PÁGINAS

martes, 7 de mayo de 2013

IGLESIA CONCILIAR: NUEVA RELIGIÓN, NUEVA DOCTRINA, NUEVO CULTO.- MONSEÑOR TISSIER DE MALLERAIS.

Les ofrecemos este sermón de ordenaciones sacerdotales de Monseñor Tissier de Mallerais en Ecône, el 27 de junio de 2002 en el cual explica que del concilio Vaticano II salió una nueva religión, con su nueva doctrina y su nuevo culto, una religión gnóstica. ¡Que tiempos aquellos, cuando se predicaba la verdad sin censura!






Queridos ordenandos, muy queridos fieles:



(…) En algunos instantes el obispo, en el curso de esta ceremonia de ordenación de diáconos y de sacerdotes, pronunciará estas palabras, a los diáconos les dirá: Ahora ustedes son los cooperadores de la Sangre y del Cuerpo del Señor; y a los sacerdotes después de su ordenación, les dirá: reciban el poder de ofrecer el sacrificio a Dios y de celebrar las misas tanto por los vivos como por los difuntos. Estas palabras (…) expresan sin embargo el objeto mismo del sacerdocio que es la Consagración del Cuerpo y de la Sangre de Nuestro Señor para renovar de manera incruenta Su Divina Pasión, y sin embargo, estas palabras han sido suprimidas en el nuevo Pontifical de la ordenación tanto de diáconos como de sacerdotes.

Esta desaparición es muy significativa y quiere decir que LA NUEVA RELIGION ya no quiere expresar la transmisión de un poder de consagrar el Cuerpo y la Sangre de Cristo y del poder de renovar la Pasión del Calvario. Por lo tanto, estimados ordenandos, evidentemente estoy seguro que en el curso de vuestros seis años de seminario ustedes penetraron muy bien la doctrina católica, la cual ignoran ahora la mayoría de los sacerdotes en LA NUEVA RELIGIÓN. Porque este cambio en el rito de ordenación significa que es una NUEVA RELIGIÓN.

Esta supresión de un poder de ofrecer y de consagrar el Cuerpo y la Sangre de Cristo expresa precisamente LA NUEVA RELIGIÓN, dentro de la cual se encuentran la gran mayoría de los católicos la cual defienden de corazón, pero ellos están en esta NUEVA RELIGION que consiste no solamente en un NUEVO CULTO, sino también en UNA NUEVA DOCTRINA. Si ustedes me lo permiten, en pocas palabras describiré primero LA NUEVA DOCTRINA de esta NUEVA RELIGIÓN y enseguida su NUEVO CULTO. Primero los NUEVOS DOGMAS, por consecuencia una NUEVA DOCTRINA salida de éstos.

Para empezar, el pecado, que prácticamente ya no existe porque no ofende a Dios. Se nos dice que el pecado no ofende a Dios sino que perjudica solamente al pecador. El pecado, en efecto, no puede dañar la naturaleza de Dios que es incorruptible. El pecado no le hace nada a Dios. El pecado solamente perjudica al pecador, haciéndole perder la vida divina e igualmente ofende a la sociedad humana.

En estas condiciones el pecado ya no tiene la característica de ofensa, de destrucción del honor de Dios, de Su Gloria, de Su Alabanza. Ya no tiene la característica de desobediencia a la ley de Dios. Niegan como consecuencia que Dios tenga el derecho de exigir de sus criaturas, no solamente la alabanza, sino también la sumisión a Su ley, como dice San Ignacio en sus Ejercicios: El hombre ha sido creado para alabar, honrar y servir a Dios y para salvar su alma. Pues bien, alabar, honrar y servir a Dios ya no existen en la NUEVA RELIGIÓN, porque el pecado no destruye la gloria externa de Dios, el pecado solamente perjudica al hombre.

Ustedes pueden ver cómo esta NUEVA RELIGIÓN destruye la noción misma de pecado, destruye la gloria de Dios, destruye incluso la noción de pecado como la injusticia suprema, pues no es una injusticia humana, es una injusticia hacia Dios.  Luego nos dicen que por el pecado no se pierde la dignidad humana, el hombre conserva su dignidad, incluso después de pecar. El hombre sigue siendo digno. El hombre sigue siendo gentil y simpático.

Y como consecuencia, es la justificación del ecumenismo, de la libertad religiosa. Lo que haga el hombre en el ámbito religioso, que honre un falso dios o siga un falso culto, poco importa, él conserva su dignidad. El es digno entonces de ser estimado y respetado, por lo que debemos respetar su religión, e incluso debemos colaborar con las otras religiones ya que la dignidad humana no se perjudica por el pecado. Este es un segundo error muy grave que legitima el ecumenismo y la libertad religiosa.

Por lo tanto es digno porque el hombre sigue siendo muy simpático. Dios continúa amando al pecador, manteniendo hacia él Su amor y Su favor. Nada cambia entre Dios y el pecador. Dios se nos representa bajo la forma de un Dios impasible, bonachón, que acepta todo lo que venga de sus hijos caprichosos. Por lo tanto la caridad de Dios es ridiculizada.

 Enseguida se nos dice, por consecuencia, que Dios no castiga el pecado por una pena ya sea temporal o eterna. Ya que el pecado no ofende a Dios, Dios no castiga. Dios es la bondad misma, ¿cómo podría infligir penas al hombre pecador? No, es el hombre mismo quien se castiga sufriendo las consecuencias de sus faltas y el infierno, si acaso hay alguien allí, el infierno no es más que la auto-exclusión del amor divino. Por lo tanto el infierno no es una pena infligida por Dios. Dios no tiene el derecho de castigar.

Y como consecuencia, el hombre está disculpado del deber de reparación hacia Dios. Es lo que nosotros llamamos, en nuestro catecismo, la satisfacción debida por el pecado, el pecador debe satisfacer por sus pecados a la justicia divina, la satisfacción, la necesidad de expiar sus pecados para reparar el honor de Dios ya no existe. El hombre debe reparar solamente su salud espiritual. Pero reparar la gloria de Dios, cooperar a levantamiento de la creatura caída en el pecado, ya no se quiere, mientras que ustedes saben la bella doctrina católica de la satisfacción que es toda por la gloria de Dios, puesto que el hombre pecador puede levantarse y darle la gloria y la alabanza a Dios y elevar su naturaleza caída por la satisfacción, por la pena que sufre voluntariamente. Pero esta nueva doctrina, la cual ya no quiere ni el pecado, ni la expiación ni la satisfacción, todavía va más lejos, porque ella falseará el sentido de los sufrimientos y de la Pasión Redentora del Salvador. Entonces falsea el dogma de la Redención.

Es este dogma central que es atacado por los modernistas. Se nos dirá: los sufrimientos de Nuestro Señor en la Cruz están destinados solamente a revelar el amor de Dios perseverante, pero no para satisfacer a la justicia divina por los hombres pecadores. Nuestro Señor en la Cruz no ofreció a su Padre en nuestro nombre ninguna satisfacción. No hizo mas que revelar a los hombres el amor de Dios Su Padre.

Por lo que van completamente en contra del dogma de la Preciosa Sangre, esta ley que Dios estableció en el Antiguo Testamento, que sin efusión de sangre no hay remisión. Se rechaza la Sangre derramada por Nuestro Señor con todo su Valor de expiación, de remisión de los pecados, para no considerarla más que un acto gratuito por el cual el Padre entrega, sin ninguna razón a su Hijo a la muerte, simplemente para revelar el amor del Padre. Es la crueldad más abominable: El Padre entrega a Su Hijo a la muerte más abominable simplemente para revelar Su Amor.

Han falseado, vaciado el dogma de la Redención y se blasfema incluso la Santa Pasión del Salvador. Mientras que al contrario, nuestro catecismo nos enseña que por Su Pasión, Nuestro Señor ofreció a Su Padre una satisfacción por nuestros pecados superabundante, a causa por una parte, de la dignidad de la persona divina que sufre en la Cruz y por otra parte a causa de la caridad extrema y la obediencia con la que Nuestro Señor sufre, y finalmente a causa de los dolores extremos que sufrió por la Cruz. Por lo tanto pudo ofrecer a Su Padre por nosotros, en nuestro lugar, una satisfacción superabundante, casi infinita.

Esta es toda la belleza de la contemplación de la Cruz: Ver allí nuestra Salvación, nuestra Redención, nuestro rescate, y no solamente el amor del Padre, sino el amor de Nuestro Señor Jesucristo. Y se nos dice en esta NUEVA RELIGIÓN: ¿Para qué la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo? Para revelar el amor del Padre pero no para salvarnos porque todos los hombres están salvados de todas maneras. Están salvados porque por Su Encarnación, como dijo el Concilio Vaticano II en Gaudium et Spes, por Su Encarnación el hijo de Dios se unió en cierto modo a todo hombre.

Todo hombre es cristificado por la Encarnación y entonces todos estamos salvados, y de allí –es el alegato del papa Juan Pablo II en uno de sus libros- que prácticamente el infierno esté probablemente vacío. Todos están salvados. Vean ustedes el dogma de la Redención destruido, falseado radicalmente. Estando ya evacuado el pecado, estando evacuada incluso la justicia de Dios, evacúan también a la Redención, suprimen la satisfacción de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. He aquí LA NUEVA RELIGIÓN, los NUEVOS DOGMAS. Ahora pasemos, si me lo permiten, al NUEVO CULTO, que corresponde al NUEVO DOGMA.

¡Pues bien ! primero en el NUEVO CULTO se nos dice que el acto principal de la Redención no consiste en la Cruz del Salvador, sino más bien en la Resurrección gloriosa y la Ascensión de Nuestro Señor. Entonces sería por Su Resurrección y su Ascensión que Nuestro Señor nos salvaría.

En efecto, Dios corona la obra de la Redención y manifiesta plenamente Su Amor, el amor del Padre hacia nosotros, resucitando a Su Hijo, porque Dios no es un Dios de muertos sino de vivos. Es lo que declara el Papa Juan Pablo II. Por lo tanto, la Cruz de Cristo es un evento más bien secundario en la Redención, la obra esencial es la Resurrección y la Ascensión del Salvador.

Enseguida, dicen ellos que el acto principal del sacerdocio de Nuestro Señor Jesucristo, Nuestro Señor Jesucristo como Sacerdote, no consiste en la ofrenda cruenta de Su sacrificio en la Cruz, sino esencialmente en su sacerdocio celeste por el cual, traspasando la bóveda del santuario celestial, Él se presenta a Su Padre con Su Sangre. Entonces se niega que el acto principal del sacerdocio sea la ofrenda del sacrificio de Nuestro Señor sobre Su Cruz. Se hablará, se podrá énfasis en el sacerdocio celestial, y esto no es nuevo. Desde 1958  esto fue profesado por el Padre Joseph Lécuyer, futuro sucesor de Monseñor Lefebvre a la cabeza de la Congregación de los Padres del Espíritu Santo. Estas herejías vienen desde antes del Concilio. Fueron propagadas por el Concilio y después del Concilio.

Enseguida, dicen que la Misa no es la renovación incruenta de la Pasión, la misa es el memorial de todos los grandes acontecimientos de Cristo en el curso de Su vida, no solamente Su Pasión, sino que también Su Resurrección, su Ascensión y por qué no, de su Encarnación, de Su Presentación en el Templo,  y de todos los hechos de Cristo. Se trata de hacer memoria, y eso es lo que hace la misa. Para nosotros, nuestro catecismo nos enseña que es la Consagración la que hace la Misa, y la mejor teología nos expone en efecto que lo que es significado por la Consagración separada del Pan y del Vino, el Cuerpo y Sangre de Cristo, es producido misteriosamente: la inmolación sacramental es realizada, a saber, la separación del Cuerpo y de la Sangre por la palabra, por el poder de las palabras del sacerdote. Bajo las apariencias de Pan está directamente el Cuerpo, mientras que bajo las apariencias de Vino está directamente la Preciosa Sangre de Cristo. Ciertamente que no están realmente separadas, porque por concomitancia real están los dos bajo cada una de las dos especies. Pero lo cierto es que por la fuerza de las palabras, lo que se hace, es una separación del cuerpo y la sangre de Cristo, la separación sacramental.
Por consecuencia, niegan absolutamente la función de la Consagración en la Misa. Se trata simplemente de un memorial.

Luego nos dicen, -es el Cardenal Ratzinger que lo ha descubierto hace algunos meses- : La Misa es válida incluso sin las palabras de la Consagración. Todos ustedes lo leyeron, se les ha explicado. Es una declaración reciente del Cardenal Ratzinger con su Comisión Teológica Internacional: la misa es válida incluso sin las palabras de la Consagración. ¡Para qué entonces el sacerdote! En efecto, el pueblo cristiano puede celebrar la misa, el sacerdote ya no sirve de nada porque no hay necesidad de pronunciar las palabras de la Consagración para que la misa sea válida.
Incluso desprovista de las palabras de Cristo la misa vale, la misa es válida. Luego nos dicen que Cristo, durante la misa, se hace presente, sí, pero con todos Sus misterios salvíficos y no por la obra de la Consagración, la cual es una obra mágica pero por la voluntad de la acción litúrgica comunitaria que objetiva los misterios de Cristo. De esta manera el misterio de Cristo, en particular el misterio pascual, se convierte en el misterio del culto.

He aquí lo que dicen, en particular Anibal Bugnini, eje motor de la reforma litúrgica. Por lo tanto no se trata de consagrar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, sino de evocar juntos, activamente, comunitariamente, litúrgicamente, todo el misterio de Cristo, en particular su misterio Pascual, poniendo en evidencia la Resurrección y la Ascensión de Cristo.
Finalmente, última herejía -queridos fieles, estoy absolutamente afligido de esta oleada de herejías- es el sacerdocio común de los fieles que se ejerce durante el memorial eucarístico. Conviene dar un lugar más grande a la participación activa de los fieles para que ellos puedan ejercitar su sacerdocio común, el sacerdote simplemente debe presidir las palabras del memorial.

 Concluyo : tanto en sus dogmas como en su culto, la NUEVA RELIGIÓN ha vaciado nuestra religión católica de su substancia. La Pasión de Nuestro Señor no sirve más que para revelar de una manera muy intelectual y abstracta el amor de Dios Padre por nosotros. En cuanto al amor de Cristo por su Padre y por nosotros, no sabemos nada. Además, por otra parte, el culto cristiano es solamente un memorial. Es tomar conciencia de las grandes hazañas de Cristo, tomar tanta conciencia que esta obra se hace presente en la asamblea en oración, como una auto concientización común. Esta NUEVA RELIGIÓN no es otra cosa que una gnosis. Creo que es la palabra que la caracteriza perfectamente porque es una religión sin pecado, sin justicia, sin misericordia, sin penitencia, sin conversión, sin virtud, sin sacrificio, sin esfuerzo, sino simplemente una auto concientización.

Es una religión puramente intelectualista, una pura GNOSIS. Entonces, queridos futuros diáconos y sacerdotes, estén seguros que yo no los ordeno ni diáconos, ni sacerdotes, para ser diáconos y sacerdotes de esta RELIGIÓN GNÓSTICA. Y estoy persuadido que esta ha sido también su intención al recibir hoy el sacerdocio católico de manos de la Iglesia Católica, y no de recibir un sacerdocio GNÓSTICO de las manos de no qué sistema gnóstico.

Rechacemos con horror, queridos fieles, queridos ordenandos, ESTA RELIGIÓN NATURALISTA, INTELECTUALISTA, que no tiene NADA QUE VER con la religión católica, y estemos al contrario bien firmemente, siempre más firmemente persuadidos de la razón de nuestro combate, de la razón de nuestro sacerdocio. Queridos ordenandos, ustedes están orgullosos de recibir el sacerdocio EN LA IGLESIA CATÓLICA de la mano de un obispo católico, de todos estos obispos que se han sucedido transmitiendo el sacerdocio católico, el sacerdocio católico de Nuestro Señor Jesucristo, el sacerdocio de un Padre Pío, el sacerdocio de todos los santos sacerdotes, de un santo Cura de Ars, el sacerdocio de los Apóstoles, de quienes estaba cerca la Virgen María, Madre del Sacerdocio, Madre de los Sacerdotes, Madre del Sumo Sacerdote y Madre de los sacerdotes, de conservarnos fieles al sacerdocio católico a fin de comunicar la religión católica.

Así sea, En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.