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viernes, 18 de enero de 2013

LE FIGARO: ROMA TIENDE DE NUEVO LA MANO A LOS LEFEBVRISTAS

Se confirma la existencia de la carta de Monseñor Di Noia a los sacerdotes de la Fraternidad, esta vez por Jean Marie Guénois de LE FIGARO


Una carta propone a los sacerdotes de la Fraternidad San Pio X un método para retomar el diálogo.

http://www.lefigaro.fr/icones/coeur-.gif
Esta es un poco la carta de la última oportunidad. La que se escribe con inteligencia pero también con todo el corazón para salvar una situación en apariencia perdida. Esta carta no ha sido hecha pública y no tiene vocación para serlo, pero ella circula desde hace poco en los medios de la Fraternidad San Pio X. Ella ha sido redactada por Monseñor J. Agustín Di Noia, un amigo personal de Benedicto XVI en noviembre pasado. Fue enviada antes de Navidad a Monseñor Bernard Fellay, superior general de esta Fraternidad Sacerdotal en ruptura con Roma y heredera directa de Monseñor Marcel Lefebvre, su fundador.

Una carta muy importante porque su signatario, Monseñor Di Noia, un americano, ha sido especialmente llamado desde Estados Unidos a Roma en junio pasado por el Papa para confiarle la responsabilidad de la vice-presidencia de la comisión Ecclesia Dei la cual está encargada, en el marco de la congregación para la Doctrina de la fe, de sanar las relaciones con los lefebvristas. No hay mejor autorizado en esta materia. Es evidente, teniendo en cuenta la importancia de este asunto a los ojos del Papa y del silencio de estos últimos meses sobre este expediente del cual Benedicto XVI es el inspirador y debió dar un vistazo al contenido. La carta lo dice: “extremadamente deseoso de superar las tensiones”.

En Menzingen, la sede suiza de la Fraternidad San Pio X, se reconoció la existencia de este documento y el hecho que Monseñor Fellay lo haya hecho difundir a sus sacerdotes, ya que, a través de él, esta carta les está destinada directamente. No se tiene por el momento ningún comentario salvo que lo reconocen y la carta es cuidadosamente estudiada.

¿Qué dice este documento de ocho páginas traducido del inglés al francés? Tres elementos esenciales: el estado actual de las relaciones, el espíritu de estas relaciones, el método para retomar el diálogo.

La cuestión del Concilio.

El estado actual de las relaciones entre Roma y Ecône está descrito sin maquillaje por Monseñor Di Noia. Estas relaciones permanecen “abiertas” y “plenas de esperanza” incluso si las recientes declaraciones en diferentes niveles de la Fraternidad estos últimos meses pudieran hacer dudarlo. En cuanto a los esfuerzos hechos desde el principio del pontificado de Benedicto XVI para un acercamiento, ellos no han cambiado en nada, estima Monseñor Di Noia en razón del desacuerdo fundamental que subsiste sobre la cuestión del Concilio. Este americano, fino diplomático pero realista, estableció por primera vez a este nivel un reconocimiento de un “callejón sin salida” en el sentido de que el desacuerdo sobre el fondo no ha evolucionado ni un ápice.

Segunda parte del documento, el espíritu de las relaciones. Importa al autor de la carta de transformarlo, sin que el intercambio “cortés” entre las dos entidades pudiera ser “sin solución”. ¿Cómo? Inspirándose en los sabios consejos de Santo Tomás de Aquino cuando se trata de preservar la unidad de la Iglesia. Evitando “el orgullo, la cólera, la impaciencia”. El “desacuerdo sobre puntos fundamentales” no debe excluir el hablar de cuestiones disputadas con un “espíritu de apertura”.

La última parte de la carta propone dos ejes para salir del bloqueo actual porque la FSSPX no tiene futuro en “la autonomía”. Reconocer en primer lugar –y Roma lo ha hecho como nunca antes- el “carisma” propio de Monseñor Lefebvre y de la obra que él fundó que es la “formación de sacerdotes” y no la “retórica áspera y contraproducente” ni la de “corregir públicamente a otros en la Iglesia”. Y, segundo eje –totalmente nuevo porque recurre a un documento, Donum Veritatis, que fue publicado en 1990 para encuadrar la disidencia de teólogos progresistas: considerar que es legítimo, en la Iglesia Católica, tener “divergencias” teológicas, pero que estas “objeciones” deben ser expresadas en lo interno y no en lugar público, para “estimular el magisterio” a mejor formular su enseñanza. Y no bajo la forma de un “magisterio paralelo”