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miércoles, 5 de marzo de 2014

PADRE PIVERT.- ¿SON POSIBLES LAS GARANTÍAS EN CASO DE ACUERDO PRÁCTICO?


Algunos podrían decir que con garantías suficientemente fuertes acordadas por Roma a los tradicionalistas, un acuerdo podría contemplarse. Independientemente del hecho que Roma quisiera dar estas garantías o no, si existieran ¿serían posibles? Esto es lo que trataremos de responder en este análisis.
1.- Un acuerdo, y a fortiori un reconocimiento entre Roma y los tradicionalistas, implica necesariamente de ellos reconocer que la jerarquía modernista detenta una autoridad legítima,
-Si no, los tradicionalistas se considerarían los iguales de las autoridades con las cuales discuten, lo que es una posición en sí cismática.
-Si sí, esto implica un deber de obediencia.
-Nota Bene. Si no hay acuerdo, los tradicionalistas pueden reconocer el principio de la autoridad manteniendo su deber de “desobediencia”, pues ellos se apoyan en lo que es superior a toda autoridad, incluso romana: la verdad infalible e intangible de la Iglesia.

2.- Esta autoridad tiene una prioridad de naturaleza sobre el acuerdo o el reconocimiento, comprendiendo las garantías acordadas, pues están fundadas en ella.
-Por consecuencia, la obediencia debida a esta autoridad tiene igualmente una prioridad de naturaleza sobre el acuerdo y las garantías,
-es decir que una vez que haya acuerdo, incluso provisto de garantías, solo se mantiene mientras las autoridades lo quieren, y los tradicionalistas se comprometen a que esto sea así. Igualmente por las eventuales garantías acordadas.
-Todo cuestionamiento del acuerdo se convertiría en una desobediencia y podría serles reclamado como tal.
3.- Es evidente que desde que las autoridades hacen concesiones, incluso provistas de garantías, no puede ser más que en puntos secundarios y no aquellos que las autoridades consideran como su razón de ser,
- a menos que se trate de un acuerdo de embusteros, pero todo acuerdo de embusteros está por naturaleza sujeto a los embustes inversos, frecuentemente nulo y frecuentemente deshonroso, sobre todo cuando un inferior engaña a un superior.
-Por lo tanto, entre más concesiones hagan las autoridades, más significa que lo que ellas se reservaron es para ellas esencial.
-Entonces todo desacuerdo o rechazo del inferior es una insumisión.
Por lo tanto, entre más concesiones han hecho las autoridades, más será considerada una insumisión grave el desacuerdo o el rechazo del inferior sobre lo que se ha reservado la autoridad, contrariamente a lo que pudiera creerse.
4.- Es por eso que la autoridad no puede transigir, porque es la razón de ser, son los principios. Y el principio de los modernistas es la evolución del dogma y la pluralidad.
Por lo tanto, todo acuerdo de los tradicionalistas con los modernistas pone, por naturaleza e independientemente del contenido del acuerdo, a las autoridades en la necesidad de obedecer cuando los modernistas los quieran en la pluralidad y en el nuevo dogma.
5.-Para escapar de esto, no será suficiente cuestionar el acuerdo, sino que será necesario recusar a la misma autoridad o remontarse a los principios.
-Para los tradicionalistas, este cuestionamiento es muy difícil y sicológicamente casi imposible.
-En cuanto a los modernistas, ellos tendrán el pretexto para detonar todas las sanciones respecto a lo que está en juego, por lo tanto serán las más graves. Dios sabe que estas sanciones no faltan: excomuniones, ataques en los medios de comunicación, calumnias, persecuciones civiles, administrativas y penales al modo revolucionario, y esto no es bueno, y será mucho menos bueno que los tradicionalistas figurarán como los oponentes sectarios a un régimen legítimo.

El único acuerdo posible es el acuerdo sobre los principios, sobre la fe, es decir, la conversión de Roma modernista, su retorno a la fe católica.