus ovejas. Porque - ¡oh, paradoja! - el único Concilio pastoral no fue Luz para las ovejas sino oscuridad de la pérdida de la Fe en cristianas tierras. 

Viendo tanto desorden y desparpajo en el siglo XXI de nuestra era el Dios pro-vidente y justiciero permitió que el mundo creara su plaga moderna y así el coronavirus covid-19 es el brazo invisible de su Ira justiciera atacando una característica substancial de la humana sociedad entera: el acercamiento entre los hombres para crecer, estudiar, trabajar, hacer luto y fiesta; adorar, rezar y “liturgiar” yendo a Misa los domingos y las otras Fiestas. 

Pero nadie crea, en el universo mundo, que el castigo justiciero de Dios es algo malo o que el luto de silencio que el coronavirus nos trajo sea un desparpajo sino todo lo contrario: nos llama a la conversión, a la oración contemplativa desde aquí abajo - desde donde Dios-Hijo hecho Hombre se anonadó para, por la Cruz, salvarnos -. Y nos llama a reflexionar para que en nuestro último fin haya virtud y no pecado como nos enseña en uno de los libros de la Sabiduría, el Espíritu Santo: “Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del festín; pues aquélla (recuerda) el fin de todos los hombres, y el viviente se pone a reflexionar.” “El corazón de los sabios está en la casa del luto, y el de los necios en la casa del placer.” 
Libro del Eclesiastés: capítulo 7, versículos 3 y 5 

Hilario Atanasio,
 Montevideo
 17/3/2020 
Martes de la Semana del III° Domingo de Cuaresma