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miércoles, 31 de julio de 2013

EL TUMOR, EL BISTURI Y EL ESPARADRAPO



Por el Padre Chazal






Original en francés acá.

Recordatorio: la abreviatura DQA significa Declaración del Quince de Abril. La abreviación DVSJ significa Declaración del Veintisiete de Junio.

I.- EL TUMOR: La pérdida de nuestra inocencia delante de Dios.

El tumor es el abandono de la posición oficial de la Fraternidad con relación a una iglesia conciliar que se hunde de manera cada vez más manifiesta en la herejía. La Fraternidad oficial ha perdido su inocencia delante de Dios. Delante de los hombres, sí, ella todavía tiene buena imagen mientras que la resistencia tiene un aspecto mediocre, pero todo esto no es más que un viento que pasará como han pasado todas esas instituciones abatidas por el concilio.

Si un sacerdote, el que sea, les dice que la lamentable DQA ha sido retractada, díganle que se dirija a su archivo de cartas para tomar conocimiento del Cor Unum 104. Este texto oficial defiende la DQA con base en el protocolo del 5 de mayo de 1988, de mantener nuestra libertad de atacar los errores, de la necesidad de reconocer a la autoridad romana y librarnos de la tentación sedevacantista, y del rechazo de Roma de aceptar esta DQA (Cor Unum 104, pág. 37-40).

Además, el mismo Cor Unum 104, contiene la increíble carta del 17 de junio en la cual el desventurado Superior general utiliza la inteligencia con el enemigo, y lamenta que la DQA agravada del cardenal Levada no pudiera ser aceptada por los miembros de la Fraternidad, al mismo tiempo que proclama alto y fuerte su rechazo a firmar tal texto; una contradicción que fue revelada por el mismo Benedicto XVI el 30 de junio…

Un fiel inglés le preguntó recientemente a Monseñor Fellay si se retractaba de la DQA. Su respuesta larga y evasiva dice mucho esta vez sobre su negativa de retractar este texto y su voluntad de conservarlo bajo el brazo pretendiendo no hacer uso de él. El Padre Rostand difunde masivamente la defensa de la DQA hecha por el padre Themann en St. Mary’s recientemente. Él la envió en forma de “paquete” a muchos fieles. El recuerda en su número especial del Regina Coeli que esta DQA es perfectamente legítima en virtud del precedente del protocolo del cinco de mayo de 1988 de Monseñor Lefebvre. Yo sugiero que los superiores mayores se pongan de acuerdo… Hay que mirar siempre lo que sucede en Estados Unidos y en Alemania para saber la política futura de la Fraternidad oficial. Las acciones hablan mejor que las palabras (Padre de Cacqueray).

Finalmente, la DQA no es más que la coronación de una larga serie de contra-verdades anteriores que no han sido retractadas tampoco. Ellas reflejan una nueva política. Los superiores liberales se expresan de manera liberal e imprimen su liberalismo.

El tono de las publicaciones está cambiando con sus idas y venidas igual que en el concilio: esto refleja el doble lenguaje que reina en las altas esferas. El sí, sí, no, no, ahora es más un si, no, si, no,  en estos tiempos. DICI, aunque aún desviada, es un poco menos rosa que antes, luego de una larga negativa de informar a los fieles. Pero yo no se si el Padre Lorans cubrirá la transformación inminente de la Roma actual en la sede del Anticristo…

Y casi lo olvidaba. Ya no hay masones en el Vaticano, la Iglesia ya no está ocupada por las logias. El complot está pasado de moda, es la enfermedad de Monseñor Williamson. Las jóvenes generaciones no pueden hacer nada, son viejas historias de los viejos libros de los años 70 o viejas conferencias de Monseñor Lefebvre en Ecône.

No hablemos mucho de la consagración de Rusia, o mejor, no hagamos que todo se base en una lectura por el Papa de una fórmula ante una estatua de la Santísima Virgen, eso no es serio.

En el plan práctico, el futuro de la Fraternidad fue decidido en el capítulo del 2012 y ya no tenemos garantía de separación entre las autoridades modernistas y la Tradición.

El tono de la Fraternidad ha cambiado claramente; las seis condiciones no han sido rechazadas y, todavía más inquietante y más invisible a los ojos de los fieles, hay un cambio real en nuestra actitud canónica con relación al nuevo código (cf. DQA, último párrafo) y con relación a los tribunales progresistas oficiales, a los cuales nos sometemos cada vez más. Mi propio decreto de expulsión utiliza el nuevo código. ¿No es extraño? No fue sino hasta después de haber sido lanzado fuera que me apercibí que yo estaba bajo una nueva ley bajo la cual yo jamás me comprometí. Expulsado en virtud del nuevo código, mi conformidad con el antiguo se ha reafirmado.

Grave también es el mantener por otros seis años a Monseñor Fellay en el poder, a pesar de sus faltas tan graves. Lo peor es que el Capítulo está, en adelante, conformado de tal manera que un cambio de Superior General no variaría nada. No es a Monseñor Fellay a quien queremos allí (él rechaza verme de ahora en adelante), las ideas están en el interior y están ganando terreno constantemente, la misma definición de infección (in-figo / in-facio).

Mientras tanto, el Capítulo es incapaz pues rechaza categóricamente considerar la posibilidad de una falta grave del Superior quien en la actualidad goza de una impunidad muy inquietante y que en virtud de la crisis, ninguna autoridad romana puede intervenir para hacer cesar el error en el poder.

Nos estamos convirtiendo en una secta; una ley propia: este es el otro desastre de este Capítulo que, como sabemos, tuvo entre sus manos todas las evidencias que conocemos ahora pero, sin atreverse a emprender alguna acción, repite la misma negativa de levantarse en contra de un detentor de la autoridad que atenta contra la verdad, y todo esto en nombre de la unidad, de la preservación del supuesto bien común, exactamente como sucedió en tiempos de Paulo VI. El silencio que siguió inmediatamente después del Capítulo, muestra que el asunto ya está sellado.

Por otra parte, no se ha dado ninguna explicación decisiva a los escándalos del GREC, del Krahgate y del “branding” holandés tan cándidamente revelado por el Padre Wegner, superior de Distrito. Constatamos que los cofrades que se callaron, pero que siguen en desacuerdo con la nueva línea, continúan siendo enviados al olvido por medio de los cambios de puestos. El cambio del padre Beauvais es el caso más emblemático, él, quien debería ser felicitado por su valentía. Monseñor Tissier ha sido sabiamente sacado de Ecône. ¿Qué ha sucedido con el padre Doran, que será de los padres Scott, Kimball y los otros que se han hecho meter al clóset?

Los cofrades que han hablado son “estrangulados a fuego lento”. No sabemos si se realizará el proceso en contra del Pinaud se realizará, tampoco si los sacerdotes hablarán a su tiempo.


II- EL NECESARIO BISTURÍ:

Para acabar con la resistencia, el mejor consejo que puedo dar es tomar un cuchillo para quitar el tumor, es decir, que Monseñor Fellay haga, como el gran San Agustín, todo un libro de retractación de los errores que ha acumulado en el transcurso de los años, pero sobre todo la DQA, la respuesta a los 3 obispos, la entrevista en CNS. No quedaría más que anular las actas del Capítulo de 2012, sacar a los liberales de los puestos de mando y de los medios de información. Las ovejas dispersas regresarían por la confianza recuperada en el pastor.

Tal operación quirúrgica permitiría evitar que el error continuara expandiéndose. Muy recientemente un fiel de Brisbane le dijo a su sacerdote local que no se podía aceptar la DQA, a lo que respondió el sacerdote: ¡Hay cosas buenas en el Vaticano II! Cuando el padre Joe Pfeiffer le plantea a su hermano el padre Timothy la pregunta de si “la nueva misa está legítimamente promulgada, el pobre Timothy es incapaz de responder…

La única cosa que dice es: “es un texto malo”. Para no tener que admitir que el Superior propuso un error religioso, algunos miembros ya no se sienten capaces de decir lo que en el 2012 se convirtió en una evidencia: la nueva misa no tiene nada de legítima.

Lamento que el Padre de Cacqueray siga el mal ejemplo del Padre Morgan, porque las pústulas liberales se multiplican. La escuela de Tynong, en Australia, pone la libertad religiosa en su filosofía, por razones legales, según me dicen. Sobre todo nos sorprendemos con los sacerdotes jóvenes que hacen admisiones sorprendentes, y el tradi-ecumenismo (amiguismo sacramental con los Ecclesia Dei) está a la alza entre los fieles.

La advertencia de la diócesis de Virginia, en donde la neo-FSSPX está construyendo un enorme edificio, tiene casi el perfume de una bienvenida. Nuestros enemigos no se equivocan, la reconciliación está en curso, no sabemos cuándo será y por consecuencia ya no debemos tratar a estos retardatarios como cismáticos, como era costumbre.

Los grupos Ecclesia Dei son todavía más entusiastas. Ellos felicitan a Monseñor Fellay por sus esfuerzos y por su cambio de todo, ellos brindaron a su salud en su conferencia de Adelaida, me dijeron los australianos. Uno de mis antiguos camaradas del seminario dijo que nosotros ya no hablamos del novus ordo o de los progresistas, así como oficialmente ya no hay iglesia conciliar.

Al Padre Troadec lo han sorprendido citando a Benedicto XVI; al Padre Stehlin, haciendo publicidad de las ordenaciones Ecclesia Dei; al Padre Vernoy, frenando la venta de libros en contra del concilio: creo que ellos rectificaron, pero estos fenómenos ya no son aislados y continúan reproduciéndose.

Todo esto nos muestra fehacientemente que hay algo de nefasto en el organismo de la obra, signo que no se ha operado la necesaria limpieza. "Ut evellas et destrues, ut aedifices et plantes", se le dice al profeta Jeremías; “Arranca y destruye, para que tu edifiques y plantes”. Noten bien, hay que arrancar el mal y luego destruir eso que ha sido arrancado, lanzándolo al fuego, por ejemplo.

Esta no ha sido la manera de operar de los sacerdotes y mucho menos de los obispos, salvo que sean San Agustín. Un sacerdote no puede perder la compostura o “perder su autoridad” diciendo que se equivocó muchas veces.

Los otros sacerdotes comprenden esto y no esperan que Monseñor haga pública y honorable enmienda. Monseñor sabe que los sacerdotes no esperan eso de él, lo que hace continuar el círculo vicioso del silencio clerical que no resuelve nada pero deja podrir la situación. Ciertos sacerdotes dicen que se va a contener a Monseñor Fellay, sobre todo si logran organizarse en el interior, pero si se “hace la revolución”, se provee a los liberales de todas las municiones soñadas.

Los sacerdotes que francamente no están de acuerdo con la situación se miran los unos a los otros inmóviles como perros de porcelana. Cuántas veces se nos ha dicho que si tal sacerdote se pone a la cabeza, o que si se crea una organización seria, “saltaría al ruedo públicamente, y ya veremos”.

Uno de entre ellos, completamente en contra de Monseñor Fellay el año pasado, me aseguró que era absolutamente necesario organizarnos, hacer encuentros entre los sacerdotes, diseminar información entre nosotros para hacer lo más urgente… ¡absolutamente nada se hizo! Otros también quieren lanzarse pero ¿dónde? ¿cómo? ¿sin nada para empezar? ¿Sin prior, sin cobertura médica, sin seguro, sin cuenta de banco digna de ese nombre?

Otros dicen que lo más urgente es prevenir a los fieles y dar testimonio púbicamente en sus sermones, por alusiones indirectas, que no hay que fiarse del concilio. Se refugian en el estudio profundo del Vaticano II.

Algunos cofrades están enganchados en las obras necesarias para la Tradición, no pueden desentenderse para consagrar su energía a resistir públicamente a sus superiores quienes todavía les tienen confianza para esta obra capital, por ejemplo, un colegio. Muchos dicen que la Resistencia va muy lejos, que sus sacerdotes son cowboys, insatisfechos…

 (Con mucho gusto les concedo que la resistencia es patibularia y patética; pero qué quieren, queridos Cofrades, el número de nuestros sacerdotes y de nuestros fieles no deja de aumentar. ¿Será la preferencia divina sobre lo que es loco e insignificante a los ojos del mundo?) Pero hay más: todo sacerdote debe ser naturalmente prudente y reservado. Él está formado para el confesionario y para la dirección de las almas, y que sufren siempre de la precipitación en el juicio. Los “sacerdotes excitables” no hacen un fuego duradero nunca y descuidan su vida espiritual lanzándose a la acción.

La vida sacerdotal es una máquina espiritual delicada que no hay que forzar. Todos los autores espirituales insisten en la obediencia y la docilidad, así como la aversión a la singularidad, la cual en los sacerdotes es una manifestación de orgullo. Podría prolongar mucho más profundamente todos los entresijos y las sutililezas propias de nuestra especie, querido lector, pero pienso que es suficiente para decirles que un Sacerdote duda naturalmente.

El mundo actual, que sufre de cobardía, de diversas esclavitudes, de liberalismo y de engaños, refuerza este aspecto. Yo no tengo ninguna garantía que darles respecto a mi perseverancia futura, pues todas estas debilidades las resiento también en mí mismo. Lo que me ha seducido, es el mismo aislamiento de Nuestro Señor, que fue traicionado por los suyos y abandonado de todos para cumplir lo que vino a hacer en este mundo: decir la Verdad. En su mensaje de Quito, (que debemos volver a leer urgentemente), la Santísima Virgen habló largamente sobre este silencio de aquéllos que debieron levantarse. Ella sabe de eso, Ella estuvo sola, Ella también.

Gracias a las dudas de los buenos, está la solidaridad de los revolucionarios que no se dejarán vencer, ellos seguirán, pura y simplemente, por su carrera y sus ideas. Ellos no se han deslizado sabiamente durante muchos años para ver un día marchitadas sus esperanzas. Ellos más bien están a favor de cortar, destrozar a su adversario, si es necesario, en una gran cruzada para defender la autoridad ultrajada, humillada y calumniada por la resistencia de unos cuantos sacerdotes.

Nueve veces, se dice, la Fraternidad logró deshacerse de grupos liberales en su seno, sin caer tampoco en el sedevacantismo. Parece que esta vez, el error se ha afianzado, tanto más que para que todo mundo se tranquilice, y para honrar la memoria de Monseñor Lefebvre, se nos ofrece…


III.- EL ESPARADRAPO (tira de tela o de papel, una de cuyas caras está cubierta de un emplasto adherente, que se usa para sujetar los vendajes, y excepcionalmente como apósito directo o como revulsivo. N. del blog).

Confieso humildemente haber caído en el truco, joven e influenciable como soy: creí que la declaración del 27 de junio no era más que otra manifestación del doble lenguaje de Menzingen, como por ejemplo, en marzo pasado con la aparición contradictoria del Cor Unum 104 y la Carta a los Amigos n° 80. Nada de eso, la mencionada Declaración critica pero no arranca, se lamenta de las consecuencias, expresa reclamaciones por parte de personas que no se atreven a pedir que el Vaticano II sea simplemente lanzado al fuego.

El tercer párrafo es un verdadero jaboncillo teológico. En lugar de decir simplemente que los errores del concilio causan la autodemolición de la Iglesia, se dice que la causa de los errores que están demoliendo la Iglesia está en el texto en virtud de una elección. ¿Por qué no decir que el texto es erróneo?

Porque la política de la Fraternidad ha cambiado. Ya no se puede rechazar el concilio en su conjunto. Porque el concilio ha sido convocado legalmente, no se puede decir que está lleno de herejías, sino que casi todos sus textos inducen a una nueva visión errónea de las cosas. El error en sí no está en el Concilio, sino que viene después, aunque sea la culpa de los textos del Concilio.

Es así que Monseñor Fellay, en su entrevista en CNS, nos dice que el concilio acarrea muchos errores, pero “estos errores no vienen del concilio, sino de la manera común de comprenderlo”.

Esto es muy grave en Monseñor Fellay. Un Concilio debió poner atención a que su texto no estuviera abierto a interpretaciones erróneas y desastrosas.

Todo esto es un poco Bizantino, en tiempos de Arrio, era por lo menos más simple.

Sobre la Misa, los fieles necesitan escuchar que la nueva misa es peligrosa para la Fe y por consecuencia está prohibida. Los sacerdotes deben recordar a los fieles que es un pecado grave de participar en ellas y deben aplicar esta ley en el confesionario. Además, dada la confusión de los fieles sobre este punto, las misas Ecclesia Dei deben ser también condenadas, como Monseñor Lefebvre condenó inmediatamente el indulto de 1984 y todas las misas Ecclesia Dei.

El párrafo 9 es como la nueva misa, peca por omisión. La nueva misa es una herejía por omisión, es la misa de Lutero, es una misa bastarda que se aleja tanto en su conjunto como en el detalle, de la teología del Concilio de Trento. No, la nueva misa no disminuye, no desvanece, no oscurece; ella destruye, pura y simplemente. 40 años más tarde, ¿no vemos que Francia ha perdido rotundamente la Fe, las iglesias están vacías, que Nuestro Señor ha sido destronado, que ya casi no hay sacrificio propiciatorio ofrecido a Dios por los pecados de este mundo que jamás había insultado tanto a Dios?

Una nueva misa, como aquella que asistió Monseñor Fellay con el cardenal Cañizares, esa es una nueva misa que disminuye, que desvanece, que oscurece, bajo la cubierta del incienso, del latín, del canto gregoriano, de ornamentos y de iglesias magníficas, el reinado de Cristo y la naturaleza sacrificial y propiciatoria del Sacrificio Eucarístico.

Las otras frases son también circunloquios que se acercan a la verdad, pero se niegan a decir que esta misa, en sí misma, es falsa y protestante. ¿Por qué? “Porque no podemos pedir a Roma prohibir esta misa, sino que si se cambia lo que se debe cambiar, sería un gran paso”. (cf. Monseñor Fellay en Nouvelles de Francia en Febrero).

El párrafo once es todavía más sintomático de esta ilusión liberal que quiere creer que los enemigos de Cristo pueden reconocernos el derecho de combatir y de combatir sus errores con su permiso. Poner codo con codo la decisión del Capítulo de 2006 y la del Capítulo de 2012 no es más que una confusión suplementaria, como justamente lo dijo el padre Rioult.
Es en nombre de esta decición liberal que se permiten desear un reconocimiento canónico (declaración del Capítulo de 2012) que, bien entendido, sería una traición si no estuviera acompañada del deseo de luchar en contra del lobo toda la noche, si fuera necesario. Además, Roma nos promete sin cesar que podremos luchar en el interior de la iglesia oficial; esta es la tentación que hizo caer a Dom Gérard, Campos y tantos otros.

Incluso con la teoría Galarretiana de la conversión progresiva de un Papa reconociéndonos el derecho de atacar, no se sostiene. Un Papa en gris no es un Papa en blanco. Lo que queremos es un Papa que demuela las herejías, que comenzará a restaurar la Iglesia. Todo el resto no es más que un fingimiento, como el reinado del Papa Pio XII, que aunque estando en lo personal muy bien, y en un gran número de sus pronunciamientos, veía todo desmoronándose bajo sus pies…

Finalmente, la declaración no se levanta en contra del nuevo Código de Derecho Canónico, contra los escándalos y las herejías de esta Roma actual y en contra de los obispos progresistas puestos en todas partes en el mundo. Ella no advierte a los fieles contra los intentos de recuperación vaticanas, como lo hizo Monseñor Lefebvre en su sermón de las consagraciones.

Pero, aun suponiendo que esta declaración fuera buena, el problema sigue completo, más bien peor, porque nos enfrentamos a un doble lenguaje (entre la DQA confirmada en marzo y la DVSJ) entre otras múltiples manifestaciones de lenguaje bifurcado. Todo el mundo olvidó el sermón de Monseñor Fellay en junio de 2012 en Eône, donde nos aseguraba que jamás comprometería los principios. Sabemos lo que pasó en este lapso de tiempo. Pero convengo que la declaración del 27 de junio contiene cosas que los tradis necesitan escuchar. Esto aumenta el “branding”.

Dios se burla de la simulación, todo está desnudo ante sus ojos. El comprende la debilidad de los hombres, salvo si ella busca ataviarse de las apariencias de valor, y es por eso que escogió a San Pedro, cuya primera reacción fue decir “apártate de mí, Señor, porque soy un pecador”. Nuestro Señor nos dará siempre una piedra a la cual anclarnos, esperando el retorno de Pedro a sí mismo.


In Iesu et Maria