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martes, 11 de febrero de 2014

LIBRO SOBRE LOS JUICIOS A LOS PADRES SALENAVE Y PINAUD O LA SUBVERSIÓN DE LA FSSPX POR LAS AUTORIDADES.- PARTE 5.

El Padre de Cacqueray es semejante a un militar a quien se le ha enseñado la guerra clásica donde el enemigo tiene un uniforme diferente que el suyo pero que ignora todo de la guerra subversiva donde el enemigo tiene el mismo uniforme. Pues hemos constatado que todas las características de la subversión se encuentran en la política de Menzingen: la eficacia supera la verdad y la justicia, la propaganda, la línea del partido, el compromiso en la acción, la campaña de opinión, el terror y la división… Para esconder su incapacidad de llevar a cabo esta guerra particular, la guerra subversiva, el Padre de Cacqueray nos acusa de ser imprudentes y de pecar por precipitación sin ver que es él quien peca por inacción, pues Santo Tomás enseña que el acto principal de la prudencia es el de imperar la acción y no perderse indefinidamente entre el consejo y el juicio (II II q. 47 a. 8).

Por al menos dos veces, el Padre de Cacqueray había resuelto tomar posición contra las autoridades de la Fraternidad, por al menos dos veces, el no tuvo la prudencia de hacer lo que había resuelto hacer. Desde hace dos años, él se esfuerza por volver confuso lo que es claro: la perversión de Monseñor Fellay. Desde hace dos años, el Padre de Cacqueray tiene una posición ambivalente, y se ha comprometido demasiado para ser todavía creíble. No es cuando el muro de Berlín se colocó cuando se debió ir a la guerra, era demasiado tarde para el bien común; igualmente, no es cuando el acuerdo se finalizará que habrá que actuar contra el poder subversivo, será demasiado tarde para el bien común. Y los hechos nos obligan a constatar que los actos que han llevado a cabo las autoridades de la FSSPX (poco importan las palabras, pues ellos han dicho todo y su contrario de todo) preparan el camino para un acuerdo con la Roma conciliar que nos encerrará en el muro.

Los agentes motores de la subversión son engañosos, huidizos… el padre Pfluger es un agente subversivo poco peligroso. Él quiere manipular pero no tiene la habilidad como Monseñor Fellay, él no tiene el arte de la ambigüedad. Su engaño, sus falsas afirmaciones, su indiferencia por la sana doctrina, sus insultos son groseros: solo los espíritus particularmente débiles se dejarán tomar. Pero esta grosería no está en todos. El Padre Nély es muy discreto en público. Los verdaderos agentes subversivos actúan por medio de otras personas (Monseñor Fellay actúa a través del Padre Wuilloud; el Padre Lorans y el Padre Thouvenot actúan por Jacques Regis du Cray… el Padre Rostand ahora usa un laico portavoz…) Y poco a poco, ellos toman los puestos claves o los confían a personas que piensan que todo el mundo es bueno… Y en el medio religioso es muy fácil, los reflejos de “confianza en el superior”, el “espíritu de unidad”, de “sacrificio” hacen maravillas por la subversión.

Continúa...