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jueves, 20 de febrero de 2014

HABLA EL P. PINAUD.- PARTE 11 Y FINAL

Es interesante regresar a esta crítica anónima que el Padre Pivert recibió de Monseñor Fellay.
Ustedes la han leído tal vez, pues ha sido difundida en internet –algunos de sus párrafos que provocaron un escándalo porque hacen promoción de los institutos Ecclesia Dei…
Cuando el Padre Salenave se encontró con Monseñor Fellay cara a cara el domingo 5 de enero por la tarde, el Padre se quejó de algunos de estos pasajes que él no podía aceptar en conciencia.
Monseñor Fellay le respondió que ya no lo recordaba, que tenía que volver a leer el texto para darse cuenta de eso…
¿Monseñor Fellay leyó el documento y el libro del Padre Pivert? Habría que preguntarle.
¿De quién se burlan?
El Padre de Cacqueray reaccionó también a la lectura de esta crítica anónima, ¿cuál fue su reacción a la lectura de las notas de un retiro de los Hermanos? No lo sé. Pero sé que él envió al Superior General y a los asistentes una carta respecto a esto.
El Padre Pfluger le respondió la carta, y un cofrade que tuvo acceso a ella la calificó de insultante.
Esta carta comienza con ¡Ya es suficiente!, una fórmula que yo utilicé en mi última carta del 14 de enero a Monseñor Fellay porque verdaderamente sí, ¡ya es suficiente!
El Padre Pfluger no vacila en reclamar al Padre de Cacqueray su actitud respecto a los “ralliés” y al mismo tiempo Monseñor Fellay en su ajuste a esta crítica anónima quiere hacernos creer que él no ha cambiado de opinión respecto a las comunidades Ecclesia Dei.
¿Qué creer y a quién creer?
Monseñor Fellay quiere hacernos creer –a pesar del sentido de las palabras empleadas en la crítica del libro del Padre Pivert- que la posición de la Fraternidad hacia los grupos Ecclesia Dei no ha cambiado.
Pero no nos dice nada respecto a las declaraciones del primer asistente ante los Hermanos del Distrito de Francia en Flavigny. Declaraciones que confirman el cambio de posición de la Fraternidad hacia los grupos Ecclesia Dei.
¿De quién se burlan?
Todo esto es muy revelador de un estado de espíritu.
Esto es lo que incitó definitivamente a los cofrades para actuar en su Carta a los fieles.
Entonces, alertado por las filtraciones, el Padre de Cacqueray trabajó sin descanso para impedir la iniciativa de la Carta a los fieles, esforzándose en disuadir a los cofrades de mantener su firma, o de firmar, por medio de una promesa de acción fuerte que iba a forzar a Menzingen a reparar sus nuevas injusticias…
¿Qué acción fuerte hemos visto? ¿Qué pasó?
¡Lo mismo que sucedió cuando la declaración del 27 de junio!
Me explico: a mediados de junio de 2013, el Padre de Cacqueray escribió a Monseñor Fellay para exigir la retractación solemne de la Declaración con ocasión de los 25 años de episcopado, pues para él esta declaración era “escandalosa” –y si no obtenía esta retractación, no excluía renunciar o realizar otra acción de la misma importancia…
Lo que pasó es que en lugar de una retractación, fuimos gratificados con una declaración insuficiente donde el Padre de Cacqueray se dedica a comentar largamente la declaración para tranquilizar su pequeño mundo…
“Combatamos sin celo amargo, sin hastío, sin amargura. Si pensamos que nuestros superiores no toman el combate como deberían, no dudemos en abrirnos a ellos, pero no murmuremos entre nosotros”.
No es difícil darse cuenta que los superiores no cesan de darnos explicaciones contradictorias.
Conformarse con ellas es negarse a ver la realidad tal como es.
Negarse a ver la realidad como es, es una cosa, pero mutilar la verdad es otra cosa.
¿Cómo pudo afirmar el Padre de Cacqueray el pasado 26 de enero que la Declaración doctrinal del 15 de abril provocó inquietud en algunos pues contenía explicaciones ambiguas, pero que Monseñor Fellay lo reconoció y la retiró?
¿Cómo pudo él afirmar eso; él, que me dijo el 11 de junio de 2013: Esta Declaración “supuestamente retirada” se convirtió desde su publicación en el Cor Unum en una Declaración amplificada –porque tuvo que ser retirada no en razón de su contenido sino solamente en razón de los que no la comprendieron. ¿Cómo puede decir que esta ruptura, esta fisura no es finalmente más que el resultado de un gigantesco equívoco?
¿Por qué equívoco? Porque Monseñor Fellay le dijo, durante una comunicación telefónica reciente, que depender de una Roma conciliar sería suicida, y que eso mismo piensan los padres signatarios. ¡Tuvo que esperar a enero de 2014 para descubrir el gigantesco equívoco!
La respuesta de Monseñor Fellay a DICI a principios de junio de 2012 ¿también es un equívoco?
He aquí la pregunta:
Dici: ¿está Ud. dispuesto a aceptar que las obras futuras no sean posibles sino con el permiso del obispo en las diócesis donde la Fraternidad San Pío X no está actualmente presente?
Monseñor Fellay: Sigue siendo cierto – como lo es el derecho de la Iglesia – que para abrir una nueva capilla o fundar una nueva obra, sería necesario contar con el permiso del Ordinario del lugar. Por supuesto, hemos mostrado a Roma que nuestra situación actual es difícil en las diócesis, y Roma sigue trabajando en ello. Aquí o allá, esta dificultad será real, pero ¿desde cuándo la vida es sin dificultades? 
¿A cuál Monseñor Fellay debemos creer: al de la conversación telefónica de enero de 2014 o el de junio de 2012? Y podría multiplicar estos ejemplos de contradicciones hasta mañana…
¿A quién piensa engañar el Padre de Cacqueray cuando quiere hacernos creer que se trata de un gigantesco equívoco?
Pero como él estima que es un “gigantesco equívoco”, el Padre de Cacqueray piensa que “Monseñor Fellay hará todo lo posible para que las cosas no se queden así”
Como les dije al comienzo, él me da la impresión de un ratón capturado por un gato que se divierte…
La última observación de un fiel lúcido durante esta conferencia de enero fue la siguiente:
“Sería necesario que las acciones de Monseñor Fellay estuvieran en concordancia con sus discursos y que se sienta en toda la cabeza de la Fraternidad”
La vergüenza del Superior de Distrito es sensible, pero lo que es incomprensible es que después de invitar a los fieles a no ser estúpidos, agrega; “Si la Fraternidad se hubiera ablandado y desviado, eso sería visible para todos y cada uno, y nadie lo dice”
¿Nadie lo dice?
La carta de los tres obispos de abril de 2012 afirmaba:
 “¿No se ven ya en la Fraternidad los síntomas de esta disminución en la confesión de la Fe? 

Y desde esta carta, casi todos los meses se levantan cofrades para decirlo, además de comunidades religiosas. ¿No lo entiende usted? El Padre Altamira gritaba el mes pasado: “Nosotros los sacerdotes debemos decir ¡basta!, y creo que nuestra paciencia ha sido excesiva.”

En cuanto a la precipitación que nos reprochan –yo estoy en posición de apreciarlo, pues esperé sin ninguna razón válida, ocho meses por un proceso que deshonró a la Fraternidad.
Termino este largo discurso con este pasaje del sermón del Padre Jean que resume muy bien la situación:
¿Dónde se sitúa el problema, dónde se sitúa la división? Está en los espiritus. Ella no es una cuestión de sacerdotes o de comunidades que ya no están con nosotros. La división está en los espíritus en nuestro mundo de la Tradición. Sí, ella está en los espíritus, es decir que hay espíritus que profesan un principio que hemos mantenido desde años y años atrás, que Monseñor Lefebvre nos legó. Y hay otros que ya no admiten este principio, que dicen que este principio ya no vale, que no es bueno. Ese es el problema. Entonces ¿cuál es este principio? Es el principio que no se puede firmar un acuerdo práctico o canónico con las autoridades romanas si antes no estamos de acuerdo con la doctrina, si no profesamos las mismas verdades.
Les agradezco su perseverante atención.